ENCUENTRO

1191 Palabras
Antes que el recorrido del tren acabara, Lía indico a Leviatam que era hora de descender. Llegaron a una ciudad donde parecía no vivir nadie, las casas estaban descuidadas, aunque dejando de lado eso todo era muy bonito, por cierto. - ¿Dónde estamos? – Pregunto el ángel. - Es una ciudad donde venia cuando era muy pequeña, aquí mis padres se conocieron y también se hicieron muy ricos. - Creo que eso debes explicarlo mejor, no entiendo porque vivías de esa forma siendo tus padres tan ricos. - Está bien, mis padres eran personas muy pobres, él trabajaba cerca de aquí en unas minas, mi madre trabajaba en una tienda donde no ganaba muy bien. Un día mi padre se accidento en su trabajo, creo que los abogados de su jefe le recomendaron dejarlo sin nada pues mi padre no tenia papeles, no se por que pero su jefe no lo dejo desamparado y al no darle dinero prefirió dejarle una de las tantas minas que tenia aquí. Solo se por sus dichos que de todos los lugares explorados el encontró en ese lugar algo muy valioso, nunca supe que era, tampoco querían responder a mi pregunta, así que solo me mantuve al margen, y fin. - ¿Pero como acabaste sola y desamparada? - Bueno, siempre creí mis padres me amaban, pero un día los escuché hablando y ellos decían que tenían que deshacerse de mí, decían que les había traído muchos problemas y que por culpa mía sus vidas corrían peligro. Estaban muy enojados, no podía entender que había hecho mal, así que decidí huir, sabia que si bajaba mi perfil de vida ellos jamás me encontrarían. - Entiendo. - Que bueno, eres muy atento al escuchar. - Eres muy valiente al hacer eso, pues pareces una mujer muy débil. - ¡Ahuch! Gracias por eso. - Me refiero a que aparentas ser frágil y débil pero dentro tuyo hay algo especial. - Sí, mi mala suerte. - No, estoy hablando de algo serio, eres muy valiosa, ahora pienso que nuestro encuentro no fue casual. - Lía lo miraba con atención, aunque no entendía a que se refería cuando decía todas esas cosas, para ella Leviatam se estaba refiriendo a otra persona. – Se que no me entiendes, pero esto será algo que lo descubriremos juntos. - Bien… - Lo prometo. - Oye, no tienes que hacer eso. - ¿De qué hablas? - Prometer. No lo hagas. - ¿Por qué? - Porque te sentirás o******o en hacer eso, y en verdad te digo solo soy una joven ordinaria, nada que descubrir. Leviatam no entendía como Lía no se daba cuenta del poder que llevaba dentro de ella, y que talvez también seria de gran ayuda su presencia para recuperar la espada de fuego. Llegaron hasta una casa que se encontraba camino arriba de la ciudad, estaba un poco abandonada, pero parecía estable para esconderse por un tiempo, con paredes hechas de piedras y barro, sellada con unas cadenas alrededor de la cerradura de la puerta, parecía como si estuviese deshabitada por mucho tiempo, incluso no tenía vecinos a su alrededor, era como si la hubiesen aislado al propósito. Lía comenzó a mover algunas que otras macetas con plantas que yacían muertas en ella, intentando encontrar algo, Leviatam la observaba con atención, no entendía que estaba haciendo y por qué continuaban parados allí afuera. - ¿Por qué no entramos? - Es que no encuentro las llaves, olvide donde lo guardamos la ultima vez. – Ella decía esto mientras continuaba buscando por todos lados. - ¿Hablas de esto? – Pregunto mientras tomaba en sus manos un gran candado. - Si… Solo fue cuestión de un estirón y el candado se encontraba completamente destruido, Lía jamás había visto algo parecido, eso hizo que sus ojos quedaran abiertos al igual que su boca. Leviatam dio paso a la mujer para que quitara las cadenas de esa forma poder entrar, Lía no salía del asombro a pesar de que ya lo había visto luchar con aquellos demonios anteriormente, algo se tildo dentro de su cuerpo. - ¿Sucede algo? – Pregunto Leviatam. - No, claro que no, porque tendría que suceder algo. Lía no podía ocultar su asombro, algo paso dentro de su cuerpo, talvez solo fue su apariencia masculina he inmensa fuerza lo que la hizo tener taquicardia por unos minutos. “Soy una tonta ¿Qué está pasándome?. Las puertas se abrieron finalmente y Lía ingreso sin perder el tiempo como si alguien estuviese compitiendo con ella. - Bien, pues bienvenido a mi antiguo hogar. - Esto se ve, bien. - ¿No te gusta verdad? - No, no es eso. - ¿Entonces? - Es que en verdad esta cosa dentro de mi esta matándome. – Él presionaba con fuerza su estomago intentando hacerle callar. Lía sintió pena por él, y a la vez le daba gracias por el gesto que el hacía en su rostro. - Iré a comprar algunas cosas para prepárate un almuerzo, pronto regresare. - Iré contigo. - Sera mejor que esperes aquí. - ¿Por qué? - Bueno, tú llamas mucho la atención y no quiero ir dando explicaciones. - Esta bien me quedare aquí pero no tardes o tendré que ir por ti. - No te impaciente. Lía cumplió con su palabra, y fue al mercado mas cercano a conseguir todo lo que necesitaba, mientras ella se encontraba eligiendo alguna que otras verduras alguien de fondo la saludo, lo extraño fue que ella reconocía aquella voz, dio la media vuelta y en verdad era así. - ¿Cómo estas, niña? - Hola…estoy bien. – Respondió sorprendida. - Me he quedado preocupada por ti desde la última vez que presencie todo aquello con tu antiguo jefe. - Si…pero ya no trabajo para él. - Lo sé, ya no he regresado desde aquel día, nadie en aquel lugar atiende a las personas como tú. - Gracias, pero ahora debo marcharme, fue muy bueno encontrarla. Encontrar aquella mujer en esa ciudad solo dio mala espina a Lía, era muy extraño lo que estaba sucediendo, tomo sus cosas y se marchó rápidamente hasta la casa de sus padres, al ingresar Leviatam se estaba preparando para salir a buscarla. - ¿Dónde has estado? Estaba a punto de salir a buscarte. - Estoy bien, pero sucedió algo extraño. - ¿Qué? - Encontré a una mujer, ella fue un par de veces al lugar donde yo trabajaba. - ¿Cuál es el problema? - No sé, es como si ella supiera que yo estaría aquí. Sabes que, mejor olvídalo, creo que estoy delirando. Mientras ella hablaba alguien toco en la puerta. - Creo que no estabas delirando. – Respondió Leviatam. – Pero ese aroma lo conozco. - ¿Es un demonio? - No. Leviatam camino rápidamente hasta la puerta y lo abrió de repente colocando una inmensa sonrisa en sus labios. - ¡Es ella! – Grito Lía. Pero el ángel dio un gran abrazo a aquella mujer, golpeando su espalda con fuerza. - ¿La conoces? - Si claro, el es mi hermano. Cassiel.
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