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1276 Palabras
Entre copas y más copas, terminé por contarle todo a Jocelyn. Ella escuchó con atención, en su mirada, pude notar que se sentía confundida, y al mismo tiempo, estaba excitada de querer saber más. — Wow… Realmente, estás viviendo un drama de novela con tu secretaria… Pero, dime una cosa, ¿Alguna vez le diste entrada a ella para que terminara por comportarse de esa manera contigo? — ella preguntó, sirviéndome otra copa de vino cuando vio que yo me acabé todo lo que me quedaba en la mía. — No, según lo recuerdo, jamás le he dado entrada. No he sido coqueto con ella, ni mucho menos le he insinuado que quería acostarme con ella alguna vez… — respondí. — Mm, pues mi amor, lo que sucede es que eres todo un galán de telenovelas. Eres guapo, eres dueño de tu propia empresa, eso te convierte en multimillonario, además, a simple vista, se evidencia que eres un hombre sumamente caballeroso, y la verdad es que lo eres, claro, antes de que compartas la cama con alguien más, porque cuando estás en la cama con alguien… Tú bien sabes cómo seducir a una mujer al borde de volverla completamente loca y adicta a ti… Jocelyn dejó a un lado la copa de vino que cargaba en su mano, rodeó la mesa del bar, y luego, se acercó a mí, me miró a los ojos, después me miró de arriba hacia abajo, y pronto, sus labios se posaron sobre los míos en un magnífico beso, no fue un beso de amor, más bien, fue un beso de pasión, y estuvimos de suerte, porque la noche aún no se acaba, aún es joven, y teníamos todo el tiempo del mundo para seguir con lo nuestro hasta que, finalmente, pudiéramos quedar totalmente satisfechos. Terminó la noche, Jocelyn se marchó a su casa, le di una buena suma de dinero además de su pago por sus servicios para que ella pudiera conseguir pagar un servicio de transporte digno y seguro que la llevara a su destino, porque a estas horas de la madrugada era muy complicado tener un servicio de transporte confiable, y la verdad, yo me hubiera ofrecido en llevarla a su casa, pero la cantidad de vino que nos tomamos en toda la noche me dejó con mucha resaca, y hasta sin ganas de ir a trabajar el lunes. Por fortuna, yo era el dueño de mi propia empresa y podría darme el lujo de no ir a la oficina cuando yo quisiera. Me acosté en mi cama, me puse la cobija encima, encendí el aire acondicionado porque a pesar de ser muy de noche, en mi habitación no entraba nada de viento frío para decir que no había nada de necesidad de encenderlo, el calor en mi habitación se volvía insoportable, y me tocaba casi siempre recurrir al aire acondicionado para así poder dormir con tranquilidad toda la noche. Cierro los ojos, y precisamente cuando traté de quedarme dormido, una llamada entrante a mi celular me interrumpió, no quería tener que contestar, tenía mi celular sonando estando encima de mi mesa de noche, a un lado de la cama, y cuando esté terminó de sonar al darse cuenta que yo no lo iba a contestar, y cuando finalmente presentí que iban a dejarme dormir en paz, el celular volvió a sonar con intensidad, haciéndome preguntarme a mí mismo, ¿Quién demonios estaba llamándome con tanta insistencia a estas horas de la madrugada? Terminé por aceptar la realidad, me senté en la cama, agarré el celular, y entonces, miré la pantalla, no me lo creía, pero era el señor Larsson quién había estado llamando con insistencia. Ahí sí no tuve más remedio que contestar. — ¿Bueno? — dije al contestar la llamada, traté de no bostezar para que el señor Larsson no se sintiera para nada incómodo en saber que me ha llamado en una hora dónde no debía hacerlo, más no lo culpo, él vive al otro lado del mundo, entre su país y el mío hay una gran diferencia en el horario, quizás allá ya sea de día mientras que acá está apenas casi llegando al amanecer. — Buenos días, Jackson. Discúlpame tener que llamarte a esta hora, sé que allá es demasiado tarde, que quizás te desperté mientras te llamaba con insistencia, pero necesito hablar urgente contigo, hay una propuesta muy interesante para que arranquemos a elaborar tu proyecto de una vez. ¿Te interesa? — dijo Larsson. — ¿Cómo? ¿Qué propuesta? — contesté, sintiéndome extasiado de saber qué pasaba. — Bueno, te aviso que me regresé a mi país después de la reunión que tuvimos la semana pasada para la inversión de capital en tu empresa, entonces, cuando llegué a la empresa, hablé con mi personal, tuvimos una reunión muy larga, y hay muchas personas que están interesadas en invertir en tu proyecto así como también quieren trabajar ellos mismos en este. Conseguí un muy buen equipo de trabajo, además de que tengo un amigo aquí en Tokio que es dueño de un laboratorio, uno de los mejores del país, incluso trabaja hasta en el gobierno, él nos quiere prestar su laboratorio para hacer los estudios necesarios para el proyecto. Queremos que vengas a Tokio, y trabajemos en esto, ¿Estás de acuerdo? Me paré de la cama de un brinco, no lo podía creer, me era imposible creer que alguien hubiera estado interesado en mi problema, cuando yo me imaginé que hasta estaba volviéndome loco y que tal vez iba a necesitar ayuda psiquiátrica porque no estaba bien de mis cabales. — ¿Estás hablando en serio? Pensé que mi proyecto les había parecido una locura… — No, no es una locura. Es muy interesante, ya sabes que hoy en día, no hay nada imposible, y si vas a hacer historia, yo quiero ayudarte con ello. Entonces, mi querido amigo, ¿Viajarás a Tokio para que comencemos con tu proyecto? — ¡Sí! ¡Eso sin dudarlo! Al fin de cuentas, mi empresa no me necesita para crecer, tengo mucho personal que está muy bien capacitado para trabajar sin mi presencia. Por tanto, dime cuando necesitas que viaje, y allá estaré. Solamente tengo que hablar con mi secretaria para saber si ella puede viajar conmigo, y listo. — De acuerdo, siendo así, en cuanto vengas de camino a Tokio, avísame para ir personalmente a recogerte a ti y a tu secretaria en el aeropuerto. Organizaré todo para la reunión, y tu prepara una muy buena presentación del proyecto que aunque yo ya logré venderlo a estas personas, igualmente, quiero que tu expongas tus ideas de cómo se desarrollara, qué función tendrá, y etc. — Muy bien, así lo haré, muchas gracias, señor Larsson. Nos veremos en unos días. Colgué la llamada con el señor Larsson, y no dudé en brincar de la felicidad por las cosas que me había dicho él que habían pasado, ahora, nada ni nadie iba a impedir que yo fuera feliz, y si, ¿El proyecto daba resultado? ¿Y qué tal si yo iba a poder conseguir transportarme a mis sueños y vivir esa vida que yo siempre he soñado al lado de la misteriosa mujer que me alegraba mis días? Todo estaba resultando de maravilla, y entonces, no lo dudé y le marqué a Anne, ella era mi secretaria, y necesitaba que fuera conmigo a trabajar en ese proyecto, pues yo no confiaba en nadie más que ella para hacerlo, y yo solamente ansiaba que aunque pasó lo que pasó entre nosotros, ella pudiera aceptar mi propuesta y viaje conmigo a Tokio por trabajo.
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