Dejaron a Dann en un hospital, donde las cámaras no mostraran quienes lo habían dejado allí y ellos se dispusieron a huir. En medio de su viaje. Elena iba pálida. — ¡Elena! ¿Qué te ocurre? —cuestionó Alexandra. Estaba nerviosa. Todo había sucedido demasiado rápido. —No me siento bien—declaró. Ale la miró. Estaba sangrando, recordó que ella no llevaba chaleco alguno y se maldijo. —Alexandra, ¿sabes conducir? —preguntó. Esta negó y se enojó a un más. —No podré detenerme o ellos nos podrían alcanzar. Necesitaré que reclines el asiento de ella y la traslades contigo. Ubica su herida y mantén la presión. No estamos tan lejos de llegar. Alexandra asintió. Sus manos aun estaban cubiertas de la sangre de Dann. Ahora tenía que ver por Elena. Estaba herida en el abdomen. La bala pasó, atrav

