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1943 Palabras
Despierto en el colchón en el que me dormí anoche… o eso creo. Abro bien los ojos para ver qué estoy en una habitación que conozco a la perfección, sólo que es más amplia y espaciosa. Me incorporo sobre mis brazos para ver qué no hay nada distinto más que esas dos cosas. —Buenos días, mi angello. —¿Alandher? Me levanto para verlo darme una sonrisa triunfante y dulce. Luce diferente y eso me da miedo. Tiene el cabello más oscuro que antes y los ojos un poco más misteriosos, la piel se volvió pálida y eso… pone a pensar. Sus labios formulan una sonrisa que me da algo de miedo, no puedo creer que mi poder le hizo eso. —Te ves sorprendida, mi angello. Parpadeo cuando se acerca a mí y deposita un beso en mis labios, uno apasionado que hace que me olvidé de mi propio nombre. Me acorrala en la cama mientras no rompemos con el beso. —No he olvidado que seré el primero, mi angello. —Alandher… —Huelo tu excitación—pasa su nariz por mi cuello erizando mi piel—. Me pone duro el saber que estás así por mí. —Al… —¡Alandher! Trago al escuchar esa voz. Se supone que yo hice magia para matar a todo el mundo, nadie debía quedar con vida a menos que Alandher haya d*********o un par de hechizos que no debería de haberlo hecho. Se separa de mí y truena los dedos para ir a ver su padre. —¿Qué se te ofrece, Brenan? —Soy tu padre, y me puedes explicar cómo demonios estoy… —¿Vivo?—termina por él—. Simple. Se llama necromancia. —Alandher. La necromancia es… una magia muy fuerte. No cualquier mago es capaz de hacer necromancia y que el resultado sea el que Alandher ha obtenido. El que su padre respire y sepa que estaba muerto es magia muy poderosa. —Ahora vete, que tengo cosas que hacer. —¿Tú qué tienes que ver con esto, zorra del averno?—estoy por contestar cuando una soga de magia se envuelve en su garganta. Ambos desaparecen de la recámara y no dudo en transportarme a dónde creo que fueron y efectivamente es a donde lo supuse. La plaza. Alandher arroja a su padre contra la fuente con violencia que nadie creyó que pudiera hacerlo. Estoy segura de que hay más allá de lo que transferí a Alandher de mis poderes que yo no tengo tanto poder ni obscuridad en mi ser. —¡Escúchame bien, m*****o hijo de p***a!—toda la aldea está perfectamente bien y hay muchos que yo debí matar con la bola de poder que hice—. Harper y yo estamos casados y mis poderes son muestra del j****o amor que le tengo a mi esposa. Y el que estés vivo se debe a mí y a qué quiero una vida tranquila con ella, quiero que todo siga igual en mi vida, pero mis poderes no lo son. <<Y así como te hice respirar puedo hacer que dejes de hacerlo, pero no lo haré. Estoy seguro que puedes controlar la boca y callarte durante lo que te reste la vida y hasta que mueras de forma natural. Tu vida depende de ti y de lo que te faltaba por vivir. No la gastes en molestar a mi esposa o a mí. Se da la vuelta y sonríe antes de avanzar a paso lento a mí, me regala un beso en los labios que se ve interrumpido cuando el grito de mi madre llamándome me hace separarme de él. Mis padres. Ambos corren a mí. Al llegar me abrazan y no dudo en devolverles el abrazo que me dan como si tuviéramos años sin vernos, pero han pasado sólo unos días desde que dejamos de hacerlo. Siento mil cosas al estar así con mis padres se nuevo en mi vida. —Mi bebé—solloza mi madre separándose y esparciendo besos por mi rostro—. Te amo, mi niña. —Mamá… —Mi dulce niña—papá acaricia mi mejilla y no puedo dejar de sentirme menos contenta—. Te amamos. Les sonrío a mis padres antes de recibir un beso dulce en mi frente, mamá me abraza de nueva cuenta antes de separarse y sonreírme de esa forma que siempre me transmite paz. Mi madre levanta la cabeza para ver a quien hay a mi espalda y estoy segura de que es Alandher. O su nueva versión. —Señores. —¿Alandher?—mi madre no parece creer en la figura que hay frente a ellos. —Un placer verlos—siento su brazo en mis hombros—. Harper y yo dimos un paso más grande, pero eso puede esperar. Necesito hacer un par de cosas. Deja un beso en mi mejilla antes de alejarse un poco y desaparecer. /// Isabella no me habla mientras estamos sentadas alrededor de la mesa con mi madre sonriendo y mi padre contando cómo fue que despertaron y todo estaba restaurado y que los días se sintieron como haber estado dormidos. Además de que despertaron en sus camas… Cassian me pasa un bol de nueces por si quiero agregarla en la comida, también está algo agitado con el tema de que Alandher tenga esa cantidad de poder, y lo entiendo, de verdad que lo hago. No he podido superar que su poder este creciendo, y que cada día crezca más. —¿Y Alandher? —No lo sé. —Amor… —¡No sé!—gruño y mi madre se sorprende del tono con que lo dije—. Alandher no ha vuelto desde hace dos días. Ya no dicen nada más. También tengo miedo por el poder que le dí, el poder que ha decidido usar en contra de todas las personas que nos conocen y que amamos, no entiendo cómo ha sido capaz de revivir a todos a un nivel imposible para muchas brujas. Tragó despacio. Todos comemos en un silencio tenso que sabemos el origen y nadie está dispuesto a interrumpirlo, por eso me quedó en donde estoy con la boca cerrada y la cabeza girando y girando en torno al hombre que dijo que mataría a quien me tocará un pelo. Suspiro levantándome del asiento y caminando a la salida de mi casa con mi madre en silencio sin decirme nada con respeto a Alandher. Es mejor así. Abro la puerta y me encuentro con el hombre que me sonríe y ladea la cabeza al ver la confusión en los ojos. —Tengo un regalo, mi reina. —Alandher de verdad, me preocupas—me sonríe antes de besarme la frente—. Al… —No debería—me hace la seña de que quiere pasar—. Están cenando… Camina al comedor de mis padres y les sonríe cuando toma asiento en el que era mi lugar, mira el plato que todavía tiene comida antes de mirarme con algo de enojo. —Cariño, ¿Por qué no terminaste? —No tengo hambre. No parece creerme así que con los poderes que le di hace que me siente sobre sus piernas y que me ponga a comer. Tragó despacio. Mete una cucharada de comida a mi boca sin importarle una m****a las miradas que recibimos de parte de mi familia y de los presentes. —Alandher… —¿Qué quieres, Cassian? —No eres tú mismo—la cuchara queda a en el plato cuando mi creación gira su cabeza a él—. Pareces… —¿Quieres saber que soy?—trago despacio. Pongo una mano sobre la de Alandher al ver qué la magia está fluyendo de manera sutil como la última vez que yo usé mi poder en la fiesta de Isabella. Bufa al entender lo que quiero hacer pero no me detiene mientras tomo su mano y aprieto suave. —Soy un Brujo de Huesos—el grito ahogado de mi madre enciende mis alarmas. Sé muy poco sobre esos brujos, pero un cazador debe estar preparado teóricamente para todos los tipos que existen. Pero por las caras de mis padres lo que hice con Alandher debe ser considerado como ilegal. Mi madre me mira a mí y luego su labio inferior tiembla, luego mi padre clama a todos los presentes que también muestran sus inquietudes por lo que Alandher acaba de decir sobre su especie. —Mamá… —¿Por qué lo hiciste, Harper?—ni yo sé cómo—. Sabes que ese brujo… —No sé cómo—Alandher me limpia la lágrima que baja por mi mejilla. —Dejen de molestar—se queja Alandher en un tono filoso que va para todos—. Lo que soy no es problema suyo ni de Harper. Nos transporta entre las sombras y nos deja en casa donde me levanto de sus piernas y me encamino a la habitación de la planta alta, a la habitación que tenemos libre. Lo escucho hacer algo en la planta baja, cierro la puerta y transportó uno de los libros que tengo en la planta baja. Me pongo a leer lo que hice con Alandher. Un brujo de Huesos es aquel que se crea a base de magia y amor, además de sentimientos encontrados como lo es lo que estábamos sintiendo al momento de besarnos en el palacio de… ladeó, mis labios viendo la cantidad de poder que tiene por ser el tipo de brujo que es. Su magnitud supera todo. Es el ser de poder absoluto y puede tener hijos y romper los lazos que la persona que elija como esposa, y en este caso sería yo. Sigo leyendo por otro rato cuando la puerta se abre y Alandher toca mis hombros para dejar un beso suave en mi hombro. —¿Por qué nunca me dijiste que me querías? —Tenía miedo de tu reacción—toma mi cabello y lo pasa por uno de mis hombros—. O tal vez miedo a que me rechazaras por ser quien soy. —Eres… —La aldea quería algo más para mí—lo siento bajar el cierre de mi vestido. Deja besos suaves por mi piel mientras el cierre va bajando por mi cuerpo con cuidado, siento que suspiro cada tanto, por la cantidad de besos y de caricias que va dejando. —Necesito saber si quieres que continúe. —Deberías esperar…—sus manos suben a las mangas de mi vestido para bajarlas con cuidado—. Además tenemos que ver el tema de nuestros… —Quiero mostrarte algo… Asiento dejándome convencer por lo que sea que quiera mostrarme, sonríe antes de tomar mis manos con cuidado y ponerme el vestido con magia de nueva cuenta, nos transporta en las sombras a un lugar que nunca había visto. Abro la boca al ver a dónde me trajo. —Bienvenida a casa—me giro a él para abrir los ojos al verlo con una rosa negra en las manos—. Este es mi regalo de bodas, mi reina. —¿Te quieres volver a casar conmigo? Asiente antes de acercarse y besarme los labios con d***o. Al separarse me deja la rosa en las manos. —No voy a desperdiciar mi vida sin ti—una lágrima rueda por mi mejilla al escuchar eso—. Haremos nuestra vida aquí, lejos del mundo, y te prometo que sólo nuestros amigos sabrán dónde encontrarnos. —¿Y quienes nos ayudarían a limpiar? —Deja que yo me encargue de eso.
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