Subí por mis piernas frescas el delgado encaje rosa ajustándolo en mi cintura y bajé mi vestido corto de algodón del color del vino. Me miré al espejo pintando mi boca de un rosa claro, como si tuviera todo el tiempo del mundo. Al fondo, en una esquina de mi habitación podía ver a través del reflejo mi maleta de viaje a medio hacer. Inmediatamente me lance una mirada intensa llena de preguntas, como si tratara de descubrir en qué demonios estaba pensando realmente al seguir jugando de esta forma tan poco ortodoxa a separar mi cuerpo de mi mente, como si no fuera humana. Sabía muy bien que desde hace un tiempo dejé de pensar para sentir, para hacer lo que quisiera sin tanto rodeo. Claro estaba que cada vez que aceptaba estar con ese hombre era un salto al vacío, no sabía que iba a suceder, pero la adrenalina me hacía sentir poderosa, invencible y dueña de mi, su dueña, parte de algo más poderoso que no nos ataba ni comprometía. Aunque durara unas horas y le siguiera la extrema confusión. La verdadera resaca de estar con alguien como él.
Puede que pasaran muchas cosas a la vez por mi mente evitando que me concentrara en una sola, pareciendo siempre que no pensara fríamente en nada. Fui yo quien le propuso esa noche, había sido mi curiosidad, mis ganas de probar, mi lujuria la que había incitado a una cita como esa. Estaba convencida de que sería como en el Averno y nos divertiríamos, pero en el fondo algo me decía que esta vez era diferente. Una pareja de bisexuales que según él eran sus amigos esperaban sexo swinger en todos los sentidos, y debido a ello había estado fantaseando con tocar a una mujer. Había estado imaginando cómo sería dejarme llevar por ella al éxtasis, solo para darle placer a unos hombres que antes me habían ofrecido la que denomino como "la mejor de mis experiencias sexuales". Una fantasía recurrente para cualquier mujer que fue mucho más allá y casi de forma literal me elevó a las estratósfera. Para ser honesta no fantaseaba con mujeres, jamás lo hice. Lo hacía específicamente con una mujer, la mujer de Lionel. Cerré los ojos calmando mis ansias evocando esos momentos tiernos vividos con Peter, las sonrisas, las caricias, las miradas dulces y por enésima vez sentí una punzada intensa de deseo con un toque de culpa que me reprochaba el no haberle dicho de mi viaje. No quería echar a perder los últimos días que compartiríamos. No quería alejarlo de golpe de lo bien que se sentía ésta libertad a su lado, me despediría de la forma adecuada esta vez.
Puede que estuviese siendo tremendamente egoísta, pero si terminaría todo en una semana estaba dispuesta a correr el riesgo y esperar otro momento.
La puerta de mi habitación se abrió después de un toque, mi hermana entró con las cejas arqueadas al verme. - Peter está afuera...- se acercó mirándome con aprobación, antes no hubiese vestido de esa forma - La verdad Maraí no entiendo cómo puedes compartirlo así. Bueno, de seguro yo también he compartido algunos hombres, pero no en la misma habitación, no observando como desea a otra, o a otro.
-Ya lo hemos hecho antes - negó incrédula - lo veo y me resulta dificil imaginar toda esta historia - observé como desechaba un innecesario discurso y cambiaba de tema - Así que verás a ese hombre delicioso. Lo recuerdo muy bien y a su Barbie
- No vuelvas a mencionar el kamasutra - giré colocando los ojos en blanco - lo que hacemos está más allá de eso. Es divertido. A decir verdad es mucho mejor así. Regi, me iré pronto y no sé si vuelva a tener esta oportunidad, hacer estas locuras debe ser parte de mi proceso, así lo acepté. Además, no pienso perder más oportunidades en mi vida por miedo o por una retrógrada moral. Jamás me llevó a nada, por lo menos ahora siento placer - volví a concentrarme en el labial sobre mi boca
- ¿Y esto es lo que te contestas cuando te preguntas por tus sentimientos por él?. No me queda clara su relación.
- Esto es lo que me repito cada día con cada situación, no tengo tiempo para sentimientos - Resoplé con la mirada fija en mis ojos. ¿Acaso me creía esa gran mierda?
Me encontré con él en la sala. Con esa sonrisa que siempre me dedicaba entre dulce y perversa que derrumbaba todas mis barreras, y me hacía gelatina las piernas. Estaba ansiosa por salir de allí, le di un beso en la mejilla al tiempo que tomaba mi mano entrelazándola con la suya. Por un instante sentí que tal vez esperaba algo más o que me diría alguna cosa, pero el sonido del timbre nos distrajo.
- ¿Esperas a alguien Regi?
Negó con la cabeza mientras cruzaba a abrir. Jim apareció en el umbral con una caja marron común y corriente, le sonrió a Regina entregándosela como un recado luego de saludarla con ánimo. No dejaba de parecerme que era muy apuesto.
-Alec me pidió que trajera esto ya que pasaba cerca de aquí - finalmente me dirigió la mirada acomodando sus anteojos con la vista fija y sin sonrisa
- Regina era la única incómoda en el umbral - ¿Por qué no pasas un momento? - Asintió
- Jim me miraba como si todo encajara para él. Mi distancia a pesar de su insistencia era evidente. Aun así después de la primera impresión se acercó y me dio un beso, para después extenderle la mano amistosa a él - Soy un amigo. Nos conocimos en el bar. ¿Eres... el dueño de Paradise no es así?
No me dio tiempo de sentir ni un poco de desasosiego porque sucedió todo muy rápido y pensé inmediatamente en la descortesía que cometí al abandonar el bar hacía unos días, igualmente de la mano de Peter. No sentía nada de culpa.
- Dudó un momento antes de devolverle el saludo - Peter Connolly - dijo sin más
-Tenemos que irnos - Reaccione - Me da gusto verte Jim. - y sonó tan falso como la simpatía que trasmitían el uno por el otro.
-A mi también Maraí. O eso creo.
Salimos de casa sin palabra alguna. No quería siquiera pensar demasiado en el pequeño y raro momento concentrada totalmente en lo que me encontraría esa noche. En el auto la incomodidad que esperaba apareció acompañada del silencio prolongado de Peter. No era que me importara lo que pensara Jim, tampoco si él seguía creyendo que tuvimos una relación cuando me despedí. Me cuestionaba el hecho de tener deseos tan distintos en ese momento por esos hombres y estar ansiosa por ver a otro. Mi adrenalina sumaba a la expectativa que me ofrecía Lionel y su esposa. Aun podía recordarlo encima de mí con sus ojos de cielo y su cabello oscurecido por el sudor. No tenía una relación con Peter como la que ellos tenían, o si, pero no del tipo que se suponía era normal. De cualquier forma acabaría pronto y eso en lugar de pararme en seco me incentivaba a cometer las más eróticas fantasías.
- ¿Sabes? ese tal Jim nunca me ha dado buena espina. Hay algo…
- No hay nada Peter. - volvimos al silencio
Llegamos a una elegante casa en los suburbios, en una bonita calle grande a metros del mar. Lo primero que se me vino a la mente. Son ricos. Y tienen dos cocheras. Sonreí de medio lado, los había tachado de enfermos y allí estaba, sabiendo que una de esas cocheras era una especie de averno privado. Recuerdo que cuando me habló de ellos la primera vez no consideré jamás el swinger, pero también había dicho que aquélla sería nuestra última noche. La verdad era que no sabía estar cerca de él sin ceder a sus deseos y los míos.
Cuando nos recibieron con esas sonrisas perfectas vestidos de marca, tan elegantes y sencillos al mismo tiempo recordé que Regi los había llamado muñecos Barbie y Ken, mis ganas de jugar estaban casi al límite. Fue como una película ante mis ojos, estaba totalmente anonadada por ellos y su casa.
Lionel saludó a Peter dándole un fraternal abrazo dedicándome al mismo tiempo una mirada sensual que claramente decía "sabía que nos volveríamos a ver", mientras que fugazmente mi mente revivía la escena de ambos empujando con fuerza a sus cuerpos uno contra el otro. Era una pervertida. Era inevitable. Aquello, además de distraerme envió una pequeña descarga eléctrica a mi vientre.
Camille estaba hermosa con su olor a Dior y su cabello lacio rubio rozando sus hombros, un nuevo corte que le quedaba muy bien. Me enganchó a su brazo comentando lo linda que me veía y que sus hijos estaban con su abuela unos días, su ama de llaves tambien estaba de permiso no antes sin dejarnos preparada una deliciosa cena en el horno. Como si fuéramos viejas amigas. Puede que para que me sintiera más tranquila o en confianza, o puede que fuera un eufemismo, pero me sentía aún más ansiosa. Me costaba concentrarme en lo que decía con su tibia mano sobre mi brazo y la sonrisa casi imperceptible de Peter sobre el muy apuesto Lionel, mirándonos de reojo.
A metros podía sentir su deseo despertar, porque era el mismo que yo sentía. Ese mismo deseo que corría desde el primer minuto que cruzamos esa puerta, de uno a otro en círculos de tensión s****l pura. Todos queríamos impacientemente lo mismo. Todos me miraban expectantes y enseguida noté que eso me daba por completo un poder absoluto. Era mi decisión y me excitaba a niveles que creí solo podía sacar a relucir un hueco oscuro como el Averno, pero no, mi deseo grupal había salido hasta la casa de una pareja experta en Swinger que conocían perfectamente a Peter, yo era su platillo nuevo. La que iniciaría este juego.
Sentí calor con sus miradas puestas sobre mí. Sentí las pocas ganas de todos de cenar, o de hablar. ¡Demonios! solo queríamos placer y no quería perder el tiempo en conversaciones banales cuando estaba tan caliente.
- ¿Prefieren cenar ahora o después? - Camille se acercó a mi oído y susurró - Muero por mostrarte mi colección y enseñarte como poner de rodillas a un hombre. O a una mujer - Me hizo sonreír. Eso no era eufemismo.
Sus labios rozaron el lóbulo de mi oreja, podía sentir la leve humedad de su aliento y mirarlos sutilmente arder ante la expectativa. Al mismo tiempo humedeció mi entrepierna.
Al igual que con Peter yo no quería conocerlos primero y coger después. Para mi era mas excitante conocerlos de aquella forma, de todos modos en una semana más quedarían en Florida y yo me iría a Paris. Vive ahora, pregunta después.
Entrelazo su mano con la mía, sin mirarlos me guío por un pasillo que atravesaba el living y el comedor hasta la enorme cocina. Cruzamos una puerta a la cochera. Habían dos bonitos autos del año deslumbrándome y de pronto cerró la puerta detrás de mí y me empotro en ella con fuerza haciendo que sus pechos chocaran con los míos. Estábamos solas. Sentí también como trataron de abrir la puerta, pero ella le había puesto el pasador.
- Lionel me contó sobre su noche con la profesora de matemáticas. Siempre fui pésima para las ecuaciones complejas. Me gusta lo simple. Tuvimos una noche ardiente con el relato detallado, soy mas creativa e imaginativa con su perfecta descripción de tu sexo y lo probaré esta noche - su mano se deslizó por mi pierna, arrastrando en su ascenso mi vestido - hace siete meses tuve un bebé, no me he divertido así en casi dos años y lo necesito
No podía respirar o pensar de lo sexy que era ese momento, se movía lenta y sensualmente contra mi cuerpo acercando más su mano a mi entrepierna. Cerré los ojos cuando casi me tocaba y sentí un golpe fuerte a la puerta justo detrás de mí, no era un intento de abrir.
- ¿Puedes siquiera imaginártelos detrás de esta puerta? quizá están haciendo lo mismo que nosotras ahora, tocándose
- Ya lo creo - musité apenas paralizada
-¿Amas a Peter? - otra vez esa pregunta en la que aseguraría que la respuesta era un no. No tuve siquiera la intención de contestarla - Aquí todos nos deseamos Maraí hagamos lo que nos plazca, estas en casa. Sé que es tu primer swinger con una pareja casada, pero te aseguro que será mejor que ese antro de Pete.
Se alejó y sentí como el aire volvió a inundar mis pulmones, giré a la puerta quitando el pasador mientras la seguía a través de los autos, indiscutiblemente tenía razón. Quería con todas mis ganas vivir un momento que la mayoría jamás vive. En un mundo normal las parejas no se comparten, existen los celos y la posesión. En un mundo normal esas mismas parejas se cansan de la rutina y terminan divorciadas o poniéndose los cuernos. Resoplé.
Sacó unas llaves de su bolsillo tomándome nuevamente de la mano ante una puerta cualquiera que decía "cuarto de herramientas" cerrada completamente con un candado simple de ferretería, no había tecnología de huellas o clave sofisticada. Puede que me esperara el cuarto rojo, aunque rezara herramientas pude imaginarme por completo que clases colgarían de las paredes. Mi sorpresa fue total cuando entré a la cochera ficticia, al falso cuarto de las herramientas y las medias luces de tonos cálidos me mostraron una habitación verde, con un jacuzzi encendido burbujeante a un lado rodeado de palmeras y arena artificial. Del otro lado estaba la cama redonda, rodeada por unas rejas hasta el techo como si fuese una prisión de la que colgaban cadenas hacia las azules sabanas de seda.
- Un oasis en el mar. Es precioso - suspiró Camille - Mi pequeño proyecto fetichista - soltó mi mano y caminó hasta una pared al lado de la cama. Al apretar un botón abría la puerta que escondía una X de madera con esposas a los extremos y a su lado un montón de gavetas se abrieron como escaleras. Todos los juguetes ordenados encima de gamuza verde. Me miró con intensidad sin perder esa sonrisa y caminó hacia un rincón en donde había un mini bar
- ¿Quieres beber algo? - reí irónicamente se parecía en muchas cosas a Peter, pero en versión femenina, a diferencia de que ella si bebió hasta el fondo el whisky antes de servirse otro poco
- No beberé. Gracias - escuchamos un ruido en la cochera, la real, la puerta estaba abierta.
- Se divierten sin duda
Volvió a beber su trago entero y comenzó a desnudarse frente a mí. Sus prendas doradas fue lo único que quedó sobre su cuerpo. Era preciosa, sus senos redondos y firmes me hacían pensar en que había dicho que tenía un bebé. Estaban completamente llenos. Traté de no mirar demasiado al borde de los nervios, yo no era bisexual, no me gustaban las mujeres de esa forma, pero había fantaseado tanto con Camille el día anterior que ya quería tocarla para sentir que era real. Pasó por mi lado hasta el jacuzzi y se sumergió en las burbujas.
- ¿No vendrás?
- Si y mil veces si - pensé mientras me quitaba el vestido
- Para… - lo hice y la mire - Entra aquí con esa ropa interior de muñeca
Caminé al jacuzzi e intenté ver algo por la puerta de la entrada, pero no se alcanzaba siquiera a escuchar. La arena era suave, me metí lentamente, estaba tibia y podía oler el perfume de las burbujas. De pronto estaba de pie frente a ella quien me miraba de arriba debajo de esa forma que conocía tan bien. Deseo. Se arrodillo frente a mí mientras sus manos húmedas me recorrían las caderas, la cintura, hasta apretar suave y delicadamente mis pechos. Su boca se plantó encima de mi ombligo, sus manos no dejaban de recórranme, al sentir su lengua trazar un camino que descendía por encima de mi encaje rosa hasta ese punto fue inevitable el calor que me inundó. Comencé a dejarme llevar desde antes. Mis manos rodearon su cabeza mientras recibía sus lamidas lentas y precisas, una tras otras acelerando mis latidos y mi respiración. No podía soportarlo demasiado. Dejé que fuera ella quien bajara lentamente el mismo encaje que había subido por mis piernas ansiosa por estar precisamente en ese punto. Mirarla disfrutarlo con los ojos cerrados, observar como con una mano me acercaba a su boca cada vez más intensa mientras tocaba lentamente su pezón erguido me arranco un profundo gemido. Ella lo hacía diferente. Era muy distinto a la fuerza de un hombre, era lento, delirante y quería correrme en su boca mientras su lengua jugaba con mi clítoris. Sus movimientos eran cada vez más rápidos y mis gemidos iban en aumento. Iba a suceder, quería que sucediera.
- ¡Maldición! - escuche la exclamación que nos desconcentró en el acto
Ellos estaban sin camisa parados en medio de la habitación mirándonos fijamente. Lionel terminó de desabrochar su pantalón fino y en un segundo se deshizo de todo vestigio de prendas que dejaba ver que estaba más que dispuesto. Me sumergí en el agua para tratas de aliviar mi pequeña y deliciosa frustración, pronto quede en medio de ambos quienes se sonreían con complicidad. Lionel desabrochó mi brasier y con una sonrisa arrojándolo a los pies de Peter
- No entraré allí
- Vamos Pete. Si no entras nos comeremos a tu chica y no dejaremos nada para ti - Camille acarició mi mejilla y me hizo reír.
Lionel no hacía más que mirarnos a ambas con hambre. Esa ansiedad no la había visto aquella vez, era más calculador y paciente. Supuse que la idea del sexo con amor desataba enormemente cantidades incontrolables de oxitócina, serotonina y dopamina. Era libre de sentir. Miré a Peter y la pregunta volvió a atormentarme. ¿Lo amo?. Lo observé arrastrar una silla frente al jacuzzi y deshacerse de su ropa. Al ver su anatomía me relamí los labios. Se sentó frente a nosotros como un espectador haciendo reír a sus amigos. ¿Que tenía en contra del agua que no fluía?. Sentí las manos de Lionel sobre mis pechos atraerme en medio de sus piernas. El final de mi espalda chocaba con su dureza cortándome la respiración, mientras que mis ojos se clavaban en Camille. Ella lo estaba disfrutando. Se acercó a nosotros anclando sus piernas alrededor de nuestras cinturas y comenzó a moverse despacio contra mí. Cerre los ojos de lo bien que se sentía y me recosté del hombro de Lionel, ambos se restregaban contra mi cuerpo al ritmo lento de las ondas que creábamos entre las burbujas. Nuestras respiraciones comenzaron a ir al unisonó. Gire un poco embriagada otra vez, para ver a Peter disfrutar en solitario con un movimiento igual de lento. Era una tortura estar sintiéndolos y necesitarlo cerca.
No podía ver a el hombre detrás de mí, pero si a Camille quien le dedicaba miradas cargadas de amor y lujuria. Me entregué a ambos deseando sentir la poderosa conexión que tenían. Desee ser su juguete con tal de que siguieran deseándose de ese modo. Nuevamente el ritmo aceleró. Los gemidos de él me llevaron a ese escenario en el Averno, lo reconocí y me encendió. Mis manos debajo del agua buscaron su sexo, tracé círculos, introduje un pulgar y finalmente la escuche gemir al mismo tiempo que seguía moviéndose hacia nosotros.
De pronto paró cuando los tres estábamos mas a gusto y nos miró. Se acercó a él dándole un profundo beso conmigo en medio que me cortó el aliento, al tiempo que movía mi mano en su centro. Endemoniadamente erótico. Se alejó de nosotros envuelta en espuma, tomó una toalla y me miró.
- Bienvenida oficialmente Maraí - caminó hacia Peter y como si nada se sentó sobre él. Introdujo lentamente todo frente a nuestros ojos. Lo que sentí fue raro, complejo, excitante, embriagante, desafiante. Giré a Lionel y le sonreí
- Hay un material anti sonidos en las paredes - me susurró - puedes gritar si quieres, o gemir tan fuerte que ellos te escuchen
Pasé la lengua por su barbilla mientras él me tomaba de la cintura acariciando su sexo con el mío.
- Gemí - es una locura
- Es la clase de locuras que pocas personas te despiertan. Estas tocándome, pero pensando en él, sintiendo su respiración y su deseo aunque esté a metros. Ella está conmigo. Su placer es el mío.
- La amas. ¿Por qué no sientes celos?
- Porque estoy completamente seguro de que me ama. Lo hacemos por los dos y es excitante
Lo sentí dentro de mí en silencio, porque mientras lo hacíamos con extrema lentitud queríamos escucharlos.