Capítulo 40 Una dulce Voz Ese día no tarde mucho en tomar el autobús, me subí en el primero que paso, no me importo estar apretado entre la multitud, mucho menos el estar replegado al lado de la gente del común que en ese omento eran tan semejantes a mi persona, por desgracia los embotellamientos y el tráfico de la hora pico de la tarde no ayudaron mucho a mi paciencia, tampoco fue muy gratificante que a pesar de haber salido antes, llegue a la hora de siempre al vecindario. Faltaban unas pocas calles para llegar a mi casa, cuando sentí en mi interior esa sensación de no querer llegar en realidad, afrontar una de las cosas que más me desanimaba, además del sermón predecible de mi hija con respecto a deshacerme del auto, algo que ya había considerado, pero por tantas cosas en mi cabeza, a

