Estaba tan ensimismada con la fotografía que no me di cuenta de nada mas a mi alrededor. Había visto la oportunidad de recomenzar, de encontrarme a mi misma a través de mi pasión y para ser honesta nunca creí que lo lograra en tan poco tiempo. Pensé en Jim. Si, le debía un mejor agradecimiento porque si tenía una agenda llena era gracias a él. Saqué de mi auto el maletín con mi equipo y le llamé
- Lindura… ¿en qué puedo servirte hoy?
- Estas de buen humor por lo que escucho
- Por supuesto, las cosas van bien y recibo tu llamada
- Si no estás muy ocupado mañana a mediodía me gustaría invitarte a almorzar
- ¿Es una cita? - preguntó con tono divertido - Estoy más que disponible
- Una cita para almorzar. De alguna forma tengo que agradecerte lo que hiciste por mí, estas semanas han sido movidas, divertidas e inspiradoras. Lamento no haberlo hecho antes
-No lo hice para que me agradecieras, pero acepto. Invitarte a ti es mas difícil, casi imposible
- Exageras
- He estado tratando de salir contigo desde que nos conocimos
- Muy bien acepto la culpa. Te paso la ubicación del lugar y si te parece a las dos nos vemos allí
- Ahora las cosas mejoran. Tengo muchas ganas de verte - sonreí
Llegué tarde, di demasiadas vueltas en un atestado estacionamiento hasta que finalmente logre parar. Hacía rato que no veía a Jim a pesar de que habíamos hablado bastarte por teléfono. Le ofrecí un abrazo amistoso, pero sentí en ese mismo apretón algo distinto de su parte, esa vibra de deseo. Decidí dejarlo pasar, y pronto la conversación se hizo amena entre nuestros proyectos a futuro. Era sencillo hablar con él muy por encima del coqueteo en su mirada, de la insinuación constante en el tono de su voz. No sentía ese cosquilleo en las manos por rozar sus piel, ese tamborileo en el corazón cuando me miraba tan intensamente que podía leer sus pensamientos y volver a su cama. No sentía la ansiedad en mi vientre, el calor en mis labios y pensé nuevamente en él. Sacudí pronto el pensamiento inoportuno no quería comparar a todos los hombres con los que saliera de ahora en adelante con Peter.
Había llegado en su camioneta de cabina negra. Nuestro almuerzo acabó muy pronto a mi parecer, me gustaba hablar con él, pero debía hacer una sesión esa tarde y preparar el equipo. Me acompaño amablemente hasta mi auto en el estacionamiento.
- ¿Crees que la próxima vez sea mi turno de elegir?. De invitarte. Es decir, ¿saldrías conmigo Maraí?
- Sabes que no será más de lo que siempre ha sido entre nosotros. No estoy lista para una relación más que conmigo misma
- Y tal vez sea suficiente para ambos. No he podido dejar de pensar en tenerte otra vez - se acercó poco a poco y no lo detuve.
Besó mis labios con ternura al comienzo y después con una pasión que me traspasó, le respondí con la misma necesidad. En lo único que pude pensar era en por qué no, debería volver a intentarlo, aunque en el fondo temia que despues del averno lo "normal" no me produjera el mismo placer. Me rodeó con sus brazos anhelando traer de vuelta esa conexión de una noche. Había estado enrollada sexualmente con varias personas los últimos meses en un club, pero me quedaba mas que claro que mi pasión provenía del deseo desmedido hacia un solo hombre. Cuando terminamos sin aliento me pidió que lo siguiera en el auto acariciando mi cintura, las palabras de Peter me habían marcado de alguna forma y desde algun rincon de mi cerebro salío la imagen del único hombre al que seguí en un auto a un motel apretando el volante de rabia y ansiedad. No se sentiría jamás igual.
¿Si fuera él que me pidiera algo así. Lo seguiría?. Mi cuerpo entero y mi mente me gritaba que sí porque estaba completamente loca por ese pelirrojo de sonrisa preciosa y con tal de que me tocara con sus manos divinas iría hasta… El infierno.
¿Acaso mi mente lo traía porque preferiría que fuera él quien estuviese allí?, ¿como lo haría desaparecer de mi mente mientras estaba con alguien más?. ¿Lo necesitaría aunque fuera en pensamientos para correrme?. Esto era solo una burla de mi mente.
- Acarició mis labios y salí de mi confundido cerebro aun con los ojos cerrados, trarando en vano de alejar a Peter de mi - Debo ir a hacer una sesión será mejor que dejemos esto para luego
- Bien... Prométeme que nos veremos luego y que vendrás conmigo
- Le sonreí con coquetería - puede ser - esta vez fui yo quien lo besó tratando de acallar mis pensamientos
No supe en qué momento había cambiado tanto, desde luego mi cordura había desaparecido y la había reemplazado una energía vibrante por querer vivir y hacer todo lo que un día creí que era un simple sueño imposible, cuando me resigné a vivir a medias. Tenía varias sesiones pautadas toda la semana, me sentí como cuando estaba en la universidad atareada, pero con el gusto de hacer lo que amaba.
Al terminar el día mientras guardaba mi equipo después de una muy ruidosa fiesta infantil recibí una llamada que conteste sin mirar, o siquiera prestarle atención concentrada en guardar todo y bastante aturdida. Una mujer llamada Marietta quería contratarme para la celebración de su boda de oro. Me contó entusiasmada como le habían gustado las fotografías que le había hecho a Julián y era la tercera vez que se casaba con el mismo hombre. No me extrañaba que me llegaran clientes sugeridos por Julián, habia estado presumiendo las fotos en toda clase de publicidad impresa y digital. Le había sacado el máximo provecha y su manera de resarcirme era enviar a todo el que preguntase y el que no a hacerse una sesión conmigo. Según lo que entendí estarían presente todos sus hijos y nietos con una ceremonia más festejo de dos días. Me pidió encontrarnos en un café del centro para darme los detalles si no estaba muy ocupada. Acepté, me vendría bien un matrimonio de adultos mayores y un café.
La encontré tomando algo caliente en una taza de porcelana en un sobrio café, evidentemente era una señora mayor que se conservaba muy bien, llevaba sus uñas cuidadas pintadas de rojo, sus manos blancas de abuela con algunas pintas rodeaban la taza y en su dedo anular brillaban dos anillos de oro. Uno sobre otro, se me hizo algo familiar. Tenía el cabello de un rubio cenizo y una sonrisa dulce, me hablaba de forma tierna mirándome a detalle como si quisiera conocer mis pensamientos. Fue tan agradable conversar y escucharla hablar de su familia con tanto cariño, con tanta emoción que se nos hizo de noche. Prácticamente acepté ir un fin de semana a la montaña cerca de Gainesville en donde tenían una villa cerca de un lago, en dos semanas. La verdad era que quería hacerlo, escapar a lugares desconocidos y vivir nuevas experiencias estaba dentro de mi nueva yo.
- Te aseguro que es preciosa. Quiero fotos de todo, no escatimamos en gastos. Mi hija viene desde Alabama con su esposo y los niños. Mi Hijo mayor desde New Jersey, el que tengo más cerca es el menor y es el que más me consiente, también mi hija adoptiva Julián. La conoces, por supuesto que me contó que irá con su pareja esta vez, parece algo serio y ya era hora - sonrió y yo fruncí el ceño, supe de inmediato de donde la había visto. Aquella enorme foto en la oficina de Julián. Llevaba casi una hora con ella, hasta entonces hice conjeturas y debió notarlo - Me dijo que conoces a Rory... bueno Peter, él odia que lo llamemos así, siempre frunce la boca y me dice "mamá deja de llamarme de ese modo tan odioso"
- Si... conozco a Peter, también a Rory
- ¡Oh! - exclmó - Aquí entre nos, a veces tiene un carácter de cuidado, pero te aseguro que es pura apariencia tiene el corazón noble muy sensible. Una ternura de hijo. Seguramente le gustará verte.
- Me gustará mucho saludarle tambien.
Era una profesional, que fuera su madre no cambiaba las cosas y estaba claro que Julián había arreglado esa "casualidad"
Hacía un día precioso de verano, soleado con un cielo azul despejado. Conduje por la hermosa costa respirando el aire salino a través de la brisa fresca que me daba de lleno sin el capote de mi deportivo. Estacioné en la bahía y saque mi cámara absorbiendo el paisaje a través de la pantalla digital con varias tomas y profundidades. Me recosté un rato sobre mi auto lanzando un suspiro de paz al viento, en la radio anunciaron una canción que me encantaba. Subí el volumenperdiendome con las tonadas románticas de - I Still Believe de Mariah Carey -. La tarde comenzó a caer y el sol iluminaba el agua en armonía "Cada día de mi vida estoy llena con toda la alegría que puedo encontrar. Sabes que yo...No soy del tipo desesperada. Sigo creyendo que podemos estar juntos, lo mantengo con ambas manos. Vale la pena el riesgo de quemarse para tener una segunda oportunidad ...Aún creo... que algún día tú y yo..."
Mi teléfono sonó devolviéndome de la burbuja en la que me había metido por un instante.
- ¿Por donde andas en estos momentos hermana?. ¿Estas ocupada?
- No. Estoy en la costa…
- ¿Sola?
- Con mi cámara - rió
- ¿Puedes reunirte con nosotros en una hora?
- ¿Nosotros?
- Con Alec... también Jim... es algo informal. Tomarnos algún coctel y conversar - se escuchaba bastante nerviosa, no sonaba como mi hermana. Sonreí. Ya me había pedido que integrara a Alec a la familia, y yo era su única familia
- Esta bien les caigo en el sitio más tarde, envíame la ubicación
Me quedé hasta que el naranja cubrió una franja en el horizonte olvidándome por completo de mi teléfono soñando con volar, correr, llegar a los paisajes más hermosos. A los lugares mas increíbles. Sentir la naturaleza, ser libre y cuando al fin decidí irme lo conecté al GPS. Mire la hora. Llegaría un poco tarde, pero llegaría finalmente en treinta y cinco minutos a.... ¿Paradise?. De todos los bares no pudieron escoger otro. Resoplé y conduje pensando entre si podía excusarme o definitivamente enfrentar a Peter, había ignorado sus mensajes y el hecho que de cualquier forma lo vería en una semana pues me había comprometido con su madre a hacer esa sesión de fotos, por recomendación de Julián. Di un par de vueltas tratando de decidirme con mi hermana enviándome fotos y mensajes afirmando que me esperaban, hasta que finalmente estacione el auto dejando escapar el aire con el corazón retumbando en el pecho. Aun sabiendo que podría verlo después de dos meses seguía causando la misma sensación asfixiante, repleta de ansiedad por el hecho de tenerlo cerca. Dejé mi bolso en el auto llevando solo las llaves y mi teléfono, tenía que convencerlos de ir a casa o a otro lugar.
Los encontré risueños en una mesa del fondo y me saludaron como si no me hubiesen visto en años. Habían empezado a beber hacía un rato y al parecer la estaban pasando muy bien
- Pensamos que ya no vendrías - Dijo Alec con su perfecto rostro de Ken maduro - Elegimos este sitio porque tu hermana nos contó que era tu favorito
- ¿Y nos conocimos aquí recuerdas? - Jim tenía esa sonrisa coqueta
- ¡Eso no lo sabía! - Exclamó mi hermana achispada
- Hace mucho que no venía, no es mi lugar favorito que digamos. ¿Llevan un buen rato bebiendo?
- Esperándote nos hemos tomado unas cuantas… - Jim se levantó como un caballero para darme un beso en la mejilla y apartarme la silla a su lado con los ojos de todos puestos en mi. Dejé escapar el aire cediendo
- ¿Regina podrías guardar las llaves del auto? - me miró con las cejas arqueadas y resoplé. Si supiera que era el último sitio en el que quería estar, aunque también era al que quería volver, lo cierto era que muchas veces conduje en frente con la loca idea de verlo aunque fuera de lejos y me di cuenta de que había estado haciendo el papel de estúpida con Peter. Jugando al escondite por no reconocer mi debilidad
- ¿Qué quieres beber? estamos tomando cerveza, pero...
- Tequila - contesté muy rápido
- Pues que sea una ronda de tequila para todos - me sonrió Jim
Ordenaron a una señorita simpática y muy joven que podría ser fácilmente una de mis alumnas. Poco rato después la botella se plantó en medio de la mesa y los pedazos de limones rodaron en un plato frente a mí. Al alzar la vista lentamente sus ojos se clavaron en los míos y pude sentir la electricidad recorrerme entera, el aire abandonar mis pulmones. No me sonreía como solía hacerlo.
- Me preguntaba hace unos días si volverías a pisar este lugar o si tu teléfono se había descompuesto Maraí
- Hice silencio por demasiado tiempo - Peter me da gusto verte, comunicarse con mi hermana es bastante complicado. Si no eres uno de sus clientes pasas al final de la lista o el eterno visto - Regi con su extrovertida forma de ser se levantó para saludarle de beso y yo apenas podía mirarlo
- Pasa que... si había pensado en volver, pero he estado bastante ocupada... y..
-Ya veo... bastante ocupada - murmuró mirando a Jim a mi lado antes de devolverme la mirada gélida solo por un segundo - que pasen una buena noche - dijo finalmente y me sentí estúpida
- ¿Es bastante odioso no lo creen? - mencionó Jim
- Para nada, es el dueño del bar un amigo de Maraí - "un amigo" y al fin deje escapar pesadamente el aire
Necesité 3 shot de tequila seguidos para quitarme la sensación de su mirada mientras escuchaba las amenas conversaciones del grupo. Me perdía en sus charlas, no me concentraba. Él estaba muy cerca y era inevitable no querer tocarlo, pero era Jim quien tocaba mi mano y mi mejilla cada tanto. Mi teléfono a un lado del pequeño vaso que volví a rellenar se encendió con un mensaje
¿Te emborrachas para ir a su cama?. Te creo capaz de cualquier cosa para parecer "NORMAL" delante de los que te rodean.
Borre el mensaje y le lancé una mirada de reojo a la barra mientras saboreaba la sal. Lo sentí como un reto más que una pregunta. Borre todos los mensajes que tenía de él con molestia
- ¿Vas a dejar por completo el colegio y los alumnos? - preguntó de pronto Alec
- Si... voy a dedicarme por completo a la fotografía, pero daré clases particulares así puedo jugar con mi tiempo. Puedes guardar mi teléfono también Regi. - Asintió y me miró en el ceño fruncido
- Esto ha sido lo más impulsivo que ha hecho mi hermana en su vida se los juro. Me tomo por sorpresa y estoy feliz de que haga lo que le gusta - "lo mas impulsivo.." pensé y bebí mi trago
- Te ha ido de maravilla con las sesiones, supe por Jim que te ha funcionado el algoritmo
- Ha sido fantástico, si no fuera por él no me hubiese decidido a renunciar al colegio
- Por ti movería montañas lindura - acarició mi mejilla y tomó mi mano por demasiado tiempo. Me hizo sentir incómoda, aun mas de lo que ya me sentía. Era mi culpa por insinuarle cosas la última vez que nos vimos. Era libre de hacer lo que quería, con quien quisiera. La presencia de Peter alli que me tenía absorta. Eso no me habia detenido jamas en el averno, pero no estbamos en ese lugar. Me sentí mareada
- Voy al baño - retire mi mano de la suya - regreso en un momento
- ¿Quieres que te acompañe? - debía verme realmente mal porque me lanzo una mirada algo preocupada
- Estoy bien - contesté simplemente
Caminé muy rápido, abrí la llave y me eché agua en el rostro, algo me quemaba por dentro y estaba claro que era el tequila o eso quería creer. En el espejo se reflejaba una mujer que me sonreía mientras se burlaba llamándome cobarde, en mi mente se repetía una y otra vez "tu deseo es solo mío" mientras mi pecho subía y bajaba. Habían varias personas, se me olvidaba que ese baño era mixto. Crucé el pasillo y me encerré en uno de los waters en lo que parecía un ataque de ansiedad, era claro lo que me lo producía. Respiré profundo varias veces luchando conmigo misma como muchas veces antes, levante la barbilla y pensé en todo lo que había avanzado llegando a un punto medio, pero ya no quería seguir dentro del closet, o del baño, o de mi misma. Salí para encontrarme de frente a Peter quien estaba apoyado de la pared con los brazos cruzados y mirada asesina, tan guapo que me secaba la boca
- ¿A que estamos jugando Maraí?. Esperé semanas a que aparecieras voluntariamente. Me dijiste que necesitabas tiempo para ti y tus cambios, me dijiste que hablaríamos, pero me mentiste. Haces como que no me conoces. ¿Prefieres olvidar lo que pasó entre nosotros? porque si es así dímelo
- No te he mentido jamás, de hecho nunca he sido tan real con nadie como lo he sido contigo. Aunque quisiera no podría olvidar nada y no quiero, pero tu... me aterras
- ¿Que quieres decir con eso? - las pocas personas en el baño comenzaban a mirarnos, a él poco le importaba. Vi acercarse por el pasillo de la entrada a mi hermana, empuje a Peter detrás de la puerta y la cerré. Ambos quedamos muy justos allí dentro. Apenas podía respirar
- ¿Maraí estás aquí?
- ¿Que pasa Regina? - le miré suplicante, él estaba muy molesto podía notárselo en la vena de su cuello, en lo oscuro de sus ojos, en su respiración
- ¿Te sientes bien?
- Estoy bien ya salgo...
- Alec y yo vamos a bailar después de aquí ¿vendrás con Jim o irán a casa?
- Él también parecía esperar mi respuesta - ¡¡NO!! no puedo
- ¿No puedes qué?...
- Ir con ustedes a ninguna parte - la escuche e imaginé lavando sus manos frente al espejo mientras mi corazón golpeaba mi pecho y me daba la impresión de que Peter podía escucharlo
- Tienes la casa para ti sola esta noche. Le gustas muchísimo a ese hombre no pierdas la oportunidad de disfrutar un poco Mara. No todo es trabajo - lanzo una risita antes de decirme que no tardara, por la pequeña rendija de la puerta la vi cruzar a la salida
- ¿Que es lo que temes de mi?. ¿Por qué no me hablas? ¿por qué esta forma de huir siempre?. Creí que necesitabas espacio para pensar, que era demasiado para ti y que te había orillado a ir conmigo a un lugar en el que no eres tú misma.
- No podía respirar con normalidad - Peter por favor.. no lo sé - sus manos rodearon mi cintura, perdí el sentido del tiempo y espacio
- ¿Sales con ese tipo?
- No.. Lo siento si he estado encausando mi vida, haciendo que mi cerebro entienda que lo que realmente quiero está bien… Yo.. te he extrañado mucho
Me dejó sin aliento cuando en un movimiento me empotró contra la puerta e invadió mi boca con desesperación. Como si nada ni nadie importara, como si estuviésemos en el averno. Con ese fuego que me consumía. Paró sin más acariciando mis labios con los suyos
- No quiero que me temas - Maldita sea Maraí no soy tu juguete
- No te tengo miedo a ti. En realidad… es que no tengo control sobre mi cuando estoy contigo y eso me asusta. No creo que seas mi juguete, nunca lo fuiste
- ¿Qué haces con ese tipo?. Te toca como si fuera tu dueño
- Fruncí el ceño y lo aparté colocando las manos sobre su pecho - Es imposible que sientas celos
- ¿¡Por qué demonios no!? - gruñó - Yo no tengo nada que esconder, ¿tu si?
- ¿Hablamos de esto luego?
- ¿Luego?. ¿Eso para ti es en varios días, semanas o meses?
- ¿Que quieres que te conteste?
Me tomó de la mano sacándome del baño, por un momento creí que me expondría ante mi hermana y estaba dispuesta con tal de que no siguiera tan enfadado conmigo. En lugar de ello me llevó detrás de la barra pasando frente a sus empleados. La mesa en donde estaba quedaba del otro lado. Entramos por una puertas batientes, las personas de la cocina se nos quedaron mirando con sorpresa hasta que se cerró la pesada puerta de la nevera. Un pequeño cuarto helado lleno de frutas, hortalizas, carnes y paredes repletas de botellas. Sentí frío en contraste al fuego de su mirada.
- Ya que estas aquí por lo que sea se me acabo la paciencia
- ¿Entonces qué harás encerrarme aquí, matarme de frío?
- No creas que voy a dejarte ir con ese tipo, esta vez no.
Le sonreí mordiéndome los labios. No eran celos comunes, era una clase de posesión atada a nuestro sexo. Aquella vez no fue casual, estaba esperándome en el estacionamiento a que volviera, sola o con él. Finalmente estallamos en esa pasión que nos reservamos sólo para nosotros, era totalmente imposible estar en el mismo sitio y no tocarnos. Era imposible explicar esa conexión. Extrañaba sus manos, su boca, su cuerpo que acaricie con pasión por encima de su camisa. El frio me caló en los huesos, podía sentir su piel erizada y me encendía. Comenzamos a temblar, pero no parábamos de tocarnos y de besarnos
- Vámonos de aquí, ven conmigo - me susurró
- ¿A dónde? - jadee con mis labios desesperados por seguir tocándolo
- Elije ahora si vienes conmigo o te quedas aquí y esta vez te juro que no insistiré, detesto tener que rogar - seguía enfadado
- También detestas que te llamen Rory y me dejas hacerlo, ¿por qué? - pregunté titiritando desafiante como siempre
- Me miró unos segundos - me gustas más de lo que creí
- Entonces llévame contigo - susurre a sus labios. Acaricio mi brazo entrelazando su mano con la mía y sin más me sacó de ese lugar.
Pasamos nuevamente entre el personal de la cocina y nos detuvimos en la barra solo para que le dijera a una chica que se quedara a cargo, ella asintió parpadeando. Tomó un casco oscuro debajo de la encimera y apretó mi mano. Al salir detrás de la barra miré fugazmente a la mesa. El lugar estaba concurrido, Jim y Alec estaban concentrados en su conversación y como si fuera en cámara lenta mi hermana clavó sus ojos abiertos de par en par en los míos. Gesticule un "lo siento" antes de verme desaparecer por la puerta de la entrada.
En el estacionamiento estaba esa moto restaurada. Tomo el casco que traía y lo puso en mi cabeza atándolo en mi barbilla mientras me miraba de esa forma que ya conocía. Estaba segura de que me llevaría al averno, que haríamos miles de perversidades en las que me castigaría por mi tiempo de ausencia injustificada y estaba pidiendo mi aceptación.
- Sé que me he comportado como una tonta tratando de huir de algo que… que ya es parte de mi. Aunque nunca lo controle yo no puedo ir en su contra, siempre ha sido mi decisión Peter.
- Se colocó su casco y me extendió la mano - También la mía
Aferrada a su espalda el viento fresco parecía llevarme en vuelo, necesitaba estar a su lado y cuando me di cuenta ya estábamos frente a ese edificio luminoso en donde vivía. No estaba siquiera pensando en ese momento, era prácticamente una hoja al viento dejándome llevar, atraída por el imán de su mano como si fuera suya. Quizá en ese momento lo era y era precisamente de lo que había estado escapando, de algo que no podía evitar. No quería entregarle nada más que mi cuerpo, no quería sostener su mano de esa forma, no quería que mi corazón saltara cada vez que me mirara y que me volviera un flan cada que me besara. ¡¡MALDICION!!. Lo miré de reojo en el ascensor, su barba incipiente rojiza, sus labios carnosos, sus pestañas de cobre, su mano tibia con su pulgar acariciándome lentamente y cuando me devolvió la mirada se me cortó el aliento. Estaba demostrado que me abstraía por completo del mundo y de mí misma cuando estaba a su lado. Y lo adoraba.