LIA AYUDA A LEVIATAM

1230 Palabras
– No puedo llegar con el a la residencia, todos me verían extraño.– Miro el cuerpo de Leviatam y dijo.– Y menos así, d*****o. Lía quedo con el ángel sobre sus piernas un largo rato, él no despertaba parecía querer hacerlo pero su fuerza exterior no le permitió, de rato en rato abria sus ojos y luego se desmayada. Lía después de luchar con su mente y su razonamiento decidió esperar que el sol se ocultara para poder llevarlo hasta donde ella vivía, y tal vez luego ir a la policía para dejar hacentado que ella lo había encontrado. Como tanto lo había deseado el sol por fin se oculto y fue la señal para que lo llevara. Ella traía un poco de agua dentro de su cartera, remojo el rostro de Leviatam para que despertará. El abrió un poco los ojos.– ¡Hola, hola!. ¿Estas bien?.– Preguntó Lía. El solo movió un poco la cabeza diciendo que si. – Bien, bien de acuerdo, necesito que me ayudes. Por favor ponte en pie y ayúdame a levantarte. Leviatam no tardó en obedecer he hizo todo lo posible para levantarse pero los brazos y las rodillas las tenía muy débiles y eso provocaba que cayera al piso varias veces. Lía lo sujeto una y otra vez evitando que se lastimará nuevamente. Luego de un rato él logro estabilizar sus piernas y con dificultad se pudo parar.– Bien, ahora...viene lo más dificil, cubrirte tu desnudez. Ella quitó su delantal y lo cubrió por delante dejando sus posaderas al aire libre. Leviatam estaba tan cansado que no preguntaba para que eran esas cosas, solo se dejó manipular por ella. El media un metro noventa, su altura y cuerpo eran el doble que los de Lía, así que ella tuvo que sacar fuerzas de donde no tenía para poder llevarlo hasta su casa. – Por favor no seas un loco, maniático y asesinó.– Rogaba mientras lo llevaba. El aún no entendía nada de lo qué ella decía, solo arrastraba su propio peso para no caer al suelo nuevamente. Lía lo tomó de un brazo, lo coloco sobre su cuello y con la otra mano lo sostuvo por la cintura, luego de tanto esfuerzo logró sacarlo de aquel lugar atravesando la medianera, ahora lo más difícil sería llegar hasta donde ella vivía. Tenía la suerte de que el camino era oscuro y que por lo menos nadie los verían. Leviatam sentía bajo sus pies una extraña sensación, el nunca había estado descalzo en una tierra como esa, no había en ningún universo esos tipos de roca dura y caliente para utilizar como camino. El no podía ver con claridad por donde Lía lo estaba llevando, no sabía porque pero ella le daba confianza, no podía ser uno de sus enemigos o tal vez si, pero de todas formas el no tenía la fuerza para enfrentarlo. Solo quería llegar al lugar del cual ella estaba hablando y poder recuperarse. Lía no paraba para descansar, sabía que el estaba muy dolido pero si se detenían Leviatam ya no podría levantantarse nuevamente pues su cuerpo estaba muy herido, y cansado eso se podía ver al momento de sostenerse por completó sobre el frágil cuerpo de su salvadora. El camino por fin había acabado, y a lo lejos Lia reconoció la pensión donde vivía.– Ya estamos cerca, un poco más.– Dijo muy cansada con la voz desequilibrada. Llegaron hasta la entrada y un nuevo obstáculo se presentaba nuevamente para los dos. Lía debía subir diez escalones con su adolorido amigo, al parecer no era mucho lo que debían subir, pero para ellos dos era un calvario.– Bien, no hagas ruido y ayúdame a subir. Leviatam elevo sus ojos y dio un vistazo a su alrededor. ¿Donde estoy?.– Se pregunto por dentro. Lía dio el primer paso sobre el escalón, haciendo un poco de fuerza para que él también lo hiciera. En ese momento el dolor se multiplico pues parecía que las piernas de Leviatam estaban totalmente rotas, pues cada vez que las intentaba elevar un gemido de dolor se escuchaba desde su garganta.– Lo sé, lo sé. Sé que te duele pero esto pronto acabará, ya estamos cerca, has un esfuerzo mas por favor.– Leviatam lá miró como diciendo si ella no se habia dado cuenta de que hace más de un kilómetro viene poniendo un poquito mas de su esfuerzo para llegar. Llegaron con dificultad hasta el final de las escaleras y parados frente a una vieja puerta de color rojo, ella saco unas llaves de su cartera y las introdujo en las cerraduras para poder abrirla. Cuando al fin pudo hacerlo, tomó nuevamente a Leviatam y lo ayudó a entrar, dirigiendose hasta su pequeña habitación, lo ayudó acostarse sobre la cama donde al parecer solamente entraba una sola persona, mientras él no paraba de reproducir sonido de dolor cada vez que hacia algún esfuerzo. – ¡Oye, llegamos!. Lo hicimos, ahora puedes descansar, buscaré algunos medicamentos para tí y te sentirás mejor. Ella miró a su nuevo inquilino tendido sobre la cama y se dio cuenta de que en realidad era muy grande para ella. Sus pies atravesan los confines de aquel respaldo, quedando de esa manera suspendidos en el aire. Lía sonrió, le pareció gracioso. Pero lo que no le agrado fue ver sus hermosas y únicas sábanas blancas estaban cubiertas de tierra.– ¿Cómo le quitaré la suciedad ahora?.– Se pregunto en voz alta mientras Leviatam dormia. Ella tomó del baño una cubeta, un jabón y una esponja para limpiarlo.– Espero que no despiertes...– Pensó, ella jamás había visto a un hombre d*****o, y menos a uno tan hermoso. A medida que ella limpiaba el cuerpo de Leviatam notaba que en sus ante brazos, piernas y pectorales tenía cicatrices muy profundas.– ¿Que te ha sucedido?.– Decía con asombro cada vez que encontraba una detrás de la suciedad de su cuerpo. Leviatam estaba completamente dormido, él no sentía ni escuchaba nada. Ella tomo la esponja en su mano y exprimiendolo el agua dentro de la cubeta, lo paso sobre el rostro de él. Corrió su cabello castaño a un lado, y vio que aún su rostro era perfecto. Sus ojos aunque estaban cerrados en ese momento era muy hermoso y llamativo, tenían un color extraño que ella nunca antes lo había notado en otra persona. Su nariz bien detallada y perfilada, pero sus labios, sus labios eran los más deseable y prometían dar los mejores besos del mundo. Por un momento Lía se imagino besandolos y no se percató de que los miraba con ganas de morderlo.– ¡Por Dios, soy una pervertida!.– Dijo mientras volvía a la realidad. Tomó sus cosas y dejó que Leviatam descansará tranquilo sin que nadie como ella lo molestara con sus imaginaciones perversas. Mientras esto sucedía en una pensión lejano de todos, allá en aquel baldido donde Leviatam cayó se encontraban tres seres horripilantes que buscaban el rastro de un guerrero que decendio del tercer cielo para arruinar sus planes. Ellos estaban dispuestos a destruir a cualquiera que se le ocurriera ayudarlo, en ese lugar solo reinaban ellos, y ningún ser de luz quebrantaria su morada. Nisiquiera Leviatam el segundo al mando de las tropas del cielo.
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