Averno. Segundo círculo

3705 Palabras
Me despedí abrazando a Julián después de haber pasado por un maquillaje rápido de sus manos, había estado muy poco tiempo a su lado y me sentí tan bien que prometí volver con un intercambio justo. Le haría fotografías que inmortalizaran su hermoso espíritu a través de la belleza física que representaba. Salí de aquél lugar con un montón de bolsas y el mejor revés no solo en mi apariencia, también algo dentro había florecido en contraste con la desgracia de hacía un año y medio cuando lloraba sin consuelo. Miré mi mano desprovista al fin de la joya y suspiré dando un brindis mental por mí prometiéndome que sería solo el inicio de mi nuevo amor, el propio. Me sentí mas liberada de aquella decepción que con tres botellas de tequila y aún no entraba a ese prometedor club, ni hablar de lo cómoda y femenina que me sentía. Quizá antes no lo creí necesario puesto que a el hombre que amaba le parecía preciosa así, o eso creía, porque si lo pensaba un poco bastó solo un pequeño intento alguna vez de cambio para hacer que Cal me castrara alegando que lo que era estaba bien a sus ojos. ¿Los únicos que importaban?. Y fue así como viví años vendada a mis propios deseos. Llevaba unos preciosos tacones y el cabello recogido en una cola alta. Nunca me peinaba así y mi reacción al verme en el espejo fue exacta a descubrir que no era tan simple como creía, que era mucho más. ¿Era esta la mujer que realmente siempre fui en el fondo?. Probablemente era solo una parte de ella, le sonreí instándola a ser valiente, a ser lo que quisiera porque podía. Podía ser bonita y coqueta si quería, cuando quisiera. Tener a quien me plazca. Peter no me dirigía la palabra, aunque de vez en cuando nuestras miradas se desafiaban. Era claro que no estaba saliendo todo su día como esperaba y tener esa ventaja sobre él era alucinante. De vuelta al estacionamiento después de ayudarme con todos esos paquetes le entregué la llave de mi auto como si fuera mi chofer, acercándome y susurrando mientras acomodaba el cuello de su camisa - Conducirás porque me parece increíblemente sexy mirarte tomar el control de mi más preciado bien material y no de mi, por el momento. Espero toda tu tensión se vaya esta noche. - Me rodeó por la cintura con fuerza atrayéndome a su cuerpo. Me gusta mucho esta Mara. ¿Estás segura que quieres seguir con este juego? - Rory Jamás había estado tan segura. Por cierto.. tus padres debieron llamarte así justo cuando te vieron. Acaricié su barbilla mirando ese color tan peculiar y me sonrió - Te prometí una cena - Podemos saltarnos la comida. Es innecesario - No Maraí El lugar era maravilloso, puede que en un principio lo sintiera algo opulento rodeado de bombillas que colgaban del techo y con música en vivo de fondo, pero luego me pareció adecuado al espectáculo que había hecho de mi Julián. Estaba feliz de poder ser por una noche como esas chicas de las telenovelas envidiadas por verse como princesas y andar con un hombre guapo, aunque no fuera mi hombre y esto durara una noche como la típica cenicienta. Estaba tan concentrada en vivir mi papel hasta que me distraje mirando a los músicos, no me percaté que él había ordenado por los dos y me miraba de forma tan intensa, fue precisamente esa mirada la que me sorprendió - ¿No vas a preguntarme nada? - ¿Qué quieres que pregunte? - Resopló. Tengo algunas reglas para esta noche - Ahora entiendo porque no podíamos saltarnos la cena. Bien. No quiero que me azotes o me amarres o me ahorques, ni nada de esas locuras que lastiman. Estuve documentándome y prefiero que tú te diviertas con alguien más de esa forma, no me molesta mirar todo lo contrario. Además siempre tengo la opción de entrar al juego cuando me sienta cómoda. ¿No es cierto? - Rio con diversión - dije que yo tenía reglas y por supuesto que no estás obligada a nada, aunque me gustaría saber de dónde precisamente has estado documentándote - seguía sonriéndome con evidente morbo - No soy uno de esos dominantes ni fetichistas, pero el Averno es muy diverso encontrarás muchas cosas para hacer y ver, no negaré que muchas veces me he divertido, no me obsesiona - Hizo un silencio raro sin apártame la vista - No permitiré que nadie te toque, por lo menos esta noche serás solo mía. Siempre uso protección al igual que todos aunque nos hicimos pruebas previene muchas otras locuras y si algo no te gusta o quieres salir de allí quiero que me lo digas, si llega a ser demasiado para ti... - De acuerdo - ¿Solo eso?. Una cosa es aceptar aquí en un acuerdo solo nuestro y otra muy diferente cuando entres. Aún estas a tiempo de rechazar el club y quedarte conmigo aquí e ir a otro sitio más íntimo. - ¿Cuál es la verdadera razón de esta cena?. ¿Saber si realmente estoy dispuesta, hacerme dudar, o así crees que estoy acostumbrada a que me traten antes del sexo?. Esto definitivamente no es una cita. Es un formalismo amistoso de acordar que seremos amantes - resoplé audiblemente - Peter tengo casi 33 no soy una niña y aunque me falte experiencia en este tema no voy a salir corriendo, ni a espantarme cuando he decidido acompañarte al club. Sé lo que puedo encontrarme, acepté esto porque quiero pasar más que una noche en un motel. Siempre me he preguntado si hay más, si puedo ser capaz de romper con mis propios esquemas y mis barreras… Yo quiero, necesito y definitivamente deseo vivir esta experiencia. Es nuestra noche dejemos que suceda, no te preocupes por mí, ese también es mi trabajo. - Me miró con sorpresa y justo en ese momento llegó nuestra cena - Estas muy hermosa. Eso debí decirte - Gracias. Hasta yo estaba sorprendida de mi esa noche y me gustaba tanto sentirme así que el deseo que sentía por ese hombre me empoderaba de cierta forma. La seguridad recién adquirida venía directamente de los cambios que había hecho en unas horas, los que debí hacer hacía mucho. Probablemente no había encontrado un motivo, siquiera un leve empujón hacia lo que en el fondo deseaba y al mirar brevemente sus ojos alumbrados por el reflejo de las luces, tan verdes como un limón, supe que había encontrado sin esperarlo mi motivo. Lo viviría sin reservas porque sabía que era probable que lo tendría solo por esa noche, esa idea se sentía en la boca de mi estómago como aquella vez que para celebrar mi cumpleaños 20 Regina me llevó a un parque de diversiones. No tenía muchos amigos, estudiaba durante el día y trabajaba medio turno hasta los fines de semana para ayudar con los gastos. Me convertí en adulta demasiado pronto por las circunstancias. Aquella montaña rusa con un nombre peculiar era enorme y se retorcía varias veces a una altura espeluznante. Las filas para entrar eran kilométricas sólo por sentir la adrenalina agolparse en tu estómago, contrayendo tu pecho y colocar el corazón en tu garganta. Gritar del miedo, la expectación. Esperamos por horas hasta que logramos subir y el paseo intenso e inolvidable duró 7 minutos. Dejé los ojos abiertos, grité con el corazón saltando en mi pecho y el aire frío azotando mis mejillas. Abrí los brazos suspendida en un segundo sólo sujeta por unas correas, de cabeza a más de treinta metros del suelo y miré a mi hermana taparse el rostro para no ver. Sonreí , supe que podía soportar el vértigo, supe que quería el resto de mi vida vivir al máximo, pero me convertí en una mujer comedida y dócil por mucho tiempo. En ese momento Peter era mi montaña rusa y mi paseo de siete minutos estaba por comenzar. En la calle habían varios clubs nocturnos activos desde un día tan poco emocionante para un mortal común como lo era un Lunes, aunque la gente parecía siempre animada y era lo que más me gustaba de Florida. Habían luces y carteles de neón con bebidas que te invitaban a pasar un rato agradable junto a una cerveza y un trozo de pizza, algunas personas estaban en las terrazas conversando y comiendo. La calle no me pareció ni de cerca a un lugar que albergaba un antro s****l, todo rayaba en una total normalidad o puede que haya imaginado otra cosa fuera de lo ordinario. Me sacó de mis pensamientos cuando me entregó las llaves del mi auto en un estacionamiento privado, tomó mi mano y cruzamos la acera adentrándonos en un callejón oscuro donde solo acercándose podías ver las escaleras de piedra, irónicamente daban hacia abajo con una señalización que tenía simplemente dibujada la silueta de una llama negra. Un sótano probablemente. No nos detuvimos hasta el final de los escalones en donde continuaba el pasillo alumbrado únicamente con una luz roja proveniente del fondo. Algo aterrador. A medida de que nos acercábamos la luz se hacía más fuerte, la entrada temible del infierno, pensé por un segundo antes de darme cuenta de que era proveniente de un letrero en la pared negra con fuego real detrás del cristal que rezaba AVERNO. En letras pequeñas en dorado SEGUNDO CÍRCULO. Hacer alusión a la divina comedia dio sentido al famoso nombre y lo que me esperaba adentro, me recorrió un escalofrío por todo el cuerpo que hizo que pasara la lengua por mis labios acrecentando la ansiedad. Abrí los ojos impresionada por la presentación realista que comenzaba a acalorarme. No soltó mi mano hasta que nos topamos con un hombre alto y calvo frente a una enorme puerta metalizada negra, saludó a Peter muy efusivo con una voz gruesa, sobre su pecho colgaba una cadena que indicaba que era un ex militar - Hace tiempo que no venías, ya te hacía perdido - Dudo mucho que pueda desprenderme de esto directa o indirectamente - Me miró y se puso de pronto muy serio - Maraí Stevenson supongo. Aunque deberás darme tu identificación Su voz de mando me hizo sentir como una recluta y no me habían pedido mi id en un club desde hacía mucho, así que también me sentí como una jovenzuela menor de edad. Era claro que ese segundo círculo poseía de muchísima reserva y él debía conocer a todo el que entrase. Me colocó una cámara en el rostro haciendo que la luz me cegara un minuto mencionando mi nombre completo con el número de mi id. Al devolverla no retiró la cámara recitándome las reglas del club con su porte duro y sus 1.90 de alto, quizá el doble de ancho que yo. Si no las cumplía quedaría vetada del averno y cualquier club asociado. Incluso podría recibir una demanda dependiendo de la gravedad de mi falta En lugar de asustarme me parecía gracioso pensar que el reino del demonio tenía reglas y asuntos legales, creía que bastaba con portarse mal. Escuché atentamente cada una y en resumen... 1.- Podía desnudarme o permanecer con ropa a decisión propia. Pero lo ideal era no incomodar a los demás, así que ropa interior o nada. 2.- Mis exámenes habían llegado, estaba todo en orden y aseguraba que adentro todos estaban bajo la misma condición, pero debía siempre usar protección asegurándome en todo momento que mis contactos sexuales la tuviesen. En caso de ser del mismo sexo esto no aplicaba. Embarazos no deseados de una noche caliente, mas que todo. 3.- Las bebidas alcohólicas eran libres e ilimitadas al igual que los lubricantes, vibradores de bolsillo y condones. 4.- La tienda de juguetes estaba de lado izquierdo al final del pasillo, debía registrar cualquier indumentaria con filo o juguete que llevara adentro quedando a mi entera responsabilidad legal si causaba algún daño "no consensuado". 5.- Entendía que no podía poner reparos si alguien más quería tocarme porque tenía el derecho de tocar también a quien me plazca, pero el sexo debía ser estrictamente consensuado. Es decir debía preguntar primero o aceptar de alguna forma explícita. Peter estaba recostado de la pared con las manos en los bolsillos merándome sin emitir palabra como esperando que desistiera justo allí. Un... "traté de decírtelo en la cena". 6- Me pidió mi teléfono y cualquier otro artefacto que tuviera cámaras o grabadoras y lo colocó en una cesta con mi nombre junto con mi bolso. Mis pertenencias quedarían bajo su resguardo. Solo a mí, Peter podía conservarlo porque tenía una membrecía. 7.- No se permitían escándalos de nivel pasional contra otro m*****o y que de no querer permanecer o aceptar pretensiones simplemente debía retirarme, o decir la palabra general de seguridad para rechazar cualquier invitación en caso de que me encontrara en el salón de sangre. Edén. Me hizo repetirla dos veces. 8.- Podía unirme a tríos u orgías en el salón principal, el salón n***o o el de sangre. El resto de los salones eran privados y con reserva. Los turnos de los columpios, potros, cadenas colgantes y cruces debían tomarse en el numerador digital de la entrada y sólo duraban media hora. "El Club privado AVERNO no se hacía responsable de los actos permitidos que causen lesiones o hematomas recibidos por otro m*****o o invitado, ya que siempre son consensuados y se recuerda el uso de la palabra de seguridad en prácticas sexuales, específicas del b**m". Por último tenía que firmar un papel aceptando estas reglas para darme un pase único por tres días. Un cartón brillante rojo con el nombre del lugar que tenía tres signaturas a un lado, rompió la primera y lo guardó en mi cesta para luego extenderme papel y pluma. Después de todo aquello se supone que en ese instante debía correr hacia arriba lejos de las llamas, pero firmé sin pensarlo o leerlo demasiado mirando fijamente a mi futuro amante. Estaba dispuesta a todo y jamás había estado tan decidida a algo tan desconocido, algo tan anormal. - Su tono cambió por completo a algo demasiado picante y s****l. Ese hombre tenía todo el porte de un animal en la intimidad, el empleo le quedaba como un guante - Bienvenida Maraí. Peter, estoy convencido que que disfrutarán su estadía en el segundo círculo La expectativa de ese lugar iba en aumento. Era algo entre lo prohibido y lo posible que me acumulaba mariposas en el estómago. Las puertas se abrieron y la alfombra roja a mis pies se extendía por un óvalo impresionante con algunas personas diseminadas en el espacio de luz tenue. A la derecha un enorme bar con botellas y vasos en donde se paseaba cualquiera y se servía a su gusto, del izquierdo una puerta y al fondo otras dos una al lado de la otra sin indicaciones. Allí estaban al menos con ropa interior muy bonita o sin ella si miraba al fondo, a excepción de eso no parecía diferente a lo que estaba en mi imaginación, aquel tenía que ser el principal. - ¿Quieres tomar algo? - preguntó y sacudí la cabeza sin poder emitir alguna palabra. Volvió a tomar mi mano apretándola ligeramente, cuando lo miré le sonreí y esta vez fui yo quien lo llevó de la mano hasta una de las puertas que estaban en el fondo, necesitaba ver más. Al traspasarlas me quede parada en seco. El salón era oscuro. Las paredes y el techo de un n***o profundo que solo era iluminado por algunas lámparas de luces tenues en las esquinas. Había un sillón en forma de Z enorme en donde varias personas estaban teniendo sexo, unas al lado de otras en todas las posiciones. Dos, tres, cuatro en un mismo acto. La música de fondo era suave y con un coro que parecía celestial, cantaban algo en un idioma extraño la melodía era tan sensual que parecía de pronto mover los cuerpos a pesar de que no estaba tan alta como para acallar tantos gemidos de placer, me recordaba a enigma en todas sus tonadas y la visión periférica me aceleró el pulso. Hombres y mujeres desnudos por completo, sin ningún pudor ni tabú, disfrutando plenamente sus actos sexuales como quien baila en una disco. No más de veinte se paseaban con la misma naturalidad que si llevaran ropa en un centro comercial, otros estaban en pleno éxtasis sobre una pequeña barra abierta a un ritmo que podía apresurar la respiración de cualquiera hasta agotarte. Olía a caramelo, chicle, frutas y algo más que no podía identificar muy dulce. Dos mujeres se comían la boca y tres hombres algo más. Solté el aire por la boca muy lentamente, aun no podía respirar con normalidad sin que el aroma dulce me perturbara de una manera única y me generara un apetito que distaba demasiado al hambre, aunque se sentía igual de necesario. No podía saber si me gustaba lo que veía por doquier, pero definitivamente no me desagradaba. Algunas personas comenzaron a mirarnos al pasar y de lejos, me sentí algo incómoda con ropa. - Creo que llevamos demasiado encima - susurro en mi oído y cerré los ojos tragando totalmente en seco, hacía ya rato me sentía desnuda. Dejé que lentamente me guiara por el lugar mientras observaba cómo las miradas se dirigían a él, o quizá a ambos mientras se relamían los labios y saludaban con cierta invitación. Los miré también pensando si me atrevería a acostarme con todos ellos, mujeres y hombres. La respuesta de mi cerebro envió una punzada inesperada de deseo con una pizca de confusión. En una esquina había un columpio de donde colgaban dos personas enredadas entre si y no podía distinguir su sexo, pero la satisfacción la trasmitían a todos los que veían masturbándose con tanto gusto era extraordinaria, me sentía mareada, acalorada, abducida y completamente seducida. Entramos por otra puerta que daba a un pasillo mas iluminado, la sensación desapareció como si le hubiesen bajado el volumen a una canción que estaba tarareando. De inmediato pasamos por una hilera de puertas a cada lado con un número. Únicamente del 1 al 5. Parecía de pronto un hotel de puertas negras con números en rojo y paredes blancas. Finalmente llegamos a la 5 que abrió con una llave que hasta entonces supe que traía, entramos tan rápido que no lo asimile. Mi mente seguía en transición desde el salón y él me miraba de forma extraña mientras que era consciente del calor en mi vientre, de la humedad. - Pienso regresar allí Hablé sin pensarlo dándole un vistazo a la habitación pequeña y blanca de piso a techo, no podía medir mas de 4mts. Tenía simplemente un diván de cuero n***o, una ducha de cristal en medio que ocupaba mucho espacio con un pedestal y barras… "para ejercitarse" dentro del agua con un pequeño armario. No era un hotel porque no había en sí una cama. Por supuesto que el sexo no estaba programado para ser más intimo que eso y debía de ser muy exclusivo porque solo habían cinco. - Solo si te sientes cómoda con la idea... Caminé hacia él y desabotoné su camisa. Su respiración estaba acelerada y era evidente que cualquiera que entrara en ese lugar con sangre en las venas estaría hirviendo. No sabría decir en qué momento exacto deje de ser Maraí la aburrida y mojigata profesora de preparatoria, para ser esa desconocida y atrevida deseosa de probar todo lo que ofrecía ese hombre, ese lugar. Era consciente de lo que hacía, tanto que no me permitía parar y de un suspiro fui totalmente libre. Me importaba poco lo que había y quien era allá arriba, dentro de ese infierno era quien deseaba ser. Quité su camisa suavemente y luego saqué mi vestido por mi cabeza. La música instrumental y sensual llegaba hasta allí por la ventilación. Le sonreí mirando su pecho y lo acarició disfrutando de su suavidad bajo mis dedos. Paré únicamente porque debía controlar mi deseo y me senté en el sillón de cuero fabricado para el sexo, el único punto de color en la habitación para desatar mi cabello cruzando las piernas. - Voy a esperar que te deshagas de toda esa ropa y me des un recorrido por este lugar. Rory - susurre con malicia. Rio apartándome la mirada con una sonrisa que estaba convencida bajaría los calzones de cualquiera, mientras mis ojos disfrutaban del espectáculo que era mirar a Peter deshacerse del resto de su ropa para mostrarme su perfecto cuerpo desnudo de pies a cabeza. Como un Adán de sueños eróticos los finos vellos esparcidos por su cuerpo como gamuza rojiza encendieron mis ganas de tocarlo y recorrerlo al máximo, también las suyas estaban al tope evidentemente. - Bien Mara es hora de que aprendas que el placer puede venir de cualquier parte y de muchas formas. Pero no cualquiera puede darte todo, debes permitirte sentir sin reservas porque de cualquier modo eres tú la única que elige como. Se acercó a mi dejando justo en frente esa parte de su anatomía tan deseada por tantos y que me ofrecía a tono, junto a toda su libertina experiencia. Era endemoniadamente sexy y creía que si lo tocaba sería igual a tocar el fuego, pero no permitiría que me intimidara. Yo era una mujer completa y no necesitaba tener una lista incontable de cuerpos para enseñarle de qué estaba hecha, no dejaría nunca más que un hombre me cegara al tal punto de ser por completo complaciente olvidándome de mi. Me levanté casi rozando su cuerpo y lo miré entre mis pestañas tomando su mano. Esa Maraí se había ido con el anillo de una promesa sin fundamentos y un futuro que nunca fue. Mi vergüenza y mi pudor con la firma en la entrada. La lógica numérica fue reemplazada por el ardor ferviente de mi deseo por ese hombre, porque en ese momento mi cuerpo y mi mente estaba sedientas del placer que ofrecía desinhibirse por completo, como si siempre hubiese esperado un momento así sin saberlo.
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