#Cinco

1205 Palabras
Madeleine Escucho unos golpes en la puerta. Me levanto para llegar tambaleándome hasta ella, el alcohol no ha dejado de hacer estragos ni por un segundo y los zapatos no ayudan. He tenido que ducharme dos veces más, me quedan pocas horas para aprender los documentos. La cabeza me da vueltas. Ahora mismo solo quisiera meterme dentro de un cofre y no salir de ahí por resto de mi vida, idea que rechazo en cuanto me veo encerrada nuevamente en aquel cuarto. —¿Cómo te sientes? —pregunta en cuanto abro la puerta. —Realmente mal —respondo sinceramente. —¿Cómo vas con los documentos? —Mejor que con el alcohol. —Te traeré un caldo, Madeleine, trata de darme el menor trabajo posible y no vuelvas a tomar, el alcohol no es para todos y tú no tienes aguante—muestra una sonrisa forzada y se marcha. Es un chico demasiado frío, cada vez que creo que comienza a aceptarme me habla como si fuera un estorbo. Y tal vez lo soy, pero hago todo lo posible por devolverle el favor aunque él parece no notarlo. —Aquí tienes —regresa sobresaltándome y dejando un pozuelo sobre la cómoda —tómatelo, mañana vendré a supervisar tu apariencia, trata de no parecer zombie, si no sabes de maquillaje entonces duerme, si necesitas cualquier cosa la empleada está en la cocina, pídelo a ella. Desaparece nuevamente como llegó y yo contengo las lágrimas. Vamos Made, me digo tratando de alentarme, qué más da cómo te trate, solo es un gruñón que te de casa y comida, solo eso. Suspiro y continúo repitiendo todo lo que leo en los documentos tratando de aprender la mayor cantidad de cosas posibles. ⊰᯽⊱┈──╌❊╌──┈⊰᯽⊱ Los insistentes golpes en la entrada me despiertan. Me he vuelto a quedar dormida. Me desperté hace dos horas, realicé las actividades matutinas, me vestí según lo poco que logré aprender y volví a quedarme dormida, realmente no pude descansar nada en la noche. Tengo unas horribles ojeras pero por lo demás parece estar todo en orden, o eso espero. Los golpes continúan hasta que me levanto y voy a abrir. No me quité los zapatos y no dejé de caminar en círculos hasta dominarlos lo mejor posible, al menos ya no caigo de bruces al suelo cada dos pasos. —Veo que comienzas a tener progresos —inspecciona mi apariencia y aclara —con los zapatos. Una chica aparece en la puerta de la habitación y me observa detenidamente. Me siento como una nueva pieza en un centro de exhibiciones. —Esta es Andrea, mi hermana, tiene 21 años, estudia diseño y se desempeña como diseñadora de la compañía, la traje porque supuse que tu apariencia sería un asco. —Et —lo corrige la chica caminando hacia él y propinándole un codazo entre las costillas —no la trates así, hace lo mejor que puede. Mis labios forman una ligera curva y vuelven instantáneamente a la línea inexpresiva de antes. Por fin alguien razonable. Los ojos verdosos de Andrea se detienen en mi rostro y ladea un poco la cara de forma pensativa. —Bueno, aquí no tengo todo lo que necesito para sacar a la modelo que llevas dentro, pero aún tenemos unas tres horas, pasaremos por un servicio completo, ven —me indica y toma mi mano tirando de mí fuera del lugar mientras yo hago malabares con los pies para no caer al suelo. Ambos son bien parecidos y de rasgos bastante similares. Ojos azules con tonos verdosos, piel blanca impecable, una altura considerable, él es alto, ella es más pequeña pero aún así más alta que yo, o tal vez son los enormes tacones que maneja perfectamente. Parecen modelos directamente traídos de portadas de revistas, y en eso esperan convertirme también. No quisiera decepcionarlos, es lo peor que podría pasarme justo ahora. —Madeleine —escucho mi nombre y me detengo en la entrada a la par de Andrea. —Recuerda que de esto depende tu futuro, no desperdicies la oportunidad. Y ahí está él nuevamente. Recordándome que no soy nada, poniendo más peso sobre mis hombros del que ya tengo. Aprieto los labios en una fina línea y tomo algo de aire suavemente. —Lo sé, señor Ilan —coloco especial énfasis en las dos últimas palabras y lo miro directamente a los ojos por primera vez. —Es Ethan, Madeleine, te dije que no me llames señor —me corrige mirándome de la misma forma. —Entiendo Ilam —digo repreimiendo una sonrisa divertida. —Ethan —repite apretando la mandíbula contrariado. —Idan —vuelvo a intentar como si realmente me costara mucho trabajo pronunciarlo. —E —dice y espera que yo también lo haga. —E —le sigo la corriente. —than —continúa. —than —digo también. —Ethan —dice esta vez todo junto. —Ilan —suelto yo apretando luego los labios para no echarme a reír en su cara. Ethan reprime lo que parece una sonrisa sincera, me cuesta creer que casi logro hacerlo reír. —Vete ya Madeleine, me estás jodiendo —ordena masajeándose las sienes al darse cuenta de que he estado jugando con él. —Ya sé, duele que no reconozcan lo que eres aunque estés haciendo todo lo posible por mostrarlo. El chico me lanza una mirada furibunda y Andrea tira de mí fuera del departamento, no nos detenemos hasta llegar al elevador. Por un momento sentí que esa mirada iba a matarme y probablemente su hermana también lo sintió. —Me gustó lo que hiciste ahí dentro —revela la chica luego de soltar la risa. Evidentemente ella es mucho más amable y cálida. Se ven muy parecidos pero en el fondo son muy diferentes. O eso me han dado a entender en el poco tiempo en que los conozco. —Pero ten cuidado con Ethan, no es muy dado a bromas. —Lo siento, es que me ha estado tratando como basura y la verdad he estado haciendo todo lo posible por ser lo que necesita. —Lo sé, ya me contó quién eres y de dónde vienes, haz hecho una buena selección de ropa y calzado, aprendes rápido, solo tienes que corregir algunos detalles, mi padre te aceptará, la empresa no está en su mejor momento y estoy segura de que con tu belleza bastará. —Yo solo no quiero dormir en la calle esta noche. —No lo harás, déjamelo a mí, entrarás a la compañía Price y serás la mejor de las modelos. —¿Vas a ayudarme? —Andrea me genera esa sensación de paz y seguridad que he estado necesitando. —Claro que lo haré, nadie merece lo que te hicieron, pareces ser una buena chica, haré que mi padre te de la oportunidad que necesitas y me haré cargo de tu aprendizaje, verás que no es tan difícil. —Muchas gracias. —No me agradezcas, solo hago lo que creo correcto. Entra a un auto y abre desde dentro la puerta consecutiva para que yo haga lo mismo. —Al Ted Gibson Salon —le indica al conductor, en pocos segundos estamos de camino.
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