—¿Por qué has hecho algo tan estúpido? —exigió. Alejandra estaba furiosa, sus mejillas se habían tornado de un violeta intenso y el dedo con el que apuntaba a la cara de Chase temblaba visiblemente. —¡Tú eres el que ha dicho que los adolescentes son estúpidos! —replicó él—. ¡Soy un adolescente que rompe las reglas, recuérdalo! Eso es lo que querías, ¿no? Pues eso es lo que tienes. Quizá seas estúpido por quererme. ¡Esta tienda es estúpida y todo esto del «Controlador del Tiempo» también lo es! De hecho, ¿sabes qué? Todo es estúpido, ¡y ya he tenido suficiente! —Me voy a casa —anunció Chase. Se miraron el uno al otro en un hosco silencio, el aire a su alrededor cargado de tensión y pesado por el hedor a ozono que desprendía el cierre de la convergencia—. Tengo que ver cómo está Max e ir a

