La despedida de los visitantes dejó un silencio inquisidor en el campo. Josie había saludado a todos invitándolos de nuevo cuando quisieran, había mostrado su sonrisa enorme y había bromeado con cada uno de ellos, menos con Manuela, a quien no podía dejar de ver como una suegra que, aunque fuera falsa, no quería decepcionar. Y había sido ella misma quien le había informado que Emanuel no se sentía bien, excusando su ausencia en aquella despedida. Ahora estaba de nuevo a solas con él, solo que esta vez él ni siquiera estaba. Se había quedado en su habitación, dejándola con la sensación de que aparecería en cualquier momento. Pero no lo hacía. Josie ya no solo quería saber donde estaban parados, necesitaba explicarle lo que su amiga Alma le había contado. Necesitaba decirle que ella tenía

