- Me trajiste aquí porque viste algo en mi, algo que ni yo misma aún puedo ver claramente y quiero que me enseñes. ¿Qué te gusta hacer en este sitio al que tenías tanto tiempo sin volver?.
- Esto se trata de tu deseo, de tu lujuria y de poder tomar lo que quieras
- Te deseo - susurré
Me sonrió y se mordió el labio inferior en medio de un hondo suspiro, sin palabras al mirarme tan profundamente me invadió su propio deseo con un cosquilleo delicioso que me recorrió el cuerpo entero. Aun llevaba mis zapatos de tacón, me ordenó dejarlos en medio, me tendió la mano y sabía bien que al aceptarla era el comienzo de mi más ardiente aventura.
Me llevó de vuelta al salón oscuro y debo añadir que el trasero de Peter se había convertido en el número 1 de mi top 3. Nos unimos oficialmente a la fiesta y como si entrara nuevamente a un parque impresionante de diversiones quería subirme en todas las atracciones, aunque parecía que él tenía otros planes.
Cruzamos el salón hasta otra puerta, la música cambió, el aire, el aroma, las personas eran distintas y los gritos de gozo perforaron mis sentidos como el impacto de cualquier droga, con un subidón de latidos, con la plena consciencia de la sangre agolpándose en el placer, con la cordura abandonando mi mente. Las paredes y el techo lucían de un tono más parecido al vino, las pocas luces cambiaban de tonos en rojo y azul dándole ese toque entre el miedo y delirio encendiendo las pieles resplandecientes en sudor. Los atuendos exhibidos de cadenas, cueros con látex que poco cubrían sus cuerpos brillaban con los movimientos, las miradas perdidas en satisfacción detrás de algunas máscaras exóticas me hicieron parpadear y contener el aliento mientras me invitaban a disfrutarlos; ya fueran de hombre o de mujer.
Nos detuvimos frente a una dama con botas de látex rojas como único atuendo, llevaba un hombre gateando, amarrado como un perro con una cola de mapache introducida muy bien en su trasero. Gemía cada que daba un paso, me hizo sonreír. Por una parte me parecía gracioso y por la otra me daba la sensación de querer tocarlo, fue algo casi instintivo querer tirar de la cuerda, acariciar su cabello. Tragué en seco cuando el pensamiento poco coherente de hacerle algo así a otro ser humano me parecía tentador, puede que algo en ese lugar invadiera mi escaso sentido común. Ella ordenaba que se sentara y saludara como a un animal, a él le gustaba, a mi también.
El b**m no me era desconocido, no porque lo practicara alguna vez, sino porque mi hermana me hizo leer las cincuenta sombras de un hombre enfermo psicológicamente que iba por allí enamorando a sus amantes a tal grado de estupidez que rayaba en el abuso, dejando de lado el sexo increíble era una completa locura muy tóxica, en cambio allí no parecía haber amor era primitivo, visceral, netamente s****l. Mirando ese lugar el cuarto rojo era una fantasía de niñas que se querían portar mal con un apuesto Dios del sexo, del que terminaban enamorándose. Yo no viviría esa historia, de ninguna manera me enamoraría de Peter ni porque fuera el mismísimo Rey del placer. Simplemente porque no tenía ganas de complicarme la vida, ni perder más mi tiempo con hombres que no saben lo que quieren. Pasee mi vista por el espacio repleto de erotismo salvaje, aquello sí que era tan real como los castigos dolorosos que dejaban enrojecida las pieles de quienes agonizaban a manos de su amante, los mismos que como unos esquizofrénicos pedían más dolor; nada más alejado del libro erótico. Era en contexto social algo humanamente anormal.
No estaba allí para analizar su comportamiento, pero algo muy oscuro debía gestarse en sus mentes, algo muy oscuro debía perturbar la mía para ser parte de eso y desear probarlo aunque fuera una vez. Suspiré sintiendo como en mis ojos se encendía algo que salía de una rabia contenida por mucho tiempo. Y si, si quería. Quería probarlo todo. Azotes, humillación, gemidos estridentes, dolor, dolor, dolor/placer. Libertad.
El potente olor frutal ocultaba el de la orina, la sangre, el sudor y si miraba demasiado un castigo solo podía sentir dolor empático muy distante del placer. Probablemente en el fondo también quería sentir ese dolor, si se llevaba de mi el que por las noches me oprimía el pecho. ¿Dolor o vacío?. ¿En dónde estaba la parte de satisfacción?. Apreté un puño con mucha fuerza clavándome las uñas en la palma de mi mano, ¿Qué se sentiría azotar a alguien a quien le causa placer?. Suspiré. La mascota de la cola me miró y me tendió la mano de la misma forma que Peter lo había hecho antes, acepte. Suavemente acarició la palma lamiéndola con sumo cuidado, justo en donde se había dado cuenta que yo había concentrado mi dolor físico, cerré los ojos con alivio despejando por completo mi mente. ¿De esto se trataba en realidad?. Un dolor suplanta al otro y solo se aliviaba con caricias que daban placer.
Miré hacía una pared para distraerme del momento íntimo con esa mascota, habían tarros de cristal con condones en sobres de todos los colores y un boll de vibradores del porte de un dedo, además de lubricantes calientes, retardantes y saborizados. Una mujer que me pareció sexy desnuda y con cuerpo de jovenzuela a pesar de notarse que había vivido se paseaba ofreciendo pequeños vasos transparentes con una bebida a la que llamaba "Apple", seguramente por los colores verde y rojo del líquido me miró profundamente acercándose. Quería creer que era sólo a base de alcohol, pero sabía que no era cierto.
Peter no bebía y por un instante en medio de todo se me pasó por la cabeza que no lo había visto jamás bebiendo alcohol. Bueno… era la tercera vez que lo veía; dos de ellas estaba trabajando, en la cena bebí vino y él... jugo. Rechazó el brebaje y la mujer lo miró atentamente al tiempo que metía dos dedos en uno de sus vasos rojos. Luego los hizo gotear por su pecho para lamerlo directamente de su cuerpo lentamente hasta uno de sus pezones sin apartarme la vista. Entonces lo mordió haciendo que emitiera un gruñido que no pude identificar como de dolor o placer. Probablemente eran ambos y me gustó. Desvié el pensamiento cuando una pareja se le acercó a esa mujer cuando derramó el mismo líquido por sus pechos, el hombre que llevaba a su amante sujeta del cuello la azotó fuertemente al tiempo que ella chupaba un pecho de la mujer de los vasos de manzana, con una mano sujetó la bandeja, con la otra la cabeza de la chica. Bebió de un tiro el líquido verde y le ofreció a Peter de su boca, se negó con una sonrisa. Fue en entonces que sentí el impulso demente de estampar mi boca contra la de esa mujer y tragar del líquido ya no podía mantenerme inmóvil y ajena.
Era demasiado erótico, dejé de pensar con claridad.
Le miré a él desafiante mientras limpiaba la comisura de mi boca y sé que le gustó porque se relamió los labios e iba muy a tono de cintura hacia abajo, me lo comería en el acto si no fuera porque la mujer a la que habían castigado a orden de aquel hombre enmascarado hasta el cuello pasó la mano por mi cintura y las subió con lentitud, tocando mis pechos por encima de la poca tela de encaje verde que llevaba. Ella me puso de espaldas a Peter y sentí en mi cadera su caliente erección, al tiempo que masajeó mis pezones irguiéndose al instante, lo escuche gemir en mi oído y me ardieron las manos necesitaba tocarlo.
- No lo toques - susurro ella en mi boca - si lo haces te cogerá aquí mismo y resulta tentador, pero mejor es hacerlo padecer - Su voz cargada de lujuria me hizo parpadear y calentarme hasta la punta de los pies, o era la bebida - En este salón las torturas tienen distintos niveles. - pasó su lengua por mis labios y suspiré
Lamió mi oreja, cerré los ojos dejándome llevar por las manos de una mujer por primera vez en mi vida. ¿Una mujer me estaba poniendo cachonda? ¿o era esa expectativa que rozaba mi cadera lentamente?. Quizá ambas. Inesperadamente sentí un pinchazo muy fuerte en mis endurecidos pezones que me hizo abrir los ojos por completo, al mirar allí estaban. Dos pinzas plateadas pequeñas presionando. Gemí.
- Deja que él las quite cuando esté listo, puedes soportarlo cariño.
Su compañero o amo haló de la cadena y nos dejó para divertirse. Yo tenía una sensación de mareo, estaba tan caliente que hubiese dejado que ella siguiera haciéndome lo que quisiera y me dolían las puntas de mis senos. También sentía como la sangre se había concentrado profundamente en mi intimidad. Dolor y placer que me recorría entera mientras él me miraba con su mano puesta justo en donde quería estar la mía. La movía lentamente, me estaba desafiando a tocarlo. Mentalmente compuse una maldición, pero salió de mi boca en forma de gemido. Este juego entre ambos nos estaba llevando al límite más perturbador y excitante de mi vida. Lo quería todo esa noche.
-Llavéame a donde quieras, lo soportaré - dije acercándome lo suficiente sin llegar a rozarlo y el calor entre ambos nos asfixió
Acarició mi cuello y bajó poco a poco entre mis pechos. Deseaba que aliviara todos mis puntos de dolor. Mis ojos fijos en los suyos se lo suplicaban a pesar de haberle dicho que podía con ello. Rozó apenas con sus dedos uno de ellos y mi respiración comenzó a acelerarse al punto de sentir que me desvanecería. La suplica en mi mirada se hizo más intensa, me acarició en descenso, bajó más, más y más hasta bordear mi ombligo y se detuvo. Maldije esta vez en voz alta y lo miré con algo parecido al odio.
- Si. Ódiame todo lo que quieras Mara, así estallarás con fuerza cuando colisionemos
Me dio la espalda y caminó simplemente hasta la puerta negra perdiéndose tras ella, dejándome allí de pie, sola en ese lugar y con las ganas nublando mis sentidos. Miré alrededor y la violencia volvió a abrumarme sacándome de la burbuja en que nos metimos brevemente. Cada azote que escuchaba seguido de un gemido hacían mas consciente las pinzas, entendí lo que quiso decir aquella mujer con los niveles y aunque el mío estaba en el primero el simple hecho de estar allí era una montaña rusa de sensaciones que para ser honesta finamente comprendí y adoré.
Caminé hacia la puerta para seguirlo. Volví al salón Sexy n***o con música enigmática y el sexo menos violento mas a mi nivel, pero seguía siendo salvaje, expuesto y grupal. Él estaba en medio del sillón enorme de Z siendo consolado por manos femeninas y masculinas. Me miró con esos hermosos ojos verdes lujuriosos y no me apartó la mirada. Siempre quedaría atrapada bajo su magnetismo, debía ser lo suficientemente fuerte para aguantar su poder. Debía ser lo suficientemente inteligente para separar sensaciones de sentimientos. Debía ser lo suficientemente descarada para compartir su placer.
Me senté a un lado para observar, mientras que él tenía a su alrededor a un hombre y una mujer yo me recosté del asiento de cuero sola con otras personas follando como locos justo al lado, con el punzante dolor en mis pezones. Les dijo algo uno por uno al oído sin dejar de mirarme y estalló mi imaginación. De repente cuando fui objeto de sus ojos entendí que todos habían llegado a un acuerdo sobre mí.
Estaban allí en frente, tan cerca que si estirara las manos o piernas podía tocarlos. El hombre de cabello oscuro y cuerpo de nadador olímpico se relamió los labios y mi mirada se fue a donde sujetaba su m*****o viril, luego se puso de rodillas e introdujo todo de Peter en su boca y garganta sin ninguna anticipación, dejé escapar el aire completamente sintiendo casi míos sus movimientos entre tanto la mujer se ataba a su cintura, entre sus piernas, un arnés con un m*****o no tan impresionante mirándome de una forma seductora. Era fácil imaginar lo que ella tenía en mente, pero no sería para mí.
Intuí lo que todos harían, no supe en qué momento había dejado de respirar con normalidad y un minuto después me estaban ofreciendo un espectáculo al que si quería podía unirme; el problema era que no sabía cómo. El deseo, la expectación, su entrega y la forma en cómo mientras ella se hundía en el hombre arrodillado frente a Peter vertieron más leña al fuego entre mis piernas paralizándome por completo. Las apreté cuando una punzada me pareció insoportable, apreté el borde del sillón con mis manos tratando de contenerme, la presión en mis pechos se hizo muy consciente ellos lo estaban disfrutando demasiado y yo también. Era impresionante como todo lo que hacían llegaba hasta mi a través de sus miradas repletas de lascivia, estaban tocándome en lo más profundo sin tener que hacerlo de forma literal y aquella paradoja me dejaba en completa desventaja racional.
Mi respiración iba al compas de las suyas, sus movimientos movían los hilos de mi placer haciéndome palpitar. Mis manos comenzaron a pasearse por mi cuerpo tocando lo que ellos no hacían, pero sus miradas pedían a gritos; al igual que mi cuerpo buscando liberación. ¡Demonios! me retorcí como sus ojos en blanco, iba a tener un orgasmo en ese instante cuando ella aceleró sus arremetidas y el delicioso Peter se perdía en la garganta del atleta quien de cuando en cuando lo soltaba para gemir con verdadero e intenso placer carnal. Contuve el aliento y lo miré fijamente. Sus ojos verdes brillaban tanto que la tenue luz los dejó casi en una línea cuando me sonrió de lado, la mujer salió dentro del atleta y este se levantó para que Peter le devolviera el favor. Lo demás dejo de importar hacia mucho rato, no me di cuenta de si existían mas personas y el sonido de la música se aisló de mi mente para poner atención a sus respiraciones y gemidos. Peter pasó la lengua por toda la extensión del atleta que dejaba caer su cabeza hacia atrás en un profundo goce que me caló en los huesos. Jamás creí que algo así me excitara tanto. Me retorcí nuevamente, aparté mi mirada hacia la nada. Alguien más se corrió muy cerca con gemidos intensos y de reojo logré ver cuándo él tomó con sus manos ambos miembros con un movimiento rápido, mi mente venció a mi cuerpo y tuve que cruzar las piernas con los ojos completamente cerrados para soportar la intensidad de un jodido orgasmo sin estimularme o penetrarme. A fuerza de las energías del lugar y la tentación visual. Fue alucinante y algo frustrante.
No me di cuenta de nada durante los largos segundos en los que duró y los cuales Peter había llegado hasta mi, tenía un mechón rojizo en la frente surcada de gotas de sudor. Respiraba muy fuerte como un animal y aquella parte de su anatomía se apreciaba tan dura como un hierro en mi dirección. Me acarició el cabello y yo lo alejé con rabia; sí, sentía rabia de que hubiera vejado mi propio control sobre mi cuerpo sin siquiera tocarlo. Que hubiera ganado esta batalla, pero el juego no estaba perdido.
Lo tomé con mi mano, desde mi posición sentada frente a él lo miré y comencé a masturbarle muy lentamente. Apenas podía rodearlo, estaba húmedo, caliente y demasiado duro explotaría en cualquier instante. Sin embargo a pesar de dejar que lo torturara aguantando por mucho la agonía pasó su pulgar por mis labios, yo desvié mi mirada hacia la pareja que él había abandonado y que estaban sumidos en su propio éxtasis, tomó mi barbilla obligándome a mirarlo , me resistí y de un tirón me llevó en brazos a otro lugar. De nuevo y de golpe acababa con el momento.
Pasamos por un pasillo lleno de cortinas, algunas abiertas con personas teniendo sexo, otras cerradas y los sonidos del placer no dejaban que me desconectara por completo. Llegamos al fin al pasillo con las puertas, entrando de vuelta a la habitación sin cama. Estaba furiosa. Quería permanecer allí afuera, o quizá quería irme, o algo más me estaba molestando. Al dejarme en el suelo lo alejé de un empujón y volví a mirarlo con rabia.
- No me toques.
- Mara, en este momento lo que más quieres es que te toque y da la casualidad que es lo que yo quiero también. Si hay algo que no tolero es lo que hiciste allí afuera. Dijiste que podrías soportarlo. Dijiste que me deseabas - Susurro entre dientes y me di cuenta de que también algo le había molestado.
- ¿Y qué fue lo que hice? ¿o lo que no hice?
Se acercó tomándome de la cintura tan fuerte contra su cuerpo que las pinzas causaron dolor a ambos al chocar, al verme atrapada de aquella forma volvió esa sensación con la misma intensidad como si no hubiese desaparecido por un momento. Lo tenía tan cerca que era inevitable no querer besarlo, sentirlo aún más. Fue él quien sin esperarlo me besó profundamente y aunque quise resistirme envuelta en nuestro desafío terminé aferrándome a su boca, ninguno podía permanecer mucho tiempo saboreando porque no respirábamos con normalidad cuando necesitábamos más. Sentí que avanzó, yo retrocedía, pero en lo único en que podía pensar era en el sabor de su boca, la suavidad de sus labios, lo tentador de su lengua.
El agua tibia golpeó mi cabeza, se coló por todos lados mientras no podíamos apartar nuestras bocas, me aferre a su espalda, acaricié su cuello y enredé mis dedos en su cabello. Aquel era mi deseo hecho realidad, desde la primera vez que lo vi. Sus manos viajaron por todo mi cuerpo, apretaron mis nalgas y se deslizaron por encima de la tela que aún llevaba.
Me apartó de su boca para mirarme por un segundo en los que creí volvería a jugar conmigo, por el contrario suavemente bajó a mis pechos y al tiempo que el suyo subía y bajaba sus ojos verdes oscurecidos se dirigieron con lentitud hacia sus manos que soltaron a mis pezones de su prisión. La corriente corrió por mi cuerpo al tiempo que caían al suelo, soltaba el aire con alivio y él desgarraba con desesperación finalmente la única prenda que le impedía meterlos a su boca.
La sensación que me produjo aquello fue indescriptible, finalmente el placer llegaba en la amplia ducha en medio de esa habitación blanca como contraste a los sitios oscuros en los que habíamos estado acompañados, era parecido a estar en un pedacito de cielo dentro del mismísimo infierno.
Me subió a un pedestal de madera a un nivel idóneo para hacer lo que pretendía mientras dejaba mis piernas sobre sus hombros. Dios, Dios gracias repetí en mi mente al sentir su lengua acariciarme en el mismo punto que tenía tan sensible luego de estallar indeliberadamente. Gemí, lo adoré de nuevo y me sumergí en sensaciones divinas, paró únicamente para mirarme saboreando sus labios, el agua se metía en mis ojos y los cerré para disfrutar sin mirarlo.
- Mara Mírame - obedecí - No vuelvas a dejarte ir sin mí. Promételo, y no dejes de mirarme
Qué tontería, o eso pensé cuando me hizo prometerlo con la condición de continuar. ¿Acaso quería volverme loca repitiendo esa escena en mi mente?. De cualquier forma bastó un minuto para que mi vientre quisiera volver a hacerlo inducida por el placer que sentía más el que veía y fue en ese momento que me bajó del pedestal como si no pesara nada dándome la vuelta hacia la pared de cerámica, me cercó totalmente, estábamos empapados y yo necesitaba con todas mis ganas sentirlo dentro de mí, que se hundiera hasta al final, hasta que el punto de dolor se convirtiera en placer y electricidad.
Sus dedos cruzaron por mi cintura hasta el punto de placer mientras su boca se ocupaba de mi cuello. No lo lograría. No lograría esperar a que decidiera llenarme de su virilidad.
- De alguna forma tienes que aprender a resistir y compartir - su voz se escuchaba ronca y jadeante, acalló el sonido del agua cerrando la ducha.
Mi dignidad se vio de gelatina nuevamente cuando le rogué, le pedí con un hilo de voz que lo hiciera, pero sus manos me tenían delirando en un punto sin retorno que fue imparable cuando hundió sus dedos dentro, me estremecí restregándome contra su dureza y me perdí en sus brazos. Lo escuché gemir, yo gemía y nuestros sonidos aumentaban en el espacio, acelero sus movimientos, fue imposible mantener mi palabra, fue fácil doblegar mi orgullo. Estalle no solo en gemidos y lo sentí abandonarse en mi espalda. Me apoyé sobre el pedestal de madera mientras recuperaba algo de mi fuerza mental y culpé a mi fantasía en la ducha que se hacía realidad. Era la segunda vez que tenía un orgasmo sin siquiera haber probado a ese hombre. Lo odié de nuevo y lo adoré al mismo tiempo.
Abrió nuevamente la ducha y esta vez el agua fría acrecentó mi enfado, al girarme él me veía fijamente a los ojos. Tenía esa mirada oscura inquietantemente inquisidora. Entonces la vergüenza y todo lo que sucedió desde que entré allí me abofeteó mi cuadrada moral. No conocía a esa mujer
- Me voy - dije tratando de salir de la ducha, pero me cercó resoplando como un toro. Estaba tan sexy, mojado, desnudo frente a mí y tan enfadado por algo que no estaba segura que sentí miedo. Juro que volví a desearlo por ello, pero de forma distinta. Esta vez quería hacer lo que él me hizo, hacerlo suplicar
- No vas a ningún lado Maraí. Me lo prometiste
- Lo miré frunciendo el ceño - ¿Qué más quieres de mi?. Si no cumplo con tus estándares y aún no se saciaron tus ganas afuera hay mucha gente dispuesta, también a darme a mí lo que pido, cuando lo pido
- Levantó la mirada mientras el agua goteaba de su cabello pelirrojo oscurecido - No sé lo que pretendes, pero no puedo dejarte ir allí afuera y menos disfrutar sin mi ya te lo dije. Vienes conmigo, te corres conmigo. Cuando aprendas eso puedes volver a salir.
- Bien... - me abalancé sobre él y lo besé. Profundizamos muy rápido y cedió lo justo para que volviera a ser la competitiva orgullosa, saliera de la ducha y me cubriera con una toalla. - Haré lo que quiera
- No se sentirá igual. Lo que sucederá es que luego te sentirás miserable si no lo compartes. Esta noche lo haríamos juntos
Me quedé simplemente allí, paralizada mirándolo con un deseo que no se iba por más que pensara que fue saciado. Miré un punto fijo y luego a él que no decía ni una palabra apoyado de la pared de cerámicas blancas, mirándome entre sus pestañas cobrizas de una forma tan dulce que el coraje que sintiera producto de sus mismos ojos se convirtió en algo más. Estaba esperando a que decidiera si salir o quedarme allí, con él. Estaba confundida por la versatilidad, molesta por no haberlo tenido, indignada por sus métodos de mando y atraída por todo ello. Me acerqué, dejé caer mi toalla blanca hasta nuestros pies y acuné su rostro.
- Si querías estar a solas conmigo hubiese servido simplemente un hotel, sin embargo elegiste traerme al infierno sacando todos mis demonios
-.... no deberías volver aquí Mara si no puedes dejarte poseer sólo por mí.
- ¿A que te refieres?
- Puede que te toquen muchas manos y te seduzcan las ganas de todos, como bailar al ritmo de una canción, pero sólo puedes dejarte llevar por tu pareja de baile. Si quieres hacerlo sola te funciona un vibrador
Abrí los ojos entre sorprendida y enfadada, aunque era una lección algo lógica
- El placer que aquí se ofrece, queda aquí, pero se comparte con una o más personas a través de la mirada, de sentir cuando ambos tengan el mismo nivel de goce, de pedir y darlo todo. Nos deseamos, entonces permítete sentirme y no sólo físicamente.
- El papel que firmé afuera dice que tu invitación es válida por 3 noches
- Y el acuerdo al que accediste en la cena fue que esta sería solo mía
- Puse una mano en su pecho y lo hice retroceder - Lo siento, lo haré mejor esta vez
Tomó un condón del pequeño boll en la encimera, me sonrió siguiendo mi juego hasta el diván en donde cayó mirándome con una sonrisa al tiempo que se colocaba el preservativo. Era un desafío
- No soy una doncella a la que tienes que salvar. Me conociste en un breve momento de debilidad, pero eso no me define. ¿Que esperabas de una novata? - Me senté a horcajadas sobre él y cuando nuestras partes íntimas se rozaron sentí el impulso frenético de hacerlo mío a como diera lugar. Y por su sonrisa era lo que esperaba
- No me hagas suplicar
- Mantenme cuerda
Invadí su boca como si dependiera mi vida de ello y comenzó todo de nuevo, aunque esta vez tenia la completa ventaja sobre él y la aprovecharía al máximo. Sin palabras me dio el poder de su cuerpo entero a mi voluntad, y no tenía paciencia alguna después de todo para explorarlo. Teníamos otras dos noches, pero esa debíamos llegar a un punto medio, necesitaba el contacto que me había estado negando.
En cuanto lo obtuve me hundí sin reparo, a pesar de el largo tiempo de no haber tenido aquello llegué hasta el final. Ambos gemimos de la forma más erótica posible que hizo eco en el pequeño espacio y lo cabalgue con el salvajismo que me daban las ganas, accediendo a esa parte de mi cerebro que ataba mi control. Sí, lo hice completamente mío y el tenerlo de frente me daba la enorme satisfacción de observar su rostro, entregarse a mi placer, de besar sus labios mientras creía que todo iba a cámara lenta por la inmensa satisfacción que me estaba causando y que compartía.
Mi cuerpo iba mucho más rápido, sentí calor, pero no cedería hasta oír su súplica. El modo en que eligió luchar me mantuvo la sangre ardiendo al responder con el mismo ímpetu, apretó mi cuello ligeramente entre mi garganta haciendo que la sangre presionara mi cabeza y mis pulmones lucharan mas por el oxigeno, tengo que agregar que eso hacía que mi vientre se contrajera y aumentaba el placer. Maldito. Lo miré fijamente, me removí lo suficiente y paré por completo. Decidí no sacarlo de mi, pero si dejarlo en vilo y poco a poco muy despacio entrar y salir. Control, control/placer. Lo miré con una sonrisa de medio lado su rostro se deformaba luchando en contra de sus instintos, sostuve sus caderas y lo inmovilicé repitiendo el mismo movimiento hasta que finamente suplicó. Sé que yo estaba al borde nuevamente y era consciente de que él podía sentirlo, pero me obligaba a esperar sin apartarle la mirada, fue una agonía tratar de contener a mi propio cuerpo y en medio de esa lucha lo arrastraba irremediablemente. De eso se trataba.
- Hazlo de una vez Mara, por favor
- Oblígame. Ro-ry
Me tomo de la cintura y se hundió fuertemente, tanto que mi cuerpo vibró y en dos arremetidas fue él quien no pudo contenerse. Yo apreté los ojos, los puños tratando de soportarlo por orgullo y sólo cuando él terminó agotado debajo de mí me dejé ir soltando el aíre por completo quedándome sin aliento, sin pensamiento y casi sin alma. El corazón me iba a estallar y el pecho me dolía. Me rendí en su pecho sintiendo que me podría desmayar o morir.
Con una fuerza mas mental que física me separé de él lo mas que pude, mientras volvíamos al mundo real
- No eres una persona justa. Tampoco sabes jugar limpio - susurró sin mirarme
- Ahora mismo no me siento persona, ni jugadora
- Pero lo eres, una increíble y llena de sorpresas
- Levanté la mirada y traspasé la suya. - Vamos Rory, te llevare a casa