Al momento de dar la orden, Leviatam fue envuelto por una luz cegadora, transportandolo hacia la tierra sin fijar un rumbo exacto.
Su cuerpo comenzó a caer sin poder hacer nada al respecto, él solo cruzo sus brazos y extendió sus pierna como intentando cortar el viento, cerró sus ojos y solo espero el momento del impacto.
Atravesó la atmósfera como una estrella fugaz, rompiendo todo obstáculo de cualquier ser humano. En el cielo solo se aprecio un simple destello que no llamo la atención de nadie.
Su cuerpo impacto contra una montaña de tierra, quedando incrustado en el sin poder salirse.
Como cualquier ser humano el golpe lo desmayó y solo quedo allí hasta el día siguiente.
Mientras tanto Lía una joven sin rumbo con ganas de crecer en sus sueños y metas pero tapada por las malas energía de la sociedad caminaba por allí rumbo a su trabajo de camarera.
Traía puesto su uniforme, un vestido rosa con un pequeño delantal blanco que cubría su falda, ella no era una mujer bien parecida aunque tenía sus encantos, a pesar de que ella misma no se daba crédito. Pues desde que se independizó de una familia explotadora solo tuvo caídas y tropiezos, desde entonces nada le había salido bien, pero eso no quitaba de su interior el ser siempre una buena persona, amaba ayudar a los demás, ser caritativa y generosa, eso siempre le levantaba el ánimo aunque muchas veces tampoco ella tenía que comer.
Lía vivía en un alquiler que parecía que dentro de poco seria consumida por las ratas, tenía un pequeño cuarto, una cocina y un baño que dejaba mucho por decir, en fin, eso era todo lo que podía conseguir con su miserable trabajo.
Lía iba pensando en lo mucho que le gustaría mejorar su vida, pero en lo imposible que era eso por su cituación financiera, sus pensamientos la consumían y no le dejaba concentrarse en lo que veía por el camino.
Es así que al pasar por un lugar abandonado vio a lo lejos un montón de tierras desparramado, pensó que quizás al fin habían decidido construir algo en aquel lugar, pero era extraño pues el lugar ya había estado mucho tiempo sin dueños, pero prefirió no darle importancia y solo siguió caminando apresurando sus pasos para poder llegar a destino, ella corría el riesgo de perder su trabajo y es que no se podía dar ese lujo, casi nadie estaba tomando empleados y ella necesitaba ese dinero.
Al llegar al bar un hombre obeso la ve desde la cocina y le grita.– ¡Vaya, así que por fin has llegado!.– Haciéndole pasar vergüenza delante de todos.
Lía solo ingreso con la cabeza gacha y se dirigió hasta donde el estaba.– Disculpe señor pero he llegado cinco minutos antes.
– ¡¿Acaso me contradices?!.
– ¡No!...Yo solo.
– ¡Mejor cállate, y ve a tomar los pedidos antes de que te despida!.
– Sí señor.
– Maldita niña, que se cree, que podrá contradecirme.– Dijo mientras ella se marchaba.
Lía limpio sus manos, tomó un anotador y un lápiz del mostrador y se dirigió hasta la mesa número tres donde había dos jóvenes hablando.
– Hola buenos días,¿Que van a ordenar?.– Preguntó amablemente.
Las niñas la miraron de arriba hacia abajo viendo su uniforme viejo y el mal aspecto que tenía por no estar bien peinada y maquillada.
Lía solo las miraba con una sonrisa esperando a que les dijeran que irían a encargar.
– Traénos dos malteada y tostadas con los bordes quitados por favor.
– Sí enseguida, ¿Algo más?.
– Solo eso, si queremos algo más te lo pediremos.– Dijeron moviendo sus manos de un lado hacia el otro.
– De acuerdo, gracias.– Pero Lía no lo tomó como una molestia y solo se dirigió a la cocina para entregar sus pedidos.
Al darse la vuelta alcanzó a oír que susurraban acerca de ella.– Ya viste su rostro. – Sí es horrible.– ¿Cómo la pueden dejar trabajar aquí?.– ¡Ay si, que asco!.
En otros tiempos quizás le hubiese molestado esos comentarios, pero de un tiempo para acá ella se había dado cuenta que en realidad no le importaba lo que los demás pensaban de ella. Para ella solo era suficiente estar viva y nada más.
Lía tomó las ordenes de aquellas niñas, las coloco en una bandeja y se las llevo, antes de llegar a ellas un joven le puso el pie para que cayera, y así fue. Lía cayó al piso y fue por hecho que todo lo que traía en sus manos se derramó por todo el lugar.
Todos los que estaban allí comenzaron a reírse de ella, apuntándole con el dedo como si les pareciera divertido lo que le había pasado.
Su jefe al verla fue y la tomó del brazo como si fuera su dueño y le grito delante de todos diciéndole que ella era una inútil.
Lía sabía que no fue su culpa, solo miró al joven que se lo había provocado y no dijo nada. Ella solo inclino su rostro y pidió disculpa a su jefe mientras los demás seguían riéndose de ella.
Tomó del baño algunas cosas para limpiar el piso y solo bajo la mirada ante todos.
– ¡¿Oye, que paso con mi pedido?!.– Le dijo una de las dos niñas que estaban en la mesa tres.
– Ya se los traigo.– Respondió Lía.
Devolvió las cosas al baño, higieniso sus manos y fue hasta la cocina a buscar las malteadas.
– Esto te lo descontare de tu salario.– Dijo su jefe.
– Pero...
– ¡Cállate y ve a llevar esto de una vez!. ¡Y qué no se te ocurra volver a hecharlo!...niña inútil.
Esa mañana fue uno de sus peores días, Lía estaba acostumbrada a vivir esos tipos de cosas pero aquella mañana lo había superado todo.
Su horario laboral había acabado cerca de las dos del mediodía. Como de costumbre limpio todo antes de irse, cada mesa y cada silla. El piso y la cocina, nada podía quedar sin ser limpiado. Aún así su jefe le descontó el valor de la malteada que hecho en el piso.
– Aqui tienes, cincuenta dólares meno lo que has desperdiciado en el piso.
Lía tomó el dinero y solo dio gracias.
Ella siempre llevaba algo de comer a su casa, nada fresco por supuesto sino lo que le había quedado a su jefe del día anterior y muchas veces de semanas.
A ella no le importaba pues de esa forma ahorraba para poder pagar sus gastos.
De camino a su casa volvió a pasar por aquel lugar donde había visto la tierra dispersa. Esta vez miró con atención, y se dio cuenta de que aquella tierra estaba removida de una forma extraña.
Era como si un gigante le hubiese dado una patada con todas sus fuerza desparramando así la tierra por todos lados.
Lía prefirió no meter sus narices en lo que no le convenía así que solo comenzó a caminar hacia la única calle que la llevaba hasta su casa, cuando de repente algo llamó su atención.
Le pareció ver que alguien levantaba la mano pidiendo ayuda, pensó que solo era a causa de su imaginación por el calor que estaba haciendo aquel día.
Ella solo intento ignorarlo, ¿Pues quien podría meterse en aquella montaña de tierra y luego pedir ayuda?. Era irrazonable.
Comenzó a caminar nuevamente pero su curiosidad pudo con ella, así que atravesó el alambrado que dividía la propiedad con el camino público y se dirigió muy lentamente hasta donde vio mover aquella mano.
Cada vez que se acercaba más al lugar observaba con mucha sorpresa aquel desastre, pensó que quizás algo extraño había sucedido allí y quitó de su mente la idea de que los dueños habían decidido invertir nuevamente en aquellas ruinas.
– ¡Hola!...– Grito esperando que alguien le respondiera.– ¡Hola, ¿Hay alguien aquí?.– Pero nadie contestaba.– ¡Ah, soy una idiota!.– Se dijo mientras notaba que al parecer nadie estaba allí.– Mejor me iré a descansar, ¿Quien me manda a mi a buscar alucinaciones?. Hoy fue un largo y horrible día, y solo quiero descansar, descansar y descansar...
Mientras ella se daba sermones he intentaba alejarse del lugar, le pareció oír una voz.
– Ayuda...
Basta lía solo es una alucinación.
Se dijo mientras introducía su dedo índice en el oído para destaparlo.
– Ayuda...– Nuevamente escucho.
Se detuvo he intento investigar de donde provenía la voz. – ¡Hola!...¿Donde estas?.– Preguntó.
Dio la vuelta dirigiendo su mirada hacia donde había más tierra y vio que una mano se levantaba.
– ¡Oh por Dios!.– Dijo mientras tiraba su almuerzo al piso.– ¡Estoy aquí, te ayudare!.
Ella subió corriendo sobre el montículo de tierra hasta donde aquella mano salí a la superficie.– ¡Aquí estoy!.
El cuerpo estaba completamente tapado de tierra solo la mano se podía ver por fuera.
– ¡Ay Dios!...Tranquilo te ayudare a salir de allí.
Lía comenzó a escarbar con las manos como si fuera un animal hasta encontrar el rostro de aquella persona.– Ya falta poco, no desesperes.– No le importo ensuciar su único uniforme, ella solo quería ayudar a aquella persona.
Luego de quitar una gran cantidad de tierra dio con el rostro de aquel sujeto.
– Ayuda...– Volvió a repetir.
Lía se sorprendió al ver que se trataba de un hombre, pero eso no le impidió ayudarlo.
Lo tomó de la mano y haciendo mucha fuerza comenzó a levantarlo dando grandes empujones.
– Eres muy pesado...por favor has un poco de fuerza.
El hombre comenzó a mover su cuerpo lentamente pues al parecer estaba muy dolido y con ayuda mutua lograron salir de aquel poso de tierra.
El se levantó por un instante quedando de pies frente a ella.
Lía cerró fuerte sus ojos al ver que el estaba desnudo.– ¡No puede ser!.– Tapo sus ojos con sus manos y no lo miró.
El no entendía lo que estaba sucediendo, y si poder mantenerse en pies se desmayo cayendo por el cuerpo de Lia, a ella no le quedó otra salida que mirarlo con disimulo para poder atraparlo entre sus brazos aunque de todas formas ambos cayeron nuevamente sobre la tierra removida.
Lía lo tomó por los brazos y coloco su cabeza sobre su rodilla impidiendo que el se lastimará.
Su rostro estaba cubierto de tierra al igual que su cuerpo, Lía lo miró con disimulo y hasta un poco de nervio.
Miraba a su alrededor para ver si alguien la podía ayudar, pero eso era imposible pues ese camino no era muy transitable y al parecer solo ella lo conocía.
– ¿Y ahora que haré?.
Miró a Leviatam al rostro y vio que era muy hermoso. Removió con su mano la tierra que lo cubrían aún y pensó que talvez alguien lo estaba buscando. Pues pensaba que un joven tan hermoso y al parecer muy delicado debía tener una familia buscándolo.
Lía solo quedo por un instante con Leviatam sobre sus piernas apreciando todo de él con mucha culpa pero era imposible no mirarlo, en verdad era muy hermoso y solo hacía que cualquier mujer se enamorara de él.
– ¿De dónde eres?.– Se pregunto mientras lo miraba.– ¿Y ahora que haré?.¿Cómo podré ayudarte?. ¿Dios, por que siempre me pasa esto a mi?.
Miró al cielo y quedó pensando cual sería el próximo paso que daría con aquel extraño.