—¿Quieres pasar? —pregunto a Alexander. Él sonríe de medio lado y asiente con la cabeza en respuesta. —Claro, ¿está tu hermano en casa? —cuestiona. Niego de inmediato con la cabeza. —No, debe estar en la Universidad. —Vale, podríamos pedir algo para la cena, ¿Te parece bien? —propone y yo sonrío ampliamente—. Así podemos terminar de organizar lo que debemos entregar a Hassan la próxima semana para acabar por cerrar el trato. —Me parece perfecto —le guiño un ojo. Nos bajamos del automóvil de Alexander y entramos en mi casa, lo que me hace sentir extraña, tal como si fuera una adolescente que metía a escondidas a su novio en casa cuando sus padres no estaban. —¿Quieres algo para beber? —le ofrezco una vez él se sienta en el sofá de la sala. Lo observo ladear su rostro y luego me

