CAPÍTULO 3. LA REGLA DEL OCHO-4

2786 Palabras

Todavía recuerdo el primer día que asistí a clase, estaban todos en chándal, no sería más de seis chicas, de unas edades comprendidas entre los veinte años, quizás algunas más mayor. Al parecer no era la primera clase que daban, pues cuando llegó el profesor todo se sentaron, con las piernas cruzadas y cerraron los ojos, lo mismo que el profesor. Yo me quedé de pie durante unos instantes, esperando alguna indicación por parte del profesor, pero como esta no llegaba, me senté también e intenté procurar poner las piernas de la misma forma sin demasiado éxito, pues no hacía sino clavarme las rodillas en el suelo. Viendo que el tiempo pasaba y que ninguno allí parecía salir de esa especie de trance en el que habían entrado, absortos e inmóviles sin hacer el más mínimo ruido. Visto que no c

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