Fetish

3659 Palabras
En el auto por primera vez en años iba como si flotara, tenía los ojos puestos en la vía y mi mente en blanco; en la completa nada. No quería pensar demasiado en lo que había visto, en lo que había vivido y lo que había hecho en apenas unas horas junto a él porque era una Maraí completamente distinta a la que normalmente solía ser. Una gran parte de mi quería seguir en el estado etéreo de la vivencia extraordinaria que me estaba ofreciendo la vida, en cambio mi cuerpo todavía sentía el escalofrío de la adrenalina, quería volver a tener nuevamente esa montaña rusa de sensaciones nuevas y divinas, no podía esperar a gastar por completo las dos noches que me quedaban. Lo miré de reojo un momento volviendo a mi realidad, de alguna forma esperaba estar ayudando a Peter también a superar su ruptura y recordé que me había dicho que en mi lugar habría matado el despecho follado con toda la ciudad, en ese momento supe que era literal. Era sin duda alguna el hombre mas delicioso con el que había estado en mi vida, realmente pasó. Me pregunté que tanto habrá amado a su ex y si estaría pensando en él, me mordí los labios encendiendo la radio para llenar ese momentáneo pensamiento en el que creí que todo había sido un atrevido sueño, me sentía cansada y ligera al mismo tiempo, también había estado medio drogada esa noche con ese extraño líquido, pero el efecto había pasado. ¡Que me faltaba por hacer!. Sacudí la cabeza y finalmente su voz interrumpió la extraña línea de reconocimiento mental. - No creas que la música me distraerá de saber que no llevas nada debajo de ese ceñido y corto vestido - Sonreí - Tú fuiste quien rompió mi ropa interior agradece que fuiste también quien la pagó, aunque siendo honesta en este instante no me importa - Retiro lo dicho, no se me había pasado por completo el efecto Rio haciendo que fuera más que un momento incómodo parecía natural, me sentía natural y cómoda, como algo que llevamos haciendo mucho tiempo. De pronto en un abrir y cerrar de ojos llegamos a nuestro destino, el elegante edificio ahora iluminado como restaurant para ricos en la recepción. No se bajaba del auto y yo no quería mirarle, me sentía una adolescente que había cogido y se había drogado con desconocidos en un antro. Podría dejarlo ir para siempre y disfrutar sola de ese lugar antes de necesitarlo como una pequeña adicción. Tal vez nos engañemos diciéndonos que podemos manejar el no aferrarnos a nuestros amantes, pero la realidad es que una costumbre, un gusto repetido se vuelve una necesidad; eso lo percibimos desde el primer instante que nos hizo sentir diferente y únicos. La deliciosa dona de chocolate de aquel local en el centro, con un sabor dulce que quedó suspendida entre mi lengua y mi paladar por un segundo que pareció eterno. El delicioso aroma de un perfume que se metió en todos mis sentidos, nublo mi mente y me hizo suspirar hasta creer que podía saborearlo. La suave textura de unas sábanas de seda al dormir. Mis dedos recorriendo su espalda llena de pecas. Esperaba que la sensación de haber perdido mi virginidad por segunda vez terminará cuando se alejara. Apagué el motor y el silencio fue peor, el simple hecho de escucharlo respirar a mi lado tensaba todos mis músculos. - Mara voy a pedírtelo porque sé que si te lo impongo lo harás mañana mismo. No vuelvas al averno sin mi - resoplé desafiante y reí. Me tomó suavemente de la barbilla para que lo mirara haciendo que dejara de respirar por unos segundos - Se que al desafiarme te desafías a ti misma y es tu plena catarsis, lo sentí y lo vi en tus ojos - creí por un instante que estando tan cerca iba a besarme, pero no lo hizo - No eres el único que puede causarme eso hay muchos en esas salas, ¿temes que sea devorada por los demonios? - Si de verdad quieres volver y vivir completamente la experiencia de ese lugar en dos noches deja que sea yo quien te muestre. Confía en mí, te compartiré. - Está bien - entrecerré lo ojos y finalmente pregunté - … ¿por qué quieres hacer esto? - Supongo que también lo necesito y por alguna razón deseo que sea contigo - Muy bien Tenía demasiado que asimilar aún, me aparté de su contacto y su mirada. Lo sentí finalmente bajar del auto, cuando estuve sola deje escapar el aire por completo, cerrando los ojos para recibir nuevamente otro golpe a mi moralidad arcaica, ese que se cuestionaba mi cordura por aceptar volver a tener sexo maravilloso con él. Llegué a casa cargada de bolsas de compra y mi hermana abrió la boca alzando las cejas con asombro - ¡¡Te divertiste hoy sin mí!! - Maraí estas.... hermosa - estúpidamente me sonrojé, llevaba el cabello suelto y revuelto sin peinar, en la cara se me debía notar lo descarada que me había portado ya no llevaba maquillaje, para nada era la ropa nueva y la ausencia de mi ropa interior - Quiero ver todo lo que trajiste Le entregué las bolsas y le sonreí, mi hermana era mi mejor amiga. Nos habíamos confiado todo durante nuestra vida, nos apoyábamos y nos comprendíamos, pero por muchos motivos quería que Peter permaneciera en la parte secreta y apasionada de mi. Que se fundiera con esa otra Maraí recién descubierta. Esa noche sola en mi cama en la oscuridad de mi habitación miré un punto fijo en el techo con las imágenes muy vívidas, repasaba una y otra vez en mi mente el sentimiento y la sensación dándome cuenta de que quizá no sabía que lo necesitaba hasta que lo probé y puede que ahora no valga de nada lo convencional. Pensé en las mujeres de ese lugar que me atrajeron de forma s****l y en toda la experiencia con Peter dentro de mí. Me acurruque en mi almohada cerrando mis ojos con la certeza de que quería más. Más de todo, más de él. El espejo me devolvía la imagen finalmente de una mujer de la que me orgullosa. Poco a poco se borraban los rastros de tristeza que aún podía notar si miraba profundamente mis ojos café, la reemplazaba una sonrisa llena de esperanzas que me reconstruiría día a día mi seguridad. Hice un hábito el maquillaje, el verme guapa para mi. El Jueves por la noche cuando cenaba con mi hermana mi teléfono sonó frente a ella y al mirar el nombre me sonrió con las cejas arqueadas. Tomé rápidamente la llamada. - Hola Jim. He estado muy bien gracias. ¡Si claro!. Ahora estoy complicada preparando los exámenes finales. Seguro, no voy a olvidarlo. Me alegró escucharte también. Nos vemos pronto. Bye - Asiii queee ¿Jim? - Nos conocimos gracias a tu sugerencia de app. Es dulce y simpático - ¿Saldrás con él o vas a seguir excusándote? - Realmente tengo que preparar los exámenes finales. Pero saldré con él - ¡Esa es mi hermana!. Ya era hora de que te divertirás un poco - Le sonreí Cuando recibí la video llamada de Peter el Viernes por la tarde mi reacción fue totalmente distinta a la de Jim. Un vacío en el estómago y la sensación de adrenalina. Estaba más que claro para mí con quién debería establecer más distancias emocionales. - ¿Vas a venir al bar? - La próxima semana es de parciales estoy condenada este fin de semana a preparar el cuestionario - hizo una mueca graciosa y me sonrió - Nos vemos el Lunes Maraí. Sin excusas - determinó despidiéndose sin más, dejándome como siempre con la sensación de revancha, con unas ganas inmensas de ir hacia él. ¿Debería contenerme a sus provocaciones o darle batalla?. La clase se había extendido en proporcionalidad directa e inversa y escribía números sobre X y Y en gráficos en la pizarra mientras mis alumnos grababan la clase, con todo esto de la tecnología apenas algunos pocos escribían aún en sus cuadernos más que la resolución de ejercicios. Me sabía de memoria cada ecuación y al concentrarme por completo en lo que me apasionaba perdía la noción del tiempo, los exámenes estaban encima. - Dos magnitudes a y b son directamente proporcionales si al multiplicar o dividir una de ellas por un número, la otra queda multiplicada o dividida por ese número. Tengo dos magnitudes, los kg (magnitud a) y el dinero en (magnitud b). La expresión que modela la proporcionalidad directa es: y = k ∙ x, con x, y, k > 0. Toda proporción directa se puede representar en el plano cartesiano con una semirrecta que parte en el origen. Su inclinación (pendiente) dependerá de la constante de proporcionalidad. Giré les dije atentamente que de nada valía sí no hacían las ecuaciones de la guía y sus gráficos no estaban representados, les recordé con autoridad que de ninguna manera podían llevar celulares a los parciales sólo serían permitidas las calculadoras científicas. Sonó el timbre de finalización de la clase justo a tiempo para que huyeran como si les pesaran todos los números. Suspiré mirándolos abandonar mi clase al tiempo que mi corazón comenzó a latir cuando vi en la puerta del aula a Peter, mirándome fijamente quién sabe hace cuánto tiempo. Cuando salió el último de mis alumnos cerró la puerta y se recostó sobre ella. Estaba increíblemente apuesto con un traje gris oscuro a la medida y una corbata verde oliva que combinaba con sus ojos, seguramente había salido de algún tribunal tan distinto al coqueto detrás de la barra que me costaba creer que fuesen una sola persona. No sabía qué decirle, se me secó la garganta y me pregunté por cuánto tiempo tendría el mismo efecto sobre mí como si fuese la primera vez. Se acercó a una de las mesas de enfrente y se sentó sin dejar de mirarme. Por supuesto que sabía en dónde estaba, le había contado prácticamente todo de mí con una botella de aliciente. - No tienes ni idea de la cantidad de fantasías que has despertado justo ahora - acarició la mesa de madera - Jamás mientras que fui un estudiante pensé en devorar a un profesor, pero tu Mara... Es probable pensar que un porcentaje de tus alumnos use esos videos para más que estudiar - Levanté la barbilla y me acerqué con la misma autoridad que tenía sobre mis alumnos - Espero hayan aprendido algo, porque no me pagan para que fantaseen - me incliné hacia él colocando mis manos en el borde de la mesa dejando escapar el aire - ¿Cómo fue que te dejaron entrar hasta aquí en pleno horario de clases? - Acarició mi cabello suelto para luego dejar caer su mano sobre la mía - le dije al portero que la profesora Maraí me estaba esperando y cuando me preguntó el parentesco le dije que era su prometido, además de enseñar algunas identificaciones de rango - Me eché a reír y aparté la mano - entonces también eres un mentiroso - Soy un abogado, no me dejaría entrar a un recinto lleno de menores sin ser un representante legal y es una verdad perceptiva, nos prometimos algunas cosas juntos hoy - Son apenas las 15:30 - caminé hacia el escritorio por mis carpetas y mi bolso - voy de salida - Ya lo sé, simplemente vine a recordarte que esta noche nos veremos directamente en el averno y te traje algo - alcé las cejas y sonreí Lo acompañé hacia el estacionamiento, durante el trayecto y aunque no íbamos muy juntos muchas miradas indiscretas nos hicieron el camino. Peter no era un hombre que pasara desapercibido. Llegamos hasta donde tenía estacionado el auto, un sobrio sedán plateado del que sacó una bolsa lila de regalo con un lazo y me pidió que lo abriera con la emoción de un niño. Miré a todos lados porque estaba convencida de que no sería precisamente algo normal. Dentro había una tela de encaje roja y no necesité ver más. - Adoro el encaje - dijo con las manos en los bolsillos y una sonrisa ladina perversa que lucía demasiado bien con el brillo de sus ojos. Tenía mucha habilidad para pasar de un estado a otro - Tengo otra sorpresa para ti esta noche, te voy a estar esperando a las 20:00hrs - se acercó muy lentamente y dejó un beso en mi mejilla que ardió sin poderlo evitar. No dije más palabras, pero le sonreí cuando subió a su auto. Veía sobre la cama el pequeño y delicado traje de dos partes rojo sangre con la certeza de que Peter era el primer hombre en mi vida que me compraba ropa interior, además sexy y con la intención evidente de destrozarla. Era tan desconcertante aquel hombre de principio a fin que me aceleraba el pulso, ponía todos mis sentidos al límite, me desafiaba por completo constantemente. Por orgullo o rebeldía no podría negarme. Además lo deseaba. Me di una gran preparación previa, esta vez "sabía a qué atenerme" y esa parte perversa, descarada y sexy que todas tenemos cuando nos sabemos deseadas salió a relucir en combinación con el encaje y mis labios. Me até una cola alta maquillándome como Julián me había enseñado, me enviaba tutoriales y besos cada tanto ya llevaba varios días de práctica que habían sin duda aumentado mi ego. Le envié una foto de vuelta "Lo que han hecho de mí, tú y el segundo círculo" y me respondió de vuelta corazones "Disfrútate reina". Aquella noche salí de casa montada en unos preciosos tacones de aguja, envuelta en un vestido que aunque me parecía algo corto no me importó usar sobre todo porque mi incentivo principal era el lugar que jamás podría olvidar. Mi hermana no estaba, no quería tener que mentirle y mucho menos contarle a donde iría, con ello tenía la sensación de que estaba haciendo algo prohibido y malo, aunque en realidad no fuera así, definitivamente me sentía adolescente. Siempre hice lo correcto, es probable que no quemara esa etapa, ¡que se yo!, estaba loca y se sentía de puta madre. En la entrada el hombre moreno y fuerte me sonrió. Le entregué mis pertenencias junto a ese cartoncillo prepicado del cual desprendió mi segunda visita con una mirada de miedo o satisfacción. - Señorita Stevenson me da gusto volver a verla, ya conoce el procedimiento - dijo al tiempo que colocaba una cesta frente a mí y me traspasaba con sus ojos enormes oscuros - Peter le está esperando en la zona de privados al fondo a la derecha, la clave es 2505 Al entrar sola esta vez se sintió más fuerte la tensión porque atraje a todas las miradas del salón principal por un instante, y fueron igual de intensas plagadas de invitación. El aire dulce viciado en lujuria me contrajo de inmediato el estómago con una punzada en mi vientre obligándome a caminar hacia el pasillo lo que creí fue muy rápido, pasando por todos los actos divinos visibles hasta una puerta negra que decía privado con una cerradura digital en el centro en la que titilaba una luz roja. Marqué uno por uno los cuatro dígitos como si fuese un cajero automático activando una luz verde que abrió la puerta dejando entrar la luz, al cerrarse casi de forma automática detrás de mí quedó en rojo nuevamente. Se extendía un pasillo con alfombra roja iluminado, los telones negros pesados caían del techo divididos por lo que parecía una pared delgada como si fuesen varios escenarios de teatro. De cinco a siete personas estaban en el pasillo completamente vestidas de forma elegante, como si estuviesen en algún cóctel tocándose por encima de la ropa embelesados con el escenario, algunos entre ellos se estimulaban con caricias mirando uno de los telones abiertos de donde salían estridentes sonidos de placer. No sabría decir en qué momento comencé a respirar por la boca de forma acelerada, casi al ritmo de mi corazón, quizá él esté allí causando todo eso y era la sorpresa. Me obligue a caminar, no fue hasta que paré en el privado abierto que solté el aire. Cuatro hombres desnudos tenían a merced a dos mujeres que tenían las bocas llenas, además de sus traseros. Estaban acostadas boca arriba una al lado de la otra sobre unas camillas de cuero n***o como las de un consultorio, de hecho el ambiente parecía serlo. Uno de los hombres tenía puesta solo una bata blanca de doctor mientras salía y entraba de una de ellas. Otro traía un estetoscopio colgando de su cuello, si, eran escenarios de fantasías. Fetiche. La imagen me golpeó con tanta fiereza que no pude moverme, observarla tan cerca tentaba a entrar a escena, se sentía casi propio. Una mujer a mi lado me susurró al oído que si estaba abierto era para que participaran más, habían empezado sólo ellas dos. Dentro del espacio detrás del telón había un sofá n***o que formaba una M abierta de patas cortas bastante amplio y cadenas en la pared negra de fondo. La música suave y la concentración que tenían los involucrados era adictiva, estimulante. Me mojé los labios al tiempo que sentía las manos de esa mujer en mi cintura - Ciertamente le gusta lo que ve señorita Maraí - giré porque no era la misma voz en mi oído, estaba tan concentrada observando la erótica escena y su escenario que no me di cuenta cuando se paró a mi lado - Vamos tenemos nuestro propio privado Como se le estaba haciendo costumbre tomó mi mano y me guio al fondo del pasillo pasando por otros dos telones, uno abierto con una pareja masculina en un escenario de selva y uno cerrado evidentemente ocupado. Finalmente abrió el nuestro solo para que pasáramos, pero seguiría cerrado. Sentí alivio por un segundo hasta que miré a el hombre que estaba de pie y desnudo frente a mi antes de mi entorno. Mi vista se paseo por completo en el cuerpo perfecto de un atleta de cabello oscuro y ojos tan claros azules que casi podían ser grises, a pesar de que estaba vestida sentí de vuelta el escaneo mientras se acercaba con una sonrisa seductora en su rostro desprovisto de algún vestigio de barba. Me pregunté si era gay, tenía que dejar de hacerme ese cuestionamiento y mas después de conocer a Peter podría ser lo que le provocase. - Eres mucho mas divina de lo que me imaginé, ¿puedo tocarte? - preguntó de forma dulce y accedí. Acarició mi mejilla, mi cuello, bajó por mi hombro y tomó mis manos, esperaba que tocara algo mas íntimo y sin embargo era dulce y su voz también - Puedes tocarme si quieres Lo miré nuevamente de pies a cabeza. ¿Quién es su sano juicio no querría tocar a semejante monumento de hombre?. Aun así mi cabeza estaba todavía procesando lo que podría suceder entre los tres. Me moría del susto y solo Dios sabe que me moría también de las ganas. Cuando Peter menciono una sorpresa jamás esperé ésta, aunque nunca sabía que esperar de él. Me relamí los labios y nuevamente supe que ya no era la misma que se obligaba a pensar con inocencia, reí triunfante - ¿Cuál es tu nombre? - Lionel - degusté con dulzura el roce de su lengua en su paladar - Quiero tocarte de eso no hay duda, pero prefiero que lo haga él - miré a Peter y le sonreí con malicia Me quedé allí de pie y como si lo estuviera esperando toda mi vida, mi respiración se entrecortó cuando Lionel se acercó a Peter y besó su cuello pasando las manos por su bonita camisa de vestir azul, el corazón me golpeó en el vientre al observar como dejaba que ese otro hombre se deshiciera de su ropa con lentitud y cuando ambos me miraron supe que lo hacían para mi. Ese simple gesto hizo que mi sangre me recorriera con tanta rapidez que el vestido que llevaba empezó a pesarme, me sentía arder con cada uno de sus movimientos y no podría explicar exactamente como esa escena erótica entre dos hombres en apariencia tan masculinos, verlos a ambos desnudos tocándose de esa forma libre netamente s****l no dejaban de parecer ante mis ojos los tipos mas sexys del planeta. No les restaba masculinidad todo lo contrario, aumentaba con el roce se sus miembros y las caricias que compartían que sentía en mi propio cuerpo. Deje de pertenecerme en algún momento cuando fueron mis propias manos quienes me despojaron de mi ropa con sus atentas miradas. El poder de mi feminidad estaba al máximo, cerré los ojos al sentirlos de verdad como si compartiera mi alma, cuatro manos suaves me recorrían de una manera que jamás siquiera imaginé, con una cantidad exacta de deseo, adoración y fuimos tres, aunque cada uno disfrutaba de los otros dos. No fuimos más que suspiros, respiraciones agitadas, gemidos, roces, el olor de sus perfumes de hombre, el sabor de la sal de sus cuerpos tan duros como suaves. Me suspendí en otro universo llevada completamente por su pasión y cuando mi mirada lograba fijarse en algo era en sus ojos, ese verde oscuro con párpados pesados. Si tenía que volver a estar presente por un segundo lo hacía su tibio aliento y de pronto estaba sobre él, mi cuerpo lo reconocía aunque mi boca estuviese ocupada con otro. Ellos estaban desnudos yo aún llevaba el encaje y fue hasta entonces que me percaté del escenario, un salón de clases. Era mi zona de confort, era la profesora y me ganaron las ganas de ser la autoridad.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR