El fin de semana junto a Alexander había sido maravilloso, y me sentía aún flotando al recordar que ambos habíamos reconocido por fin que nos queríamos. Una sonrisa se cruza en mis labios al pensar en aquello y entonces se hace más grande al ver a lo lejos a Hassan, quien estaba esperándome sentado en una de las mesas disponibles del sitio en donde almorzaríamos juntos. Sí, le había pedido vernos para almorzar juntos en un restaurante cerca del canal, para de ese modo poder plantearle mi idea de negocio y su posible cooperación en el proyecto. —Hola, guapa —dice al saludarme con un beso en la mejilla una vez que me acerco a él—. Cada día estás más hermosa, Christine —me halaga y yo solo sonrío con amabilidad, pues no quería darle pie a que continuara diciendo aquellas cosas, ya que me

