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1882 Palabras
Si la casa del evento era elegante, esta era majestuosa. Josie no podía disimular su sorpresa conforme avanzaba por aquel camino de piedras y atravesaba la enorme puerta principal de brillantes llamadores de bronce y robusta madera labrada. Era una mansión de las que solo existían en las películas, con empleados por cada rincón y jardines dignos de una exposición de arte. Un lugar enorme de muebles costosos que ocupaban una estancia que apenas albergaba a aquel hombre canoso que reconoció con un traje calcado al que recordaba de la fiesta. -Señortia Josefina, me alegra mucho que se haya decidido a venir.- le dijo mientras ella avanzaba con pasos lentos pero firmes, sobre sus zapatillas acordonadas y su vestido corto en ese rojo que contrastaba con los ocres y rosa pálido de aquel lugar. En ese momento sintió que había escogido mal su atuendo, pero ya no podía hacer nada para cambiarlo, por lo que, fiel a su espíritu de enfrentar las cosas, avanzó con toda la seguridad que pudo. -No se ilusione señor Lorenzo, solo vengo a escuchar la propuesta, creo que no lo comprendí bien por teléfono.- le aclaró mientras estiraba su mano para estrecharla con la del hombre que sonrió con alegría. Josie era todavía más encantadora durante el día y su sonrisa seguía siendo el motivo principal por el cual la había escogido. -No es algo común, la entiendo, pero le prometo que llegaremos a un buen acuerdo.- señaló poniéndose de pie para estrechar su mano y señalar uno de los sillones de la sala. -Verá usted, señorita Josefina.- comenzó a explicar sin rodeos. -Josie.-. Lo interrumpió ella y al ver que el hombre la miraba desconcertado agregó rápidamente: -Digo que todos me llaman Josie, Josefina casi que no se quien es.- le dijo divertida y el hombre volvió a sonreír. -Bien, Josie,- volvió a comenzar Lorenzo haciendo énfasis en la forma de decir su nombre -Le ofrezco un trabajo de un año, bien remunerado por supuesto, sería un papel a su medida, ya que ha demostrado en la fiesta ser una excelente actriz.- dijo captando su atención. -Deberá ser la esposa de mi hijo durante ese tiempo, acompañarlo, alentarlo a encontrar su camino, escucharlo y de ser posible contagiarle esa forma tan especial que tiene que ver la vida.- le dijo sonriendo al final. Josie estaba totalmente anonadada, no terminaba de creer lo que le estaba pidiendo ni por qué lo hacía. De seguro un joven que vivía en un lugar como ese podía tener a la mujer que quisiera, porque era su padre quien buscaba una para él, y lo más importante, porque justamente ella, a quien apenas conocía. Entonces unos pasos en la escalera la sacaron de su sorpresa, un joven de cabello ondulado oscuro y cabeza agachada bajaba la escalera, llevaba una remera informal y unos pantalones anchos que no dejaban ver su calzado. Tenía un andar raro, como si arrastrara los pies, su cabello caía sobre su frente sin permitir ver su rostro y su mirada parecía concentrada en algo en el suelo. Josie alternaba su mirada entre el recién llegado y Lorenzo, no termina de entenderlo, pero necesitaba que alguien aclarara su destino. -Hola papá, hola señorita o señora, no sé como llamarla, no veo ningún anillo en su dedo pero tampoco eso es una condición para saber si alguien prefiere ser llamado señora o señorita.- dijo el joven sin mirarla, mientras pasaba el peso de su cuerpo de una pierna a la otra en un movimiento repetitivo casi calcado. Hablaba como si fuera extranjero, pero el acento argentino se deslizaba entre las palabras, movía sus dedos con nerviosismo mientras sus ojos se desviaban a eso que le había llamado la atención al bajar la escalera. Josie supo de inmediato el motivo de la propuesta, si bien aquel joven parecía unos años menor que ella, era evidente que estaba en el espectro, de seguro su padre estaba preocupado por su destino y la estaba contratando para que lo ayudará a entender el aspecto de la socialización que incluía a una pareja. Volvió a mirar al hombre y sonrió Era algo exagerado, pero entendía la nobleza de su intención y eso la llevó a querer aceptar de inmediato. No le importaba si no le pagaba, le gustaba la idea de poder ayudar a alguien como aquel joven que continuaba con su mano extendida a la espera de su saludo. -Hola, señorita está bien. Pero podes llamarme Josie.- le dijo estrechando su mano para que él la retirara con prisa al sentir el contacto. -Tienes una cara muy linda, tus ojos son un poco grandes, pero tu figura es armoniosa, aunque ese vestido es muy formal para usar con zapatillas.- le arrojó sin reparos y ella sonrió divertida. Todo lo que había dicho era verdad, y escucharlo tan brutalmente honesto le había causado gracia. -Vos también tenes una cara muy linda. Voy a tener en cuenta lo de las zapatillas, gracias.- le respondió con esa espontaneidad que siempre tenía y el joven imitó su sonrisa en un gesto fugaz, para luego regresar a aquello que había llamado su atención. -Lo entiendo señor Lorenzo y me parece muy noble de su parte, si su hijo acepta, yo no tengo problema.- le respondió asumiendo que aquel joven era el destinatario de su papel, pero entonces nuevos pasos la llevaron a mirar hacia la escalera. Esta vez otro joven, mucho más alto, de cabello dorado y ojos celestes impresionantes movía su cuerpo atlético y musculoso con un dejo de rebeldía que le sentaba demasiado bien. Llevaba la mandíbula tensa y los ojos cargados de furia, apenas la miró unos segundos y desvió la mirada hacia su padre, quien sonreía como si fuera un niño en navidad. Eso pareció irritarlo más ya que un ligero bufido salió de nariz, tensando aún más sus músculos de su rostro anguloso, tan atractivo que Josie tuvo que recordarse donde se encontraba. -Me alegra mucho oír eso Josie, no se haga problema por mi hijo, ¿verdad Emanuel?- dijo mirando a aquel adonis que acaba de llegar hasta la sala con su perfume inundando el lugar como si su sola presencia fuera capaz de cambiar la atmósfera. -Yo creí… digo, yo creí que…¿cual es su hijo, señor?- le pregunto casi balbuceando mientras recibía una mirada de reproche por parte de aquel nuevo desconocido, que ahora nunca sería capaz de quitar de sus sueños. -Señortia Josefina, le presentó a Santiago y Emanuel, ellos son mis hijos. Emanuel será su futuro esposo.- aclaró Lorenzo señalando a los dos jóvenes para volver a sumergirla en una confusión que comenzaba a sentirse amenazante. No entendía por qué alguien como Emanuel necesitaba que su padre le contratara una esposa, pero si ese iba a ser su coprotagonista comenzaba a creer que no estaba nada mal. Entonces Emanuel se dignó a mirarla. Josefina era una joven de mediana estatura, sus piernas no eran largas y sus curvas demasiado pronunciadas, pensó, entonces llegó a sus ojos y descubrió que lo estaba mirando también. Creyó sentir que le gustaba lo que veía, como si sus ojos pudieran traducir lo que estaba pensando, como si fuera transparente. Creyó ver algo que nunca ante había visto, pero lo desestimó, Era una caza fortuna, una bailarina de cabaret que de seguro había convencido a su padre con ese cuerpo exuberante. No era su tipo, no lo era para nada. No se parecía a Helena, ninguna mujer se parecía a ella, aunque hubiera rechazado su propuesta, él sabía que lo quería, por eso se disponía a volver a buscarla, cuando su padre lo llamó -Hola, futura esposa.- dijo finalmente aprovechando esa mirada embobada que ella le dedicaba y sin preámbulos se acercó hasta donde estaba para enfrentar sus ojos desde una distancia menor y luego alzar su mano con pausa justo hasta sus pechos extendiendo su dedo al límite de lo prohibido. Josie pudo sentir como su respiración se acelerara, sus pechos traicioneros se habían erizado y subían y bajaban moviendo la tela de aquel escote con delatora insinuación de que tenerlo cerca comenzaba a afectarle. -No te hagas ilusiones.- agregó entonces Emanuel con una sonrisa de satisfacción que supo ser hiriente a sus ojos. -No pienso tocarte.- sentenció bajando su mano de manera presurosa para dejarla indefensa, expuesta y sintiéndose una verdadera tonta. -Mirá Manu, era una Loxocelles, me había parecido cuando bajé, ¿Queres verla, Josie? Se la conoce vulgarmente como araña del rincón, pero su nombre científico es Loxocelles.- dijo Santiago acercando al insecto que había tomado con sus propias manos mientras Josie se echaba hacia atrás sobresaltada. -No te asustes, no es de la venenosas.- dijo Santiago pero ella cerró sus ojos negando con sus cabeza con vehemencia. -No soy muy amiga de las arañas.- dijo sin atreverse a abrir sus ojos, en verdad le asustaban, en su casa, siempre llamaba a alguien para que se encargara de ellas, era un miedo exagerado, su mente lo sabía, pero no lograba controlarlo. -Yo tampoco soy amigo, no se puede ser amigo de los insectos, ellos no hablan.- dijo Santiago con total naturalidad y Josie recordó que las personas en el espectro eran literales, por eso reformuló su respuesta. -Quiero decir que esa araña que tenes en la mano, me da miedo.- dijo dando otro paso hacia atrás. -Santiago por favor, llevate ese insecto afuera.- los interrumpió Lorenzo y Emanuel giró para enfrentarlo. -A mi no me molesta, dejalo, es una arañita, no te pongas loco.- le respondió con furia, no le gustaba la forma en la que su padre trataba a su hermano, podía ser difícil convivir con él a veces, durante toda su infancia, él mismo se había comportado mal con él, pero ahora lo entendía mejor, veinte años después sabía que su hermano la pasaba demasiado mal en este mundo tan hostil para alguien como él y no quería sumarle los reproches de su padre. Josie percibió la tensión y decidió ponerle fin, ya había sido suficiente, el escenario había cambiado y debía pensar mejor su decisión. -Disculpen, creo que mejor me voy, señor Lorenzo, no estoy segura de poder aceptar su oferta, tengo que pensarlo mejor.- dijo apresurandose a alejarse de aquella familia que comenzaba a intimidarla. -Pero ya habías aceptado, si creías que Santiago iba a ser tu esposo y no tenias problema, al enterarse de que en realidad es Emanuel deberías sentirte mejor.- le dijo delante de sus hijos, sin contemplar lo hiriente que eso sonaba. Entoces Josie abandonó su huida para volver a inflar su pecho, si había algo que no toleraba eran los insultos y a su entender aquello se había sobrepasado. -Disculpe señor Lorenzo, no sé qué ve usted de diferente en sus hijos, pero tampoco me interesa averiguarlo. Tengo que pensar mi respuesta porque no es una oferta común, pero para mi, Santiago es tan digno de una esposa como su otro hijo. - dijo obteniendo por fin una mirada de parte de Santiago, quien arrojó la araña por la ventana sin miramientos. Josie correspondió su gesto con una sonrisa y luego giró lentamente para por fin irse, no sin antes disfrutar de la sorpresa en esos ojos claros que de seguro inundarían sus pensamientos por el resto del día
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