Han pasado tres semanas.
Tres malditas semanas en las que no tengo ni idea de cómo hemos sobrevivido en este enorme castillo en el que nadie además de nosotros vive. Cómo prometió solo su padre y hermano saben dónde vivimos, bueno, de sus conocidos, de los míos mis padres y hermana además de su grupo cazador sabe en donde vivimos.
El personal que ha laborado en estos días han sido fantasmas que me tratan como si fuera su ama o algo parecido y me da miedo preguntar de dónde provienen.
—Buenos días, señora—parpadeo al escuchar la voz de alguien que no conozco—. Me llamo Emily y seré su sirvienta personal.
—¿Qué eres?—pregunto con miedo.
Me sonríe amable antes de mover su mano en forma de saludo.
—Soy una ninfa de agua—responde amable a mi cuestionamiento—. El rey me ayudó y yo juré lealtad.
—¿Le juraste lealtad?
La ninfa asiente antes de que yo trague saliva. No puedo hacer eso, la ninfa es demasiado joven para que haya dado su vida por una ayuda recibida por Alandher. Suspiro antes de ladear la cabeza, y ver a la ninfa recogiendo una cobija que se me cayó anoche.
—Sí, mi señora—responde la joven de cabello rubio.
Lleva el cabello suelto con una tiara de flores sobre su cabeza, la joven se bastante bonita, creo que justo lo que esperaba para alguien como Alandher, o eso creía hasta que decidió casarse conmigo.
—Pero eres muy joven…
—Lo sé, pero el rey me ofreció…
—Espera—hasta ahorita entiendo cómo le dice a Alandher.
Rey.
Alandher no es rey y a mí me dijo reina… ¿Qué demonios hizo? No quiero ni pensar que demonios hizo ese hombre en estos momentos, tragó despacio cuando la veo ir a tomar uno de los vestidos de mi armario y ponerlo sobre la cama. Cómo mi mente estaba dispersa no escuché lo que su boca soltaba así que con la vergüenza a tope le pido que me repita lo que me decía.
Sonríe y me repite todo.
Alandher quiere verme en el comedor en veinte minutos porque tiene una sorpresa preparada para mí y debo ir. Así que con el alma confundida me levanto de la cama, me levanto con cuidado y camino detrás de ella.
Pasamos tantas puertas que mi cerebro no se enfoca en aprender por dónde va porque me he tomado la libertad de conocerlo en este tiempo en el que he pasado haciendo nada en el castillo. Algunos cazadores que quieren a Alandher han solicitado venir a vivir cerca, mi pareja no ha aceptado nada porque quiere que yo lo considere, cuando para mí debería dejarlos pasar sin pedirles nada a cambio.
Alandher se ha tomado las cosas un tanto extrañas. Dios.
Mi madre y padre no me han pedido tal cosa, pero Isabella y Cassian si lo han solicitado y esos dos él los acepto y como se está haciendo llamar rey, no pidió mi permiso como en los otros casos. A veces quisiera quitarle el poder que le di, pero ya no puedo. No puedo hacerlo porque no me dejó, se pudo un bloqueo mágico y así jamás lograré quitarle nada.
Y con el tema de la cama… bueno, no me ha tomado como quiere hasta que no nos hayamos casado de forma tradicional que es justo lo que él quiere y dice que se está reservando para ese momento. A veces tragó saliva de pensar en lo que sucederá dentro de unos meses o un año… Dios.
La ninfa me deja en la puerta del aviario y luego se retira, me dice que mi rey me espera adentro, tragó saliva antes de acceder a ese lugar donde las aves más bonitas vienen a tener sus huevos, no hay magia en el aire para decir que Alandher los hace venir como regalo para mí y que pueda ver tanta variedad junta. Encuentro al hombre que busco a mitad del aviario con un gorreón dorado en su mano.
—¿Me llamaste?—gira su cabeza a mí y asiente al verme—. ¿Para qué?
—En primera, buenos días, Harper—me encojo de hombros porque es cierto—. En segunda, te llamé porque quería que fijaramos fecha para nuestra boda.
—¿Tan pronto?
—Te he dado un mes para que lo pensaras—cierro la boca cuando lo dice—. Así que necesito que pienses en una fecha, le diré a tus padres que los necesitas para planearlo.
Asiento sin responderle, cómo es todo para lo que me quiere me doy la vuelta para salir de aquí cuando llama mi atención una lechuza blanca. Me acerco a ella y el ave solo hace ese sonido que la caracteriza. Increíble. Es en este preciso momento en el que me acuerdo de mi fiel cuervo y me giro de nuevo a Alandher.
—¿Dónde está Jack?
—Por ahí.
—Alandher…
—Está bien si es lo que preguntas—deja al ave en una rama y se encamina a mí para tomar mi mentón y hacer que mis ojos y los suyos se encuentren—. No voy a lastimarte ni a ti, ni a nadie de los que amas, recuerda que te elegí desde antes de tener los poderes que me diste.
—No eres el mismo Alandher.
Me besa con dulzura antes de aumentar el beso y hacer que mi cabeza de vueltas por lo rico de su beso y lo bien que se siente que alguien te diga que te ama sin palabras.
—Soy el mismo, pero ahora sé que tengo algo con que defenderte—mi estúpido corazón da un vuelco al oírlo —. Te amo, mi amore.
—También yo.
—Anda, vayamos a desayunar y luego a qué veamos cómo va quedando el pueblo.
—¿Pueblo?
—Sí... Hay criaturas que están dispuestas a vivir con una pareja de brujos como líderes.
—La ninfa…
—Emily estaba atada a un árbol y no iba a vivir. La ayude y ella ofreció su vida por la ayuda, la rechace pero me siguió y entro al castillo.
—Bueno.
No estoy totalmente en paz.
No aún.
Pero ignoró lo que puede decirme sobre lo que sea que haya hecho. Camino de regreso al interior del castillo mientras voy escuchando como Alandher dice que promete portarse bien conmigo, suspiro triste antes de tomar cualquier camino y hacer lazo con el cuervo que se supone debe servirme, algo como cristal bloquea esa comunicación y me sorprende porque nunca me la había topado al tratar de comunicarme con mi cuervo.
Alandher.
Es el único capaz de bloquear mi animal de mí, bufo despacio antes de convertir mi comunicación en una serpiente y adentrarme despacio entre esa pared de cristal que me priva de hacer comunicación con Jack. Poco a poco encuentro la forma de llegar hasta él y sonrió cuando siento a mi cuervo del otro lado.
"—Hola, Jack—saludo y siento el suspiro de mi animal.
—"Es un gusto escucharte—sonrío mientras doy vuelta por un pasillo—. Alandher me tiene vigilando la entrada del reino de las brujas.
"—¿Para qué?
"—Ni idea.
Tuerzo los labios antes de abrir la puerta del comedor e irme a sentar a un asiento vacío antes de mover mi mano apra que el desayuno quedé servido frente a mí, suspiro preguntándome qué m****a quiere Alandher con ese reino. Dioses.
"—¿Cuánto llevas ahí?
"—Casi veinte días—hijo de…
Casi quiero golpearlo por hacerme esto, tomo la decisión de regresar a Jack y mi cuervo no duda en regresarse que es mío no de él. m*****o hijo de p***a. Me las pagará que Jack es mío no de él, es el único amigo que tuve en toda mi vida y no pienso dejar que me lo quite por su puro placer.
—¿Por qué demonios haces que se regrese?—giro mi cabeza él para levantarme y poner un escudo de fuego a mi alrededor—. Sabes que…
—No quiero una guerra con él.
—¿Crees que quiero una guerra con ese idiota?
Su expresión me dice que sí. Eso duele más, no soy un puto objeto para que tenga que opinar sobre lo que debe ser para mí ni tampoco para que haga lo que quiera sin decirme nada, no soy un trofeo. Lo miro indignada antes de negar e irme a la recámara de mi dormitorio.
Me transportó hasta llegar a la cabaña vieja que tenía aquí y por primera vez en años hago un encantamiento que me llevará entre el pasado y el futuro y lo que hago es transportarme al futuro para ver qué demonios pasará si Alandher continúa por ese camino.
30 años después…
Camino oculta entre las sobras mientras veo un castillo derrumbado que no es el que me sirve para vivir en estos momentos. Camino entre sus pasillos para darme cuenta de que es el de el rey de las brujas.
Dios. Veo a Alandher caminado entre los pasillos derrumbados y no puedo creer que se vea intacto, lo sigo de cerca mientras me acerco con cuidado a su persona, en sus manos hay marcas de cortadas y ligeros golpes, tragó despacio.
Cuando llegó tragó despacio al ver lo que pasó con el dueño del castillo. Parece que su juventud le fue extraída y luego entiendo que Alandher se la quitó. Por eso se ve joven. Sus manos están atadas contra la pared que pertenecía a su sala del trono, tiene marcas de que un látigo marco su piel hasta casi llegar al hueso.
—¿Quieres saber que sucedió?
—Eres un bastardo—sisea el hombre sujeto por esas cuerdas—. ¿Todavía crees que retenerla a tu lado es lo que ella desea?
—¿Te refieres a mi mujer?—abro la boca despacio—. Es una pena que tu hijo nunca te conozca.
—Espero que Harper te mate cuándo tenga la oportunidad—Alandher sonríe con frialdad antes de negar.
—Le quitaré su magia antes de que lo haga.
Quitarme la magia… no puedo permitir que esto suceda y debo de buscar una forma de removerle la maldad que le acabo de dar sin proponermelo. Trueno los dedos antes de volver a mi presente.
Presente...
Trago grueso antes de pensar que sólo hay una persona en la tierra que puede enseñarme como quitarle los poderes a este hombre que se volverá un dolor de cabeza si dejó que siga por ese camino tan mal por el que va.
Tragó antes de mover los dedos buscando una forma de moverme en una dirección a la que tendré que adaptarme si quiero estar en ambos lugares. Pero no quiero que Alandher haga pedazos el mundo y para ello debo tener los libros correctos.