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1624 Palabras
Tres meses después –Buenos días, ¿algún día me mostraras eso? –No, claro que no– miro a Leo y veo que lleva el trapero y los implementos para realizar el aseo de los baños, cierro mi libreta, la dejo bajo mi almohada y me pongo de pie. –¿Dónde vas? –Te ayudo, así me cantas alguna canción– le digo tomando el desinfectante y los guantes. –No se diga más. Como todas las mañanas veo a Kara rondando el lugar, ya me acostumbré a su presencia, al inicio pensé que me volví loco, pero ahora comprendo que era real, los ángeles existían y yo tuve la suerte de ver al mío, aunque no se si en realidad tuve tanta suerte porque me toco uno muy cursi y linda, además con el encierro y no tener contacto con ninguna mujer verla a ella todos los días con sus vestimenta que a mi parecer se han vuelto sensuales me complica la situación. –¿Cómo están tus hijos? –Bien, cada semana más grandes, como quisiera estar con ellos– en esto último su voz recae, como si le costara hablar. –Al menos tú puedes recibir visitas– trato de darle a ver el lado positivo. –Si, aunque si no me hubiera robado ese kilo de arroz todo hubiera estado bien. –Mejor cántame algo, para animarnos– es mejor cambiar el tema. Trato de cambiar el rumbo que está tomando esta conversación, la justicia sí que es injusta, a él le dieron cinco años por asalto a un comercio, por un misero kilo de arroz para su familia hoy está aquí y yo que casi mato a alguien, más bien un homicidio fallido que eso si fue grabe solo me dieron tres años. No sé si Leo sea mi amigo o solo sea alguien al que le pago para que haga algunas de mis obligaciones, pero sé que él es un gran hombre, que por ser extranjero lo perjudicaron más, es por eso por lo que ayer llame a mi abogado para que tomara su caso, me dijo que en unos días tendría la respuesta, le deje en claro que si se podía pagar una fianza que la pagase, creo que este hombre merece una segunda oportunidad, merece estar con su familia. Para algunos si existen las segundas oportunidades y si puedo ayudarlo como él lo ha hecho conmigo lo voy a hacer. Mientras limpiamos me canta algunos corridos, los cuales ha ido perfeccionando en estos meses en el taller de canto, un taller lo bastante interesante como para que asista. Descubrí algo, me gusta componer y cantar. En la libreta que Kara me dio eh iniciado a componer, al inicio solo fueron garabatos, pero poco a poco les fui dando sentido, no eh cantado frente al público, bueno frente a mis compañeros, tampoco pienso hacerlo, la verdad no estoy seguro de que sea talentoso, por el momento prefiero ir componiendo, si es que lo que hago se le puede llamar componer. –¿Terminaste princesa? –escucho a mis espaldas. –Si Leo, esta es la última–termino de pasar el paño por los bordes de la tasa y me pongo de pie–listo–tiro todo al tacho. –Gracias– me da unas palmadas en la espalda y pasa por delante de mí, vuelvo a mi suite presidencial, nótese la ironía. Saco mi libreta e inicio a escribir. –Esa me encanta. –¿No tienes algo mejor que hacer? –Obviamente que no. –¿Sabes que si me encuentran hablando con algo invisible me dirán loco? –Tranquilo–dice con suma calma– todos están en el patio, en la biblioteca o en el taller. –Está bien, pero no me hables o digas cosas chistosas cuando llegue alguien, que la última vez casi me gano una golpiza por tu culpa. Es la verdad, parecía que me burlaba de Liam, un hombre de unos cincuenta años, que lleva quince años tras las rejas y su único pasatiempo son las pesas. –Los siento–suena su voz de arrepentimiento, la observo y está haciendo ese pucherito que resulta muy atractivo– sabes que me cuesta controlar mis instintos de animarte. –Lo se Kara, lo tengo claro, por eso mismo te digo que no me hables cuando hay más presentes. –Está bien, palabra de ángel–levanta su mano hacia el cielo. –Muy bien, ahora déjame escribir. Puedes ir hacer tus quehaceres al cielo. –Eres muy molesto, sabes que paso todo el día por aquí, mis alas están poniéndose feas por la humedad del lugar. –¿Alas? –¿Qué? Eso llama mi atención– ¿Cómo son tus alas? –Son hermosas, grandes pero muy ligeras, puedo volar por mucho, muchos, son hermosas. –¿Por qué no las puedo ver?, mira ahora estás acostada a mi lado y no las veo. –No es así de sencillo, no las podrás ver. –¿Nunca? Ya que ella es mi ángel, lo cual hace poco me parecía una locura, pero ya que tengo esta oportunidad me gustaría saber cómo son las alas de un ángel. –La verdad no lo sé, es algo que nunca eh podido lograr–parece pensarlo un poco–¿me cantas? -me observa esperando que la respuesta sea afirmativa. –No. –Por favor –me suplica con ese puchero que se le hace ver tan atractivo–si quieres canto contigo, mira que me encanta esta–me saca MI LIBRETA de las manos y busca una de las primeras canciones que compuse–yo inicio para que te aflojes. Esa canción la compuse pensando en mi madre y aquellos días felices de mi infancia, la verdad fue la primera que compuse pensando en ella, la única en realidad que expresa felicidad. La voz de Kara es dulce y se le podría decir celestial, aunque no se si esa definición alcanza para tal nivel de voz. Me cierra los ojos suavemente, en señal de iniciar a cantar. Afino un poco mi garganta y comienzo a cantar, ella me anima para que cante cada vez más alto y le hago caso, solo me centro en nosotros, el color de sus ojos hoy es de un verde escarlata. Cantamos juntos por un largo periodo, al terminar la veo sonreír. –No te molestes conmigo– susurra. No tardo en darme cuenta el motivo por el cual me dice eso, veo en la reja de la puerta a varios de mis compañeros. –Miren de lo que uno se entera, la princesita canta bastante bien– Erwin dice entre asombro y risas. –Me sorprendes–inicia a aplaudir Leo y lo siguen la banda de maleantes. Ruedo los ojos– yaaa déjenme tranquilo–digo mirando al techo y rechazando la mirada de los demás. –Ahora se cree artista, dejémoslo, será lo mejor quizás así logramos escuchar una buen canción de nuevo. –Muy linda la letra–grita otro– me recordó a mi madre–su voz demuestra absoluta sinceridad. –Gracias, la compuse para mi madre– digo sin pensarlo mucho. Por un momento sentí felicidad, al ver que por un momento alguien me aplaudía a mí, a mí, por primera vez alguien notaba mi talento, o al menos eso creo, pero se sintió bien. Fin de tres años de condena. Tomo mi libreta, era lo último que me falta hacer, salgo de la celda que se fue convirtiendo en mi hogar por un largo tiempo, al llegar al pasillo veo a mis compañeros, los que antes me parecían unos seres despreciables y sucios hoy son mis amigos, obviamente no todos, pero en su mayoría. Una tradición en nuestro sector es despedir al compañero en el pasillo, para desearlo lo mejor o lo peor, bueno eso depende de la estadía. Me voy despidiendo de todos, entre abrazos y los mejores deseos, un “no te olvides de nosotros”, “no olvides a tu público” bueno entre otras frases que quedarán grabadas en mi memoria. Llegó a la salida y me doy la vuelta para dar una última despedida a mis amigos. Levantó los brazos y muevo mis manos, ellos reaccionan de la misma forma, pero ahora nos está separando una reja. Uno de los guardias dirige mi salida, solo llevo mi libreta en mi mano, la cual a lo largo de este tiempo ha queda repleta, hasta la tapa, la he cuidado tanto que no se ha desgastado y el lápiz que ella me dio parece mágico aún perdura, aunque se ve que le queda poca tinta. Me escoltan hasta la salida, donde me encuentro con el exterior. –Nadie te espera– escuchó de uno de los guardias antes de cerrar la puerta. –Eso crees tú– suelto si mirar atrás. –Ese guardia es un pesado– a mi lado camina Kara, con un vestido blanco similar al del primer dia. Durante mi estancia en la cárcel ella me acompaño, desde el dia de nuestro primer encuentro la vi, desde entonces no me han faltado esos ojos hermosos y peculiares que van cambiando de colores, incluso han pasado a violeta, rosa, azul eléctrico, colores asombrosos, que cualquiera pensaría que son lentes de contactos. –Mira quien está a punto de llegar desde esa dirección–apunta justo a una vuelto, del cual proviene el ruido de un auto. Observó meticulosamente al ver llegar un Chevy Volt n***o, del cual prevenía una música que me recuerda sólo a una persona, lo confirmó al ver que bajó la ventanilla para saludarme.
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