Capítulo 36

1631 Palabras
Este abrazo era el que estaba necesitando en este momento después de mi momento de bajón por querer que Karla esté aquí sin que eso pueda ser posible. Me separo lo mínimo para mirarla a los ojos y sólo tengo unas ganas inmensas por besarla, de sentir esos labios sobre los míos, de saber que se siente volver a besar a alguien después de tanto tiempo sin hacerlo, no porque no tuve oportunidades, simplemente no sentía la necesidad ni el deseo que estoy sintiendo en estos momentos junto a Arlette. Un sonido en la puerta nos hace volver a la realidad y hace que nos separemos. - Adelante. - Digo sin dejar de mirarla. - Teo tienes que abrir la puerta y tú aún estás aquí. - Dice Dani cuando abre la puerta pero baja la voz al ver que su hermana está aquí. - Ya voy. - Digo sin apartar mi mirada de Arlette. - Vale. - Dice sin más y se va cerrando la puerta para volver a quedar solos. - Tienes que irte Teo. - Me dice con la voz temblorosa. - No quiero separarme de ti. - Le digo volviendo a la distancia de antes. - Me hace tanto bien estar cerca de tí. - Tengo miedo Teo, pero esto no lo vamos hablar ahora, tienes una exposición que presentar y muchas personas queriendo conocerte. No dice nada más y el silencio vuelve a ganarnos después de unos segundos o minutos se acerca me da un beso en la mejilla y se va dejándome aquí sin saber cómo reaccionar o qué hacer. Un día más, un día sin que ella esté aquí y yo pretendiendo vivir como si mi vida fuera perfecta en todos los ámbitos, lo que aún no entiendo es el porqué cuando estoy cerca de ella todo se vuelve más llevadero y deja de doler la ausencia de Karla, esa ausencia que me quema por dentro a cada segundo, esa ausencia que me hace tener miedo de poder olvidarla, de olvidarme de todos nuestros momentos vividos. Vivimos tantas cosas juntos y que tengo tan presentes en mi mente que me hace perder las ganas de seguir viviendo, todavía me pregunto porque no luchó más, porque no se aferró más a estar juntos, su adiós me dejó vacío por dentro y la verdad es que no sé hasta qué punto podría yo superar su partida. Vuelvo a la realidad y puedo observar a las personas admirando cada una de las fotografías que están en esta exposición. - Teo, quieren comprar una de las fotos. - Me dice Dani cuando llega donde estoy y no hago más que regalarle una sonrisa. - Adelante. - Le digo para que empiece con los trámites para hacerlo llegar al lugar elegido por el comprador. - Quieren hablar contigo. - Me dice. - Dame unos minutos y me acerco. - Le digo ya que no puedo presentarme con su recuerdo en mi cabeza, necesito despejarme y volver a ser el Teo que todos quieren que sea. Voy buscando entre las personas pero no puedo distinguir quién es quién quiere comprar y mucho menos el cuadro que quiere ya que todos están siendo admirados hasta que encuentro a Diana y ella me lleva con las personas que quieren comprar. Al llegar donde están no doy crédito, quieren su cuadro, el único donde ella está, el que estaba renuente a exponer pero todos lo veían el más apropiado para estar en la galería. - Buenas. - Saludo al llegar. - Señor Santamarina, es un placer estar aquí, es que tiene un arte increíble para lograr que en cada fotografía nos trasladamos al lugar donde fue tirada. - Tomada. - Es lo único que digo. - ¿Perdón? - Me pregunta mientras que Dani y la mujer que lo acompaña me miran sin entender. - Las fotografías se toman, no se tiran y perdone pero es algo que tengo muy dentro ya que en el momento que se tire una fotografía es porque no sirve y se tire a la basura directamente. - Ah, no perdóneme pero es como dicen que nunca terminamos el día sin aprender nada nuevo. - Es cierto, pero igual quería pedirle disculpa por la forma tan brusca en la que hable. - No pasa nada, ¿Me imagino que su asistente le dijo que queremos comprar un cuadro? - Si, me costará desprenderme de el, pero está aquí, bueno en realidad me cuesta desprenderme de cada uno de ellos pero cada trabajo tiene una recompensa. - Así es y su trabajo es espectacular. - Me dice la mujer que lo acompaña y con una leve sonrisa agradezco. - Gracias. - Solo me faltan algunos datos para poder finalizar la compra y entregarlo a la dirección que deseen. - Dice Dani tan profesional como siempre. - Bien, usted pregunte y nosotros respondemos. - Dicen con una sonrisa y mientras Dani se los llevo para anotar los datos que faltan me quedo mirando por última vez de este tamaño, sólo me quedará esa fotografía que tengo en mi ordenador y que por nada del mundo puede salir de ahí ya que de ahora en adelante le pertenece a ellos. - Gracias mi amor. - Digo con una sonrisa melancólica. Como creí que ese cuadro no se iba a vender si es uno de los más llamativos de toda la galería. - Hola. - Me dice Claudia al llegar por la espalda logrando que salte un poco ya que no me la esperaba. - Perdón, no quise asustarte. - No pasa nada, hola ¿Cómo te la estas pasando? - Super bien y con ganas de aprender mucho, aunque mami dice que no le encuentra esa fascinación. - ¿Ella ha visto alguna fotografía así de grande? - Creo que nunca. - Cuando están así se ven mucho más los detalles, mira, ¿ves esa águila que está allí? - Wao, no me había dado cuenta, y la modelo no tenía miedo o tu de que esa águila le venga encima. - La verdad es que nunca nos dimos cuenta que estaba ahí, la descubrí unas semanas después de que ella murió. - La modelo murió, ufff pobre, muy joven ¿no? - Demasiado joven diría yo. - ¿Eran muy amigos? - Mucho más que amigos y ahora este cuadro ya no me pertenece. - Si no lo querías vender ¿por qué lo expusiste? - Porque es tan bueno que no lo podía dejar dentro de un oredenador. - A de ser difícil. - Vale la pena que alguien quiera pagar por tu trabajo. Pero bueno hay que estar contentos porque el trabajo vale la pena y los visitantes van comprando. Es hora de cerrar las puertas por hoy y hacer inventario de lo que se ha vendido, Dani, Ale, Alberto y yo nos encerramos en la oficina y mientras ellos van hablando de lo bien que está siendo esta exposición y de muchas fotos que hay que volver a colgar yo no dejo de mirar lo segura que se veía Karla en la montaña con los brazos abiertos mientras recibía todo el aire en su rostro y su pelo volando, con un cielo espectacularmente azul sin una nube y un sol radiante que le daba la contra luz a su cuerpo logrando así que la fotografía tomara ese aire de misterio por saber si ella está de frente o de espalda a la cámara. - ¿Qué dices Teo? - Escucho que me preguntas pero la verdad es que no se que responder y optó por hacer silencio. - La última foto que se vendió ¿La volverás a colgar? - Vuelvo a mirar la computadora y la verdad es que no se si pueda volver a tener el valor de volver a ver como alguien más se la lleva a su casa. - No. - Respondo tajante y sólo me miran pero no dicen nada. - Me quiero ir, ¿Ya terminaron? - Si, pero iba a proponer de ir a tomarnos algo. - Dice Alberto y entre Dani y Ale dan saltitos y me miran con unas caras de cachorritos con hambre que terminan sacandome una sonrisa. - Solo un par de horas. - Bien. -Dicen las dos saltando y Alberto suelta la carcajada. Llegamos al bar donde nos tomaremos algo y como aun es hora apropiada Claudia vino junto a sus hermanas. - Espero que no te moleste pero ya que tu hermano anda por aquí le dije que nos encontrará. - Me dice Alberto mientras nos sirven las bebidas elegidas por cada uno. - No pasa nada, seguro que me estuvo llamando y no me di cuenta. - Busco mi teléfono para ver y efectivamente tenía varias llamadas perdidas de él, así que tendré que aguantar sus quejas cuando llegue. - Aquí tengo llamadas perdidas de él. - La que te espera. - Me dice Alberto burlándose de mí. Unos cuantos tragos y unos brindis más y siento mi pecho pesado y se que es la carga emocional que llevo encima, ¿Cómo se supone que tengo que seguir viviendo sin Karla? Pero eso no es lo que me tiene asi, el caso es que la siento aquí conmigo y eso me confunde mucho mas, porque aun sabiendo que no son las mismas personas es como si lo fueran, estoy tan metido en mis pensamientos y en cada movimiento que ella va haciendo que no me di cuenta cuando Juan llegó y se sentó a mi lado hasta que me agarra del brazo logrando así que vuelva a la realidad. - Te la vas a comer con los ojos. - Dice cuando lo miro y no hago más que reírme. - Pareces un tonto hermano. - Es que lo soy cuando ella está cerca o simplemente con hablar o algún que otro mensaje. - Y ¿Por qué no te lanzas? A ella también se le nota algo cuando te mira. - Quizás porque ambos tenemos miedo de lo que pueda pasar. - ¿A enamorarse? - Pregunta riendo. - Ya están enamorados, sólo tienen que aceptarlo. - Me dice dándome unas palmadas en la espalda Siento mi teléfono vibrar y al sacarlo del bolsillo sonrió al ver un mensaje con su nombre.
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