En este momento de mi vida me siento la mujer más deseada y adorada. Cada toque de sus manos, cada beso que deja en mi piel, cada caricia, cada embestida hacen que mi alma baile en una danza llena de gozo, pasión y deseo. Hace unas semanas atrás mi vida cambio por completo. El hombre que pensé amar me traicionó de la manera más cruel. Le di años de mi vida, le di un estilo de vida cómodo. Fui una tonta en creer que por yo darle lo material, él me recompensaría en lo sentimental. Mi padre tenía tazón, mi amiga también. Pero fui tan terca y testaruda que tuve que estrellarme para comprender la realidad. Como seres humanos, con mente, alma y espíritu a veces tenemos la necesidad de esperar a que otros nos digan el valor que tenemos. Más cuando somos mujeres como yo, fuera del estándar o el

