La última noche

4561 Palabras
Me miré al espejo esa noche, la última noche que lo tendría a placer en ese lugar porque así lo había decidido. Mi cabello caía sobre mis hombros y mi mirada estaba ensombrecida por un maquillaje tan fuerte como mi determinación, mi boca era de un rojo sangre como el esmalte de mis uñas y había elegido un atuendo esa misma tarde en una tienda de artículos sexuales. Jamás había entrado a una, y al recorrerla en un principio me sentí cohibida, pero era una mujer adulta que sabía bien en donde radicaba el máximo de su placer. Luego las imágenes de ese lugar, las cosas que podría hacer con cada juguete y artículos tan variados me hizo sonreír. Mi sexualidad nunca había estado tan despierta como entonces, como en sus brazos. Recordé las palabras de Regina cuando me dijo que si debía caer debía hacerlo con estilo y eso es precisamente lo que pretendía, si me despediría del hombre más adictivamente sexy que había conocido en mi vida lo haría a lo grande. El látex cubría solo lo necesario y las medias negras me llegaban justo en donde se sujetaba a las tiras rojas del escaso encaje que a él tanto le gustaba. Subí el cierre metálico de un ajustado vestido de semicuero n***o dejando una sugerente apertura, me ajusté las botas altas y me colgué mi abrigo gris. Sí, parecía otra mujer, la mujer que siempre estuvo escondida detras de la cuadriculada profesora. Me gustaba el juego que sacaba a relucir a esa sensual y decidida persona segura de si misma y mas me gustaba el sitio a donde iría a exhibirlo. La expectativa de mi plan me corrió por el cuerpo como un escalofrío que terminó en un hondo suspiro. - Me distraje mirando el letrero y el cristal encendido en llamas - Maraí, Bienvenida a tu tercera y última noche como invitada. Oficialmente después de esta noche podrás entrar cuando gustes. Sólo debes firmar... - No firmaré gracias. Ésta realmente es mi última noche - Las órdenes de Peter fueron otras - alzó la ceja de su adusto rostro para inmediatamente fruncir el ceño - No me guío por sus órdenes y él lo sabe. No volveré - ¿Estás segura? - Completamente Ni porque fuera la tercera vez que estuviera allí se aligeraba la sensación de liberación o desinhibición que se respiraba apenas se pisaba la alfombra roja. A mi alrededor las caras nuevas y algunas conocidas me devolvieron la mirada que siempre me hacía más pesada la ropa, que me hacía agua la boca. Caminé directamente al salón de sangre y no era que tuviese un plan en concreto, era imposible planear algo que siempre se da espontáneamente alentado por el deseo. Me detuve en un pequeño escenario iluminado en donde observé cómo un hombre con correas en su pecho tejía nudos con fuerza, mientras daba vueltas a una cuerda negra alrededor del cuerpo de una chica que no se movía, incluso cuando apretaba más fuerte solo emitía un pequeño quejido a través de la bola roja asemejada a una manzana en su boca. Era como un animal atrapado justo para ser devorado. - Mi ama dice que debe usted quitarse el abrigo si quiere permanecer aquí - alguien me hablo al oído de forma dulce, al girar una mujer miraba sus pies al tiempo que me repetía el mensaje - ¿Quién es tu ama? - Lady Bástian - Entrecerré los ojos- ¿En dónde está? Me extendió la mano como Peter lo había hecho muchas veces sin mirarme a la cara, tardé en tomarla porque sabía lo que significaba, pero finalmente lo hice y me guió por el salón. Tenía un collar que parecía de un canino, con una placa de hueso en un rosa muy coqueto como único color en su atuendo de mallas negras y correas que apenas tapaban sus atributos. En una esquina elevada como en un trono en un sillón rojo de terciopelo estaba una alta mujer rubia de cabello muy largo, vestía con una red de hilos negros que la cubría desde el cuello hasta los pies en donde llevaba unos altísimos tacones de aguja dorados. En sus piernas tenía correas de cuero con hebillas doradas y lucía cadenas de oro que caían por su pecho masculino, aunque su cuerpo era el de una diosa de piernas esculpidas, de músculos tonificados, cintura de avispa y uñas doradas tan largas que brillaban al moverse con la poca luz del rincón. Su rostro, o lo que podía ver de él era fino y sus ojos tenían un perfecto maquillaje egipcio que enmarcaban sus ojos claros con unas pestañas largas. Su cabeza y su boca la tapaba una prenda llena de brillantes que se cerraba en su extensión rubia como la cola de un caballo con una hebilla dorada que rezaba LB. En su cintura se ajustaban mas correas de cuero con hebillas al igual que en sus dedos extendiéndose por sus muñecas hasta sus codos. - ¿Por qué estás aquí? - preguntó con su voz afeminada y gruesa - Quiero domar a alguien que ha estado enloqueciéndome por semanas - Lassie quítale el abrigo - ordenó a lo que supuse era una de sus sumisos pues tenía a su lado a un hombre con el mismo collar de perro rosa Lassie era la chica que me llevó hasta ella y era el nombre que llevaba en la placa. Accedí a la orden y me miró de arriba abajo con detenimiento removiéndose en el asiento - Acércate. ¿Quién es tu víctima? - Dí unos pasos hasta su trono altivo. Se inclinó hacia a mi haciendo sonar las cadenas en sus muñecas, tenía los ojos de un dorado aterrador que supuse eran lentillas. De cualquier forma no me intimidaba - Peter Connolly - Estalló en risas estridentes recargándose en su trono - ¿Eres una Ama? - fruncí el ceño - ¿Has domado alguna vez a alguien? - Nunca lo he hecho… - A ese no hay quien lo dome cariño, pierdes el tiempo y más si no tienes experiencia - Estaba decidida - Si lo hago esta misma noche y aquí... si logro hacer que ceda… ¿Qué ofreces por el espectáculo?. - Juegas muy fuerte... pareces estar segura. Necesitarías mi ayuda - hizo un prolongado silencio retándome con la mirada - ¿Eres quien lo trajo de vuelta?. ¿Su profesora?. Escuché que dieron un espectáculo delicioso en los privados y él no se aparece por aquí desde entonces - Parpadee incrédula, ese hombre no podía dejar de tener sexo - ¿Ves esta silla? - miré atentamente las correas gruesas de cuero que se arrastraban por el suelo y que seguramente inmovilizarían a cualquiera encima de ella. En la pared rezaba el nombre de Duqueza en letras doradas que se encendían y apagaban - Quiero que lo ates aquí y lo hagas sufrir, hazlo rogar siseó con malicia - odia eso y nunca lo he visto ceder. Si realmente alguien puede hacerlo eres tú. A cambio, mis canes y yo nos uniremos a tu fiesta. Les daremos placer a ambos - Acepto - respondí rápidamente sin siquiera pensarlo Su mirada penetrante parecía transmitir extrema sensualidad femenina. Miró directamente a una esquina en el techo, seguí su mirada hasta una cámara de seguridad y me pregunté si Peter estaría observando porque aquello era un desafío. Sonreí con malicia. Mi juego estaba por comenzar, ahora sí que tenía un plan concreto. Estaba dispuesta a todo. -Balto. Quítale ese bonito atuendo, pero déjale las botas y muéstranos como saboreas ese manjar, a alguien no le gustará - Si mi Lady - respondió con una inclinación el hombre atado a su lado Acercó al hombre sujeto soltándole del cuello. Él era alto, delgado de piel morena y brazos fuertes. Olfateó mi cuello y paseo sus manos por mi cintura hasta apretar ligeramente mis pechos. Me erguí y alcé la barbilla mirándolo de reojo como si fuera su superior, quizá para infundir un cierto respeto hacia mí, pero sin detener sus avances. Lentamente bajó el cierre del vestido y cuando se abrió completamente observe como Duquesa inclinaba su cabeza y hacía un ademán para que continuara. Balto rodeó uno de mis pezones pellizcándolo para endurecerlo y dejé escapar el aire. Realmente estaba bien entrenado y sabía qué hacer con esas manos porque me estaba dejando en un punto sin retorno, estaba a punto de entregarme y era lo que deseaba. Lo tenía a mi espalda desatando el bonito brasier de encaje que lanzó directo a los pies de su ama. Con una simple mirada dió una orden a la chica que no entendí hasta que llegó hasta mi y atrapo uno de mis pezones con su boca. Balto tenía el otro y la acción doblemente erótica me hizo cerrar los ojos de placer, lo estaba disfrutando, me gustaba que la Duquesa mirara mientras se tocaba su propio cuerpo. Me pregunté si era travesti o transgénero. De cualquier forma era muy sexy y me dejé llevar - Escuché su voz a través de los gemidos cercanos y los gritos de fondo que se acoplaban a la música delirante - Maraí no puedes de ninguna manera disfrutar esto sin mi - Abrí los ojos casi ebria y le sonreí - puedo y quiero - le refuté con altivez, él iba completamente desnudo. Me relamí los labios al contemplarlo y no era la única - La Duquesa se acercó a nosotros ordenando a sus canes parar con una correa rosa como la de sus sumisos en su mano - ¿Por qué no disfrutas del espectáculo simplemente Peter?. No seas egoísta. La profesora quiere ser parte de mi manada -Bástian eso no sucederá -¡Ahh no!. Que decida ella que hacer entonces porque no tiene collar Me miró profundamente de una forma que supe de inmediato era una advertencia. No se quedaría a observar y no quería que me pusiera ese collar. Era mi oportunidad. Me acerqué de forma sensual y acaricié su pecho tibio, su cuello y le susurré al oído - Confía en mí esta vez Rory. - Me miró unos segundos acariciando mis labios - Sólo recuerda que el máximo de tu placer debe ser para mí. Recuerda que tu cuerpo puede ser a placer de quien quieras, pero cuando estalles será sólo mío y si te pones ese collar no lo entenderán así - Tengo un acuerdo con la Duquesa, además siempre ha sido de ese modo. Siempre he sido para tí incluso cuando estoy sola Finalmente me sonrió y esa parte perversa que no descubrí hasta conocerlo se apoderó de mis sentidos. Lo hice subir a la silla de la duquesa y solo una mirada a ella bastó para que enviara a sus canes a atar todas las correas, mientras no me apartaba la mirada. Sus tobillos a cada lado de las patas ornamentadas de acero n***o de la silla, una que cruzaba su pecho que Balto apretó hasta que quedara excesivamente justa. Sus muñecas en los apoyabrazos quedando completamente inmóvil. Verlo allí a merced era leña a las brazas que me quemaban, que nos quemarían a todos. Me senté a horcajadas sobre él y tomé la última correa que cruzaría su vientre. La amarre con tal lentitud que pude disfrutar de la tensión de su deseo que iba en aumento, fui delicada y lo acaricié tiernamente mientras suspiraba y casi ni podía extender el pecho para respirar por la atadura. - ¿Quieres matarme?. ¿Aun estas molesta por lo de Lionel o lo del parque? - Disfruta esto Rory. Deja de hacer preguntas Volví casi a donde lo había dejado con los canes y la duquesa se acercó a su trono susurrándole cosas al oído que lo hicieron cambiar de expresión. Teníamos un sillón frente al trono de la duquesa sitio que sus canes usaron para tenderme con adoración, desde allí podía ver amarrado en la silla a Peter impasible. Dos bocas me recorrieron el cuerpo arrancándome suspiros de placer. Cuando vi llegar a mi espalda a la Duquesa con un hombre alto y de piel muy oscura que llevaba rastas largas como las cuerdas en sus muñecas parpadee, al tiempo que ella se descubría finalmente la cabeza y el rostro mostrando lo que me había imaginado. Un rostro de muñeca y labios carnosos que resaltaba sobre su manzana de Adán. - Déjate llevar por completo Mara. Nerón es para mí. Mis canes son una pareja muy versátil. Usaremos juguetes, debes confiar sabemos lo que hacemos en este lugar - Besó mi boca como la escena icónica del hombre araña y soltó las cuerdas que ataban las muñecas de aquel imponente hombre. Una pareja muy versátil que estaba disfrutando de lo que sería una orgía - esto... - me enseñó un pequeño látigo de semicuero con lianas finas - no te dolerá… a ti - miró a Peter sonriente Frente a mis ojos Nerón paso sus manos oscuras por la fina cintura llena de correas y se introdujo en su oscura tanga para dejar al descubierto lo que Dios le había dado. Trague en seco, miré a la pareja darse un profundo beso apasionado antes de que ella se inclinara entre mis piernas y él se colocara detrás. El placer en sus ojos, el deseo de desinhibirse, la ausencia de cualquier vestigio de tabú era absolutamente excitante porque todos estábamos allí siendo, sintiendo, haciendo lo que nos daba la mentada gana a placer, a destajo, sin tapujos mandado muy lejos a las normas y reglas sociales que no cabían en ningún espacio de ese lugar. ¿Quien dijo que aquello no era Normal, que era normal?. ¿Antinatural? ¿Raro?. Si aquello era natural, excelso en estado puro, cristalino al expresar las ganas y tan liberador de mente y cuerpo… como cualquier droga. Los cinco estábamos viajando en otro plano y completamos una línea de placer cuando el m*****o de la duquesa se introdujo en mi boca. Nos comunicábamos de cierta forma al mismo ritmo al sentir placer. Mi vista se Peter se nublo, las posiciones cambiaron. Balto se deshizo de su condón para colocarse uno nuevo y sabía que era mi turno cuando me encontré encima de mientras Lasie me tocaba de una forma diferente de como lo haría un hombre, era más parecido a como yo lo haría y se sentía endemoniadamente divino, podía ver sus mejillas enrojecidas de placer. Sentí el látigo golpear mi trasero como un cosquilleo de electricidad que me hizo gemir y alguna lengua pasar por la misma zona aliviando el impacto, enviando montones de punzadas a mi centro. No iba a soportar tanto tiempo así sin desear correrme. Miré a Peter quien apretaba los puños y parecía un animal por la forma en que respiraba. Él ni siquiera podría masturbarse con la escena como lo hacían otros alrededor. Mi agonía también era la suya. No podía tocarme ni tocarse, aquello me excitó más de lo que creí y cuando me hundí en Balto los gemidos se hicieron más fuertes todos para él. La duquesa estaba siendo tratada de la misma forma por su enorme bestia que con cada embestida la hacía gemir más fuerte y poner los ojos en blanco. Le tocó el turno a Lassie de complacer a su ama. Tocábamos a quien nos provocase, besábamos, acariciábamos y el placer no menguaba, se acrecentaba y se traspasaba de uno a otro de la misma forma que estar con dos hombres o sólo con uno. Aquello era un festín de placer. Cundo imaginé una orgía jamás pensé que sería de esta forma y que la conexión fuera tan plena que no había nadie que no estuviese siendo atendido, al mismo tiempo las manos y el cuerpo buscaban por si solos otras manos y otros cuerpos como por instinto, para saciar nuestras famélicas ganas de sexo. Estaba tan extasiada de todo aquello que casi no podía respirar, escuchaba su voz tan lejana como si estuviese del otro lado del salón y no justo en frente "Mara ni se te ocurra córrete" y otro montón de maldiciones una tras otra. Pude verlo escasamente unos segundos antes de mirar a la duquesa encima de mi sonriente. Su mano se movía entre nosotras subiendo y bajando, llegando hasta una zona que no había sido explorada y con su pulgar trazo círculos. El olor a frutas eran lubricantes. Era increíble como deseaba algo como aquello, estaba entregada a sus manos - No lo mires, él no está entre tus piernas - me enseñó un artefacto plateado con una cola larga - Ahora eres parte de la jauría. Respira profundo Lo sentí como un invasor extraño y frío que se deslizaba en mi interior haciendo una presión distinta que contrajo mi vientre. No dolió tanto como esperaba, de hecho luego se sintió tan bien que su boca lamiéndome hacía de alguna forma aquella presión delirante, gemí cuando dejó de hacerlo y me ayudó a levantarme del sillón, no podía casi mantenerme en pie, las piernas me temblaban y el rostro de Peter estaba desencajado respiraba muy rápido. El sudor le perlaba el pecho y la frente como si hubiese estado con nosotros todo el tiempo, apretaba los puños atados, se mordía el labio, en realidad era por el esfuerzo que hacía para controlar su deseo y no desesperarse a nuestros ojos que era exactamente lo que queríamos lograr - Maraí suéltame ahora - bramó entre dientes cuando no pudo más - ¿Te gusta mi nueva cola? - le pregunté sonriéndole al tiempo que Balto me giraba hacia él y daba un paso hacia Peter. Escuche como Duquesa le ordenaba castigar al prisionero. Peter estaba a mi espalda sin poder tocarme mientras él frente a mi besaba mi cuello, tocaba mi trasero e introducía sus dedos un lugar que hasta el momento estaba demasiado sensible. Lassie estaba siendo poseída por la Bestia y Duquesa se recostó del sillón rojo a su lado paseando el látigo por su pecho y bajando hasta su hinchado y endurecido m*****o - Ya basta - resopló alterado - La única que puede cederte la libertad es ella cariño - dijo Duquesa mientras lo acariciaba de forma torturadora. Yo quería correrme y la presión que ejercía la cola y las manos expertas de Balto lo estaban acelerando. Me colocó frente a él para que le mirara los ojos enrojecidos, oscurecidos por la frustración y el deseo cuando apareció de pronto otro juguete. Un dildo transparente de círculos que iban desde el más grande hasta uno más pequeño - ¡Hazlos ceder Balto! que no se toquen - la orden nos estremeció a todos y la sensación me debilitó por completo. Gemí al punto de llegar y lo necesitaba. Me dolía todo el cuerpo, mi respiración me cansaba, no podía pensar ni luchar. - Por favor Maraí. Te lo suplico no lo hagas. No sin mí. - La súplica mi abrió los ojos de golpe. El sudor se me metía por los ojos, me solté de las manos de Balto y llegué a él acariciando su barbilla - Quiero tocarte - me senté a horcajadas apartando el cabello de su frente. Desaté la apretada correa de su pecho, acaricié las marcas rojizas que había dejado. Se veía como un animal enjaulado con mucha hambre, nuestros sexos se rozaban, pero no solté sus manos - Te necesito maldita sea y te odio por esto - desaté la que mantenía su cadera sujeta y tomé un condón del boll que estaba a un lado del sillón. A mis espaldas todos estaban ensartados en vapor y lujuria debía ser para él una visión encantadora. Lo vi contenerse como nunca mientras lo colocaba y entraba muy lento dentro de mí. Si bien ya había empezado esa fiestea sentirlo a él era distinto de otros. Quien sabría como explicar cuando tu cuerpo reconoce otro a precisión. El tornillo perfecto y hecho a medida. Ambos sentimos un alivio único. Comenzó a moverse debajo de mi y desencadenamos un ritmo acompasado a nuestras respiraciones, mientras la luz de la palabra duquesa destellaba en nuestros rostros - Suéltame necesito tocarte. - ¡No! - finalmente pude decirlo y estaba loca por hacerlo. Castigarlo hasta su punto sin retorno como tantas veces había hecho conmigo. Su mirada se ensombreció y opte por seguir con mi castigo moviéndome aun mas rápido, la presión era jodidamente mayor con esa cola y me sentía completamente llena. Iba a correrme en menos de un minuto Aceleré porque el cuerpo así me lo pedía. No solo el mío el suyo también lo sentía al límite y me aferre a su cuerpo - Por favor Maraí, Por favor nena no me hagas esto. Suplicaba de nuevo con su frente apoyada en mi pecho y algo dentro convulsionó, me llevó al clímax, me desmoronó. Un hueco en mi estómago, sus ojos, su boca. La sensación de que todo lo demás desapareció y vi venir el remolino de sensaciones infinitas. No sé como en medio de ello solté sus manos, pero lo hice y las sentí rodearme con desesperación, aferrarse a mi espalda mientras se hundía profundamente dentro de mí y también tocó esa cola, la removió mientras gemía de forma gutural. El momentáneo vacío y el reemplazo aun mejor desató una ola más grande de placer que sólo llenaba él con su cuerpo alcanzándome en un orgasmo que no parecía terminar y que hacía vibrar todo mi cuerpo. Con las últimas fuerzas que nos quedaban todo fue volviendo a la calma. A excepción de sus brazos rodeándome fuertemente. Nuestros corazones parecían entablar una pelea en medio. Me temblaba el cuerpo y las manos. Lo supe cuando el ruido del entorno volvió y miré su rostro. Jamás olvidaría esa mirada, acaricio mis labios, lo besé profunda y tiernamente por lo que pareció demasiado tiempo. Parecía que no quería nada más que estar allí en su boca bebiendo los resquicios del placer de su delirio, entregándole los míos. Subí el cierre de mi vestido y sequé mi cabello con una toalla lo más que pude mientras mi sensatez volvía de a poco, levanté la mirada solo para verlo salir de la ducha en medio de esa habitación iluminada. Me giré para no mirarlo demasiado, porque aún después de haberlo tenido seguía deseándolo y era un impulso más fuerte que yo, era adictivo. Necesitaba con urgencia poner en orden mi mente que seguía repitiéndome que aquello era una locura, que me gritaba que estaba a punto de cruzar la línea si era que no la había rebasado esa noche. Todavía sentía ajena a la mujer que entraba a ese templo de lujuria y se perdía en caricias de extraños. No sabía siquiera identificar el sentimiento que estuvo manipulándome toda la noche y giraba alrededor de él a pesar de que me tocaban tantas manos. Lo sentí detrás de mí, me rodeó la cintura besando mi cuello tiernamente y me aparté. - No has dicho ni una palabra desde que entramos aquí. ¿Te pasa algo…? - ¿Es cierto que… no venías aquí desde el privado? - Suspiró audiblemente para mitigar la molestia que le causaba la pregunta - vengo aquí siempre que puedo finalmente es un negocio, pero si te refieres a tener sexo… Solo vengo contigo - Fruncí el ceño y lo miré tratando de entenderlo, puede que estuviese con otras personas en otros lugares, pero de ninguna manera solo conmigo - Es la última noche que vengo aquí - Ya te dije que puedo extender esa estadía… - … te agradezco lo que has hecho por mí, te juro que jamás pensé que podría ser... que podría hacer... - Me acerque con los ojos fijos en los suyos, acaricié su mejilla - tal vez mi cuerpo necesitaba esta dosis alta de pasión y mi mente necesitaba perderse en algún motivo extraordinario para salir de mi burbuja de normalidad, o a lo que yo creía que era normal. Esta noche estuve consciente de tener sexo no sólo con una pareja que disfrutaba, sino con dos. No deja de parecerme extraño. Una parte de mi, la mas sensata me dice que esto es... Demasiado. - Quizá nos excedimos esta noche y debemos ir mas despacio - No quiero hacer de esto, hacer de ti mi vicio. No voy a usarte sin que me importe nada mas de ti. - ¿Te estás despidiendo de mi o de este lugar? - Créeme que todo esto me gusta, pero he hecho tantos cambios extremos en el último año que... necesito un descanso. Necesito pensar con claridad que es lo que realmente quiero y tu me confundes. ¡Quizá soy bisexual! - No eres bisexual.... sólo disfrutas del sexo como nunca antes - suspiró - ¿Por cuánto tiempo necesitas pensarlo? - No lo sé - ¿Es definitivo? - No lo sé - Sabes que podemos vernos fuera del segundo círculo. Seguir siendo amigos - Nunca fuimos amigos y no podemos ser solo amigos, ni siquiera podemos mantener las manos alejadas el uno del otro - ¿Entonces tu problema es conmigo?. ¿Que te confunde? - No puedo llenar mis vacíos con sexo sin involucrar mis sentimientos. No puedo ser como tu - me miro largamente sin emitir palabra mientras sentí ganas de abrazarlo, pero opté por despedirme como se debía y le di un casto beso en los labios - Adiós Peter - di media vuelta hacia la perilla - Maraí.... Puedes volver conmigo cuando te sientas lista, las puertas siempre están abiertas para ti, donde sea. Sin condiciones No tuve el valor de mirarlo por última vez ni la mente para procesar sus palabras saliendo lo más rápido que podía, sin notar nada más ni a nadie. Para no pensar siquiera en arrepentirme. También le dije Adiós al grandulón de la puerta convencida de que sería la última vez, mientras me entregaba las llaves de mi auto. Mi único pensamiento coherente era "Sal de allí y llega a casa, vuelve a tu zona de confort". Sin embargo no pude encender mi auto sin que los pensamientos me abrumaran. Pensé en las tres noches vividas en ese lugar y en las personas con las que me involucré. Mi deseo era increíblemente superado por el de ese hombre que era el único culpable de llevarme a tantos límites, él me enloquecía al punto de dejar de ser yo y ser para nosotros el mas grande big bang de placer con quien sea, en donde sea, sin importar nada ni nadie. Había experimentado más en tres noches atestadas de sexo con varias personas que en toda mi vida y me sentía superada por demasiadas sensaciones y sentimientos. Lo único que tenía claro era que me dejaría guiar por su placer hasta la locura, hasta el vicio. Peter con tanta amplitud s****l que confundía, con tanta energía que seducía, con tanto sexapil que atrapaba era claramente mi problema. En un minuto de juicio entre mis pensamientos vívidos de su piel y su sexo escapé, al rememorar mi aventura me relamí los labios y comencé a reír como una demente. Si me lo contara a mi misma hacía unos meses atrás no me creería. ¿Qué habrá querido decir con eso de "sin condiciones"?
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