El auto se estaciona y de inmediato baja Leo.
–Amigo, al fin estás libre– él corre a darme un abrazo.
–Al fin estoy libre– me da un abrazo fuerte– ¿Qué tal está todo? –le pregunto emocionado, después de tanto, sin vernos.
–Todo espectacular y todo gracias a que me ayudaste, eso nunca lo olvidaré, pero vamos, mi familia nos espera para almorzar.
–Vamos–nos separamos y caminamos para subirnos al auto.
Conserva bastante bien este auto, lo tenía en mi estacionamiento, pero no lo utilice por mucho tiempo, creo que fueron una o dos veces.
–Lo manejas muy limpio.
–Obvio, es mi medio de trabajo, gracias a ti pude salir antes y tener algo con lo cual trabajar.
–Todo sea por los servicios que me prestaste durante tu estancia en la cárcel.
–Si claro todos los servicios, que sucio hermano–dice riendo.
Yo le sigo la risa y le subo a la música– todo fue por tu ayuda, te convertiste en un gran amigo.
Iniciamos a platicar sobre sus hijos y como va mejorando su vida, con trabajo y completamente rehabilitado de los robos, aunque en realidad nunca fue un ladrón de profesión, también me comento acerca de cómo les está yendo a Juan y Carlos en la escuela, esos pequeños, que bueno ya no están tan pequeños como las fotos que él me mostró durante estuvimos en prision.
Llegamos a un barrio humilde, nos estacionamos a las afueras de una casa color azul, con un pequeño, pero pintoresco jardín, desde el momento que ingrese pude sentir un aroma a comida que provocó que se me volviera agua la boca.
No tengo idea de que será la comida que preparan, pero mi nariz identifica que es algo exquisito, llego al marco de la puerta.
–Eres bienvenido amigo, adelante–abre la puerta desde atrás y me deja pasar.
–Gracias–la verdad los nervios que me produce ingresar a un ambiente familiar es bastante.
–No va a pasar nada, tranquilo y disfruta de tu libertad–Kara me susurra, sabe que si me habla muy fuerte me desconcentro y fijo mi mirada en ella.
Ingreso y veo una pequeña sala, pero de inmediato mi atención se dirige hacia la derecha, porque veo salir de una puerta a una mujer mayor, que se acerca muy sonriente a mí.
–Así que tú eres Kevin, el amigo de mi hijo –ella me abraza, aunque su estatura es baja, su abrazo es cálido.
–Si soy yo–suelto con nerviosismo.
–Que delgado estas– toca mi espalda y sigue hasta adelante–menos mal preparamos bastante comida.
–¡Mamá! –la reprende–déjalo, no lo atosigues.
–Ya, ya, vamos a comer mi niño.
Ella me llevo hasta la cocina, era mucho mejor que la cárcel, bueno la verdad cualquier lugar es más cómodo para esta acción. Pero hace mucho, mucho tiempo no compartía en un lugar familiar.
Mis días de comida familiar se volvieron fríos, era comer solitariamente, bueno no solo, era bajo la mirada de dos empleadas, la que cocinaba y la que limpiaba, ellas siempre en completo silencio, donde se podía oír como masticaba.
La familia de Leo era muy animosa, tiene una bella esposa, sus hijos están muy grandes, la verdad son unos traviesos y su madre es una mujer muy cariñosa, sabia y alegre. Me ha provocado varias carcajadas a los largo de la comida.
Estar con ellos me hizo cuestionarme algo, si mi familia no hubiera sigo millonaria ¿habría tantos problemas? Quizás sea una pregunta absurda, ya que en todas las familias existen problemas, pero no tal competencia como la mía con mi primo.
Llego la hora de despedirme, su madre me dio comida para llevar, la cual voy a racionar un tanto para que me dure por unos días, es que estaba exquisita.
–Te voy a dejar.
Yo solo asiento porque la verdad no tengo ni un dólar en los bolsillos, pedí que mi abogado buscara una vivienda para mí, algo más pequeño, me dijo que encontró una casa con todo lo que había pedido. Leo sabe la ubicación, por lo cual él sabe más de mi casa que yo.
Al llegar al que parece mi destino y lo confirmo cuando él se baja, me encuentro con una casa vieja y amplia, Leo me pasa las llaves, me da una abrazo y se va.
Abro la puerta, es una puerta de madera de pino Oregón por los detalles que tiene, una de las cosas que aprendí en la cárcel, el interior es mejor de lo que pensaba, se ve bastante amplio, no quería algo muy grande, pero esto me parece bien para los planes que tengo.
–Si quedara perfecto, tu abogado dejo tus cosas en esa habitación.
–Apareces justo en estos momentos, si no fuera porque ya me acostumbré a tus apariciones sorpresivas hubiera dado un salto.
–Lo siento, pero ya lo dejé, están tus cosas allá–apunta hacia una puerta.
Camino hasta ella, la abro y me encuentro con cuatro cajas, dos maletas y un sobre.
Inicio por el sobre, en el encuentro dinero, un gran fajo de billetes, unas llaves de auto y una carta, le doy preferencia a la carta.
Kevin, iré directo al grano, no esperes que te siga reconociendo como mi hijo, espero te basten estas cosas, cada mes recibirás una suma de dinero, pero no te molestes en aparecer por casa, ya no requerimos de tu presencia, ni en esta casa ni en la empresa.
Atte. Elioth Wilmar.
Era de suponer que mi padre pretendiera tal cosa, no esperaba menos de él, bueno, quizás sí, que cortara hasta el lazo económico, al menos eso si no cambia, compra todo con dinero.
En el sobre veo otros papeles, uno es una pequeña nota por el nombre sé que es mi abogado.
Te dejo el estado de tus ingresos en tus inversiones de estos años y tu estado de cuenta del banco, demás gastos. Se encuentran todas tus pertenencias en las cajas y maletas, también están las llaves de uno de los autos que pude sacar de la casa de tu padre.
Pd: Me avisas si necesitas algo, vivo a tres casas de aquí, es la que tiene un castillo violeta de juguete.
–Es muy simpático el abogado y su hija es hermosa.
–Deja de espirar a las personas, eso no es muy lindo de tu parte.
–Solo que me da curiosidad, nada más. Pero dime no es un amor la señora Juanita, es una abuelita muy linda.
–Sí, es muy linda–sonrío mientras me acuerdo de ella y reviso los estados de cuenta, veo varios números agradables y dejo el papel de lado, eso no es lo importante en estos momentos– bueno, ya que tienes muchas habilidades, podrías ayudarme con mis pertenencias.
Ella arruga su entrecejo y pone sus manos en su pequeña cintura– eso no es justo, debemos trabajar, pones esas manos a trabajar.
–¿Solamente un poco de ayuda? –digo en tono suplicante.
–M... quizás con los libros aburridos de esa caja.
Hace un movimiento que apenas y veo, pero ya tiene los libros en una estantería en la sala y la chimenea encendida.
–Eres magnífica.
–No, exclusivamente soy tu ángel–dice llegando a mi lado, sacude sus manos– iniciemos con el resto, osino nos perderemos la diversión.
Me acerco un poco más a ella y veo una mancha de carbón en su mejilla, la limpio con mi pulgar, automáticamente su mejilla se vuelca en roja.
–¿Qué haces? –me habla con nerviosismo.
–Solo limpiaba, tenías una mancha de carbón.
–¡AH! Bueno– se va rápidamente a abrir una de las cajas.
No puedo evitar en sonreír un poco, al notar que esa acción le provoco algo. Ella sabe lo que siento y pienso, ya dejé de avergonzarme o enojarme por ello, ya que yo también aprendí a conocerla, sus movimientos, sus miradas, sus morisquetas, sé que va a hacer cuando no le gusta algo, frunce el entrecejo, pone con una mano su cabello detrás de su oreja derecha y con la otra en la cintura e inicia a mover su pie derecho de lado a lado apoyando el talón en el suelo.
–No supongas tanto y ayúdame, que yo sea un ángel no significa que tenga mucha fuerza.
–Ya voy Kara.