Unos meses después
–No sabía que podías comer tanto, ¿segura que no te hará mal?
–Segurísima, es que el chocolate es riquísimo– dice dando vuelta los ojos al darle otro mordisco a la segunda barra de chocolate grande.
–M.… está bien, solo espero no te duela el estómago más tarde.
–Imposible... –sigue comiendo con las mismas ganas.
30 minutos más tarde
–Ya, ya va a pasar–mi mano izquierda sujeta su cabello y con la derecha acaricio su espalda.
Mientras que ella está abrazando la taza del baño, vomitando hasta lo que comió la semana pasada.
–Yo pensando que los ángeles eran seres especiales que no se enfermarían por comer chocolates.
–No somos invencibl... –no termina de decirlo porque vuelve a vomitar.
–Ya, tranquila, no hables.
Después de unos minutos más, se pone de pie y va al lavabo para enjuagar su boca.
–Ve al sillón mientras te preparo un té, ¿puedes sola verdad?
–Si, si puedo–habla muy bajo, se nota que le duele su garganta.
Yo me voy a la cocina y saco té medicinal de un frasco y lo pongo a hervir en una pequeña tetera, busco una tasa, mientras espero que la mezcla de aquellas hiervas estén bien mezcladas con el agua inicio a reflexionar sobre como he cambiado con las mujeres.
¿Quién iba a creer que yo me hubiera ayudado a una mujer a sujetar su cabello y acariciar su espalda mientras vomitaba? Pues yo ni en mis pesadillas, antes sujetaba su cabello por razones obscenas, pero ahora aquí estoy, preparándole a una bella mujer un té, para que su estómago se reconcilie con todo su cuerpo.
Aunque ella no es una mujer, bueno, si, si lo es, la verdad, eso se está volviendo un problema. Porque ella es hermosa y yo no he tenido otro acercamiento con mujeres de una manera carnal.
Veo que ya el té se encuentra en su punto perfecto, así que lo agrego a la taza y lo llevo hasta la sala. La chimenea está encendida, lo suficiente para que el calor de las brasas llegue a dar luz y calor hasta el sofá, ella se encuentra descalza y arropada con una manta que siempre está en el sofá para ella, solo que en esta oportunidad su rostro está pálido.
Me acerco a ella con la taza en mi mano derecha y toco su rostro, está frío, reviso, sus manos se encuentran a la misma temperatura.
–Mi ángel se encuentra enfermo, toma–le paso la taza y ella lo toma con delicadeza– bebe con cuidado.
Ella bebe, pero se quema.
–M.…, al parecer hoy estás muy anormal– inicio a soplar su té, mientras sostengo su mano libre.
–No volveré a comer chocolate, jamás–es como una niña al hacer pucheros, además en esta ocasión sus ojos están brillosos.
–Si puedes volver a hacerlo, nada más que sea con prudencia.
–¿Quién es prudencia? –dice sin analizar mucho mi frase– ¡AH! Claro, comer moderadamente.
–Si, comer poco, es que la cantidad que comiste fue demasiada para tu pequeño estómago–ahora sí, bebe de poco para que no te quemes.
–Bueno...
Ella termina su té y parece haber retomado un poco más de calor en sus mejillas, pero aun así la veo decaída.
Tomo asiento a su lado, y paso mi mano por su espalda atrayéndola a mí, ella queda recostada en mi pecho, tapo bien sus pies.
–Hoy es mi deber cuidar de ti, como lo has hecho durante tanto tiempo, exclusivamente descansa.
–Tu corazón está latiendo muy rápido–ella tiene sus ojos cerrados.
–Lo siento, trataré de calmarme–digo algo incómodo.
Su cercanía provoca eso, mi pulso se acelera sin siquiera tocar una célula de su cuerpo, mi respiración se entrecorta todas las mañanas al verla, lo cual por suerte he logrado disimular un poco.
Regularizo mi respiración junto con mi pulso, ella al parecer en el momento que al fin alcance la calma ella se duerme, paso una mano hasta mi espalda y la otra la dejo apoyada en mi pecho. Esa simple acción se volvió en algo complejo en mi mente.
El solo hecho de verla o sentir sus pasos en la mañana ha dado un vuelco en mí, antes no le daba importancia a mi corazón, pero desde que ella llegó a mi vida mi pulso ha iniciado a acelerarse de forma notable, además he reído con sus travesuras, me he sentido acompañado y quizás todo esto que esté sintiendo, todos estos sentimientos que se han presentado en mí, no es otra cosa que amor.
¿Será esto posible?, ¿amar un ser celestial, a un ángel? Nada más espero que ella este a mi lado por un largo tiempo. Nada más en eso pienso antes de cerrar los ojos y dormir.
Lo primero que siento es una fragancia a flores silvestres, pero me sigue el dolor de cuello y espalda, abro los ojos de inmediato, ella no estaba a mi lado, lo cual al inicio me preocupo, pero luego de unos segundos la veo llegando con una bandeja.
–Prepare el desayuno– su linda sonrisa irradia el lugar.
–¿Te sientes mejor?
–Si, ya todo está bien, mira–deja la bandeja en la mesa de centro–prepare tostadas, huevos revueltos y té.
–Que delicia–me siento en el suelo, frente a la mesa.
Ella hace lo mismo y me pasa una servilleta–Gracias.
–No hay de que, ahora dame tus manos–entrelazamos nuestras manos y ella bendice los alimentos como siempre.
Al terminar iniciamos a disfrutar de un delicioso desayuno, mientras el sol ingresaba por el gran ventanal del techo. Algo que me llena de energía por las mañanas.
–¿Hoy te reunirás con la productora? –habla antes de darle un mordisco a la tostada.
–Si, nos reuniremos a las dos de la tarde.
–No tengo que preguntar, sé que te entusiasma la idea de que puedas comenzar en la música.
–Gracias a ti encontré lo que realmente me gusta.
–No es así, es gracias que al fin no pensaste en competir o pensar en los demás, lograste esto gracias a que pensaste en tus gustos–ella habla sin darle importancia.
Pero al mencionar lo de competir recordé a mi primo, a un hombre que desprecie por muchos años, al cual le provoque un gran daño justo a la que es su esposa.
Realmente me arrepiento de mis acciones pasadas, lamentablemente no puedo retroceder el tiempo y ya se lo pregunté a Kara, pero no es posible.
No he tenido el valor de enfrentarlo ahora, desde que salí de prisión no he sabido nada de mi familia, a la cual fui ajena durante mucho, pero por lo mismo sé que debo disculparme con ellos.
Después de mucho tiempo aclaré mi mente y me di cuenta de que había provocado un mal a muchas personas, partiendo por ellos, pero seguido de una lista muy grande, partiendo por los que me rodeaban en la empresa, en la casa en la cual residí por muchos años y a las mujeres que embauque con mentiras, a las cuales les prometía una relación, una vida de pétalos de rosas, pero, en cambio, les dio solo las espinas.
Quizás nunca golpe a una, pero las menos precie, las engañaba, muchas veces les di cheques o les tire dinero “por sus servicios”, sé que ellas solamente me recuerdan por ser una de sus perores experiencias.
Me podría excusar con que en ese entonces era un idiota que solo pensaba en sexo y vencer a mi oponente, no sentía ningún aprecio por nadie, ni siquiera por una mascota, la cual nunca tuve.
En la cárcel incluso aprendí a convivir con las ratas, lo cual es completamente asqueroso, pero así fue, si no te metías en su espacio, ella no lo hacían en el tuyo, así de simple. A veces les daba trozos de pan y ellas se iban a sus escondites.
Definitivamente, hay muchas personas a las que le debo unas disculpas, pero unas sinceras disculpas.
Si, lo voy a hacer.
–Toma–me extiende una libreta y el lápiz.
–Te encanta escuchar mis pensamientos.
–No lo puedo evitar–dice con una sonrisa inocente.
–Claro que puedes, lo haces cada vez que pienso en ti.
Ella se sonroja y desaparece en unos instantes, tal cual lo hace cuando se encuentra nerviosa.
Abro la libreta he inicio a anotar nombres de las personas que vienen a mi mente, la verdad son muchas, esto me tomara mucho tiempo, pero debo hacerlo.
–M...
–¿Qué pasa?
–La tinta, ya se está acabando –me quejo–¿puedes ponerle más de tu tinta mágica o algo?
–Toda materia se va acabando, la tinta estuvo contigo por mucho tiempo, pero llego la hora de que esta se termine–dice mirando al suelo y sin ánimos.
En ocasiones por cosas simples se pone muy intensa...