SAM Eliot me enviaba videos tras videos de su vida en Seattle junto a sus padres, se veía tan feliz y era una tortura no poder ir, temía acercarme y también dañarlo de alguna forma, era evidente que todo lo que tocaba podía volverlos cenizas en segundos. Odiaba ese sensación de perder algo tan importante como personas, siempre traté de no dejarme llevar por el apego, porque sabía por antemano que un día se irían dejando un gran vacío como lo hizo mi madre, pero aún así se siente tan pesado que solo quería dormír y lo peor es que ya no era capaz de hacerlo. La muerte era una bomba sin tiempo, podría explotar en cualquier momento, dañando a quienes más cercas estén física y emocionalmente. Estaba al tanto de que tan destructivo era eso y las cicatrices que dejaba. — ¿Cuándo vendrás con Sa

