Hacer el amor, sin amor

3010 Palabras
El ascensor me parecía demasiado lento mientras estábamos en silencio. La luz naranja que cambiaba de piso se tardaba tanto, que me llevaba directamente a concentrarme en el único punto en donde permanecimos unidos. Quizá en un intento suyo de que no escapara, pero lo que él no sabía era que ya lo había hecho hacía mucho. Su mano entrelazada con la mía, tibia, suave. La sensación del ahora o nunca. Tal vez como en cualquier película s****l debería lanzarlo contra la pared metalizada. Besarlo como lo hicimos en el congelador, hasta que su mano se perdiera dentro de mis jeans y la mía sintiera la dureza de su erección. Con la adrenalina fluyendo por todo mi cuerpo de que la puerta se abriera. Llegar al límite de correrme. Miré la plateada cámara en una esquina soltando el aire pesadamente por la nariz, la realidad es indiscutiblemente menos atrevida. La parte cuerda y moral que me recordaba que era una adulta. Hubiera preferido que me llevara al averno porque en el fondo todo eso era pura mierda, esas cámaras no me importaban. ¿Por qué me había llevado a su departamento?. Quizá como Grey tenía un cuarto lleno de perversidades. Deseché la idea y mis acelerados pensamientos se detuvieron con la luz naranja en una R - RECEPCIÓN -. De allí al remarcado 13 era una eternidad. Resople. Las puertas se abrieron dando paso a una mujer muy mayor con un poodle de lazos y vestido rosa. Mi lívido se fue. - ¡Ahh Mira a quien encontramos Sussie! a tu héroe. Peter - beso su mejilla como una abuelita cariñosa y me sonrió - Te preparé galletas de chocolate, pero nunca estás en casa. - Lo siento Rachel y también me disculpo con Sussie - acarició al emocionado animalito con ternura - Cuida a este muchacho es un tesoro. No dejes que se pierda - se dirigió a mí con un guiño - ni que se meta en líos extraños - Y pensé en que quizá había asumido con lógica algo que de la mano del que fue su novio le resultaría inconcebible. Antes de que pudiera contestar con algo sarcástico digno de mi ansiedad las puertas se abrieron en su piso despidiéndose de ambos, también Sussie cuando movió su pata. Cuando se cerraron deje salir naturalmente la gracia que me había causado el pequeño momento y mis pensamientos. Distraerme de mis cavilaciones quizá aceleraba el tiempo. Unos minutos antes ardía en desesperado deseo que había reemplazado al miedo por mis sentimientos y en ese momento no pude más que reír. Estaba loca. - Me sonrió - Sólo te he escuchado reír dos veces desde que te conozco - ¿Que te causa tanta gracia? - La pobre abuelita cree que te salvaré de meterte "en líos". Quizá con otros hombres. Puede que quisiera rescatarte ella misma con galletas entre sermones. Ya estás perdido Peter. - Muy graciosa Maraí. - suspiró hondamente con una sonrisa tímida. Recordé las palabras de Julian y su madre. Muy a pesar de su fuerte sexapil y su carácter era muy dulce - Casi arrollan a Sussi si no la detengo. Antes de eso no me dirigía la palabra y me miraba como si estuviera enfermo no es la primera, ni será la última persona. - miró las puertas sin dejar de sonreír - Ha sido afortunada su interrupción, temía que siguieras excitándome con esos pensamientos - Le miré incrédula - ¿lees mis pensamientos? - Casi. Aprendí a leer tus deseos sexuales. Estás apretando mi mano. Tu respiración se aceleró y mirabas la cámara - Finalmente las puertas se abrieron y le lancé una mirada casi amenazante. Como lo imagine el departamento era hermoso, muy sobrio, con plantas verdes por los rincones, pequeñas y grandes. Tenía cuadros de marcos oscuros muy artísticos en tonos rojos y naranjas que combinaban con los sillones y el mármol n***o de la cocina. Había abierto la puerta con un sistema tecnológico de clave que ya había visto un par de veces antes, en dos lugares distintos. Soltó mi mano dejando las llaves de la moto y los cascos sobre la encimera - ¿Quieres tomar algo?. Me recordó a la primera vez que entramos al averno, pero esta vez estábamos solos en su muy iluminado living. Me hizo pensar que era para aliviar la tensión. La suya. - ¿Por qué me trajiste aquí? - ¿Por qué no? - me encogí de hombros - ¿Preferirías que te llevara al averno a compartirte con los demonios?. Eso es lo que menos quiero en este momento, compartirte y que te disperses en tu lujuria. No saldrás de aquí hasta que hablemos. - ¿Vinimos a hablar? - alcé las cejas - Me desconciertas tanto que lo único que realmente quiero es que me dejes entrar … - tocó mi frente con sus dedos - justo aquí - Se acercó a mí y disfruté de su cercanía, acaricie si pecho hasta su cuello con ternura, desabroché el primer botón de su camisa deleitándome con su perfume. - Dijiste que lees mis deseos - El segundo botón cedió dejándome acariciar el terciopelo rojizo de su pecho y sentí mi sangre recorrer rápidamente por mis venas. Deslice los dedos por su garganta - Lo que más me cuesta admitir es… que te necesito al punto extremo de la locura - Mi cuerpo, mi sexo, pero no a mí. Estas admitiendo que soy solo tu juguete. La última noche que pasamos juntos me dejaste como cualquier cosa. "Adiós Peter. Gracias por el sexo, pero fue suficiente" - No fue lo que dije - Es un jodido resumen - Si estas tan molesto conmigo ¿por qué me trajiste aquí?. ¿Qué quieres de mi?. - Porque quiero que sepas que aún así te sigo deseando, y para más que noches de lujuria. Quiero volver a ver a esa chica distraída que entró al bar una tarde y que apenas me miraba. Esa dulce mujer que a pesar de ser tan hermosa y su boca no paraba de sonreír como si contara un mal chiste, sus ojos solo hablaban de tristeza. Luego demostró tener un poder inigualable. Una fuerza infinita. Es cierto, te llevé al averno, quise darte un motivo, pero me di cuenta que no me necesitabas para nada más desde el primer día. - Pensé que el acuerdo entre nosotros era solo sexo - ¿Cuándo hicimos ese acuerdo? - No lo sé. Lo creí implícito cuando te encontré besando apasionadamente a tu novio y un minuto después que salió por la puerta del bar me ofrecías una noche en un club sexual - Era mi ex novio, quizá fue mi culpa y no supe explicarme. - reí de forma irónica - Debí decirte algo como. "Me gustas mucho Maraí. Me calientas de una forma que no sentía hace muchísimo tiempo y sin tocarte, pero sé que no es el momento de involucrarnos para ninguno de los dos". Estaba a punto de verte desaparecer para siempre por la misma puerta que entraste. - Pues sí. ¿O que se supone que debía pensar?. Era una típica mujer común antes de conocerte, luego me encuentro haciendo cosas tan excitantes para ambos que hasta dudé de mi sexualidad. No sé en donde empecé a sentirme más mía o más tuya. Esperé a que lo dejaras tú y cada vez era más intenso, tenía que hacer algo. - Alejarte. ¡Qué original forma de escapar!. ¿Qué crees que he estado haciendo todas estas semanas mientras tu…. desaparecías? - sentí sus manos acariciar mi trasero - No lo sé, pienso que tienes el Averno entero a tu disposición. Amigos para desahogarte, que tienes a quien quieras de hecho. No me necesitas. - A quien quiera... Menos a ti.- sus manos rodearon mi cintura muy lentamente y me apretaron fuerte acercándome más a su cuerpo si era posible - Demonios… Estoy a punto de arrancarte la ropa y al mismo tiempo quiero besarte tan lentamente que detenga el tiempo. - ¿Lo mejor de ambos mundos? - ¿Bailarías conmigo? - ¿Que….? - el calor que comenzaba a inundarme y me recortaba la respiración se evaporó mientras me sonreía con ternura. Estaba confundida. Volvió a entrelazar su mano con la mía llevándome hasta el centro del salón. Yo seguía esperando sexo, porque una parte de mi se negaba a ceder ante algo más. Tomo un control remoto encendiendo una música suave. Reí nerviosa envuelta aún entre la confusión de sus actos, mientras me acercaba a su cuerpo y nos movíamos lentamente. No podía negar que me excitaba pero había algo más una constante alerta que sonaba lejana, pero estaba presente encendiéndose y apagándose. Era una tonada antigua romántica y para mi debilidad extremadamente sensible. Julian me lo había advertido, era imposible escapar de su personalidad y más aún si era su objetivo. Él estaba dispuesto a hacerme perder la razón. Más, si era posible. En ese instante, como una presa que sabe que no vale la pena luchar en contra de lo que es natural cedí. Me recosté de su pecho vencida a su encanto o a mi necesidad. No era el averno, estábamos solos, eso era el nivel más alto de intimidad al que habíamos llegado. Y yo que creía que el sexo desmedido y compartido lo era. Estaba perdida entre sus deseos. Cerré los ojos, sentí como su abrazo me traspasó el alma. Nunca imaginé que él hiciera esto, que quisiera este tipo de conexión conmigo. Aunque yo no la esperaba caí en cuenta que la aceptaba. Me sentía indefensa, pero al mismo tiempo sentí que finalmente podría sostenerme de algo, de alguien más mientras dejaba de hacerme la fuerte bajando inevitablemente todas mis barreras. Me estremecí, había cargado demasiado peso, culpas, temores, incertidumbres y él me ofrecía sus brazos de otra forma, para descansar. Para liberarme de la manera más humana posible. Empatía. - Sentí su beso tierno en mi cabeza - desde que te vi la primera vez y me contaste lo que te atormentaba quise hacer esto - suspiró - ¿de verdad me temes? La lenta tonada de Steve B because i love you me llevaron al otro extremo. Habíamos desahogado un torrente de emociones que finalmente me llevaron a cruzar la línea. Ya no había vuelta atrás, no quería reprimirme de nada más por miedo a las consecuencias. Me recargue de su hombro abrazándolo fuertemente de la cintura y comencé a llorar sin sentirme tonta ni frágil, solo me desahogue confortada por sus palabras. En cierta forma agradecida. Dejaba salir el peso llenándome de paz con su comprensión. - Apretó el abrazo al sentirme vibrar por el sentimiento y me susurro - siento los latidos de tu corazón en mi pecho. Te mereces mucho más Maraí, pero debes hacer espacio. Las personas van y vienen, siempre será así y debemos aprender a vivir con ello sin cerrarnos a las posibilidades. Las experiencias deben transformarse en vida. Alzó mi rostro húmedo y apartó un par de lágrimas traicioneras mirándome con esos hermosos ojos verdes - ¿Me dejas entrar?. No quiero ser para ti solo el sexo que llena tus pequeños vacíos, porque tú no eres eso para mí - asentí sin pensar Beso mis labios lentamente. Sus manos me rodearon de nuevo muy suave y el mundo se sentía como sobre una nube, no era esa descontrolada pasión. Ya no era ese deseo desenfrenado que dejaba nuestros cuerpos al límite, esto era diferente. Dulce, pero con la misma intensidad que hizo que nuestra ropa fuera quedando en el camino a su habitación. Su piel tibia, suave, su aliento sobre mi cuello, la sensación de sus dedos pasar sobre mi cuerpo con una caricia lenta repleta de cariño. Mi mente se dispersó como las partículas de choque. Estaba disfrutando por completo estando a solas, mientras me entregaba su cuerpo desnudándome hasta el hueso con sus besos húmedos, llenos de tanta pasión. Entonces no supe quien era yo. Me perdía a mi misma en sensaciones, sobre su cama era como un alma fundida con su esencia. Me estaba haciendo el amor y no pude hacer más que entregarme como jamás en mi vida había hecho. Yo que había amado profundamente, que creí que antes había dado todo lo que podía dar me desvanecía en sus manos. Sería injusto decir que sobre las sabanas éramos dos. No puedo rescatar ningún recuerdo erótico, ni contabilizar el tiempo que pasamos en ese estado tan humano. En esa necesidad de fundirse, en esa conexión completa de tantos sentimientos y tantas sensaciones que hacen vibrar hasta el alma, enchinar la piel, humedecer los ojos y suspirar infinitamente. Sus movimientos eran lentos y yo sentía cada uno de ellos con una agonía muy cercana al orgasmo que revolvía mi mente, que me hacía parte de un espacio fuera de este mundo. Dejé de ser humana, siquiera animal fui espíritu, alma y lo adoré. Fui suya, fui mía, fui absorbida por exceso de endorfina. Mi corazón latía muy rápido, era de lo único consiente como un signo de vida. Entrelazó nuestras manos sobre mi cabeza dulcemente al tiempo que entablábamos un vaivén como las olas del mar, cada vez más rápido y trataba de pensar en algo que me sacara de ese estado de pleitesía, pero no reaccionaba mi mente. Simplemente se apoderó de mi y de mis sentidos. Mi cuerpo cedía, apreté sus manos instintivamente y comenzó a moverse más rápido. Gimió en mi pecho, paró únicamente para acariciar mi rostro. Finalmente pude recuperar algo de cordura, una lucha por tenerlo y giré el momento a mi favor. Quería decirle algo, quería decirle que no sería suya de esa forma, pero las palabras seguían sin poder salir. Siquiera podía procesarlas en mi mente de manera ordenada. Acaricie su pecho y me permití hacer algo que no me había dejado hacerle hasta entonces. Lo tome con mi mano y con mi boca, cerré los ojos mientras se arqueaba a mi voluntad y lo hice mío. Tener el poder sobre su cuerpo era para mí un éxtasis incomparable, estaba conteniéndome, me sentía drogada en placer. Escuchaba sus gemidos muy lejos concentrada en lo divino que era poseerlo, también escuche su suplica, pero no la acepté. Vibró en mi manos, saboreé hasta la última deliciosa gota de su rendición. Exclamó improperios y sonreí recostándome en su pecho - No puedes hacerme esto primero - Hago lo que quiero y no puedes evitarlo Volví debajo de él. Me hizo reír cuando tomó uno de mis pechos con su boca devolviéndome al mundo de nubes de algodón. Besó cada parte de mi cuerpo que tuvo a su alcance, me acaricio en la cima de mi perdición tan suave que percibí como lava la naturalidad de mi centro. Gemí y volvió dentro de mi torturadoramente lento para ambos, aparto un mecho de cabello con delicadeza de mi rostro, tenía la respiración agitada cuando paso la lengua por mis labios y comenzó a moverse, me encantaba lo que hacía. Solo hasta entonces noté la ausencia de frenetismo y de condones. Parecíamos mas normales. No, eso no era normal. Estaba mucho mas allá de la descripción romántica de una película, aquello era lo mejor de dos mundos. Paradójicamente era el infierno y el paraíso, era pasión y cariño. Los mejores amigos, esos en los que confías y al mismo tiempo deseas pueden llegar a ser los mejores amantes. Lo tomé de las caderas mientras los movimientos nos acercaban mas al punto en donde ambos queríamos estar. Me perdí en su mirada, acaricié su cabello, su barba, su espalda enterrando mis dedos en su piel. Me dejé ir por completo al tiempo que tomaba todo de mí, que me dejaba sin aliento, que me dejaba si alma. Mentiría si dijera que todo terminó allí, aquello fue solo el comienzo. No hubo parte de mi que no tomara. No hubo parte de él que no hiciera más mía. No sé cuánto tiempo paso, estaba agotada, mi cuerpo no quería moverse y mi mente no coordinaba. Lo sentí besar mi espalda y aferrarse a ella. Mis ojos pesados no podían abrirse no supe mas de mi hasta que la luz del día me hizo parpadear, apenas me moví protestó cada musculo y me rendí. Poco a poco me giré solo para verlo dormir a mi lado con su cabello desordenado en tonos naranjas y todas esas pecas esparcidas en su piel clara. Hasta en ese momento se veía tan bello que me hizo suspirar. ¿Suspirar?. Quería tocarlo, pero de ninguna manera despertarlo. En la madrugada cuando caí en cuenta de que estaba allí sin ninguna forma de comunicarme con mi hermana me levanté de golpe y lo desperté haciendo que me encarcelara divinamente entre sus brazos, hasta que se disiparon mis ganas constantes de huir. Esta vez fui más paciente al salir de la cama, sin moverme demasiado o hacer ruido recogí todo el tiradero de ropa. Apagué el equipo de sonido e hice un recorrido por el lugar mirando todo lo suyo con sumo cuidado. Los títulos en derecho y la maestría, fotos del bar, con su enorme familia y una con él, con Murray. Parecían muy felices juntos y eso hacía un tipo de click en mi mente, no había pasado casi nada desde que ellos rompieron. No teníamos un futuro. No estábamos enamorados. ¿Se puede sentir un poco de celos por un hombre?. Chasquee la lengua y me metí en el enorme baño sin darle tantas vueltas al asunto. Tenía una ducha y una tina que me llamaba. La llené haciendo el tour con las cosas de Peter siempre en un orden impoluto. Olí su perfume y me convencí una vez más de que era un hombre normal a pesar de su versatilidad en las relaciones. Esa foto me había afectado más de lo que creí. Me sumergí en el agua y en la nada. Tenía que despejar mi mente.
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