Marcus Coleman era un chico realmente atractivo, su espectacular perfil excelentemente delineado hacía juego con sus impactantes ojos azules que eran un flechazo directo al corazón de cualquier mujer, su contextura física era todo un espectáculo para la vista haciendo que todos esos elegantes trajes que siempre usaba le quedaran divinamente bien, para los años ochenta, él era uno de los chicos más hermosos y cotizados de todo el país, y si a eso le sumamos que era el hijo de un marques increíblemente rico que era dueño de un impresionante castillo en una montaña a las afueras de la ciudad, tenemos al chico perfecto, el sueño de toda chica, sumamente elegante, joven, apuesto y millonario, todo el paquete junto en un mismo sujeto; vivía junto a sus padres y hermanastro en esa inmensa propiedad de la cual algún dia sería dueño indiscutible, así como de las inmensas bodegas de vinos exquisitos ubicadas en el corazón de Europa siendo el heredero oficial puesto que era el único hijo biológico del marques de los distinguidos vinos Coleman , su vida era como un cuento de hadas donde él era el apuesto príncipe que espera conocer un día a la princesa ideal para casarse y ser felices para siempre, un corazón puro latía en el pecho de este muchacho que amaba a los caballos de su padre, de hecho su hobbie favorito consistía en montar a estos finos animales por horas, cuidar de ellos, bañarlos alimentarlos él mismo con sus manos a pesar de que existían trabajadores dedicados a hacer estas tareas específicas, Marcus Coleman lo hacia encantado, su favorito era un caballo persa de color n***o llamado "azúcar", existía un maravilloso lazo de amistad entre ellos muy especial, no había un día en el que no lo montara por las mañanas.
Una mañana muy temprano los serviciales trabajadores de su padre habían alistado todo para el amable y joven marques, el caballo persa llamado azúcar estaba ensillado y listo para ser montado, pero extrañamente, Marcus jamás se apareció por el establo para realizar sus rutinas diarias, lo que sin duda era bastante preocupante para todos; las cocineras también hicieron notar su ausencia al notificar que el joven marques Marcus Coleman no había bajado a comer en toda la mañana, siendo todo un amante de la comida de estas adorables señoras que le tenían muchísimo cariño. Los rumores de la extraña ausencia de Marcus finalmente llegaría a los oídos de su padre a quien también le pareció bastante sospechosa esta situación, así qué decidió acercase personalmente a la recámara de su hijo para averiguar a qué se debía este repentino abandono de sus rutinas diarias, una horrible sensación abrumaba al marqués Coleman cuanto más se acercaba a la alcoba de su hijo, un extraño presentimiento le indicaba que algo no estaba bien, en el pasillo que iba a dar hasta la entrada de su cuarto había un silencio inquietante que no era común en el castillo, siempre existía una alegría rodeando el lugar, se trataba de la magia de su hijo llenado todo de felicidad con su ángel maravilloso, pero esa mañana se notaba todo muy diferente, no había duda, algo terrible le sucedió al joven marques Marcus Coleman, en la perilla para entrar a su habitación se podía ver pequeñas manchas de sangre, lo que provocó que su padre entrara rápidamente abriendo esa puerta abruptamente para encontrarse con la horrible escena de ver a su hijo muerto sobre su cama, alguien lo asesinó mientras dormía cortándole el cuello, al parecer murió sin siquiera saberlo.
Más de veinticinco años después este mismo Marcus Coleman era quien entraba repentinamente en la habitación de Kassidy atravesando la pared dejando a nuestra protagonista sin aliento por tanta belleza, pero de igual manera debía disimular su interés haciéndose la dura, la indiferente, aún no sabía con qué intenciones venía esta alma errante en su alcoba; Kassidy salió de su cama estando en pijama en la cual esa misteriosa esfera roja que le obsequió el señor piedamonta no dejaba de titilar incesantemente una y otra vez iluminado toda la oscura recámara a pesar de estar dentro de su bolsillo.
— ¡Es la esfera de el arcángel Gabriel! — expresó Marcus asombrado mirándola titilar — estás en muy grave peligro, debes darme esa esfera en este mismo instante.
— No entiendo, si estoy en problemas, ¿entonces para qué la quieres tú? — preguntó Kassidy dando un paso atrás.
— No hay tiempo para explicar, en este momento muchas presencias malignas están buscando esa esfera hasta debajo de la tierra, puedes estar corriendo un grave peligro si ellos llegan acá e intentan quitartela a la fuerza — dijo Marcus extendiendo su mano — debes darmela ahora.
— ¿Cómo puedo estar segura de que tú no eres una de esas presencias malignas? — preguntó Kassidy tomando esa esfera en sus manos para ocultar tras de ella.
— No tengo tiempo para esto, ya te dije ... ¡¡dame la esfera!! — gritó Marcus perdiendo un poco el control — esas presencias malignas te las quitaran a la fuerza.
— ¿Me la quitarán a la fuerza así como justamente estás tratando de hacerlo tú? — insistió Kassidy quien seguía dudando mientras ya se encontraba pegada de espaldas a la pared.
— ¡No puedo creer esto! , sólo trato de salvarte niña desagradecida, ¿tengo cara de ser el villano aquí?
— He visto muchas telenovelas, y creeme que ya no sé en quien confiar — dijo Kassidy quien no podía mantenerse seria ni siquiera en los momentos más difíciles.
— ¿No has notado algo muy peculiar con esa esfera? — preguntó Marcus.
— Si, ahora que lo mencionas siempre me he preguntado por donde se le colocan las baterías a estas cosas — respondió Kassidy con su humor incorregible.
— ¿Es en serio? , ¡noooo!, me refiero a que ningún fantasma puede tomar algo sólido con sus manos y sostenerlo a voluntad, a excepción de esa esfera que la pueden tomar de la misma manera vivos y muertos — aseguró Marcus — ¿quieres ver una demostración?
— Oye si me gustaría que .... ¡eh! ... muy buen intento presencia maligna, casi caigo en tu trampa — dijo Kassidy estando a punto de entregarle la esfera.
— Esto es en serio Kassidy, debes entregarme esa esfera ahora — insistió una vez más Marcus Coleman.
Una horrible sombra densa comenzaba a apoderarse de la pared frente a ellos, era como una mancha que iba haciéndose cada vez más y más grande, creciendo rápidamente opacando la poca iluminación dentro de la alcoba de Kassidy, la esfera no dejaba de titilar enloquecida mientras que de esas sombras comenzaba a emerger una figura espectral que iba tomando forma a medida que se desprendía de la pared, era un ser oscuro, una presencia maligna, era UN HOMBRE HECHO DE SOMBRAS.