—Agatha, te recogeré con 5 minutos de tardanza, estoy en la cita médica de mi hermana. —Le escribí en un mensaje de texto.
Mientras esperaba la respuesta de Agatha, la doctora Maha le daba indicaciones a Charlotte sobre los alimentos que debía de evitar en el proceso de adaptación con su ortodoncia para evitar dolores y molestias.
Mi hermana luce bastante distraída, debe de estar reflexionando sobre lo referente a su complejo con sus dientes.
—Hey perfecto Robert. Espero todo esté bien con tu hermana. —me respondió Agatha en un texto.
Charlotte y yo nos despedimos de la doctora Maha y nos encaminamos al automóvil. Apenas estamos en nuestros respectivos asientos puedo notar que Charlotte enciende el radio con desesperación. Logro deducir que realiza esa acción para evitar que charlemos lo referente al tema con la odontólogo...
Apago la radio y enciendo el auto y empiezo a poner la conversación encima de la mesa:
—Charlie... Sé que estas en una edad muy difícil... Muchas personas ejercen influencia sobre nosotros y nos hacen pensar que algo de nosotros no está bien... La conversión de los medios en entes completamente superficiales y todo lo relacionado con perfección que vemos en las redes sociales... Pero eso no es lo real, cariño, un cuerpo esbelto no te define, ni unos dientes falsos, ni un cabello sedoso... ¿Sabes que es lo único que deberías de querer que te defina?, ese corazón dulce y bonito que tienes ahí dentro. —Le dije a mi hermana con franqueza y ternura en cada una de mis palabras.
—Todo el mundo dice eso, pero siempre los hombres prefieren chicas con cuerpo bonito y delgado. Nadie quiere a las chicas con dientes chuecos o cabello esponjoso. — dijo cabizbaja.
Me preocupa un poco su actitud, nunca había visto a mi hermana con una actitud que denotara tanta inseguridad, ¿acaso todo esto será obra de un chico que no le hace caso?
Creo que es más conveniente no realizar conjeturas apresuradas.
—Charlie, tú tienes una personalidad preciosa. Unos sentimientos muy hermosos. Una figura delgada que en un futuro próximo va a ser esbelta, un cabello hermoso, ¿que sea rebelde acaso lo hace feo?, no cariño, solo es único. Y con respecto a tus dientes, cuando yo tenía tu edad eran peores que los tuyos, y la doctora Maha los corrigió cuando tuve alrededor de 16 años, no es un tema para estresarte. Estoy para apoyarte, ¿vale?—digo de forma empática.
—Gracias por todo Rob, eres el mejor hermano del mundo. —suelta entre sollozos, las lágrimas recorren su angélical rostro como una cascada.
Bendita costumbre de las mujeres de transmitir su sensibilidad.
Detengo el auto y le abrazo.
Sinceramente intento ser lo más empático posible con mi hermanita, no es fácil ser una adolescente en Florida, rodeada de modelos morenas y rubias con cuerpos tonificados y melenas abundantes, tampoco lo es ser un hombre teniendo a centenares de Chris Evans de bajo presupuesto al acecho... Pero los hombres en ocasiones somos más bruscos con respecto a nuestro aspecto, las chicas son lindas en todos sus aspectos... Y yo creo que quieren sentirse admiradas para poder tener certeza de que exteriormente son bonitas.
Llegamos a casa y mamá esta esperándonos.
—Buenas tardes mamá. No me quedaré a cenar hoy, tengo un compromiso, voy a subir corriendo a cambiarme la camisa y me iré. —le digo a mi madre en modo de disculpa ya que había colocado la mesa.
—Oh, Robert, está bien... ¿Quién es la afortunada? —dice mi madre con sorna.
—No seas entrometida. —le respondo sonriente.
—¿Que son esos modales Robert? —intervino mi padre.
Le di un pellizco en el hombro a mi madre en modo de burla y ella prosiguió colocando los debidos enseres para la cena.
Me coloco una camisa color azul y me cepillo el cabello, saludo en forma de despedida a mi familia y me subo al auto.
Me detengo afuera de la casa de Agatha, no demora mucho en salir. Luce realmente hermosa, tiene un vestido floreado color blanco y n***o que le hace ver su figura excesivamente provocativa.
—Hola, estaba esperándote desde hace rato, pensé que no ibas a venir por mí , ¿tu hermana esta bien? —espeta Agatha apenas se sube al auto.
—¿Que tal muñeca?, discúlpame por hacerte esperar, no fue mi intención, tuve pequeños percances. Y sí, esta perfectamente bien, solo estábamos en su cita odontológica rutinaria y resultó que la conversación y recomendaciones se extendieron un poco. —Le digo con honestidad.
—Entiendo Robert, bueno, lo importante es que ya estamos aquí, ¿a donde iremos?, esto es muy... Raro. Nunca había salido con un extraño. —dice Agatha apenada.
—Pienso llevarte al mejor restaurante de costillas de cerdo que vas a conocer en toda tu vida, ¿de acuerdo?, y con respecto a tu observación a que esta salida te parece poco convencional... Te recuerdo que no somos extraños, soy tu vecino de enfrente, no tienes nada que temer, pequeña. —digo con ligereza.
—Bien, espero en ese lugar tengan una buena ensalada, no puedo ni pensar en comer costillitas, aunque yo las amo... Pero... ¿No ves que estoy para reventar? —dice Agatha con seguridad.
—Seguramente tengan variedad de ensaladas cariño... Pero ¿por qué te privas a de comer algo que tú sientes que amas, por lo que determine una talla?, yo considero que tu eres más que eso... —Le digo con franqueza.
—Ay, Robert... Eso dicen todos. Soy una gorda. —bufó.
—No Agatha, estas rellenita. Y luces perfectamente saludable, para mi luces perfecta así como estas, te ves genial. —digo con absoluta convicción.
Me acerque a ella y le di un ligero beso en la punta de la nariz. Su cara se ruborizó completamente como si de un tomate se tratara... De verdad considero a Agatha una chiquilla bastante tierna e inocente, no concibo hacerle daño aunque me guste y atraiga con locura. Tomaré como preferencia que prevalezca la sinceridad y el respeto ante todo. No pienso ilusionarla con que soy ese chico Disney que parezco, en cuestión de semanas es el día de mis pruebas... No puedo atarme a nada en este lugar, ni es mi intención.
—Agatha, me pareces una chica bellísima, además de muy tierna e inocente. Por eso te invité a salir, porque me pareciste jodidamente atractiva apenas te ví... Pero eso no quiere decir que yo tenga algún tipo de intenciones de engatuzarte, pedirte fidelidad y serte infiel... No es en lo absoluto ninguno de mis propuestas contigo. Sólo quiero que pasemos el rato de forma divertida juntos, y disfrutemos el momento. —Le digo con sinceridad.
Agatha se rasca la cabeza y veo un gesto confuso en su cara, en primer momento me puso un poco nervioso de cuál fuera su reacción, no sé con que clase de chicos este acostumbrada a empatizar.
—Me alagan tus palabras Robert, y las entiendo perfectamente. Quieres divertirte conmigo y no tener ningún tipo de compromisos, lo comprendo, y bueno, por ahora no tengo deseos de poner resistencia... Soy la típica chica que no suele tener mucha oportunidad con chicos como tú, por ende, esta vez disfrutaré y espero que sea memorable. —dice Agatha en voz más baja de lo normal, nuevamente con el rostro ruborizado.
—Perfecto lindura, estoy dispuesto a darte una buena experiencia digna de que recuerdes a tu peculiar vecino. —Le digo con avidez.
—Estoy un poco... Ansiosa. —me dice entre dientes.
Le tomo la mano derecha y le doy un beso, hemos llegado a mi restaurante favorito y estoy famélico, es la única palabra con la que me siento afín, porque comeré como un animal.
Apenas llegamos, un mesero nos conduce a una mesa en la terraza, me encanta este lugar, tiene una vista excelsa a el mar y a muchos edificios de la ciudad.
Agatha esta observando todo con atención, nos sentamos y le pregunto:
—¿Te está gustando el lugar muñequita?—
—Sí, me gusta mucho, es tranquilo, pintoresco y huele muy bien. —responde Agatha con una sonrisita traviesa.
—Me alegra que te sientas agrado aquí. Espero también sea de tu gusto la comida. —Le digo con un gesto gracioso pintado en el rostro.
—¡Que se vengan esas putas costillas de cerdo, no tengo una cita con un chico guapo todos los días! —Exclamó Agatha.
Me encanta ver su sonrisa emocionada.
Llegaron nuestros platos y ambos empezamos a comer con destreza en no ensuciarnos con el revestimiento de nuestras costillas, pude ver por la esquina de mi ojo que Agatha estaba disfrutando la comida, me hace sentir muy tranquilo. No podría concibir una vida sin costillas de cerdo.
Terminamos nuestra cena y nos tomamos un par de cervezas entre risas y relatos de nuestra infancia.
Le propongo levantarnos de la mesa y asiente, nos encaminamos al auto.
Apenas me acomodo en mi asiento, Agatha me sorprende subiéndose en mi regazo, no pude evitar poner una cara de sacado de lugar porque realmente no lo esperaba de ella... Pero es agradable la sensación.
—¿Te molesta mi cercanía Robert? —Me pregunta con astucia.
—Para nada chiquilla, al contrario, me encanta. —
Agatha me da un terso beso en el cuello que me hace sentir el cuerpo rígido, definitivamente esta chica sabe sorprender...
Le sostengo el cuello en la parte trasera y le acaricio con suavidad, ella arquea su espalda en gesto de aprobación, decido tomar la iniciativa y le beso los labios con tranquilidad, Agatha me responde con vivacidad y mucha seguridad, hasta que introduce su lengua en mi boca y empieza a devorarme la boca como si yo fuera una costilla de cerdo... No me disgusta la sensación pero si es extraña, nunca una chica me había besado con tanta intensidad.
Empiezo a acariciar su cuerpo con delicadeza, no quiero parecer abusador o demasiado arriesgado, pero no me puedo contener... Sus besos me están encendiendo absolutamente todo y no pienso demasiado bien cuando me encuentro en este tipo de situaciones, quiero comportarme como un caballero íntegro pero... Creo que no es lo que Agatha desea o espera de mi, estoy en un dilema, ¿es correcto llevar a una chica que parece inocente pero no actúa como tal, a un hotel en la primera cita?, nunca me había parecido más confusa una situación.