Kara

1707 Palabras
–¿Me estás tomando el pelo? –digo molesto y se lo dejo claro con mi mirada y el tono de mi voz. –¿tomarte el pelo? -ella arruga su frente como si no entendiera. –No te hagas a estúpida. –Te digo a verdad, soy tu ángel, vine para ablandar ese corazón. Sé que no eres ni una persona egoísta ni mala, no querían que viniera porque algunos decían que era un caso perdido, pero yo sé que no–vuelve a sonreír. –Estás loca– rio ante tan patética escena. –No te burles, te llevo observando toda tu vida. –A claro ¿Qué apenas y tienes 20 años? –Mi vida no se mide en tiempo Kevin, he vivido mucho, he observado a muchos, pero por primera vez me permitieron venir a la tierra. –No sigas mintiendo con esta locura ¿Quién te envió?, ¿me quieren volver loco, verdad? –Pues si no me crees te contaré cosas que nadie más sabe– pune su mano derechas en su mejilla apoyando su codo en la mesa– ¡ah!, si mi favorita, a tus nueve años le regalaste un chocolate a una niña muy linda y ella te dio un beso en tu mejilla, tú te pusiste muy feliz ese día. –¿Cómo sabes eso? –pregunto asombrado, eso solo lo sabía mi madre. –Ya te lo dije, soy tu ángel. –No existen los ángeles. –Por cosas como esas estoy aquí. –Claro y justo tienes que ser así de bella para ser un ángel. –Kevin únicamente soy como tú me quieres ver, soy el resultado de tus pensamientos o quizás alguien que te importara mucho, yo puedo tomar la forma de cualquier cuerpo humano, pero al ser tu ángel me convertí en esto. La verdad no le creó ni media palabra, pero ella sabía eso, pero aun así ¿un ángel?, es una completa locura. –Entonces, ¿Qué se supone que vienes a hacer aquí? –ruedo ojos y observo esos ajos, son de un azul que nunca antes había visto, destacan–digamos que este no es un lugar para un ángel. –¿Sabes cuál es mi lugar indicado? –No, pero supongo que muy lejos de aquí. –Supones mal, el sitio de un ángel es donde pueda ayudar a personas que lo necesiten. –Creo que soy el menos indicado, existen personas que te necesitan, yo no. –Te equivocas, cada persona tiene a alguien observándolos, pero quizás no sea el momento oportuno para intervenir. –¿me dirás entonces que cada persona tiene una especie de ángel guardián? –en inevitable no reírme al preguntarle. –Claro, y yo soy el tuyo, pero por favor no me vengas con eso de que porque si vemos tantas cosas malas que pasan en el mundo no hacemos nada. –Es la verdad. –La verdad es que ustedes han provocado eso, esas consecuencias son cadenas de malas acciones, las cosas no acontecen por arte de magia, a veces solo una mala palabra a una persona puede iniciar una cadena que puede acabar con una vida o varias. –Ya dime, no sigas actuando– creo que es hora de ponerle un alto a este espectáculo. –¿Aún sigues sin creerme? –me observa apenada –te lo demostraré– pone ambas manos sobre su mesa y atrae las mías en su dirección. –Sin contacto– grita uno de los guardias. Trato de quitar mis manos, pero ella las aferra con fuerza–si piensas que digo mentiras observa esto. Su contacto es cálido y hace vibrar cada célula de mi cuerpo, de pronto me encuentro viendo en mis recuerdos, pero como un ente externo, me veía yo, cada movimiento, cada recuerdo se viene a mi mente, pero en especial uno en el que veo a mi madre sonriendo. Verla con un vestido, maquillada y con una gran sonrisa mientras me veía jugar fue algo especial y único. –SIN CONTACTO –unas manos grandes toman mi brazo y separan nuestras manos–dije sin contacto– repite uno de los guardias–de pie, te vas. Ni siquiera espera que emita una palabra cuando me inicia a jalar de a ropa, hasta que consigue levantarme. Trato de soltarme, pero se me es imposible, el maldito tiene mucha fuerza, tanta que es un torpe, me empuja bruscamente sin razón y por alguna razón no puedo emitir ni una palabra. Al ingresar al otro sector no me lleva con mis compañeros, me lleva por otro camino diferente, del que de inmediato puedo sentir el frío, humedad y mal olor. Que no sea lo que estoy pensando, por favor que no sea el calabozo. –Por imbécil y no cumplir las reglas, la princesa se va al calabozo y acá no podrás traer tu colchón. Llegamos a una puerta donde nos espera otro guardia, el cual al verme sonríe, seguramente esto lo tenía planificado. Al estar al frente ambos me empuja, haciendo que caiga al suelo, mis manos son las que reciben el impacto tocando un suelo rasposo y maloliente. El lugar es oscuro, solo ingresa luz por una rendija de unos cinco centímetros de ancho por tres de alto, al menos es mejor que el humedal de mi segundo día. La puerta a mis espaldas se cierra y escucho las risas con burlas de esos guardias. –Hasta pronto princesita. ¡Malditos! Me pongo de pie, de inmediato veo el baño, el cual había sido ocupado y no se molestaron en tirar la cadena, camino hasta ella y claro, no hay agua, por algo llegan ratones aquí. La cama es un colchón en el suelo que se le puede ver uno que otro resorte sobresaliendo, solamente una manta, que desde aquí se puede ver que ese no era su color de origen, aunque con la poca luz no lo puedo confirmar. No hay agua, no hay luz, no circula el maldito aire, me voy a morir de intoxicación aquí. –No morirás por esto–escucho esa voz dulce. Soy un salto al escucharla– ¿co...? ¿Cómo llegaste aquí? –Te lo dije, soy tu ángel–mira el lugar y hace una cara de asco. –No que no moriré intoxicado, apenas y se puede respirar. Va hasta la tasa y tira la cadena, de inmediato sale agua y la carga de excremento se va, alivianando un poco el olor. –Ustedes, los humanos son muy exagerados y sucios. Ahora dime ¿Por qué hay tanta oscuridad en tu corazón? –lo último lo suelta tan directamente que me causa gracia. Su pregunta me causa risa– se supone que eres mi ángel ¿Cómo es que no lo sabes? –En realidad yo lo sé, quiero saber si tú sabes la razón–se da unas vueltas observando el lugar. Desde mi punto puedo ver que el vestido blanco es acampando de tirantes, sencillo, pero al moverse se ve hermosa. Retomando su pregunta– la pregunta es incorrecta, porque yo no tengo corazón. –Claro que lo tienes, y en el solo puedo ver dolor, el dolor–se acerca de frente a mí y pone una mano sobre mi pecho, causando un gran dolor– el dolor fue disfrazado de maldad, envidia y borraste esa sonrisa tan dulce que tenías de tu vida. Es la verdad, no he sonreído sinceramente desde hace muchos años, nada más son sonrisas de desprecio o disgusto, ni tampoco he llorado en años. –No lo haces desde ese día–sus ojos brillan de tristeza al decírmelo, reconozco de inmediato ese sentimiento–no has derramado una lágrima del día en que falleció tu madre. –¿Cómo ...?, claro eres mi ángel, ¿entones también lees mi mente? –Siento tus sentimientos, puedo sentir el enojo, la indiferencia, todo lo que tú sientes, lo percibo y lo experimento. En todos estos años he sentido todo y créeme que no fue nada lindo, no sé cómo no llorabas, yo lo hacía seguido. Su mano en mi pecho es tan cálida que aplaca un poco el dolor que estoy sintiendo. Aun así, no puedo derramar una lágrima. –Lo mejor será que nos centremos en tu futuro, dime ¿Qué quieres hacer? ¿Qué es lo que deseas? –quita su mano de mi pecho y la sube hasta mi mejilla, la cual ya está cubierta por una barba –Tienes unos ojos hermosos, lástima que no expresen más que rencor. –¿Qué consideras que puede desear?, libertad, quiero salir de esta pocilga y poder ser libre–alzo la voz. –Para eso, primero debes ser libre de tus sentimientos, luego podrás ver que la verdadera cárcel te la creaste en tu mente. Esta ... ángel es un chiste, según ella sabe todo de mí, pero no deja de hablar de sentimientos absurdos. –Dejemos esto hasta aquí– me alejo de ella por alguna extraña razón, su cercanía me afecta– tú vuelve arriba o donde sea que vivas y déjame aquí, que mira, por tu culpa estoy aquí. –No puedo, si no cumplo con mi misión me iré. –¿Dónde más te irás? –le dijo de forma sarcástica, ¿Dónde más podría ir?, debería volver a su lugar. –Eso nadie lo sabe, pero no muchos van a ese paraje y no los volvemos a ver. Pero dime ¿Qué sedeas? Algo que sea realista ¿Qué tal si piensas en algo que te guste? Mmm... ya sé– saca de una bolsa que no había visto una libreta y un lápiz– toma–la extiende en mi dirección. –¿Para qué voy a querer esto? –Para que escribas lo que quieras, quizás alguna canción –en dos pasos grandes llega al frente mío y me abraza–nos vemos –me dice al oído y desaparece. Había pasado mucho, pero mucho tiempo de que no recibía un abrazo, incluso no recordaba cómo debería reaccionar ante tal situación, solo me quede paralizado viendo como ella se desintegraba.
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