Oasis (Tren de energías)

3130 Palabras
Era divertido y excitante el juego. En algún punto mientras estábamos todos juntos compartiendo energías, ganas y placer olvidabas con quien estabas, era como bailar en una disco repleta rozando cuerpos en el éxtasis de algún trago que nublara tu mente. La música era reemplazada por los gemidos. Las luces de colores que titilan al ritmo eran sustituidas por la luz tenue del espacio verde menta, por los poros nos escurría el deseo intenso. Éramos piel y manos en busca de algo que no parecía saciarnos. El sentimiento egoísta de sentir a plenitud mientras tocabas un cuerpo perdido en intenso goce hacía más poderosa la sensación de estar en otro mundo, uno muy lejano del que no querías escapar y tan cercano que podías aspirar. Camille controlaba la situación como buena anfitriona y nos tenía danzando a su conveniencia, algo que agradecía y me encantaba. Me hacía desearla. Abrió la jaula en donde se encontraba la cama envuelta en seda azul e hizo pasar a su esposo dejándolo caer sobre la cama para devorarlo como una tigresa. Sentí a Peter aprisionarme contra los barrotes fríos, uno de ellos se incrustaba entre mis pechos al tiempo que con sus manos controlaba mis caderas llegando sin demora hasta el fondo dentro de mí. Gemí mientras me sujetaba fuerte con ambas manos en los barrotes. Tomó mi barbilla suavemente en contraste con sus arremetidas gimiendo en mi oído. Ambos observábamos el espectáculo que nos ofrecían en frente siguiendo un ritmo acompasado y ellos de vez en cuando nos miraban también. Cada vez era mas fuerte, mas rápido y salvaje. Vi a Camille parar su cabalgata alejándose para correrse con fuerza retorciéndose sola, cerré los ojos y mi vientre se contrajo haciendo que Peter también parara. Mi mente se reprendió, pude controlarlo, solo porque quería hacerlo en grande. Esta vez no quería varios espasmos. Quería uno tan brutal que me dejara sin fuerzas para continuar. Mire a los ojos verdes brillantes a mi costado y me sonrió con malicia. Lo sabía. De verdad me conocía de ese modo, leía mi cuerpo como le venía en gana y eso me hacía querer siempre más. Lo adoraba, también lo detestaba porque no habría sorpresa, debía ser muy creativa. La malicia se apodero de mi, las ganas de entregarle lo que desconocía. Marcarlo en su memoria, dejarle recuerdos que no pueda reemplazar con otros cuerpos jamás. Entré a la jaula y me acerque directamente a Camille apartando su cabello de su rostro con delicadeza recostándola de la cama tiernamente, acaricié sus pechos duros, llenos. Mi boca los rodeo, no estaba pensando aunque sabía dulce. Todo el tiempo sentí un calor que me enloquecía al tiempo que mi lengua rodeaba su pezón erguido con suavidad. Su respiración estaba acelerada, escuche algunos improperios masculinos mientras que mi mano trazaba círculos en su muy humedecido centro. Las ganas de probarlo eran cada vez más intensas y sus manos me iban guiando con la misma delicadeza y suavidad con que yo la trataba, era muy distinto a un hombre. A ellos provocaba apretarlos con fuerza, ser salvaje. Finalmente cuando toque con la punta de mi lengua su clítoris haciendo círculos lentos la escuche gemir y retorcerse. Sentí unas manos en mi propio centro, casi en seguida y sin poder ver supe que no eran las de Peter, Lionel jugaba con la punta de su m*****o a lo mismo que yo con la lengua en su esposa. !!DIOS!!! cuanto quería correrme. Y aun más cuando lo escuché gemir de forma casi incontrolable. Me di solo unos segundos para girar y hacerme con una imagen. Peter lo tomaba del cuello con fuerza, y era quien guiaba a Lionel con los movimientos que me estaban enloqueciendo. ¡¡MALDICION!!. Fue en un abrir y cerrar de ojos que Camille alcanzo un arnés de cuero que ya había visto colgar de uno de los barrotes. Aun estaba saboreándola, era netamente químico que entre nosotros hace rato no hacía falta hablar. Entre Lionel y ella me lo colocaron en la cintura con una habilidad y rapidez increíbles. No dejaba de latirme el corazón, ni mi sexo. La mirada cagada de deseo de todos volvió a recorrerme como un rayo que no estaba segura si me debilitaba o fortalecía. Me guio dentro de ella y siempre pensé que no se sentiría nada, que engaño. Cada que la envestía como si fuera un hombre chocaba mi sensibilidad con la base del plástico n***o en forma de falo y mi propia humedad hacia que resbalara de una forma deliciosa ¡¡JODER!!!. Quería cogerla como un puto macho. Como ellos lo harían, como sentía claramente que iniciaría ese tren. Tracé miles de formas haciéndola gozar al tiempo que disfrutaba del movimiento. Lionel me inclinó hacia ella lo suficiente para que entrara en mi y ella me susurrara con la voz entrecortada que le diera fuerte. Era Peter quien imponía el movimiento detrás de Lionel y finalmente todos hicimos el ruido necesario como para poner a prueba esa espuma acústica de la que me habló. Pensé que todos nos correríamos en cualquier momento. Se notaba cuanto nos resistíamos en ponerle algún fin a tal proeza. Mis piernas comenzaron a temblar. Camille estaba muy sensible, sus rodillas aprisionaron mis caderas y volvió a correrse al mismo tiempo que lance una poderosa medición al aire y cerraba los ojos nuevamente para resistir. "Aun no Maraí" como si fuese la jodida voz de Peter en mi cabeza. Escuché los mismos gemidos descontrolados de Lionel detrás de mi mientras abandonaba de golpe mi cuerpo. Otra Maldición. Eran extraordinariamente calientes. Me quedé completamente quieta no siquiera podía moverme, respiraba de forma controlada contando números impares en mi mente. Ecuaciones que terminaran en números con décimas. - Escuche el susurro de Camille, la miré. Acaricio mi cabello como si fuera una mascota y rápidamente observé como limpiaba mi arnés, pero no lo quitó - Sabes darle uso y sé que lo disfrutarás con él Sabía que no se refería a su esposo, le sonreí. - ¿Estas bien? - Las manos que adoraba me rodearon la cintura y me pegaron a su cuerpo. Sentir en mi espalda su caliente dureza me confirmó que se deshizo del condón y que era nuestro turno. Quiso quitarme las correas atadas a mi cintura y lo detuve. Trataba de controlar mi respiración, pero me quede un par de minutos sintiendo en mi espalda la suya junto a su corazón latir con tanta fuerza, no podía concentrarme en nada más. Lionel estaba en la cama con su esposa y yo tomé valor sacando a Peter de la jaula. Me miró de arriba abajo y se detuvo en el arnés. - Te ves bien - sus ojos brillantes y esa sonrisa ladina. Me mordí el labio inevitablemente. Lo único que podía pensar era en poseerlo Tome en mis manos el plástico y le ofrecí el espectáculo como su fuese real. Reí y sin poderlo evitar el rio sin apartarme la mirada intensa, adrenalina directo a mis ojos. Era evidente que ese pequeño momento de complicidad nos unía de una forma diferente. Aceleraba mis latidos, me inundaba algo dulce. Quería de pronto besarlo y acariciarlo como aquella noche en su cama. Aparté ese pensamiento tan pronto me di cuenta de cómo me afectaba y miré a la pareja atarse con las cadenas que pendían sobre la cama. Deseaba a morir a Peter y claro que lo tendría, lo tendría por completo antes de que todo acabara finalmente entre nosotros y la distancia menguara esta potente atracción. Esa necesidad extrema que en el fondo tenía el propósito de llevarlo conmigo a pesar de permanecer alejada. Me acerqué tanto que mi arnés rozó su dureza, observarlo tensar los músculos, mirarme con ese derroche de deseo que le hacía lamer su labio. Estar tan cerca que podía sentir como retenía su respiración, me calentaba desde la punta de los pies hasta llenar mi cabeza de posiciones en las que tomaba su cuerpo a mi conveniencia. - Has conmigo lo que quieras Maraí - dijo en un suspiro reafirmando mis ganas, esas simples palabras desataron una mezcla química en la que pude sentir hormiguear mis manos. Las sentía arder mientras paseaban su torso suave, mis dedos acariciaron esa suave gamuza rojiza, nuestra música de fondo no dejaba de incentivarnos. Miré la silla en medio del cuarto, la misma silla en la que él nos miro en el jacuzzi y en donde Lionel y yo los observamos darse placer. Fui hasta ella y la arrastre con un sonido perturbador, casi el mismo insoportable de las uñas sobre un pizarrón de tiza colocándola con firmeza frente a la X de la pared. Esto me recordaba un poco a Juegos de tronos y era tan retorcido que me hizo sonreír, pero no claudicar. Las cadenas sonaban en la cama y sonarían en la madera. Me senté y até un tobillo, apenas podría cerrar las piernas por la reducida distancia entre los extremos. No me importó. Se acercó a mi agachándose para atar mi otro tobillo y probé. Efectivamente no podría cerrar las piernas, reí. Eso era en partes iguales divertido y excitante. Lo miré hurgar en una gaveta y sacar un sobre verde. Lubricante. Se colocó a horcajadas sobre mi mirándome con negación. - Tu estás loca. - No más que tú Alcancé la cadena que pendía de un extremo superior de la X y la até a su muñeca, lo mismo hice con la otra al tiempo que arrancaba de su mano el sobre verde. Lo leí (SABOR A LIMON). Me hizo reír otra vez y como si fuéramos unos niños reímos juntos por un rato hasta que me besó. Todo entre nosotros podía tocar el terror de los extremos de un segundo a otro. Fue un beso intenso y apasionado. Él tenia inmovilizados los brazos y yo las piernas. Un juego de coordinación. Mis manos se paseaban por su cuerpo y lo adoraban. Mi cuerpo creaba su propio lubricante. No estaba completamente sobre mí, se movía, nos movíamos. Tenía el poder. Abrí con mi boca el sobre y lo lamí. LIMON. Cerré los ojos acaricié su trasero, sabía lo que quería, lo que queríamos. "Hazlo" gimió y yo intenté cerrar las piernas para contener una punzada, pero al no poder me moví contra él para sentir un poco de alivio. Vertí un poco al final de su espalda y aunque no podía verlo imaginé perfectamente como el liquido corría hacia abajo, seguí con mis dedos su curso hasta llegar al sitio. ¡OH DIOS MIO! cerré los ojos contra su pecho mientras lo escuchaba gemir imponiendo el ritmo de mi curiosidad en círculos, cada vez más profundo. Divino. Era como si lo hiciera conmigo. suave, poco a poco, circular. Me desconcentraba un poco la forma en cómo me exigía mas y la idea de lastimarlo. ¿Ellos también tendrían ese pensamiento sobre nosotras?. ¿Es por ello que siempre iban preguntando si estábamos bien?. Estar de ese lado era realmente un trabajo mental, pero lo estaba disfrutando como jamás imaginé. - Se detuvo y me miró - Tendrás que tomarme ahora Sonaba a orden, pero era más una súplica muy leve. Me resistí. Quería que me suplicara, que me rogara que lo tomara con la misma fuerza que Lionel, que todos esos hombres que pasaron por su vida. Tomé el plástico de mi arnés y comencé a jugar de la forma en que ellos lo hacían. Evidentemente no se sentía lo mismo, para mí era como un reto constante a su deseo y entre mas se excitaba, mas alimentaba mi libido de eso se trataba. Su caliente y dura erección rozaba mis pechos, las cadenas que ataban sus muñecas sonaban cada vez más al compas de las del fondo. Todos gemían y yo escuchaba con mis manos ocupadas - Hazlo ya por favor, Maraí - música para mis oídos, poder a la reina pervertida que habita en mí. No lo hice. Gimió y al levantarse dejo a el alcance de mi boca su delicioso suave y erecto m*****o, el que aproveché por completo para saborear. Se movía con desesperación hacia mi garganta al tiempo que sostenía sus caderas. Gemía casi sin fuerzas dejando caer se cabeza hacia atrás. QUE ERÓTICO. Mi lengua alcanzo a probar nuevamente el sabor del limón cuando me escurrí en la silla para alcanzar más. Era yo quien estaba a punto de rogar poseerlo, pero en un acuerdo implícito volvimos a la misma posición de antes, rodeando por completo mi cintura con sus piernas y finalmente tomé el control del plástico para hundirlo lentamente en su cavidad. ¡¡DEMONIOS!!!. Ambos gemimos de placer. Mis intentos de controlar los espasmos pequeños de mi vientre al querer cerrar las piernas me dolían, me incitaban. Me besó nuevamente mientras subía y bajaba a su propio ritmo. Lo sujeté y cuando decidí que era tiempo comencé a moverme hacia arriba cada, vez mas rápido sin salir dentro de él y el sonido me volvió loca, me saco de este mundo. Mi mano fue directamente entre nosotros y comencé la felación mas caliente que he hecho rozándola con mis senos. Se sostenía fuerte de las cadenas, totalmente quieto porque era mío. Y mis movimientos tal como con Camille me daban placer. Lo sentía completamente duro y tan caliente que supe que se correría. Aumenté mis envestidas y el movimiento en mi mano. El sudor me recorría la espalda, resbalaba en la silla, alcancé solo a lanzarle una mirada antes de que con gemidos roncos y guturales se derramara en mi mano. Me apreté contra él hasta el fondo y me removí antes de correrme intensamente sin poder cerrar las piernas. Grité de placer y dolor. Sentí que no tenía fuerzas e iba a desmayarme. No sé cuánto tiempo pasé en ese estado tratando de recuperar el control de mi cuerpo, temblando contra el suyo. De pronto mis tobillos se liberaban de su prisión, seguía aferrada a Peter así que no era él quien quitaba las cadenas. Lo sentí abrazarme con su corazón desbocado. - Descarados. Nos hicieron corrernos solo con mirarlos - Era la voz de Lionel y escuche reír a Camille - Son hermosos. Tenías razón. - No abrí los ojos, pero sentí a Peter alejarse muy lentamente de mí haciéndome extrañar el leve peso de su cuerpo - ¿Ella hace esto a menudo?. ¿Quiero decir.. no querer volver a la realidad? - Lionel seguía hablando mientras analizaba rápidamente lo que acababa de suceder. En donde estaba y con quienes. - ¿Quieres un trago Maraí? - Abrí los ojos lentamente como si despertara de un sueño - ¿Tequila? - pregunté o casi jadee y Peter me besó en los labios rápidamente - Camille me sonrió - ¿Qué tal si vamos todos a las duchas?. Esto ha sido maravilloso. Cuando el arnés desapareció de mi cadera momentáneamente me sentí como si me hubiesen quitado algo importante. La mente tiene mucho poder. Tardé unos minutos en desvincularme mentalmente de él. Verlos abrazarse y comportarse como novios entre risas y besos después de la intensidad de lo que hicimos, después de compartir el sexo con otras personas era más que confuso una confirmación de que se puede amar de muchas formas. El amor no desaparece con otro cuerpo. Eso era realmente una mente abierta, no el aceptar diferentes sexualidades. No acostarse con todos y todas. Sonreí con la vista fija en el cuadro romántico que no se percataba de nada más. - Te lo dije… - Peter me susurró divertido recostándose de la pared a mi lado y extendiéndome una copa de tequila margarita. Estaba delicioso y si lo necesitaba – tienen lo que todos anhelamos - Supongo que les ha costado años, peleas, días malos y experiencias nefastas llegar hasta aquí. - Supones bien. No es sencillo, pero si queremos y tratamos… - Sentí la garganta seca, tomé de mi trago entero casi de un suspiro – ¿de verdad crees que nosotros podríamos tener algo como esto? - Hemos tenido en poco tiempo mucho más de lo que logre con cualquier persona antes. - Quizá seguimos intentando repararnos - He dejado suficientemente claro lo que quiero contigo. - Tomó mi mano - ¿No lo quieres? Los latidos acelerados de mi corazón fueron distintos, sentí ganas de llorar, me sentí atrapada y es que después de un derroche de energía e intercambio como ese era perfectamente natural que los sentimientos se apoderaran de nuestros cuerpos, porque finalmente somos humanos. Humanos que entregamos más que nuestro cuerpo, pero había aprendido que esos sentimientos pueden llegar a ser confusos, irreales y exagerados. No respondí, lo miré directamente a los ojos esperando que los leyera como cuando teníamos sexo, podía ver que seguía esperando una respuesta. Quizá era una cobarde que se creía valiente. - ¿Cenamos? - Lionel con su enorme sonrisa de satisfacción Al salir del oasis toda esa tensión s****l que nos envolvía cambió a la complicidad de unos amigos muy cercanos. Hablaban y reían mientras me contaban como se conocieron. Tenían una foto colgada en la pared de la inauguración del Paradise en donde salían los tres frente a la barra. Realmente eran muy amigos y lejos de sentirme parte como pretendían evidentemente me incomodaba ser la única que sabía que no lo sería jamás, pues mis proyectos estaban lejos de allí. - ¿Cuéntanos Maraí como conociste a Peter? - Realmente fue muy sencillo. Entré al bar a beberme una botella de vodka por la tarde cuando ni siquiera había comensales o bebedores. Me emborrache, le conté mi trágica historia sentimental y no sé si por cortesía o pena me arregló el cabello, la ropa, la vida mostrándome que era más de lo que no veía en el espejo - ¡Vaya resumen! - exclamó Camille mientras las lagunas de Peter me miraban fijamente Aunque la invitación a volver quedó abierta y fingí aceptarla sabía perfectamente que no volvería. Esta vez fue mi silencio el que se instaló en el auto. - Vamos al departamento - dijo sin mas - ¿No te parece que hemos hecho demasiado por hoy?. Me duele todo. - Quiero dormir contigo - ¿Dormir? - Abrazarte, amanecer a tu lado, verte remojarte una hora en la tina, prepararte el desayuno - No tengo energía siquiera para negarme - Detuvo el auto orillándose - Niégate ahora Maraí, respetaré como siempre tus deseos. Por favor habla conmigo. - Lo miré unos segundos - No puedo - Tampoco yo Fui yo quien lo abrazó dejando pequeños besos tiernos en su espalda mientras dormía. Me repetí varias veces la pregunta a la que contestaba que NO hasta quedarme dormida.
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