Leviatam despertó experimentando algo que otras veces no le había ocurrido, él había tenido un sueño. Pero no entendió de qué se trataba así que decidió despertar rapidamente quedando de esa forma sentado sobre la cama.
– Ya no se que es real.– Decía mientras cubría su rostro para despertar a sus ojos.
Leviatam se encontraba completamente bien, sus huesos se habían acomodado, su fuerza parecía estar volviendo a él y considero de que ya era tiempo de marcharse y cumplir con lo que le habían enviado.
Miro a su lado y ella ya no estaba, pensó en que momento se había marchado, nisiquiera la había sentido mover.
¿Es que acaso era tan sigilosa?.
De todas formas Leviatam ya no quería molestar a Lía, ese sería el últimos día que en que la iba a ver, además a Leviatam no le gustaban las despedidas.
Se levantó de la cama de un salto y preparado para irse vio que sus pies estaban descalzo, recordó aquellos calzados que Lía le había dado, introdujo sus pies dentro de ellos y se levanto diciendo.– ¡Vaya que si son cómodos!.– Dijo mientras los movía.
Tomó su abrigo que lo había dejado a un lado de la cama, y se dirigió hacía la puerta para poder marcharse cuando observó la bolsa de Lia sobre la mesa.
Hizo memoria y recordó averla visto cargando aquella cosa inesesaria.
Penso en llevárselo, quizás lo estaba necesitando pero ya no queria involucrarse con aquella humana.
Camino hacia la puerta y algo dentro de su cabeza le recordaba lo buena que Lia había sido con él.
– ¡Ah...esta bien!. Se lo llevaré, y le daré las gracias por haberme cuidado y eso será todo.– Dijo como si alguien lo estuviera observando.
Leviatam en el tercer cielo era un rastreador, el podía sentir el aroma de los seres en cualquier lugar, podía encontrarlos solamente siguiendo aquella estela que despide sus cuerpos, tal vez un humano común y corriente no lo persibiria pero sí un ser sobrenatural.
Es así que tomo el bolso de Lia y salió persiguiendo su aroma, había estado dos días a su lado y el olor de su piel se quedó impregnado en sus fosas nasales.
El era un ser muy hermoso, su rostro era perfecto y aquel cabello castaño con grandes rulos lo hacían ver más deseoso aún, las personas que pasaban a su alrededor no podían evitar verlo, aún las ancianas revivan su pasión y el d***o por un hombre.
Él provocaba sentimientos extraños dentro de las personas, tal vez porque su belleza no era del mismo universo.
Pero Leviatam no le daba importancia, el solo queria encontrar a Lía para despedirse y de esa forma no quedar como una persona mala agradecida. Siguió el rastro de ella y se dio cuenta de que esta vez existían dos estelas, uno de los caminos pudo reconocerlo pero el otro no, además el alterno parecía riesgoso así que prefirió ir por el camino donde recordó que ella lo había arrastrado en aquel estado inconsciente en el que él se encontraba, ¿De donde había sacado tanta fuerza para ayudarlo?. Lo penso por un instante, su cuerpo era dos veces mas grande que él de ella, no existia ninguna forma, pero Lia lo habia logrado.
Llegó hasta el descampado que había caído y se percató de algo extraño, su olfato no lo engañaba dos demonios habían estado allí anteriormente, su aroma era putrefacto, heria la sencibilidad de cualquier ser solo los humanos no podian detectarlo por convivir tanto tiempo con ellos, aquellos demonios podian haber estado a su lado y nadie lo persibiria. Pero esta vez Leviatam sabía que venían tras él y que no se detendrian hasta encontrarlo, también sabía que aquellos eran crueles y que eliminarían a cualquiera que lo protegiera.
Levaitam pensó inmediatamente en Lía, tal vez aquellos demonios ya la habían d*********o y estaban tras ella, Leviatam aceleró sus pasos y comenzó a correr para encontrar primero a Lía, no se perdonaría si algo le llegara a suceder por el solo hecho de haberlo ayudado.
El rastro lo llevaba en una dirección recta, no era difícil encontrarla, si él lo habia hecho tan rápido aquellos dos inmundo también lo pudieron haber logrado.
Leviatam comenzó a correr y al llegar a una avenida noto que el rastro se detenía en un bar, adentro había muchas personas el los podía ver con cada detalles, tenía una visión muy especial, se sorprendía pues el Rey le había dicho que todos sus poderes le serían quitado para que nadie lo descubriera pero él lo seguía poseyendo.
Movió sus piernas para ir hasta el lugar pero algo lo detuvo repentinamente haciendo que se ocultara rápidamente en medio de unos arbustos.
Dos sujetos vestidos de n***o llamaron su atención, tenían forma de humano pero su olfato no le engañaba eran aquellos dos demonios del cual el se había percatado en aquel descampado.
"¡Maldicion, ya la encontraron!"...Pensó rápidamente. "Tengo que sacarla de allí antes de que ellos regresen".
Espero a que se marchasen y se acercó hasta lugar lentamente mirando hacia todos lados, serciorandose de que aquellos no regresaran y lo descubrieran.
Miro atravez del vidrio y observó que ella estaba allí atendiendo a los clientes, sirviendo café y llevando otros pedidos, Leviatam se dio cuenta del motivo por el cual Lía había quedado tan sorprendida cuando él le había dado las gracias, pues allí adentro las personas solo la miraban como un trapo viejo sin tan siquiera agradecerle por su servicio. Leviatam quedo mirando con atención y sintio como su sangre comenzaba a acelrarse, se dio cuenta de que estaba deejando que la ira lo tomara por sorpresa ante tal injusticia, tanto así que solo quería destruir aquellas personas pues para su punto de vista ellos no merecían vivir.
Lía fue muy amable con el y no merecía ser tratada de esa manera. Era una mujer muy amable y por lo que el observaba parecía mantener su temperamento calmado en todo el tiempo, eso lo desconcertaba para el aquello era un poder imposible. Talvez por ese motivo las personas la llamaban débil y tonta pero no se daban cuenta de la fuerza que tenía.
Lía camino hacia la cocina llevando unos utensilios en sus manos, ella reflejaba en su rostro una sonrisa como si nadie la hubiese maltratado, eso lo descolocada a Leviatam.
Del interior de la cocina escucho como un hombre la insultaba, llamándola de r****a y porquerías, no entendía con qué derecho la trataba de esa forma. Lía solo pedía disculpas sin motivos bajando su rostro hasta tocar su clavícula con el mentón.
– ¡Dime maldita niña!. ¿En qué te has metido?. ¡¿Por qué dos sujetos vinieron a interrogarte aquí?.
– Le juro que no sé quiénes son señor.
– ¡Mientes!...No te protegeré si es eso lo que estás buscando. ¡Lo oyes bien!.
— Sí, señor.
– ¡No traigas tus problemas aquí, no me interesan!. ¿Lo has entendido?.
– Sí.
El se acercó hasta ella con una mirada desafiante, como si solo quisiera herirla, la tomó por el brazo y de un estirón la sacudió hacia ambos lados desequilibrando su pequeño cuerpo, las personas de adentro solo la miraban sonriendo como si aquello fuera un espectáculo.
– ¡Dime si me has oído!.– Grito el sujeto ferozmente cerca del oído de Lia.
– Creo que te ha oído claramente.– Respondió Leviatam viendo con ira a los ojos de aquel hombre.
– ¿Tu quien diablos eres?.
– Quiero saber lo mismo, talvez eso explique con que derecho la maltratas de esa manera.
Lía estaba con el rostro lleno de lagrimas, sus ojos estaban empapados y expresaban miedo. Levantó su rostro para ver quien la defendía y no podia creer que era aquel sujeto al cual ella había ayudado, miró a un lado de su hombro y noto que traía colgado su bolsa que en la mañana lo había olvidado.
Leviatam extendio su mano pidiendo que Lía la tomará, ella lo miro a los ojos con mucha pena y tomando una desición camino hacia él pero su jefe al ver la intención de Lia, la tomó nuevamente del brazo y la empujó hacia atrás haciendo que ella cayera al piso.
Eso solo hizo que Leviatam explotara, y sin medir las consecuencias golpeó en el rostro al jefe de Lia haciendo que este cayera a una cierta distancia de ellos.
El hombre ni siquiera lo vio venir, Leviatam fue tan rápido que cuando lo noto ya le había impactado el golpe.
Pero eso no era suficiente para él, algo dentro suyo quería continuar golpeándolo, intento hacercarse nuevamente al hombre pero Lía lo impidió, se levantó rápidamente del piso y corrió hasta abrazarlo, sujetándolo por el abdomen, intentando impedir que llegara hasta su jefe.
El cuerpo de Leviatam parecía tan rígido como una piedra y a la vez como un fuego por la ira que sentía por dentro.
– ¡Por favor Lio, ya no más!.– Dijo Lía mientras lo abrazaba fuertemente.
Aquella tierna petición fue como un calmante para la furia de Leviatam, de repente él sintió como su corazón se calmaba y regresaba a la normalidad.
Ella tenía el poder sobre aquel espíritu guerrero.
Leviatam la miró intentando sujetarlo y sonrió.– ¿Te encuentras bien?.– Preguntó mientras la miraba.
Ella solo movió la cabeza diciendo que sí.
– Será mejor que nos vayamos de aquí.– Respondió, y tomando la mano de Lia la saco de allí.
– Ya no regreses.– Fue lo último que dijo su jefe antes de desmayarse.
Todos quedaron impresionado por la fuerza de aquel hombre, pero lo que más les sorprendía era su hermosura.
Pero la mujer de la mesa ocho actuaba como si no se sorprendiera de lo ocurrido, pero si llamaba su atención una sola cosa, que Lía lo haya calmado tan rápidamente.