Capítulo 25
VALENTINA
Al día siguiente, Charles y yo desayunamos con mi tío Esteban y me daba risa porque aún no nos decidíamos por el nombre que les debíamos poner a los gatos, había muchos nombres bonitos, pero finalmente, decidimos llamarlos “Peach y Goma” en honor a unos gatitos que nos gustaban demasiado a ambos. Mi tío había estado muy contento con nosotros, pero ya debía irse, así que ese desayuno era para despedirlo, aunque no sería una despedida del todo, pues lo veríamos el fin de semana en el pueblo.
—Chicos, muchas gracias por sus atenciones y por recibirme aquí en su casa—nos dijo mi tío—sobra decir que allá en el pueblo, pueden llegar a la mía cuando quieran. Por allá los veré el fin de semana.
—Claro que sí, tío. Allá nos vemos—le aseguré—vuelve con cuidado y me avisas por favor, cuando llegues.
—Que le vaya bien, Don Esteban—le dijo Charles—claro que nos quedaremos alguna de las veces que vayamos con usted.
Acompañamos a mi tío a que se fuera y después Charles, abrazó y besó a Peach y a goma y después me dio un tierno y muy calmado beso. Nos abrazamos por un rato, antes que nos tuviéramos que separar, él tenía que ir a ver un trabajo para entrar a dar clases a la Universidad y yo, me quedé en el piso. Me fui a arreglar a la recámara y entonces llamé a Axel para que me hiciera el favor de llamarle a Danna, esperando que ese plan resultara y ella quisiera hablar conmigo. Axel, me respondió al primer tono y al parecer, estaba de muy buen humor pues hasta se escuchaba música de fondo. De inmediato, lamenté llamarlo pensando que pudiera estar en medio de algo con Eugenia y yo, de impertinente, pero ya era tarde para arrepentimientos. Él me gritaba desde el teléfono y supe entonces que me había mal viajado como antes me pasaba.
—Vale, Vale, ¿estás aquí? —me gritó Axel—es que te has quedado callada.
—Sí, aquí estoy Axel—respondí—¿estás muy ocupado? Es que como anoche no quedamos en nada de la hora en la que debía llamarte, ahora que lo pienso me da pena haber llamado sin avisar.
—Tranquila, no pasa nada, Vale—respondió—hagamos de una vez la llamada a Danna, porque más tarde no sabemos si ella se vaya a ocupar.
—Sí, me parece bien, aunque a decir verdad me siento un poco nerviosa—admití—sé que llamar a mi hermana debería ser lo más normal del mundo, pero en este caso y dado todo lo que ha pasado, no lo es y no sé si ella va a querer hablar conmigo.
—Todo lo que dices, lo vamos a descubrir ahora. La llamaré y las uno, está lista por favor, Vale.
—Sí, muchas gracias.
Axel hizo lo que quedamos y llamó a Danna, después unió esa llamada con la mía y dudé un poco en hablar, dado que ellos se habían quedado en silencio y en ese punto, Danna ya debía saber que yo, estaba en la llamada. Así que, tomé valor y hablé.
—Hola, Danna—dije así normal—¿cómo estás? Antes que nada, muchas felicidades por el nacimiento de tu bebé, perdón de mi sobrino.
—Hola, Vale. No sé a qué debo el honor de que me llames, porque que yo sepa, yo ya no ocupo ningún lugar en tu vida y mis hijos menos—dijo muy dolida—no has venido a conocer a mi hijo y ha sido lo mejor.
—Danna, Vale lo está intentando—intervino Axel—ella no ha podido ir, ha tenido compromisos de trabajo, pero piensa ir muy pronto ¿no es así, Vale?
—Claro que sí, Axel—respondí—pienso ir este fin de semana con Charles y no sabes Danna, vimos al tío Esteban y se vino a quedar aquí en nuestro piso, en serio Tony y tú deben de venir a conocerlo y a conocer a nuestros gathijos, ya tenemos dos gatos Peach y Goma.
Estuve hablando por un rato muy emocionada y hasta que Axel, me mandó un mensaje diciendo que diera espacio para que Danna pudiera comentarme algo, me calmé. Era mucha mi emoción de estar hablando después de tanto tiempo con ella, que no medí que mi emoción me había ganado, tal y como me había pasado siempre. Guardé silencio y Axel, también lo hizo y entonces Danna, al fin habló.
—Me alegra que tu vida y tu cuento de hadas, marchen de maravilla—me dijo en tono sarcástico—es más, mi consejo es que no vengas nunca más al pueblo ¿para qué? Este lugar no es para una modelo como tú y mucho menos para una princesa. Y no quiero que los reyes de Mónaco te digan que no puedes casarte con Charles, algo que se te pasó comentarme también, por venir de un entorno que no es de la realeza.
—Danna, no seas dura con ella—pidió Axel—Vale se ha equivocado, pero entre Charles y yo, la hemos hecho ver las cosas y ella en serio, lo está intentando.
—Que lo intente todo lo que quiera, Axel. Yo no quiero que vengas Vale—me dijo muy enojada—ni tú, ni Charles, ni su séquito real. No quiero a los medios metidos aquí cuando todo lo que necesito es calma, para atender y cuidar de mis hijos. Y estando aquí ustedes, llaman mucho la atención mediática que quieren saber lo que hacen el príncipe y la futura princesa.
—Puedo ir yo sola—le ofrecí—nunca pensé que te cayera mal, Charles porque bien que has aceptado lo que te mandó con Axel, pero como quieras yo solo quiero verte.
—Ahórratelo, Vale. Tú ya no tienes cabida aquí, era lógico que un día nos íbamos a separar, así que sigue tu vida y te deseo lo mejor—me dijo en un tono horroroso—qué estés bien. Nos vemos, Axel.
Danna cortó la llamada y yo, me puse a llorar desconsolada. Tarde había visto mi error y ahora, posiblemente, nunca iba a poder recuperar la relación que tuve con mi hermana y eso me dolía más que nada en la vida. Axel quién seguía en la llamada, no me dijo nada, pero tampoco cortó la llamada y unos minutos más tarde, alguien estaba tocando la puerta de mi piso.
—Axel, dame un momento—le pedí apenas pude decir algo—voy a abrir la puerta.
—Soy yo, ábreme Vale—me pidió—por favor.
Apenas le abrí y él me abrazó para consolarme, como lo había hecho tantas veces en el pueblo y esta vez, no fue la excepción, Él tenía eso que me calmaba y aunque Charles también lo hacía, la sensación era distinta. Permanecimos así abrazados por no sé cuanto tiempo y después, nos separamos y lo invité a pasar al piso. Le fui a preparar un café y preparé uno para mí y después me senté con él en la sala. Él cargó en sus brazos a Peach y a goma y ellos parecían felices con Axel.
—Vale, no llores más. Danna debe sentirse mal también por el distanciamiento que han tenido—la disculpó Axel—y siendo sinceros, no podías esperar menos. Ella está dolida porque no fuiste a lo del nacimiento de su bebé.
—Lo siento, Axel. No pensé que se fuera a poner así, pero es que mi vida ya no es la que era—dije desconsolada—ahora tengo muchas cosas que hacer y sabes que tengo que trabajar, pues, aunque esté con Charles, no quiero que él piense que soy una mantenida.
—Eres su princesa y él te lo quiere dar todo, por eso aplaudo tu iniciativa de trabajar y sobre lo que dijo Danna, que no vayas al pueblo el fin de semana, yo te aconsejo que si lo hagas—sentenció Axel—ustedes dos, necesitan hablar y es mejor que no dejes pasar más tiempo.
Claro que tomaría muy en serio el consejo de Axel y claro que iba a ir al pueblo a ver a Danna el fin de semana, no quería que ella piense que no me importa. Claro que me interesa y mucho arreglar esto con mi hermana.