Para no ser un maleducado, extiendo mi mano, la juntamos y la movemos de arriba abajo a modo de saludo. –Kevin, un gusto– digo seriamente al notar que Alay está tomando el brazo del tal Ilek. –Bueno señor, me llevo a mi princesa, por lo que supe tiene una semana de descanso–yo asiento– entonces no perdamos ni un minuto, que cada segundo a tu lado es valioso, vamos a casa. ¿Vamos a casa?, ¿viven juntos?, ¿es su novio?, para qué te haces el estúpido, si a leguas se nota que ellos tienen algo. –Bueno, no les quito un segundo más, hasta luego– tomó mi equipaje y me voy, no me giro en ningún momento, no quiero ver sus cursilerías. Si, el pelinegro de ojos claros, se ve atractivo, le sonríe mostrando toda su perfecta dentadura a ella, es un zopenco. –Amigo– Leo se acerca abrazándome– la fa

