Capítulo 30
CHARLES
Se empezaron a escuchar unos gritos dentro de la casa de Elisa y de inmediato, me puse de pie y al hacerlo, me doy cuenta que Vale está llorando y Axel, está conteniendo a Eugenia ¿qué rayos pasó? Me preguntaba. Entonces, Vale al verme, se refugia en mis brazos y la empiezo a consolar, mientras que Axel se llevaba lejos de nosotros a Eugenia.
—Charles, me quiero ir—dijo desconsolada—no quiero seguir en este lugar, esa mujer se volvió loca y me ha atacado.
—Tranquila, Vale. Vamos a entrar a despedirnos y nos vamos—le di un tierno beso y ella se relajó un poco—no podemos irnos, así como si nada. No podemos ser groseros con Elisa.
—Tienes razón, mi príncipe. Vamos a despedirnos.
Entramos a despedirnos de Elisa y de Max. Me sentía apenado porque Axel se había venido con nosotros y ahora Vale quería irse, pero eso se solucionó cuando Max se ofreció a llevarlo él de regreso, pues también él volvería a la ciudad. Nos encontramos con Axel, cuando él ya venía de regreso y solo a casa de Elisa. Él se veía muy afectado y muy apenado por lo que había pasado y se deshizo en disculpas con nosotros.
—No te preocupes, Axel—respondí—no pasa nada. No es tu culpa, ya me lo ha dicho todo Vale, solo que nosotros ya nos vamos a regresar a la ciudad.
—Está bien, chicos. Vayan con cuidado—nos dijo—¿estás bien, Vale?
—Sí lo estoy, Axel. Muchas gracias y otra cosa ¿estará Asereth en su casa? —le preguntó Vale—quisiera pasar a verla.
—Sí, ella está en su casa, llámala y dile que irán a verla para que los espere en caso que ella tenga que salir—respondió Axel—que les vaya muy bien.
—Gracias, Axel.
Vale y yo, nos subimos a la camioneta y llamamos a Asereth para quedar con ella. Fuimos directo a su casa y ella ya nos esperaba. Estaba sola y había puesto café y tenía también unas copas para vino y una fina botana. Ella y Vale se querían mucho y a mí también me caía muy bien, ella nos ofreció pasar ahí en su casa la noche y ambos aceptamos. Era peligroso viajar de noche. Ella estaba feliz de contarnos que su negocio se había expandido y que pronto pondría una sucursal allá en la ciudad, por lo que la veríamos más seguido.
—Chicos, muchas felicidades por su compromiso—nos felicitó—y espero ser invitada a la boda y que me digan cual será el código de vestir. Nunca he ido a una boda real.
—Gracias, por supuesto que, tu esposo y tú estarán invitados—respondí—y no sabemos si será una boda real. Será todo como quiera, Vale.
—Por eso te amo, mi príncipe—respondió Vale—por ponerme a mí primero siempre y claro que tú y José Manuel, estarán con nosotros en la boda.
—Qué emoción, Vale. No puedo creer que ahora sí, vas a ser una princesa de verdad—dijo Asereth muy emocionada. Apuesto a que Danna, está feliz por ti y por todos tus logros.
Vale se puso melancólica con respecto a Danna y es que Asereth no sabía lo que acababa de pasar y no lo dijo con mala intención, lo dijo como un comentario de lo más normal. Vale cerró los ojos y suspiró muy triste. Se sentía mucho muy mal y yo, tomé su mano y después le di un tierno beso y un abrazo, sin importar que Asereth nos viera. Yo quería consolarla y hacer que ella se pudiera sentir mejor. Eso era todo lo que, en verdad, me importaba.
—Lo siento, Asereth—dijo Vale—las cosas con Danna, no están bien. Vine a ver si las podía arreglar y no se ha podido, ella no quiere por ahora tener una relación conmigo y tengo que respetarla, pero no vine en vano, conocí a mi sobrino y vine a dejarte esto para que vayas con quién quieras y otros para Danna y Tony, en caso que ellos quieran ir.
—Gracias, Vale—Asereth tomó los boletos—no puedo creer que vayas a desfilar en el Fashion Fest, muchas felicidades y yo al menos, ahí voy a estar. Eso no me lo pierdo por nada.
—Sí, Vale se ganó el poder participar en ese desfile por lo hermosa que es—dije orgulloso—es una mujer preciosa y más que eso, demasiado talentosa.
—Claro que lo eres, Vale y verás que, de aquí a entonces, la vida da muchas vueltas y en una de esas vueltas, puede que Danna se relaje y quiera ir a verte. Siempre le ha gustado eso, al igual que a ti—dijo Asereth a Vale—pero ahora chicos, se quedan en su casa. Yo me quiero ir a dormir, he tenido días muy pesados.
—Vamos todos a dormir—dijo Vale—nosotros también hemos tenido una semana muy difícil y pesada.
—Así es, te seguimos Asereth—dije yo—vamos a descansar que todos lo necesitamos.
Subimos a la planta alta de la casa de Asereth y ahí nos despedimos, Vale y yo, nos fuimos a la recámara que ella nos asignó y apenas estuvimos solos, Vale se refugió en mis brazos como hacía siempre que la tristeza se apoderaba de ella y en está ocasión, yo no sabía como poder consolarla. Danna, estaba encerrada en ella misma y no se veía la posibilidad de reconciliación entre ellas y eso me dolía por ver como estaba Vale de mal y de afectada. Yo jamás había tenido una situación así con mis hermanos, ni con nadie de mi familia y era afortunado por no haberla tenido, solo bastaba ver así de triste a Vale.
—Tranquila, mi hermosa princesa—la calmé—sé que no conozco tanto a Danna como tú, pero yo estoy seguro que ella en algún momento no muy lejano va a necesitarte. Los hermanos siempre nos necesitamos y ella te acabará buscando.
—Ojalá que tengas razón, Charles como siempre la tienes—dijo desanimada—yo no quiero pasar lo que me quede de vida, peleada con Danna. Ella es muy importante para mí y no quiero ni pensar, que el distanciamiento con ella sea para siempre. He sido una tonta, mi príncipe.
—Nada de eso, preciosa. Tú simplemente no supiste como manejar tantas cosas y es normal, pero Danna va a recapacitar—la abracé—ahora, vamos a descansar y te abrazo y te consiento toda la noche.
—Sí, mi amor. Esa idea me agrada—ella sonrió—gracias por estar aquí para mí y sé que seguramente, un día te vas a enfadar antes que lleguemos a casarnos. Soy una mujer con muchos problemas como ya has podido ver.
—Los resolveremos juntos—dije convencido—todos tenemos problemas, preciosa y yo, estaré contigo siempre, en las buenas y malas.
—Te amo mucho, mi bellísimo greñudo—me dijo y me despeinó—¿sabes? Con todo esto, no llamamos a mi tío Esteban, ¿podemos verlo mañana para desayunar?
—Claro que sí, podemos hacer lo que tú necesites y prisa de irme de aquí del pueblo no tengo, sé que hoy fue un día difícil también por lo que pasó con Eugenia, pero mañana será otro día, mi princesa y yo, te amo más de lo que me amas tú a mí.
Besé a Vale con ternura y después nos pusimos la ropa de dormir y nos recostamos en la cama. Nos cobijamos y Vale, estaba un poco inquieta y no podía dormir. Busqué algo para que viéramos en la tele y nos entretuvimos en eso un rato, hasta que más tarde ya nos empezaba a dar sueño y entonces abracé a Vale y ella se quedó dormida primero. La miré dormir un poco y me sentía como lo que era, un hombre muy afortunado por estar con ella, fue lo último que pensé antes de dormir yo también.