UNA TRAMPA SUTIL

1047 Palabras
Lía tomó de la mano a Leviatam y lo llevó corriendo hasta la entrada del subte, ellos debían huir antes de que aquellos sujetos los encontrarán. Leviatam parecia un niño al ir tomado de la mano con Lía, aunque hace unos momentos atrás parecía una fiera al ver como la maltrataban, eso nunca antes le había sucedido, él jamás había tenido ese tipo de sentimiento y mucho menos compasión por alguien. En el bar habían regresado minutos despues de que Leviatam y Lía se marcharán aquellos demonios que querían interrogarla, pero al llegar solo se encontraron con aquel sujeto tirado en el piso, un grupo de personas lo rodeaban como apiadandose del él por lo que había pasado. Estos entraron al bar y viendo lo que sucedía apartaron a las personas que allí estaban y se acercaron al hombre, preguntando.– ¿Que sucedió?.– – ¡Ustedes!, ¿Que quieren?. – ¿Donde está la chica?. – ¡Esa maldita, no quiero que vuelva aquí!.– Grito enfurecido mientras presionaba su estómago. – ¿Ella te ha lastimado?. El sujeto sonrió burlándose de lo que aquel demonio había dicho.– ¡Esa no es más que una inútil!. Fue el idiota que lo acompañaba. Los demonios se miraron concluyendo de que se trataba del ángel que había venido para recuperar la espada de fuego. Luego de escuchar lo que el hombre había declarado se dieron la media vuelta y se marcharon. – ¡Oigan!.– Grito el sujeto mal herido.– Quiero que los hagan pagar. – Usted no es nuestro jefe. Pero de todas maneras lo haremos. Salieron de allí y se pararon frente a la entrada del bar, cerrando sus ojos unos de ellos comenzó a olfatear el aroma que despedía la piel de Lia. – Puedo sentir la estela de ella pero no el del ángel que lo acompaña. – Lo sé, tampoco yo. Pero esto se puede solucionar.– Quitó sus gafas de su rostro y removió el lente que ocultaba su verdadero iris. Su ojo se torno totalmente amarillo con un iris en el medio que lo atravesaba por completo. Siguió el rastro de Lia he inmediatamente percibió la estela que desprendía la piel de Leviatam. – Lo puedo ver, es uno de alto rango. – Eso no le gustará al jefe. ¿Puedes saber de quien se trata?. – No en su totalidad, el color es diferente, solo puedo ver eso, pero seguramente sera alguien cercano al rey o al general, no enviarían a un novato. – Vayamos tras ellos antes de que se alejen más y no los podamos encontrar. Siguieron el aroma de Lia y descubrieron que habían entrado al subte. No esperaron a verlos, solo siguieron el rastro hasta el interior del tren. – Están aquí. Comenzaron a correr hacia un lado bruscamente a las personas, no importaba si estos eran mujeres o niños, ellos pedían el paso sin pensar en el daño que les podían ocasionar. – Percibo su olor, la chica está aquí. Pero mientras mas se acercaban más lastimaban a las personas para poder llegar hasta Lía y Leviatam. Siguieron hasta el final del tren donde la estela acababa, el olor de la piel de Lia les daba la esperanza de encontrar a la misma vez al ángel que venía acabarlos. – El aroma termina aquí. –¡Sí!. Este será su fin. Abrieron el vagón continuo donde se encontraban un grupo de jóvenes divirtiéndose. Nadie se percibía de la presencia de aquellos demonios. Pero ellos no tardarían en presentarse, creyendo que cubrían a Lía los empujaron a los lados, golpeando a algunos por el rostro. – ¡Apartense escórias de este mundo!. – ¡Sal de donde te escondes m*****o!... Dijo el segundo apartando a las últimas personas del camino, pero al hacerlo descubrieron que todo el show que hicieron había sido en vano. Pues Lía y Leviatam no se encontraban allí. – Se han burlado de nosotros.– Dijo enfurecido el primer demonio y golpeó la ventana del tren destruyéndolo por completo. Los jóvenes de allí se cubrían la cabeza evitando ser lastimados por algún cristal. – ¡Tu dime donde esta la chica!.– Preguntó enfurecido a un joven tomándolo por el cuello. – No sabemos de quien habla señor. El demonio miró en su hombro derecho y vio que llevaba colgado la cartera de Lia. – ¿De dónde sacaste esto?. – Lo encontré aquí, juró que no lo robe. – ¿Que es esa porquería?. ¿Es de la chica?.– Preguntó el segundo. – Sí, puedo ver su estela impregnada en ella. – Vámonos de aquí, solo estamos perdiendo el tiempo. El demonio soltó al chico y este cayó desplomado en el piso. – ¿Quienes son estos sujetos?.– Se preguntaban unos a otros. – Te dije que esa bolsa nos traería problema.– Dijo una de las chicas que los acompañaban. –Sí...tenías razón, por poco y casi me matan, mejor lo dejaremos aquí donde lo encontramos que otro idiota lo encuentre. Los demonios bajaron del tren con pasos agigantados llevándose a cualquiera que se opusiera en su camino. Ellos sabían que Leviatam les había puesto una trampa y lo que más los hacía enojar era que ni siquiera era algo planeado. – Juro que ese desgraciado pagará por la vergüenza que nos hizo pasar el día de hoy. – Sí, esta bien pero ahora vayamos a reportar al jefe que lo encontramos. – ¡Acaso estás loco!. – ¿Por qué lo dices?. – El jefe nos matará si regresamos sin aquel m*****o, o ya has olvidado su amenaza. El segundo pensó y recordando lo que su compañero estaba diciendo creyó conveniente no hacerlo. No estaba dispuesto a perder la vida miserable que llevaba, además temia demasiado a su jefe y no quería que este lo borrara. – Volvamos al principio, tal vez su aroma aún no se allá borrado. – Esa es un buena idea, vayamos. Regresaron al punto de partida esperando conseguir alguna pista pero el aroma de Lia y Leviatam había desaparecido. Ya no tenían otra opción más que rendirse aquel día, pero no descansarián hasta encontrarlos, aunque eso significaba regresar al bar y quitarle de los ojos informaciones a cada personas.
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