SAM
— Lo tomó como un insulto y me gritó —contó Matt serio.
— Sé que es demasiado y lamento que tú hayas tenido que enfrentar eso, pero yo ya no puedo verla a la cara, le fallé incluso en su ausencia, me comporte como un idiota —mi cabeza iba a explotar pero estaba enfocado— ¿tú le dijiste algo? —pregunté curioso. Él se vio relajado.
— Éso, que eres un idiota y que era la única forma que tienes de expresar amor, o al menos que conoces —soltó con una pequeña sonrisa— no estoy de acuerdo con lo que hiciste pero es una forma de asegurar su futuro Y que tenga una vida tranquila haciendo lo que le gusta —habló sin mirarme.
— Debe estar odiandome ahora —comenté poniéndome de pie, observé el horizonte desde mi edificio y la buque como una aguja en el pajar, sabía que no la encontraría, pero ahí estaba.
— Si, estoy de acuerdo con eso, mucho más porque rompió la nota que le dejaste —contó con pena.
— No importa, solo lo puse por si acaso —solté despreocupado.
— Señor Whirlan el agente Mackavit está aquí —escuché a mi asistente.
— Que pase —él entró viéndose preocupado— ¿lo tienes? —le pregunté con seriedad. Me entregó un sobre y lo abrí— perfecto —comenté viendo el plano por completo. Matt me miró confuso al darle un sobre abultado, el agente lo acepto con gusto y se fue.
— ¿Qué es eso? —preguntó curioso.
— Es el plano de un edificio que pienso comprar —mentí, enrealidad esos planos pertenecían al edificio donde vi a Augusto por última vez, estaba pensando buscarlo yo mismo y matarlo, estaba listo para eso.
— Debo hacer su inventario entonces —dijo él con cansancio.
— No te preocupes Estefan se hará cargo —solté guardando los planos.
— ¿De verdad? Bien, mi hermano menor acaba de invitarme a su cumpleaños y quiere que conozca a su novia —contó revisando su teléfono.
— ¿Crees que se viste como él? —le pregunté con una pequeña sonrisa, al recordar que el chico solo usaba ropa negra.
— Que tal si vienes conmigo y lo vemos juntos —dijo con una sonrisa.
— No quiero amargar su cumpleaños Matt, no estoy en un momento para fiestas —dije guardando lo papeles en mi portafolios.
— Es lo que necesitas para animarte, un ambiente familiar, mi madre nunca tuvo la oportunidad de conocerte y a mi hermano lo haz visto solo una vez, vamos te prometo que vas a divertirte —me animó con una gran sonrisa.
— Bueno será la primera vez que todos estarán despiertos —dije a lo ambos reímos. Recordando las veces que entramos cuando todos dormían.
— Vamos —se puso de pié.
— ¿Ahora? —pregunté nervioso.
— Si, vamos ya le envié un mensaje para que te haga lugar en la mesa —dijo tecleando su teléfono. No estaba seguro, pero ¿qué más podía hacer? Somo lo tenía a él. Fui a cambiarme por algo más cómodo y ya allí me recibieron con mucha alegría, a pesar de ser una familia que ah tenido mucho éxito, aún conservaban su humildad, fueron más generosos de lo que creí, eso me hizo sentir cómodo.
— ¿Qué pasó con Julieta Romeo? —le preguntó Matt que estaba junto a mi en la mesa, a su hermano llamado Steven, quien estaba frente a nosotros.
— Tuvo unos problemas ya vendrá —se justificó tranquilo. Matt rió y yo igual.
— ¿Dónde la conociste? —le pregunté atento.
— En Londre, fui de vacaciones el año pasado a casa de mis abuelos, se mudó aquí por mi —contó orgulloso.
— Vaya debes de ser todo un don Juan , igual que su hermano —comentó Matt de la misma forma.
— Solo que yo si atiendo sus llamadas y mensajes, tú solo andas de mujeriego —dijo Steven con desagrado.
— Lo disfrutaré miéntras pueda, no es mi culpa que te guste siempre la chica con la que te acuestas —le devolvió Matt.
— ¿Necesitan un momento? —les pregunté poniéndome de pie haciéndolos reír a ambos. En eso su madre viene junto a una joven que al verla, Matt y yo quedamos con la boca abierta. Era Beatriz.
Me quedé inmóvil al darme cuenta de que no se esperaba mi presencia ni yo la suya. Su cabello ya no era rubio, ni largo, sin vestidos, ni tacones, fue extraño verla después de tanto tiempo ,y por la última vez que nos vimos. Su ropa era más casual con tenis y se veía muy diferente.
— Hola muchachos —saludó relajada, pero al verme se notaba que mi presencia la incomodaba un poco.
— No puedo creerlo —Matt se puso de pie y le dio un abrazo, como si fueran viejos amigos.
— Te dije que te agradaría —habló Steven con una sonrisa. Luego traté de sonreirle como saludo y ella hizo lo mismo, en la mesa Matt y yo nos miramos varias veces, tratando de comunicarnos solo con la mirada, crei que pensábamos lo mismo, Beatriz era mucho mayor que su hermano y al parecer ni a sus padres ni a ellos les importaba, solo cenaban como una familia. Mientras Beatriz y yo cada vez que cruzamos la mirada uno corría la cara.
— ¿Vivías con tus padres? —la pregunta de la señora a Beatriz me hizo mirarla. Esperando también la respuesta y ella lo notó.
— Si, hasta que entré en la facultad —contestó con sencillez. Matt me observó de reojo y suspiró, se notaba la tensidad en el ambiente, mi seriedad lo decía. Steven lo notó y nos miró atento.
— Es incómodo lo siento, no creí que Sam vendría —soltó de repente mirando a su hermano y todos lo observamos en silencio.
— ¿Cómo mierda iba a saber que era ella? ¿A quién más iba a traer? —le preguntó Matt con obviedad.
— ¿Qué sucede? —preguntó la mujer y nos miró a ambos con molestia.
— No es lo que parece mamá —dijo Steven serio y eso fue aún más incómodo— su padre anda con mi suegra —soltó con desdén.
— Lamento arruinar la fiesta, yo... —
— No es solo eso —me interrumpió Beatriz, sus ojos se llenaron de lágrimas y Steven tomó su mano— hay algo más, la última vez que nos vimos yo intenté suicidarme y él me salvó, después de eso, solo desapareciste —me dijo seria. Suspire y mi garganta apretaba, no podía con esa situación, y como el cobarde que siempre fui, hui.
Me disculpé y salí de la casa queriendo irme, la culpa carcomia mi cabeza, cada momento y cada palabra se repetía en mi cabeza una y otra vez.
— Sam! —oí la voz de Beatriz quien corrió a mi.
— Está bien, se que soy un cretino mediocre, egoísta y egocéntrico, no tienes porque recordarmelo —le hablé serio al tenerla de frente.
— ¿Qué dices? —preguntó confundida.
— Por Dios solo admite que es mi culpa, te traté muy mal en un momento aún peor, fui el que derramó el vaso y solo me dejas en evidencia —dije serio.
— ¿Haz creído eso todo éste tiempo? —preguntó triste— ¿por eso nunca más volviste a nosotros? —suspire hondo queriendo medir mis palabras.
— ¿Que a caso no es verdad? —pregunté atento.
— No Sam, me salvaste la vida esa noche, y te fuiste sin que pudiera darte las gracias —contó con lágrimas cayendo por su mejilla.
— Siempre creí que fui el culpable de eso, en lugar de escucharte solo pensé en tomar mis cosas eh irme, no me di cuenta de lo que pasaba realmente y solo te traté mal —conté con pena.
— Sabía como eras , Alonso siempre me habló de ti y como debía tratarte, no fue algo que no esperaba —relató con nostalgia.
— ¿De verdad? —pregunté incrédulo.
— Si, desde que comenzó a salir con mi mamá, jamás creí que derrumbarias la puerta para ir por mi ni que me llevaras personalmente al hospital —terminó secando sus lágrimas.
— Me caias bien a pesar de las diferencias, te importaba un carajo todo y a mi igual —confesé mirándola, ella sonrió.
— Si y fui una idiota, cometí errores, pero después de éso, me Di cuenta de que no era tan mediocre como creí, si alguien como tú tuvo razones para salvarme ,yo debía tener motivos para vivir así que lo eh hecho solo esperando poder agradecerte algún día —me miró con admiración y me pareció extraño.
— No me lo agradezcas, te salvé por culpa, no quería eso en mi conciencia también —confesé serio.
— Pues gracias a esa culpa, estoy viva Sam —soltó mirándome. Suspire hondo porque la verdad ya no podría o no quería seguir con esa conversación— ¿No quieres preguntar como está tu padre o tu pequeña hermana? Es un manojo de emociones esa niña —habló con una pequeña sonrisa. Era incómodo hablar de él con ella, no conocía nuestra historia, la cual tampoco logré superar y solo me la pasaba pensando en la familia que perdí esa noche.
— ¿Cómo es ella? —pregunté con la boca seca.
— Preciosa, se parece un poco a tu padre pero de todos modos es linda —bromeó a lo que reí forzado.
— Cuatro años y nunca la conocí ¿ella sabrá de mi existencia? —pregunté más serio.
— Si, ella sabe que tiene un gran hermano en alguna parte —respondió a lo que suspire agobiado— así se supera las cosas Sam, simplemente pasa página y comienza de nuevo, nunca es tarde, tú me diste una segunda oportunidad y lo aproveché para hacer de mi vida lo que me hace feliz —contó orgullosa.
— ¿Ésa felicidad es Steven?¿Entonces es cierto eso del colágeno? —pregunté a lo que ella rió.
— Pudrete —soltó riendo— muchas cosas dejan de importante cuando encuentras un buen amor, a él no le importa ni a mi tampoco así que... —relató.
— Al menos a uno le fue bien —solté desganado.
— Oí que cancelaron la boda —dijo a lo que bajé la mirada— los siento mucho —
— Está bien, solo debo pasar página ¿No? Y comenzar de nuevo —dije con desdén. Ella no pareció convencida pero igual me sonrió.