Capitulo 6.
-Que harás por tu cumpleaños?- pregunta Alvaro mienstras acaricia mi cabello.
Estamos en su cama ambos desnudos luego de haber estado juntos, no sentía nada, ni me sentía remotamente satisfecha, no es que el lo hiciera mal, es que no era lo que yo necesitaba no era lo que mi cuerpo exigía.
-Mi cumpleaños- murmuro ya que no me gustaba celebrarlo pero eso es algo que el aun no sabe- no soy de hacer grandes cosas esa dia, ire a trabajar y luego en la noche estaré con las chicas- digo despreocupada y el se nota un poco incomodo.
-Pensé que lo podías pasar juntos- me río mienstras me separo de su cuerpo.
-Que te hace pensar eso?- el nota mi actitud asi que se para y se coloca el bóxer.
-Somos novios creo que eso es lo que hacen no?- no puedo evitar reírme, por lo que el señor molesta, comienzo a vestirme- porque te ries?
-Que te hace creer que somos novios? Jamas me lo has pedido jamas hemos hablado de ello- estoy a la defensiva y el se esta molestando cada vez mas- no se que ideas tontas tengas en mente pero eliminalas, no te hagas falsas esperanzas.
-No entiendo que ganas tratándome asi- grita y es la primera vez en casi un año que lo hace- un dia me tratas bien, vas a cenar con mi familia y luego te comportas de esta manera- parece frustrado y yo solo puedo rodar los ojos.
Salgo de la habitación y de su apartamento de manera rapida, pido el ascensor y se que debo de apurarme si no me lo quiero cruzar es tan arrastrado que seguramente vendrá detrás de mi, no queria ser mala con el, pero siento que toda la frustración que tengo dentro de mi ocasiona eso, el no se lo merecia de eso estaba consiente pero yo en mi estupidez no podia comportarme como una persona racional.
Cuando estoy en el taxi veo el celular tengo dos mensajes de mi madre, prefiero no abrirlos y los elimino de una vez, suelto un suspiro, porque no podia tener una vida normal? Como las chicas de la television en donde todo era perfecto, no yo vivía aqui con mi propio caos.
Mientras el taxi se deslizaba por las calles iluminadas, senti que cada bache en el camino era un recordatorio de mi propia inestabilidad. La ciudad, con sus luces titilantes y sus sombras alargadas, parecía reflejar su caos interno. Observe cómo las personas caminaban por las aceras, ajenas a mi tormenta emocional, y me pregunte si alguna vez tendrían que lidiar con el mismo tipo de desasosiego que la consumía.
El sonido del claxon de un coche me sacó de mis pensamientos. A través de la ventana, vi a una pareja riendo, tomados de la mano, y senti un nudo en el estómago. ¿Sería esto que quería? ¿Una vida donde pudiera reír sin sentir el peso de una decisión que me asfixiaba?
Pase una mano por mi cabello, sintiendo la tensión de los últimos días. ¿Por qué no puedo simplemente vivir y ser feliz? Pero la verdad era que cada vez que intentaba acercarme a esa vida perfecta, algo me detenía.
Quería ser feliz por una vez en mi vida, darle rienda suelta a todo aquello que sentía y me quedaba por dentro, sabia que no estaba bien que no era correcto, pero nunca antes habia deseado tanto a una persona como habia logrado desear a Gael, yo podia mantener esto a flote tener todo bajo control, aplicaría lo que me dijo Laila, solo 3 veces y luego si te he visto no te conozco, con 3 veces seria suficiente para sacarlo de mi organismo, pero la cruda verdad es que no era tan atrevida como para simplemente llegar y proponerlo, y se que llegar al punto que ambos deseábamos nos llevaría su buen tiempo.
Con una mezcla de determinación y nerviosismo, sali del taxi y me dirigi a la entrada del edificio. Era hora de dejar de correr y finalmente hacer frente a lo que realmente quería, pero la realidad me golpeó se frente en el lobby se encontraba mi jefa besando dulcemente al causante de todos mis males.
El aire se escapó de mis pulmones como si me hubieran golpeado en el estómago. Ver a Abigail rodeando el cuello de Gael, ver cómo él no la apartaba, fue la dosis de realidad que necesitaba para entender que yo no era más que una distracción en su gimnasio matutino, un simplepasatiempo, y yo era tan tonta como para arriesgar todo por el, por nada. Me sentí estúpida, la boba más grande del universo, por haber creído que sus palabras de "momentos difíciles" significaban que estaba disponible para mí, el estaba casado y yo era solo una estúpida que creía en cuentos de hadas.
Sin pensarlo, retrocedí antes de que me notaran. Mis manos temblaban mientras sacaba el celular de mi bolso. No podía estar sola. No quería pensar. Necesitaba a alguien que me recordara que yo también podía ser la prioridad de alguien, aunque ese alguien fuera el hombre al que acababa de humillar, que estúpida era tenia a Alvaro siempre disponible para mí y seguia pensando en enredarme con el que ya tenia una familia echa.
Busqué el nombre de Álvaro y marqué.
—¿Hola? —su voz sonaba ronca, herida, y no era para menos en mis traumas y malas decisiones lo heri y me odiaba por ello.
—Álvaro... perdóname —solté en un susurro, sintiendo cómo las lágrimas de impotencia me nublaban la vista, no estaba celosa, no me sentia traicinada, simplemente me sentia usada y eso que aun no me habian usado, que me hacia creer a mi que podia con talto voltaje?—. Tienes razón, soy una tonta. No quiero pasar mi cumpleaños con las chicas. Quiero estar contigo. Por favor, dime que la invitación sigue en pie.
Hubo un silencio del otro lado. Un silencio que me hizo temer que lo había perdido para siempre, y eso aunque me dolía me alegraba, era hora que el espabilar y viera que yo no lo merecia aunque sabia que cuando llegara ese momento sufriría inmensamente, ya me había acostumbrado a el y no tenerlo mas dolería para siempre.
—Siempre está en pie para ti, Rosa —respondió finalmente, con esa devoción que me hacía sentir tan protegida como culpable—. Paso por ti mañana a primera hora y hablamos sobre ello.
Luego de un rato me atrevo a entrar de nuevo en el edificio ya no hay nadie asi que con seguridad marco mi piso, al entrar lo encuentro solo, en las penumbras, Laila estaba de viaje y Coral escribió que hoy no vendría a dormir, me senté en el sofa sintiéndome tan sola, pero ese ya era un sentimiento al que estaba acostumbrada, habia pasado toda mi vida sintiéndome de la misma manera, siempre fui la chica que se sentaba sola en el almuerzo y quise demostrarles a todos que me sentia bien con eso cuando en realidad siempre necesite a alguien.
Laila era la unica que siempre había estado, no muy presente no consiente de todo pero siempre estuvo, por eso cuando me ofreció mudarme con ella y Coral no lo dude ni un segundo, pensaba que eso llenaría un poco de la soledad que embriagaba mi alma.