— ¿Anne? Disculpa que te llame a esta hora, pero necesito que hoy no vayas a la oficina y empaques una maleta con todas lo necesario, viajaremos a Tokio, es una orden mía, y una invitación del señor Larsson, hablé con él hace un momento, y me informó que haremos realidad mi proyecto, el que hablamos en la reunión hace un par de horas, él consiguió todo, las personas, el lugar, la inversión, y quiere que lo trabajemos en Tokio. ¿Puedes creerlo? — dije en el momento en que Anne respondió la llamada.
— Ah… Que bueno, me alegro por ti. Ahora, si no es molestia, déjame dormir — ella se quejó, me sentí ignorado, así cómo si ella no me hubiera querido prestar nada de atención a lo que le conté.
— ¿Qué no me escuchaste? Te dije que era una orden que empaques tus cosas porque vas a venir en ese viaje conmigo. Eres mi secretaria, esto es cuestión de trabajo, y quiero que vengas conmigo. ¿Entendiste? De lo contrario, dónde no vengas, de una vez te informo que quedas despedida — casi grité de lo furioso que me sentía, pero me contuve, porque cuando uno está enojado, a veces no pensaba muy bien en las consecuencias de sus actos.
Y para variar, que Anne comenzara a comportarse de esa manera conmigo estaba provocando que yo me saliera de mis casillas, que perdiera la cordura, porque no solamente yo he sido el culpable de lo que pasó, sino que ella también era culpable de lo sucedido, pues ella fue la que me provocó en un principio, no sucedió al contrario como para que ahora fuese mi culpa que yo no haya querido corresponderle cómo ella pretendía.
— Siendo así, despídeme. Ya no soy tu secretaria, ahora, déjame dormir y cuelga la llamada. Ah, y me harás un favor enorme si me bloqueas de tus contactos para que nunca me vuelvas a buscar.
Antes de que yo pudiera decir otra cosa, Anne colgó la llamada, y cómo estaba muy enojado, en respuesta a ello, azoté el celular contra la pared, dejando que este cayera en el suelo y terminara por quebrarse la pantalla. ¡Maldición! Ahora tendría que comprar otro celular, pero bueno, ¿Qué más da? Al final, tengo muchísimo dinero, y en mi viaje a Tokio, podía darme el lujo de ir a comprarme uno nuevo en cuanto llegue a la ciudad.
Miré la hora en mi reloj de la mesa de noche, ya estaba amaneciendo, y entonces, decidí apurarme, me fui corriendo a la ducha, tomé un baño de agua fría, pues aunque tuviese tiempo de darme una ducha de agua tibia, de todas maneras, tomé la ducha con agua fría para darme prisa, además de que necesitaba despertarme del todo, puesto que en toda la noche no había podido conciliar el sueño, y si hoy tenía que viajar a Tokio, al fin y al cabo, viajaría en mi yet privado, entonces, podía darme el lujo de dormir todo el viaje sin que nadie tuviera el descaro de ir a despertarme hasta que fuera el momento del bajar de avión.
Termino de darme una ducha, y voy a mi vestidor, me pongo uno de mis trajes más finos para ir a trabajar, termino de arreglarme, y salgo de la habitación, no recogí mi celular para llevármelo, pues daba lo mismo si lo hacía o no, estaba arruinado e iba a necesitar de un celular nuevo. No empaqué nada de ropa para llevar porque allá iba a ir de compras, este sería uno de esos viajes que yo usaría para renovarme, iría solo, y aunque Anne no fuese conmigo, el viaje me serviría para pensar en muchas de las cosas de mi vida que estaban mal.
¡Maldición! Me quedé sin celular, y ahora, ¿Cómo le llamaré a mi chofer para que venga a recogerme y me lleve al aeropuerto? Bueno, eso no importaba, mi auto estaba guardado en el garaje del conjunto residencial donde vivo, y entonces, puedo manejarlo para llegar lo más rápido que pueda al aeropuerto. Bajé por el ascensor hasta el sótano, subí a mi auto, lo entendí, y salí del conjunto de camino al aeropuerto.
En el camino, mientras que iba manejando a una velocidad considerable, aprovechándome de la idea de que, literalmente, era yo el único quién iba en su auto que circulaba por la autopista, le subí el volumen a la emisora que sonaba en el radio, era mi emisora favorita porque siempre sonaba muy buenas playlist de canciones de los ochentas, y justo ahora, se encuentra sonando Believe de Cher, y no dudé en ponerme a cantar a todo pulmón esa canción como si me encontrara en un bar rodeado de mucha gente borracha y que quería desquitarse de un amor no correspondido con el licor y la buena música.
Finalmente, llegué al aeropuerto justo a buena hora, son las 6:00 de la madrugada, y aunque el aeropuerto se mantiene abierto las 24 horas del día, en este lugar, yo rentaba un espacio y pagaba a mis propios trabajadores para que se encargaran de mantener mi avión en muy buen estado, que siente funcionara a la perfección, y así mismo, se mantuviese impecable.
Estaciono el vehículo en mi lugar correspondiente, me bajo de él, y luego, veo que Derek, el jefe del área, se acerca corriendo hacia mí con mirada de sorpresa, porque aunque yo fuera viajero frecuente de mi yet privado, era imposible no evitar sentirse sorprendido debido a mi presencia inoportuna, Anne siempre llamaba a avisar que yo iba a viajar, pero en algunas ocasiones, yo mismo me encargaba de hacerlo, a excepción de los vuelos de último momento, y cómo este viaje a Tokio es un vuelo inesperado que surgió de la noche a la mañana, pues Derek iba a sorprenderse por verme.
— Señor Jackson, que grata sorpresa verlo aquí desde tan temprano, ¿Cómo se encuentra? — preguntó Derek con cordialidad.
— Muy bien, Derek. ¿Y tú qué tal? ¿Tienes listo a mi bebé para viajar ahora? — respondí.
— Sí, señor. Como siempre, trato de mantener en orden todo lo que tenga que ver con su yet privado para estos momentos en los que usted no avisa cuando viajará. ¿Para dónde se dirige ahora? — dijo él.
— Voy par Tokio, haré que uno de mis sueños, se vuelva realidad — dije con una sonrisa de oreja a oreja, a pesar de que estuviera enojado por lo que pasó con Anne hace unas horas, me daba lo mismo lo que pasara con ella, nada, ni nadie iba a afectar la felicidad que me irradiaba en este momento más importante de mi vida.