La mañana del viernes me despierto tarde, con los ojos enrojecidos por la llorera de la noche anterior. Al levantarme, me lavo los dientes y me doy una larga ducha caliente. Entonces, sintiéndome ya infinitamente mejor, vuelvo al cuarto para vestirme. —¿Cómo te encuentras, mi gatita? —Julian entra en la habitación justo cuando me abrocho los shorts frente al espejo. Ya está vestido, con su constitución alta y musculada haciendo que sus vaqueros oscuros y camiseta parezcan salidas de GQ. —Estoy bien. —Me giro y le sonrío un poco avergonzada—. No sé por qué soñé con eso anoche. Hacía semanas que no pasaba. —Bueno. —Apoyado en la pared, Julian cruza sus brazos y me penetra con la mirada—. ¿Pasó algo ayer? ¿Algo que pueda haber provocado una recaída? —No —respondo con rapidez. Lo último qu

