El castillo del marqués Coleman es un lugar muy famoso en la ciudad vecina a la que vive Kassidy, llegar allí le tardó alrededor de tres largas horas viajando en autobús, pero sinceramente todo ese trajín valió la pena desde el primer momento que pudo observar esa maravilla arquitectónica que fue elaborada en el siglo dieciocho por los ancestros de la familia quienes llevan más de doscientos años siendo unos de los principales pilares en el negocio de hacer vinos de excelente calidad; increíble pensar que toda esa impresionante fortuna incluyendo también las extravagantes propiedades algún día hubiesen sido heredadas por Marcus de no haber muerto de esa manera tan trágica. Pero es inútil tratar de pensar en lo que nunca fue ni será, solamente queda aceptar las cosas como son y seguir adelante. Justamente eso es lo que había estado tratando de hacer Marcus en estos últimos veinte años. Kassidy notaba rápidamente el cambio en su rostro al momento de llegar al castillo de su padre, obviamente algo le estaba molestando muchísimo.
— ¿Sabes que puedes contar conmigo para lo que sea? — preguntó estando parados frente a la entrada principal.
— Si, claro Kassidy. Eso lo tengo muy claro — sonrió felizmente.
— Entonces quisiera saber, ¿que te pasa?
— Es solo qué.... — cerró sus ojos y apretó sus puños.
— Tranquilo, estoy contigo — lo alentó.
— No había querido regresar a este lugar desde el día que morí.
— ¿llevas veinte años sin ver a tus padres? — preguntó intrigada.
— Mi madre murió el día en el qué nací, no pudo soportar mi parto. La razón por la que nunca volví al castillo fue por mi padre, jamás quise verlo sufrir o llorar mi muerte, eso hubiese sido el infierno para mí. Así que decidí escapar, tratando de convencerme a mí mismo que no necesitaba volver, pero ahora que estoy acá...
— ¿Deseas ver a tu padre?
— ¡Más que a nada en el mundo!
— ¿Y qué estás esperando? — preguntó Kassidy con una sonrisa — ve a abrazarlo fuertemente. Él no lo podrá sentir, pero tú si.
— Si, seguramente lo haré cuando lo vea. Además quisiera ver a mi hermanastro Lou, y mi madrastra Gloria, a ellos también les he extrañado muchísimo.
— Bueno Marcus, ya estás en casa. Ve y disfruta.
— Tranquila Kassidy, aún no he olvidado la primordial razón por la que estamos aquí — dijo Marcus mostrando la esfera — dentro del castillo existe una bodega muy antigua que está santificada, es a prueba de espíritus. Fue construida hace mas de ciento cincuenta años, cuando las personas de aquel tiempo comenzaron a afirmar que el vino de mi familia estaba poseído por un demonio, solamente porque algunas personas se embriagan ingiriéndolo y luego se mataban unos a otros.
— Es por eso que debo entra yo, porque solo pueden entrar personas vivas a esa bodega.
— Efectivamente, entonces así nos quitaremos esa preocupación de que pueda caer en manos equivocadas.
— Perfecto, pongamos en acción éste plan.
— Recuerda, debes decir que eres una catadora de vinos que está interesada en invertir en el producto — dijo Marcus repasando el plan.
— Entendido, yo puedo hacerlo — murmuró Kassidy dándose ánimos a sí misma.
En las casa de Peter Strambur éste despertaba con un agudo dolor en la cabeza, dolor que lo obligaba a mantenerse en cama llevándose la mano a la nuca mientras cerraba sus ojos con fuerzas en señal de jaqueca debido al estremecedor golpe que había recibido; obviamente pensó que todo aquello fue un simple sueño, aunque no dejaba de tener alguna duda sobre esa sensación tan vivida, se sintió tan real todo ese poder corriendo por sus venas, la satisfactoria sensación de tener la frágil vida de Kassidy en sus manos. Amaba sentirse así, ebrio de un poder descomunal; pero no tenía prisa, seguramente la vida le regalaría una segunda oportunidad. En eso pensaba fantaseando mientras veía el techo de su cuarto.
— ¡Buen día! — decía Kassidy amablemente llegando a la caseta de vigilancia en la entrada principal del castillo.
— ¿En qué puedo ayudarla? — respondió un hombre adulto, calvo, y con una actitud bastante petulante.
— Si claro, soy una catadora de vinos interesada en invertir en los productos del señor Coleman por favor.
— jajajaja — comenzó a reír ese odioso sujeto sin razón aparente.
— ¿Dije algo gracioso? — preguntó Kassidy apenada tratando de sonreír con ese arrogante sujeto.
— Tres cosas niña, desde hace casi veinte años que no se le vende alcohol a menores de edad, desde hace como quince años que los catadores de vinos no vienen en persona al castillo, y por último es obvio por tu facha que no tienes un solo centavo. Ahora por favor desaloja el área antes de que llame a la policía.
— Eh... ¿gracias?, supongo — dijo Kassidy alejándose.
— ¡Qué hombre tan odioso! , ¡Marcus, debes hablar con tu padre para que lo despida! — reclamó Carl molesto.
— ¿En serio Kassidy, él está bien? — preguntó Marcus preocupado.
— No te preocupes por él, terminas acostumbrándote — respondió Kassidy agitando su mano.
— Bueno. Es claro que las cosas cambiaron en todo este tiempo que llevo muerto, así qué es hora del plan B, conozco otra forma de entrar al castillo sin ser visto.
— Perfecto. Entonces vamos.
Marcus los llevaría hasta un túnel que comenzaba en un pequeño riachuelo al otro lado del castillo. El túnel era la desembocadura del pequeño lago que adornaba el jardín de la extravagante propiedad digna de la realeza. Estaba bloqueado por una reja de metal que a simple vista parecía impenetrable.
— Esta era mi entrada y salida secreta del castillo cada vez que querían obligarme a algo. La reja tiene un barrote que puede quitarse fácilmente para que alguien de contextura delgada pueda pasar. Kassidy, eres casi del ancho que yo cuando estaba vivo y era mucho más joven; sin duda alguna podrás pasar sin problemas.
— Si. Lo intentaré Marcus.
Kassidy comenzó a girar el barrote de metal con mucha fuerza, pero sin lograr moverlo, los años y el óxido habían hecho estragos en el material sólido que constituía la reja en su totalidad, fue por eso que Marcus se vió obligado a ayudar usando su nuevo don recién adquirido, y sólo así lograron quitar ese barrote que apenas dejaba un estrecho espacio por donde Kassidy pudo pasar con mucho esfuerzo empujando su cuerpo contra los demás barrotes para continuar tranquilamente su camino al interior del castillo.
— ¡¡Kassidy!! — gritó Carl de manera desesperada — Espera, ¿por dónde paso yo?, ese espacio es muy estrecho para mí.
Marcus tomó el brazo del preocupado Carl quien estaba comiendo sus fantasmales uñas y lo llevó a que juntos cruzaran la reja atravesándola sin ningún tipo de problema.
— ¡Ufff!, eso estuvo cerca — expresó Carl pasando su mano por su frente.
El castillo por fuera era simplemente imponente, una muestra de las maravillas que es capaz de crear la mano del hombre, pero por dentro era una cosa de otro mundo. Un sitio sacado de el cuento de hadas más hermoso, un lindo sueño hecho realidad, un palacio para enamorarse llenando la vista de belleza y colorido. Kassidy estaba extasiada, por primera vez veía un palacio por dentro que no fuera en sus sueños, era justo como siempre lo imaginó, pero no había tiempo para hacer turismo; debían colocar la esfera del arcángel Gabriel dentro de la bodega santificada para luego salir de ese lugar lo más rápido posible procurando no ser vista. Los pasillos del castillo eran inmensos y solitarios con una oscuridad agradable que le daba un toque mágico que se no dejaba opacar con lo lúgubre del lugar repleto de eco abrumador. Antiguos cuadros con hombres vistiendo muy elegantemente adornaban las paredes con distinción haciendo un contraste perfecto con la decoración.
— ¡Jajaja! — comenzó a reír Carl repentinamente — qué estúpida se ve esa anciana usando esa empolvada peluca.
— Es mi bisabuelo, Euricide Coleman tercero. Fue juez de la suprema corte — confesó Marcus.
— La peluca hace que resalten sus maravillosos ojos azules — expresó Carl rápidamente tratando de arreglar su metida de pata.
Comenzaron a escucharse pasos que venían en dirección de ellos del otro lado del pasillos, Kassidy debía evitar a toda costa ser vista antes de lograr llegar a esa bodega o toda la misión habría sido un inmenso fracaso.
— Rápido Kassidy, entra al cuarto de escobas — sugirió Marcus.
Kassidy obedeció entrando a ese antiguo cuarto lleno de productos de limpieza a un costado del pasillo, todo fuera para evitar ser vista por quién quiera que fuera que venía caminando por ese pasillo. Gloria, la madrastra de Marcus caminaba tranquilamente llevando una bandeja en sus manos con un vaso y unas píldoras sobre ella. Marcus la miraba asombrado porque a pesar de haber pasado más de veinte años, ella no había envejecido casi nada, continuaba teniendo su envidiable figura y apenas una que otra arruga en su rostro; sin duda había sabido como mantenerse en el tiempo.
Kassidy junto a Carl se encontraban dentro del cuarto de escobas trataba de arreglar su cuerpo para estar más cómoda entre mopas, alfombras y palas recolectoras. Deseando poder salir rápidamente se ese lugar puesto que odiaba estar encerrada, ya bastante tenía con las injustas encerradas que su déspota padrastro le imponía a la fuerza.
— Tranquila , cada año se vuelve más acogedor este cuarto de escobas — dijo un anciano detrás de Kassidy provocando el grito afeminado de Carl debido al inesperado susto.
— ¿Kassidy, que te pasó, estás bien? — preguntó Marcus Coleman atravesando la pared pensando que ese grito había sido producido por ella.
— No grité yo, fue Carl, y por cierto aquí hay un anciano muy extraño que dice que te conoce — dijo Kassidy inexpresiva e indiferente tratando de arreglar su cuerpo.
— ¿Nice? — exclamó Marcus con extrañeza.
— Joven Marcus. ¿Realmente es usted?
— ¿Qué haces acá encerrado?
— Aquí trabajé durante cincuenta años de mi vida joven Marcus, es muy común que mi espíritu esté ligado a este lugar. ¿Y usted? , ¿qué hace acá?, cuando morí, pensé que usted había ido directo al más allá al no verlo.
— Necesito colocar esto en un lugar seguro querido amigo — dijo Marcus mostrando la brillante esfera lo que provocó un enorme sobresalto en Nice quién brincó asustado de una manera algo exagerada.
— Eso es.... Es la esfera del arcángel Gabriel. ¿cómo es que usted la tiene? ó peor aún, ¿porqué la trajo hasta aquí?
— Pensé que podría colocarla en la bodega santificada para mantenerla a salvo y alejada de las demás almas errantes que quisieran tomarla para fines malvados.
— Le recuerdo Joven Marcus, que esa bodega se diseño para evitar que espíritus entraran en ella, pero le informo que los seres de sombras son demonios que dejaron de ser almas errantes para convertirse en otra cosa; lo que significa que si algún ser oscuro sabe que esa cosa está allí dentro, nada evitará que ingrese a tomarla cuando se le dé la gana.
— Será un riesgo que tendremos que tomar obligatoriamente Nice, ya ésta esfera a estado muy cerca de caer en manos equivocadas, y hemos sido testigos de su poder bajo la voluntad de esas personas malvadas. La esconderemos y le pediremos a Dios que jamás se sepa donde está.
— Marcus, ¿y ya pensaste como haremos para que yo entre a esa bodega? — preguntó Kassidy.
— No, aún no sé dónde están las llaves — respondió Marcus.
— Ustedes no, pero yo si — dijo Nice seriamente — Siganme muchachos.
Kassidy caminaba en la oscuridad de los pasillos con las puntas de los pies para evitar hacer ruido siguiendo a tres fantasmas que solo ella podía ver en dirección de la alcoba del señor Coleman donde se guardaban todas las llaves del castillo, él era muy chapado a la antigua, por eso aún usaba frascos de vidrios para guardar las llaves en los armarios de su habitación; otro obstáculo resultaba ser la presencia de Gloria, la madrastra de Marcus quien se encontraba en la recámara dando la medicación a su esposo quien ya llevaba alrededor de un mes en cama producto de una especie de anemia extraña que comenzó a atacarlo luego de toda una vida de salud absoluta. Marcus ingresaba a la habitación junto a Nice para esperar el momento indicado para tomar la llave.
— Puedo sentir como la hora de mi muerte se acerca — decía el señor Coleman con voz agonizante.
— No digas eso cariño, tú no puedes dejarme sola. Si tú mueres yo me muero contigo, no puedo imaginar una vida sin tí — lloraba dramáticamente la señora Gloria sobre el lecho de su moribundo esposo.
— Lamentablemente creo que este será mi final, es muy extraño como la enfermedad puede atacarte de un momento a otro. En un instante estás feliz manejando tu imperio de vinos, y al otro estás postrado sobre una cama despidiéndote de la persona que amas. La única duda que me agobia en este momento de mi muerte es si tu hijo podrá hacerse cargo de mi imperio de vinos, no sé si sea capaz de aguantar toda esa presión, no veo en él el liderazgo necesario para llevar las riendas de una dinastía que ha durado siglos.
— Debes darle un voto de confianza a Lou, desde que Marcus murió, él se ha estado preparando para heredar tu posición, te aseguro que será capaz de llevar toda esa carga y mucha más, ¿sabes porqué? , porque lleva mi sangre, y sabes que yo soy del tamaño del compromiso que se me presente.
— Lo sé, lo sé. Solo quiero que me prometas algo en nombre de nuestro profundo amor.
— Lo que quieras mi amor, pide lo que quieras y te juro que me comprometo a cumplirlo hasta el fin de mis días — dijo Gloria tomando su mano y besándola con devoción.
— prometeme que no permitirás que tu hijo llevé a la quiebra a esta compañía con su ineptitud.
— Te lo prometo amor de mi vida. Yo seré tus ojos después de que te hayas ido, guiaré a Lou por el rumbo del bien, el mismo rumbo que tú hubieses cogido; honraré tu memoria y la de Marcus como siempre lo has hecho, estarás muy orgullosa de mí desde el paraíso. Te lo prometo.
— Tampoco puedes permitir que mi compañía sea vendida, ni mucho menos que sea cambiada su nombre. Ese es el principal motivo por el cual accedí a dar mi apellido a Lou, para que el legado Coleman continúe por doscientos años más. y él debe heredar su fortuna algún día a su hijo varón que tenga el mismo apellido. Esa es mi única condición para finalmente heredar todas mis posiciones a Lou.
— Gracias mi amor, gracias. Eres la persona más bondadosa del mundo; seguramente Marcus estará muy orgulloso de tí dónde quiera que esté.
— Mi pequeño Marcus, mi único consuelo a la hora de morir, será la esperanza de volverlo a ver y abrazarlo con todas mis fuerzas. Lamentablemente la desgraciada muerte se lo llevó antes de que pudiera ser el increíble hombre que estaba destinado a ser — dijo el señor Coleman sin siquiera imaginar que estaba siendo escuchado por Marcus quien aunque no podía llorar tenía el corazón completamente roto.
— Si, eso fue una verdadera lástima. Bueno mi amor, ahora debes descansar. El doctor te recomendó mucho reposo, recuerda que estás muy débil. Tú tranquilo que Lou está en la oficina encargándose de todo, solamente desea que te sientas muy orgulloso de él.
— Lo siento Gloria, pero no veo un solo escenario en el que yo pueda estar orgulloso de ese muchacho.
— Bueno mi amor, errar es de humanos, y tú no tienes ni una mínima idea de lo equivocado que estás con el maravilloso Lou. Ahora sí, te dejo. Descansa —dijo Gloria dando un amoroso beso en la frente de su esposo para posteriormente salir de la habitación.
Al salir de la recámara apoyaría su espalda de la puerta para suspirar profundamente haciendo una pequeña mueca de fastidio mientras sostenía esa bandeja en sus manos, cambiando automáticamente esa amable sonrisa que parecía dibujada a lápiz, ahora se veía más como una arpía molesta y engreída, parecía completamente otra persona totalmente diferente. Kassidy la observaba desde un escondite bajo las escaleras frente a la habitación luego de escuchar toda la conversación estando pegada de oído a la puerta; esa misteriosa manera de cambiar su expresión facial tan repentinamente había llamado la atención de Kassidy, eso no era normal. No había ninguna duda, la señora Gloria de Coleman estaba ocultando algo. Pero en esos momentos habían cosas mucho más importantes que hacer y que tener en cuenta. Aún así no dejaba de ser sospechoso para Kassidy.
— ¿Dónde debemos buscar?, ¿dónde están las llaves Nice? — preguntaba Marcus apresurado.
— Yo fui amo de llaves de este castillo por cincuenta orgullosos años joven Marcus, pero desde que morí el señor Coleman fue el encargado de mantener a salvo todas las llaves en este lugar. Nadie puede decir que conocía mejor a su padre que yo. Y me atrevo a decir sin ningún temor a equivocarme que esas llaves están en el armario de su ropa. Ese de allí para ser más precisos — dijo Nice.
— ¿No podías simplemente señalar el lugar y ya? — preguntó Marcus extrañado.
— ¿Pero como haremos para tomar un objeto sólido? debemos hacer que la chica viva pase a la habitación.
— Mira y aprende querido Nice — dijo Marcus abriendo el armario con sus propias manos dejando a Nice con la boca abierta.
— Marcus... hijo... ¿eres tú? — preguntó el señor Coleman desde la cama dónde estaba acostado.