Capítulo 28

1640 Palabras
Narra Teo ¿Qué tengo que sentir en este momento? Hizo mi apartamento de Madrid en una maqueta y amueblado. No se en realidad lo que me hace sentir el estar aquí parado frente a ella, lo que sí sé es que me hace sentir paz y armonía en mi interior y aquí estoy con unas ganas inmensas de besarla pero tengo miedo, miedo a que me rechace, no podría soportar que ese corazón me rechace ahora y mucho menos después de todo lo que hemos vivido juntos. Siento como mi pecho está acelerado pero igual voy a seguir, ya se acabó el salir corriendo, voy a lanzarme al barranco pase lo que pase, pero no me daré por vencido muy fácil. No me di cuenta cuando la distancia entre los dos se acortó hasta que inconscientemente levanto mi mano para acariciar su rostro y es cuando ella reacciona y no me deja tocarla, ese movimiento que dio hacia atrás hace que me duela el pecho, no quiero un rechazo y cuando me fui apartar para evitarlo ya es tarde porque sale corriendo y no hago más que quedarme aquí como un imbécil. - ¿Han vuelto a discutir? - Pregunta Mari al entrar y yo me quedo callado. - Teo ¿Qué ha pasado? - No acepta que la toque. - ¿Qué hiciste pedazo de tonto? ¿No pudiste esperar a que sea ella la que se acercara a ti? Se que Mari está hablando pero no le prestó atención, sólo escucho susurros y más susurros y con el tono se que está peleando conmigo, pero no dejo de pensar en ella, en lo cerca que estábamos el uno del otro hace un instante, en que pude tenerla a centímetros de mi. - ¿Es que no pudiste aguantar las ganas de entrar aquí y estar de chafardero. - Siento como se queda en silencio después de insultarme varias veces y al mirarla veo como se ha quedado parada al ver la maqueta. - ¿Dónde está Arlette? - Le pregunto. - Que se yo, salió corriendo a la calle. - Me dice y segundos después sigue hablando. - Teo, ¿Tú le has dado el plano de tu piso o algo así? - ¿Cómo que salió de la casa? - Si, salió corriendo, Teo pero no le dijiste nada sobre esta maqueta. - Se queda pensando. - Mierda se fue a la calle y no conoce el barrio. Ella no termina de hablar bien y salimos corriendo, al llegar a la puerta miró por todo lado por si se había quedado cerca pero no la alcanzo a ver. - Teo, estoy buscando a Arle y no la encuentro. - Lo que faltaba, me quedo mirando a Dani y la verdad es que no se que decir. - Me dijo Mari que la vio salir a la calle. - Digo con duda, pero a quien le voy a mentir, el tiempo que tiene Dani trabajando conmigo aprendió a conocerme. - ¿Volvieron a discutir? - Dice desesperada. - Parecen dos críos. - Dice y volvemos a la calle. - No la encontrarás, salí y no la vi, y esta vez no discutimos. - Lo digo con pausa para que Mari y Diana dejen de pensar que discutimos. No hemos discutido. Repito en mi cabeza. Sólo iba abrazarla y ella se fue, sólo fue eso. Pasan de las 7 de la tarde y Arlette aún no llega, me he quedado toda la tarde aquí en el pequeño jardín que hay delante de casa esperando a que regrese, las niñas han venido a buscarme para que juegue con ellas pero les expliqué que estaba esperando a Arlette y que si no regresa tendré que ir a buscarla ya que no conoce los alrededores. Dani ha estado buscándola con Alberto, pero algo me dice que ella está bien, que sólo necesita tiempo para estar sola y pensar así como yo también lo necesito. - Teo no la encontramos, lo que no entiendo es como tu puedes estar tan tranquilo. - Dani, si es cierto que ella tiene el corazón de Karla ahora, lo voy a comprobar ahora. - No entiendo qué quieres decir. - Que se donde podría estar. - ¿Entonces qué hacemos aquí? Vamos a buscarla. - Me gustaría ir sólo, si está en ese lugar es un secreto que yo tenía con... - No termino la frase y siento como un escalofrío pasa por mi cuerpo. - Con Karla. - Dice Dani. -Espero que estés en lo cierto, porque lleva fuera dos horas y sin conocer este lugar. No digo nada, entró y buscó la llave de mi coche para irme. Que esté allí, que esté allí, que esté allí, que esté allí. Es lo único que me repito en todo el camino, no tengo que pensar en lo que le voy a decir, eso ya lo pensé mientras esperaba sentado delante de la casa, ahora sólo quiero que esté allí en ese lugar donde solo nuestros corazones son capaces de llegar aún con los ojos vendados. - Hola. - Digo sentándome a su lado, me mira y vuelve a mirar el horizonte. - Algo me decía que no tenga miedo, que ibas a estar bien y aquí, yo siempre termino aquí cuando estoy angustiado o triste. - Y ¿Por qué yo terminé aquí? Un lugar sólo y apartado de todo. Trago saliva porque llegó la hora de decir todo, ya esto me confirma que es el corazón de Karla el que ella tiene. - Has llegado aquí por tu corazón. - Me mira extrañada por lo que dije. - Arlette, mi mujer murió la noche anterior de tu recibir el corazón. Cuando ella murió sentí que mi corazón se partía en añicos, sentí que también me iba a morir del dolor que sentía en ese momento que ella dejó de respirar, estaba con ella desde los 14 años, me pase toda esa noche sin dormir pensando a donde iban a parar todos sus órganos. Respiro profundo tratando de que mis lágrimas no salieran pero fue imposible ya que mis mejillas se inundaron, al mirarla sigue mirando al horizonte yo también volví a mirar y seguí hablando sin despegar la vista de aquel hermoso atardecer. - Lo que no sabía era que ese corazón tendría dueña pronto y fue cuando hacía las 10 de la mañana más o menos sentí que todo dentro de mí se volvió a unir. Lloré a mi esposa, pero porque sabía que su cuerpo no iba a estar conmigo aún así algo dentro de mi decía que algún día volvería a encontrar una parte de ella en algún rincón del mundo, no voy a negar que me he pasado este año pensándola, pero, cuando te sentí cerca la primera vez me tenía que obligar a pensar en ella ya que tú te metiste en mi cabeza, no se que te pasa cuando estar cerca de mí pero, sí sé lo que me pasa a mi. Me pongo de lado para mirarla y hago que ella quede frente a mi para verle a los ojos. - Siento como mi corazón se acelera, como me pasan esas corrientes las pocas veces que te he rozado y ahora mismo siento las mismas ganas de abrazarte y besarte que tenía esta tarde antes de que salieras corriendo, se que esa maqueta que has hecho salió de tu corazón. - Al decir eso me mira extrañada. - Si, de tu corazón, porque has hecho una réplica de donde viví con Karla por años y donde aún sigo viviendo. - Yo no... - Pongo mi dedo índice en sus labios y siento como me estoy quemando. - Se que no lo sabías y también sé que Dani y Alberto no te han dicho nada, Arle ¿Cómo crees que hiciste el dibujo de la casa cuando venías de camino? - No se. - Me dice y aún con las lágrimas cayendo por mis mejillas le regaló una sonrisa. - ¿Qué sientes cuando ves a tu profesor de arquitectura? - Se queda sorprendida por lo que acabo de preguntar. - ¿Qué tiene que ver él en esto? ¿Lo conoces? - Él es. - Ago silencio y respiro profundo. - Era el padre de Karla. - Desde hace un año todo lo nuevo que voy experimentando ¿Es de ella? Me encojo de hombros. - No lo sé, puede que sí, pero también tienes cosas que no tienen nada que ver con ella. - Obvio, no soy ella. - Se levantó dejándome aquí, creo que me tendré que acostumbrar a sus arranques de repente. - Ya se que no eres ella. - Digo poniéndome de pie para ir detrás de ella, de repente mi teléfono empieza a sonar. - Puede que sea tu hermana. - Digo antes de contestar. - Si diga. - respondo sin mirar la pantalla y es para no dejar de mirarla a ella. - ¿La encontraste? - Si, está conmigo. - ¿Está bien? - No te preocupes, ella está bien. - ¿Y ya vienen de camino? - Vamos en un rato, luego nos vemos. - Digo y terminó la llamada. - ¿Era ella? - Si, estaba preocupada. - Le digo y se deja caer en el suelo. - Arle, sólo quiero conocerte, saber como funciona ese corazón ahora que está dentro de ti, antes sabía todo de él, lo que sentía, cuando y como lo sentía. - Es que no puedo estar cerca de ti, siempre que estoy cerca siento que se quiere salir. - Dice poniéndose la mano en el pecho y dejando caer esas lágrimas que me lastiman. - ¿Tú crees que yo no lo siento así? También siento que mi corazón se quiere salir de mi pecho, y me duele el no poder abrazarte para tranquilizarlo. - Me mira extrañada. - ¿Qué ganarías abrazándome? - No lo sé, pero era lo que hacía con ella, siempre que estaba nervioso o que me sentía alterado la abrazaba y se me pasaba, o cuando ella estaba mal buscaba abrazarme y se sentía mejor. - ¿Crees que funcione ahora? Porque ya no aguanto esto que estoy sintiendo. - Me dice y es cuando mis ojos se vuelven a llenar de lágrimas.
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