Capitulo 5

1253 Palabras
Capitulo 5. El día de la cena llegó más rápido de lo que esperaba. Alvaro estaba emocionado y yo, aunque intentaba mostrarme entusiasta, no podía dejar de pensar en Gael y en lo que había pasado en el gimnasio. La idea de estar rodeada de la familia de Alvaro me generaba ansiedad, pero sabía que debía hacerlo por él. Me vestí con un vestido sencillo pero elegante, un tono que resaltaba mis ojos y me hacía sentir un poco más segura. Cuando llegamos a la casa de sus padres, el ambiente era acogedor. La decoración era cálida, con luces suaves y un aroma delicioso que provenía de la cocina. Alvaro me presentó a su familia, y aunque intenté ser amable y participar en la conversación, mi mente seguía divagando hacia Gael. Era un pensamiento que no podía sacudir, como una sombra que se negaba a desaparecer, debía de disfrutar este momento pero se me hacía tan dificil. La cena transcurrió sin problemas, pero cada vez que Alvaro me miraba con esos ojos llenos de amor y expectativa, me sentía más culpable. Sabía que él merecía mi atención y mi cariño, pero en mi interior, la imagen de Gael se interponía. Su sonrisa, su voz, la forma en que me miraba... todo se repetía en mi mente, como un eco que no cesaba, estaba completamente loca. Después de la cena, mientras Alvaro ayudaba a su madre a recoger la mesa, decidí salir al jardín por un momento. La brisa fresca me dio un respiro, y traté de aclarar mis pensamientos. Sin embargo, no pasó mucho tiempo antes de que escuchara pasos tras de mí. Era Alvaro, que se acercó con una sonrisa, el estaba tan fascinado y yo sentía que no podia respirar. -¿Te encuentras bien? -preguntó, con esa preocupación que siempre me hacía sentir especial. -Sí, solo necesitaba un poco de aire -respondí, forzando una sonrisa, que no llego a mis ojos, porque la angustia por lo que podia pasar era mas fuerte. -Me alegra que estés aquí -dijo, tomando mi mano y dándole un suave apretón. En ese momento, sentí un remordimiento profundo. ¿Por qué no podía simplemente disfrutar de este momento sin pensar en Gael? Era una estúpida, lo tenia todo y queria justamente eso que me haría quedar en la ruina. Al regresar a la casa, la familia de Alvaro estaba riendo y compartiendo anécdotas, y por un instante, me dejé llevar por la calidez del momento. Pero en el fondo, la imagen de Gael seguía acechando. La noche terminó, y mientras Alvaro me llevó a casa, sentí un nudo en el estómago. Al llegar, él se inclinó para darme un beso, y aunque intenté corresponder, mi mente se desvió hacia el hombre que no debía desear. Después de que se fue, me senté en el sofá, sintiéndome más perdida que nunca. ¿Qué estaba haciendo? ¿Por qué no podía dejar de pensar en Gael? Era un dilema que me atormentaba, y sabía que debía tomar una decisión pronto, lo mejor era simplemente dejarlo pasar, hacer como si nada estuviera pasando era lo correcto no podia seguir asi no estaba bien para nadie, y yo debía de cuidarme algo que me daba miedo era volver atrás, regresar a ese lugar en donde jure no volver, y si caía en la tentación lo perdería todo. -Te veo pensativa- dijo Laila sentándose a mi lado y yo no puedo evitar suspirar. -Simplemente todo esto se esta complicando, el hombre del que te hable, es demasiado guapo Lai y ocasionando cosas en mi que jamas había sentido- confieso y ella me atrae a su cuerpo para abrazarme, no sabia lo mucho que necesitaba eso. -No soy ninguna puritana, no te diré que esta mal si eso es lo que esperas- suelta un suspiro mienstraa juega con mi cabello- cogetelo, disfrútalo, una dos veces, no mas de tres y luego has como si nada, si la jefa no se entera nada pasa. -Ojala fuera tan sencillo- resoplo y ella rie- siento que si lo pruebo se convertirá en una droga de la que no seré capaz de escapar, y eso me frustra soy Rosario yo no me comporto asi, yo no tengo esa clase de sentimientos - Laila se rie como si le contará un chiste. -Rosa te conozco de siempre, se que saldrás de esto victoriosa, no hay nada que te propongas que no logres. Los días siguientes fueron un torbellino de emociones. Cada mañana, el gimnasio se convirtió en un campo de batalla entre mis sentimientos por Alvaro y la atracción hacia Gael. Cada vez que veía a Gael, mi corazón se aceleraba, pero también sentía una culpa abrumadora. Sabía que no podía seguir así, que tenía que tomar una decisión. Un día, mientras hacía ejercicio, Gael se acercó a mí. Su mirada era intensa, y sentí que el aire se volvía denso entre nosotros. -Rosa, ¿podemos hablar? -preguntó, y su voz era suave pero firme, el era un hombre que sabia lo que queria y yo me sentía como una puberta qué hasta olvidaba como hablar. -Claro -respondí, sintiendo que el corazón me latía con fuerza. Nos alejamos un poco del área de entrenamiento, buscando un lugar más privado. Mientras hablábamos, me di cuenta de que cada palabra que salía de su boca me hacía sentir viva, como si estuviera despertando algo dentro de mí que había estado dormido por mucho tiempo, mejor dicho por toda una vida. -He estado pensando en lo que dijiste en el gimnasio -comenzó, mirándome a los ojos. Su sinceridad me hizo sentir vulnerable, y no sabía si debía retroceder o seguir adelante. -No quiero complicar las cosas -dije, intentando mantener la distancia, pero no podía evitar que mi voz temblara, sentía que nos estábamos adentrando en un juego peligroso donde los dos al final del dia resultariamos gravemente heridos. -A veces, lo que parece complicado puede ser lo más sencillo -respondió, acercándose un poco más. Su cercanía me hizo perder el hilo de mis pensamientos, debía de parar esto, debía de poner un fin a algo que no ha comenzado. -Gael, eres un hombre casado... -murmuré, sintiendo que el peso de la realidad caía sobre mí. -Lo sé, pero eso no significa que no podamos ser amigos, o al menos hablar -dijo, y su mirada era tan intensa que me sentí atrapada en ella. En ese momento, supe que debía tomar una decisión. ¿Podía seguir ignorando lo que sentía? ¿Podía seguir viviendo en un mundo donde mis deseos y mis responsabilidades chocaban constantemente? La atracción era innegable, pero también lo era la lealtad hacia Alvaro, hacia mi jefa y sobre todo hacia mi, yo no era esta persona que se dejaba llevar por sus sentimientos, yo no era una rata traicionera y desleal. -Necesito tiempo para pensar -dije finalmente, sintiendo que era lo más sensato que podía hacer. -Tómate el tiempo que necesites -respondió, y aunque su voz era comprensiva, sentí que había una chispa de decepción en sus ojos. Mientras me alejaba de él, un torrente de emociones me invadió. Sabía que la decisión no sería fácil, pero no podía seguir viviendo en esta ambigüedad. Tenía que enfrentar mis sentimientos, no solo por Alvaro, sino también por mí misma. ¿Qué era lo que realmente quería? ¿Y qué estaba dispuesta a arriesgar para conseguirlo? El camino se volvía más incierto, pero una cosa era clara: no podía seguir huyendo de mis deseos y de la realidad.
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