- ¿Qué pasa conmigo? ¿Por qué tengo estos poderes? - El llanto no tardo en aparecer.
- En verdad me gustaría darte alguna explicación, pero la verdad es que no lo sé. Tranquila, lo descubriremos, sabremos la razón de esto, tal vez mi hermano pueda darnos una respuesta, él este infiltrado en este mundo desde mucho antes que la luna tomara su forma.
Con su pequeña mano empuñada seco sus lágrimas corriéndola hacia un costado de su rostro diciendo. - ¿Crees que él nos de alguna respuesta?
- No lo creo, estoy seguro. Ahora vámonos de aquí antes de que otros demonios aparezcan.
Salieron de aquella casa donde antes vivía Lía, ella se despidió una vez mas de sus recuerdos, de todo lo que un día la hizo feliz.
Al cerrar aquella puerta sintió como nuevamente dejaba atrás su pasado y eso incluía a sus padres.
- ¿Vendrás conmigo o te quedaras?
- ¡Calma!, ¿siempre eres impaciente?
- No…Solo contigo. – Leviatam no figuro ninguna sonrisa en su rostro, eso hizo creer a Lía que él estaba hablando enserio. – Solo estoy haciendo una broma.
- ¡Ah! con que ahora sabes hacer bromas, pensé que los ángeles eran muy serios.
- Lo somos, no tenemos tiempo de sonreír.
- Que pena.
- ¿Por qué lo dices?
- Pues porque es triste no sonreír.
- Primero está el deber luego lo que nos divierte.
- Mmm
- ¿Puedo preguntar algo?
- Sí.
- ¿Por qué cada vez que no te agrada una respuesta dices Mmm? ¿Eres una vaca? - Lía se echó a reír.
- Eres muy observador.
- Si, así es.
- Bueno tu has hecho una pregunta y te has respondido al mismo tiempo.
- ¿Entonces haces eso cuando algo no te agrada?
- Así es.
- ¿Eres vaca?
Lía volvió a sonreír mientras respondía con vergüenza que no lo era.
- Mi hermano me comento que este mundo existe un lugar donde adoran a las vacas, tal vez si te conocieran ellos te adorarían.
- No quiero eso. – Respondió Lía sin parar de sonreír.
- Pues deberías de aprovechar, serias una diosa para ellos.
- Bueno ya estuvo bueno, ahora concéntrate y piensa donde podríamos encontrar a tu hermano.
- Tienes razón, aunque creo que el también nos estará buscando, es posible que llegue primero a nosotros. Busquemos un lugar donde podamos quedarnos, para que el encuentro suceda pronto.
- Bien, conozco un lugar.
Lía lo llevo de la mano como si el fuera un niño y eso a Leviatam no parecía molestarle.
Él la seguía sin preguntar nada, sentía una especie de confianza similar a la que sentía cuando estaba en batalla con sus demás hermanos, Lía tenia ese toque dentro de ella, una parte de Leviatam ya no extrañaba eso de su hogar.
El día comenzaba a tomar color, la oscuridad y las tinieblas empezaban a desaparecer lentamente, mientras Lia y Leviatam llegaban a destino.
- ¿Qué es este lugar?
- Es una estación de trenes.
- ¿Qué es trenes?
- Tren, es una maquina que te traslada de punta a punta en la ciudad.
- Es como el que estaba bajo tierra, pero este parece más elegante.
- Tienes buena memoria, y también mucha razón, el motivo es que este tiene recamaras y comedor donde las personas pueden almorzar o desayunar durante el viaje.
- ¿Comida?
- Así es.
Subieron al tren y tomaron lugar cerca de una ventanilla, uno frente al otro, el brillo del sol hacia que las mejillas de Lía se tornaran de color rosado.
- ¿Por qué cambias de color? – Pregunto el ángel con curiosidad, estas cosas jamás habían sucedido en el tercer cielo.
- No me doy cuenta de eso, tal vez el por el cambio de clima, parece como si el frio aún no se marchará por completo.
- No tenemos esto de dónde vengo.
- ¿De qué hablas?
- Cambio de color.
- Creo que es algo que solo nosotros lo tenemos, sucede porque la temperatura del cuerpo cambia, pero también nos pasa esto cuando una persona esta enamorada o tiene vergüenza.
- Sé lo que es vergüenza, pero no sé que es enamorado. ¿Es algo maligno?
Lía no recordaba cuando fue la ultima vez que se había reído tanto, y tratando de no ofender al ángel respondió con cortesía. – No, estar enamorado es cuando una persona ama a otro. – Él la miraba sin entender. – Bueno a veces un hombre se siente muy atraído por una mujer y esto podría ser amor, ya sea por su belleza o personalidad. -Pero Leviatam seguía sin entender. – Mejor olvídalo. ¿Tampoco tienen parejas de dónde vienes?
- ¿Parejas?
- Sí ¿Cómo se procrean?
- Somos creados por el soberano, conforme a las necesidades del reino.
- Aaa…sorprendente.
- ¿Lo es?
- - Sí.
- ¿Cómo lo hacen aquí?
- Mmm, creo que debemos cambiar de tema, mejor hablemos de tu hermano. ¿Cómo nos encontrara?
- Él es experto en eso, lo hará antes de que nos demos cuenta. ¿Aun falta para llegar a ese lugar?
- Sí, un poco.
El estómago de Leviatam comenzaba a reclamar alimento, por mas que él intentaba fingir que no sucedía nada su panza lo delataba.
- Ven conmigo. – Dijo Lía mientras sonreía, ella lo llevo hasta el comedor y pidió desayuno para los dos, Leviatam parecía un niño inocente mirando como le traían que comer, al parecer era lo que más le hacía feliz en ese momento y a Lía eso le llenaba el corazón.
Mientras ellos iban de viaje en el tren, en otro punto de la ciudad los demonios se reunían donde yacía muerto uno de ellos, intentaban deducir que fue lo que lo había acabado de esa manera, algunos comenzaron a tener temor del ángel que destruía sus esencias, otros dudaban que un segundo al mando tuviera tanto poder, aun mas que su propio amo.
- Debemos informar esto. – Sugirio uno de los tantos demonios.
- No, si regresamos sin el ángel o la mujer todos moriremos al igual que este m*****o infeliz, mejor continuemos buscando, no deben estar tan lejos.
Abrieron sus alas y buscaron esconderse dentro del manto celestial de cualquier tipo de ojo humano.