Julieta levantó los ojos, brillantes por las lágrimas.
—Michael...
—No quiero que sientas culpa —le dijo, acariciando su rostro—. Quiero que sepas que te elijo a ti. A la bebé. Cada día. Me prometiste intentarlo así que no me importa nada más. Siento que avanzamos.
Ella rompió en llanto silencioso.
Michael la abrazó, besando su frente. La tiene donde quería.
—Te amo —murmura contra su piel—. Te amo más de lo que creí posible.
Julieta sollozó en su pecho, aferrándose a él.
Días después, Michael organizó una pequeña sorpresa.
La llevó de nuevo al cine, esta vez a ver una película infantil, pensando en Aura.
Se sentaron al fondo, la bebé en sus brazos.
Durante la función, Michael miró a Julieta y sonrió. La niña cayó rendida en medio de la función.
—¿Sabes? —susurra—. Nunca imaginé que podría ser tan feliz solo... mirándote.
Julieta se sonroja.
—Eres un exagerado.
—No. Soy realista —dijo, acercándose lentamente.
Esta vez, fue Julieta quien cerró los ojos primero, buscándolo.
Se besaron, dulcemente, y Michael se sintió ganador.
Cuando se separaron, Michael acarició su mejilla.
—¿Quieres ser mi novia, oficialmente? No bromeo...te lo he pedido un millón de veces. ¿Vas a seguir torturandome?
Julieta rió entre lágrimas.
—Ya lo somos, tonto.
—Bueno... quiero escucharlo más a menudo—insistió él, haciéndola reír más.
—Sí, Michael. Soy tu novia.
Él sonrió, triunfante, como si hubiera ganado el premio más grande del mundo.
—Y yo soy tuyo —dijo, besando de nuevo sus labios.
Afuera, el mundo seguía hablando, juzgando, murmurando.
Pero ahí, en ese pequeño rincón de supuesta felicidad, Julieta, Michael y Aura Anaís comparten un momento único..
Una nueva familia.
Michael le pedirá que se casen por lo civil de manera sencilla. Ese es su pensamiento.
Un par de semanas después, Michael no pudo aguantar más el deseo de hacer las cosas bien.
Aquella noche, estaban sentados en la sala de la casa de los padres de Julieta.
Aura Anaís dormía en el moisés, y la televisión sonaba de fondo con alguna película que ninguno de los dos estaba realmente viendo.
Michael tomó aire, su corazón latía como tambor en el pecho.
—Juli... —la llamó, su voz apenas un susurro.
Ella giró la cabeza y lo miró, sonriendo con ternura.
—¿Qué pasa?
Michael se aclaró la garganta, frotándose las manos nerviosamente. Solo espera no tener que seguir rogándole.
—Estaba pensando... —empezó—. ¿Qué te parecería... casarnos? Yo te amo, yo te gusto...Se que tienes mucha presión de tu entorno y sería lo más natural si queremos empezar una vida juntos.
Julieta parpadeó, sorprendida.
—¿Casarnos?
—Sí —dijo él, apresurándose—. Nada grande, nada complicado. Solo tú, tus padres, y Aura. Algo sencillo en el civil. Un trámite, pero... un paso importante.
Julieta se quedó en silencio, procesando.
—¿Por qué quieres casarte conmigo tan pronto? —pregunta en voz baja.
Michael sonrió, acercándose un poco más.
—Porque te amo —dijo sin dudar—. Porque quiero que tengamos una vida juntos. Porque quiero ser el hombre que esté en tus días buenos y en tus días malos. Quiero ser el papá oficial de Aura, aunque ya la sienta mía. Y porque sé que, si te tengo a ti y a ella, ya no necesito nada más.
Julieta bajó la mirada, mordiéndose el labio.
—Es muy pronto... —susurra.
—Lo sé —dijo él—. Pero no te estoy pidiendo una boda de cuentos de hadas. Solo quiero hacer oficial lo que ya siento en el corazón.
Michael tomó sus manos entre las suyas.
—No hay presión, Juli. Si quieres esperar, esperaré. Pero... si también lo quieres, aunque sea un poquito, dime que sí.
Ella lo miró a los ojos y sintió el nudo en su pecho deshacerse.
Michael era bueno, noble, paciente...
Él era por así decirlo... su hogar.
—Sí —susurra.
Michael parpadea. ¿En serio le dijo que si?
—¿Sí?
—Sí, quiero casarme contigo —repitió ella, sonriendo.
Michael soltó una carcajada de felicidad, la abrazó, alzándola en el aire como si fuera una pluma.
—¡Te amo! —exclama, girándola con cuidado.
Julieta reía en sus brazos, olvidándose de todo lo que alguna vez le dolió.
—¡Michael, vas a despertar a Aura! —rió, dándole golpecitos en el hombro.
—Perdón, perdón —susurra él, dejándola en el suelo—. Es que... no sabes cuánto te amo.
La besó en la frente, en la nariz, en las mejillas, haciendo que Julieta se riera bajito.
El trámite fue rápido.
Un mes después, en una mañana soleada, se casaron en el registro civil de Boston.
Solo los padres de Julieta, un par de amigos de Michael y Aura como la invitada de honor.
Julieta llevaba un vestido sencillo color crema, el cabello suelto y apenas maquillaje.
Michael, una camisa blanca y un pantalón oscuro. Nada ostentoso, pero todo sincero.
Cuando dijeron "sí, acepto", Michael no soltó su mano ni un segundo.
Al salir, cargó a Aura en brazos y la alzó al cielo.
—¡Somos una familia, princesa! —dijo riendo, mientras la bebé agitaba sus manitas.
Julieta los miraba, con lágrimas de amor en los ojos. Nunca pensó que alguien más la amaría a pesar de todo.
El ese mismo día se mudaron a su nuevo apartamento.
Era pequeño, en un tercer piso, con ventanales grandes que dejaban entrar la luz, una cocina acogedora y un cuarto especial solo para Aura.
Michael abrió la puerta cargando cajas, mientras Julieta entraba detrás con la bebé en brazos.
—Bienvenida a casa —dijo él, mirándola emocionado.
—Es hermoso —susurra ella, recorriendo la sala con la mirada.
—No es mucho, pero... —Michael se encogió de hombros—. Es nuestro.
Ella sonrió, sintiéndose completa.
—Es perfecto y muy espacioso.
—Tiene cuatro habitaciones, sala cocina, cada habitación con su baño y un patio muy lindo.
Pasaron horas acomodando cajas, colgando cortinas, armando la cuna de Aura.
Michael insistió en que ella no levantara peso.
—¡Deja eso, señora Barrientos! —bromea él, quitándole una caja.
Julieta rodó los ojos, riendo.
—Todavía no me acostumbro a eso.
—Pues ve acostumbrándote —dijo él, dándole un beso fugaz en los labios.
Acordaron que Julieta trabajaría desde casa para poder cuidar de Aura.
Julieta empezó un pequeño negocio de venta de ropa online.
Michael le ayudó a montar todo: página web, r************* , contacto con proveedores.
—¿Ves? —dijo él una noche, mientras cenaban pizza en el suelo porque todavía no tenían mesa porque la mueblería se retraso en el envío de algunos muebles nuevos—. Vas a ser una empresaria exitosa.
Julieta rió.
—Primero necesito vender aunque sea un vestido.
—Con tu gusto, vas a vender todo —aseguró él, dándole un bocado de pizza. Puedo hablar con algunos patrocinadores y montarte un bazar en linea.
—Seria genial.
Ella sonríe, sintiéndose animada.
Por primera vez en mucho tiempo, no tenía miedo del futuro.
Aunque ahora estaban casados, Michael nunca la presionó para intimar.
Compartían la cama, sí, pero Michael se acomodaba a un lado, dándole todo el espacio que necesitaba. El desea que sea ella quien lo busque, lo llena de morbo. De un deseo indescriptible. Aveces dormía en ropa interior, otras veces desnudo. Pero ella no tomaba la iniciativa.
Una noche, Julieta se despertó y lo encontró despierto, mirando el techo.
—¿No puedes dormir? —pregunta en voz baja.
Michael gira la cabeza y le sonríe.
—Estoy bien. Solo pensaba.
—¿En qué?
—En ti. En Aura. En lo afortunado que soy. Tenemos un hermoso por venir. Me encanta todo de ti. Pero a veces me pregunto si soy una molestia. O si te gusto realmente.
Julieta se incorporó, cubriéndose con la sábana.
—Michael...
—No tienes que hacer nada que no quieras, Juli —dijo él, sentándose también—. No quiero que pienses que porque ahora somos esposos, estoy esperando algo. No quiero apresurarte. Quiero que todo pase cuando tú estés lista.
Ella se mordió el labio, indecisa. El tiene razón. Cualquier puede pensar que son hermanos más que esposos.
—Gracias.
—Te amo —dijo él simplemente—. Eso es suficiente para mí.
Ella se acercó y apoyó su cabeza en su pecho.
—Yo también te amo —susurra.
Michael cerró los ojos, abrazándola, sintiendo que su paciencia valía cada maldito segundo.
Los días en el nuevo apartamento se convirtieron en rutinas felices.
Michael iba a trabajar temprano, pero siempre dejaba notitas para Julieta:
"Te amo."
"No olvides desayunar."
"Eres la mejor mamá. Besitos a mi bebé"
Julieta pasaba las mañanas cuidando de Aura, tomando fotos de la ropa que vendía, subiendo publicaciones, respondiendo mensajes.
Por las noches, Michael llegaba con flores, chocolates o simplemente con una sonrisa. El dinero le sobra pero sabe cuál es la personalidad de Julieta.
Se sentaban juntos en el sofá, viendo series mientras Aura dormía en su cuna.
Una noche, mientras Michael le acariciaba el cabello, Julieta lo miró a los ojos y dijo:
—Nunca creí que pudiera tener tanta paz.
Michael la abraza fuerte.
—Y apenas estamos comenzando.