1. Papá ya esta muerto, mamá.
Alice
Muchas personas hablan acerca de lo que es tener estatus y todo eso de lo que sea que hablen los ricachones.
Si, ya se que soy una, pero no estoy feliz en esta vida.
Esta llena de perjuicios y malas caras.
La doble moral esta en todas partes, para beneficios de unas y desgracias de otras.
Miro mis manos, en mi dedo anular resalta la enorme joya de compromiso que el extraño me envio, por medio de su chofer.
No sabia ni quien era.
—No entiendo que obtendremos de esto mamá — hablo desganada.
Mamá bufa, por quien sabe que numero de vez.
—Ya te lo dije Alice, es necesario, tu padre lo hubiera querido asi— ruedo los ojos, cansada de la misma historia.
—Papá ya está muerto, mamá— le reprocho.
Ella se voltea a verme molesta.
—Tú padre y el padre del señor Harrison, los comprometieron desde que eran pequeños, asi que no sigas con el tema.
—¿De verdad mamá? Estamos en el siglo XXI, no en el año del caldo— comienzo a meter cosas en mi bolso, busco mi celular y las llaves de mi camioneta—Ire con Rosie, buscare el vestido— mamá bufa, pero no me dice nada.
*****
—¿De verdad? Eso es inhumano, Alice.
Suspiro y luego sorbo de mi malteada.
—Es lo mismo que yo pienso, además, jamas he visto a ese hombre, no se si es un viejo rabo verde, o un que diablos— sorbo ruidosamente por la pajita.
Rosie es mi mejor amiga desde que tengo 10 años, su familia vive al lado de la mia, y siempre hemos sido muy unidas, al igual que mis padres lo eran con los suyos.
Pero desde que papá murio, todo fue diferente.
Mamá se encerró en su mundo de ricos, siguiendo las reglas de los estatus sociales y evitando cualquier escándalo que nos llevara a la deshonra.
—Por suerte, puedes escoger tu vestido y las cosas de la boda— asiento, terminando mi bebida.
—Él escogerá el lugar, yo quiero casarme en la playa— gimo molesta, ella ríe —Claro, burlate de mi desgracia— me toma de la mano.
—Tranquila, estaré a tu lado, como siempre— me sonrie cálidamente, y eso me reconforta.
*****
Mi vida habia dado un giro en cuanto mi madre me dijo que estaba comprometida con un extraño que nunca en mi vida he visto.
Y mi madre tampoco, solo sabe que su apellido es Harrison, y nada mas.
Por más que investigamos de ellos, nadie sabe cómo lucen, siempre se mantienen en las sombras por su alto estatus social y los hombres importantes que son.
Fascinante ¿no?
Me relamo los labios y paso un mechón de cabello detras de mi oreja, ojeando el libro que sinceramente, no estoy leyendo desde hace media hora.
Solo quiero distraerme de mi fea realidad.
Tengo 24 años, y solo somos mi madre, mi hermana y yo, con unas costumbres arcaicas que ya estoy acostumbrada a acatar.
Aun faltan dos meses para la boda, luego ire a vivir en la lujosa casa del señor Harrison.
Tenia lo suficiente para desaparecer de la faz de la tierra y alimentar a más de 8 generaciones futuras, no era una don nadie.
Era hija de un millonario de las industrias petroleras, tenia una empresa de bienes raices, y las pequeñas inversiones en diferentes ramas.
No todo era por mi padre.
Alice Renaldi era mas que mi nombre, aunque tambien habia estado en la lista de las solteras mas cotizadas del año.
Si, sin novio ya que mi madre también controla mi vida amorosa, sigo siendo virgen.
Aunque mis dedos no.
Totalmente, costumbres arcaicas.
******
Termino de comer, mientras veo entrar al hombre que me trajo el anillo de compromiso.
—Señorita Renaldi, buenos dias— me saluda con una sonrisa, entrecerrando los ojos como si intentara ubicarme.
Algo que será imposible, porque los tipos tampoco nos conocen, esto es demasiado raro.
El señor es más o menos de unos 40 años, su cabello ya presenta algunas canas, pero es bien visto.
—Hola...— entre cierro los ojos avergonzada por olvidar su nombre.
—Ronald, llámeme Ronald —asiento, levemente ruborizada.—El señor me envió a traerle este ramo de flores— me extiende el ostentoso ramo de alcatraces con un poco de duda, pero finalmente sonríe.
Odio los alcatraces, soy mas de azaleas u orquídeas.
—Umm, gracias Ronald, dile al señor, que se le agradece— le digo con una sonrisa incomoda, el ríe entre dientes.
—Se que es demasiado extraño todo esto, señorita, pero déjeme confesarle algo— se inclina un poco atrayendo más privacidad entre nosotros —Él no es un viejo como yo— se aleja y me guiña un ojo, le sonrío agradecida y se retira asi como llego.
Con un suspiro, miro las flores, y en esta encuentro una nota.
«Deberia de esforzarse más en los preparativos de boda, odio las rosas.»
Ruedo los ojos, haciendo bola la maldita nota.
Cínico el maldito.
Aviento el ramo sobre la mesa, haciendo un ruido sordo y escuchando como el vaso se rompe.
—¡Alice! Deja de estar haciendo berrinches— llega mama mirando el desastre, me da una mirada de reproche y niega con la cabeza.
—Ahora no, mama, no me quieres escuchar ahora— digo entre dientes, me levanto haciendo rechinar la silla y entro a la casa molesta.
Me dejo caer en mi cama, mirando el techo.
—Mi vida no puede estar peor.
Ademas de que me voy a casar, esta que mi hermana lo hara con el hermano del señor Harrison, si, yo soy la menor.
Tessa es tres años mayor que yo, pero su caracter, es lo opuesto a lo mio.
Ella es altanera y codiciosa, adora la vida de ricos que tenemos, y siempre busca más.
Suspiro mirando aun el techo color beige de mi habitación.
Todo esto es una jodida broma.
La puerta de mi habitación es abierta, y por esta entra Tessa como un tornado, embravecida.
—¿Y a ti que te pasa?— le pregunto en cuanto se deja caer a mi lado en la cama.
Ella bufa.
—Me dijeron que trajeron unas flores— alzo las cejas.
—Si, a mi me las trajeron— ella niega. Yo, más confundida no puedo estar.
—Ronald se confundió de hermana, realmente esto va a ser un problema— ruedo los ojos.
—Ya decía yo que eran demasiado feas para ser de mi gusto, ¿Tu escogiste rosas para la decoración?—
—Mhum—murmura, chasqueo la lengua.
—Tú prometido dice que pongas mas empeño, odia las rosas—ella gruñe contra el cojín y maldice no se cuantas deidades, haciéndome reir.
—Creo que tengo al hermano gruñon— sonrió, ladeó mi cabeza para verla mejor.
—El mio piensa que con joyas va a compensar el hecho de que me casare enamoradisima—digo sarcástica y ella suelta a reir.
—La ventaja, hermana, seremos más ricas de lo que ya somos— ruedo los ojos y me acomodo nuevamente en mi lugar.
—Siempre pensando positivo, tú — le digo con ironía, pero Tessa siempre piensa en los beneficios que le van a traer las personas, es muy ambiciosa y codiciosa, como ya dije.
Tessa y yo somos muy diferentes, como podrán ver. Tanto física como mentalmente. Somos blanco y n***o.
Ella tiene su cabello castaño, rojizo, y yo soy pelinegra. Ambas tenemos los ojos grises.
—Vamos, ali, tu y yo sabemos que no va a ser tan malo, ¿Cuantas personas no se casan por conveniencia?—arrugo la nariz.
—Ese no es el punto, Tessa ,yo si quiero enamorarme y que alguien me ame, no soy como tu que piensa en cuanto le pesa la cuenta de banco—
Ella rueda los ojos con hastío y se levanta de mi cama.
—Eso ya no importa, Alice, esto ya es un hecho, asi que no lo arruines— me amenaza, sale de mi habitación dando un portazo.
Con un sonoro suspiro, vuelvo a ver el techo de mi habitación.
Ahora mismo, es lo mas relevante que hay en mi vida, la decisión de cambiar o no el color de ese maldito techo.
Aun puedo decidir eso ¿Verdad?
Que desdicha ser una Renaldi en estos momentos, una desgracia.