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2073 Palabras
Despierto antes que el atardecer se ponga en el cielo, parpadeo escuchando algo parecido al aleteo de Jack. Para mi sorpresa mi cuerpo no duele y mis sentidos están un poco más despiertos. Me levanto del colchón en el que estoy para no ver a nadie a mi alrededor, entro en el clóset y me pongo un traje de los que hay. Algo que parece ser típico de bruja. Me pongo el cinturón, y luego los zapatos altos que no comprendo porque sé caminar, me arreglo el cabello antes de acomodarlo en mi espalda. Salgo para bajar a dónde creo que pueden estar todos, y efectivamente están en el comedor con la presencia de Rhaysan en él. Varios ojos van a mí y no les tomo importancia antes de caminar a donde está Rhaysan. —Te ves bien, Harper. Le sonrío antes de sentarme en el lugar que hay a su lado, me da un ligero abrazo. —¿Cuántos días estuve dormida?—lo pregunto porque acabo de recordar que él estaría aquí dos días después de mi separación. —Una semana. Abro los ojos sorprendida. Es mucho tiempo el que pase inconsciente, dios. No puedo creer que haya dormido tantos días y eso se demuestra en mi cara. Miro el plato frente a mí que no había notado que no hay comida en ella y que tampoco están los cazadores en el comedor. —¿Dónde…? —Ellos están entrenando—dice el de cabello plateado. —¿Entrenando? —Quisieron entrenar—me dice Rhaysan—. Quieren irse a una aldea de cazadores. —Pero… —Los dejaré irse, pero tú te quedas Harper—abro los labios antes de levantarme y caminar a la salida del comedor—. ¡Harper! Lo ignoro y sigo caminando a la puerta sin girarme a él. —¡Harper vuelve a la mesa!—me grita. Me detengo cuando lo hace. A Alandher se lo pasaba porque nunca me gritaba a menos que yo lo hiciera y porque ya lo conocía, pero a Rhaysan no lo conozco del todo. —Eres mi pareja, pero no mi dueño. Está por decirme algo cuando lo dejo con la palabra en la boca, camino por los pasillos hasta que los encuentro en una especie de gimnasio. Esas caras conocidas están entrenando, tienen espadas de madera y entran con ellas, es un esgrima un poco callejero el que mis compañeros están haciendo. Me siento en una de las sillas que hay aquí y pongo atención. Hay muchas técnicas que yo no sé usar, pero en su mayoría si las sé usar. —¿Se puede saber qué haces aquí?—Alandher. —Viéndolos entrenar—digo cómo si no fuera obvio. —Largo. —¿Disculpa? —Lárgate de aquí, Harper—me gruñe molesto—. Ya no tengo que preocuparme por ti. —¿Preocuparte? Casi parece burla lo que dijo. Jamás se preocupo por mí y jamás me hizo sentirme en un verdadero matrimonio, así que no entiendo que tiene que ver su comentario con respecto a nuestra relación. —Ya no somos un matrimonio, así que me quitaste un… —Ya no somos un matrimonio porque nunca me trataste cómo tu esposa—me quejo—. Si tan sólo me hubieras tratado con cariño y no cómo si fuera tu mayor error, tal vez no hubiera aceptado el separarnos. Me hubiera aferrado a nuestra relación. Abre la boca antes de cerrar la boca, se acerca a mí antes de darme un ligero roce en los labios. —Te amo, Harper—mi piel se eriza cuando lo dice—. Preferí culparte a ti en vez de ser el esposo que merecías. No cuento con que sellé nuestros labios y no dudo en responderle. No me interesa que nos observen o el hecho de ser la esposa de un rey importante para el mundo, o ser la reina de las brujas. —Lo siento, Harper. —Perdóname a mí por no ser lo qué mereces—niega despacio antes de sonreír despacio. —Siempre fuiste tú. Eso me hace derramar una lágrima antes de yo misma juntar mis labios a los suyos. Sus manos envuelven mi cintura y me siento en las nubes de tener sus manos en donde están. Poco a poco siento que no hay otro lugar en el que quiera estar. Ninguno más que en el que estoy. No siento alguna culpa al estar besando los labios de Alandher que parecen no querer despegarse de mis labios en ningún momento. Sus labios son tan ricos y dulces al moverse en sincronía con los míos mientras nos besamos. Dejando mis miedos de lado subo mis brazos alrededor de su cuello para seguir besándolo con el mismo cariño que él a mí. No somos concientes de nada hasta que los gritos comienzan a surgir por algo que sucede a lo que Alandher y yo somos ajenos, o eso creo. —¡Harper!—escucho mi nombre de manera lejana mientras tengo los labios de Alandher devorando los míos con pasión y d***o de más. Lo amo. Esa es mi verdadera realidad. Amo a Alandher con todo mi corazón. —¿De verdad me amas?—pregunto al soltar el beso. —Sí. Te amo, Harper. Lo vuelo a besar y está vez nada nos detiene y el que Alandher sujete con fuerza mi cintura me hace temblar en lo más hondo de mi ser. En poco tiempo siento un mareo pero no detengo mi beso de Alandher. Cuando se separa dice de nuevo esas palabras que me atraían como su esposa y debo ser una verdadera idiota para aceptar. —Acedaris Alandher Black. Me besa de nuevo. Al separarnos de nuevo me sonríe pero hay algo diferente en él… algo que no logró entender que podría ser. Miro a mi alrededor para ver qué se creo una bola de poder, Alandher gira mi cabeza y me besa despacio. —Te ves hermosa con ese vestido de novia—arqueo una ceja antes de mirar abajo y ver qué llevo puesto un vestido blanco largo que es para una boda. Truena los dedos y la bola de magia se esfuma y es cuando se puede ver a los cazadores y a los que deje en el comedor con Rhaysan. Varios de ellos abren sus ojos con sorpresa por verme tan cerca de Alandher y que tengo puesto un vestido que da contraste a la vestimenta negra que mi esposo lleva puesta. —¿Qué hiciste, Harper?—ataca Isabella. —Yo… yo… —Manon—brama Rhaysan. —Harper le compartió sus poderes—los cazadores nos miran con algo de asombro. —¿Eso es posible? —Depende de la bruja—comenta Manon acercándose. Alandher hace un gesto y una especie de muro invisible se pone entre Manon y nosotros. Lo que a ella parece sorprenderle, pero creo que estoy más sorprendida yo que ella. —Al parecer Harper le pasó sus poderes… —¿Ya no es bruja?—la esperanza en Isabella es nula. —Todavía lo es—dice Manon buscando algo en lo que sea que haga Alandher—. Pero Alandher ya no es humano… es un brujo de sombras. —Eso significa… —Que Rhaysan ya no es la pareja de Harper—Alandher me pega más a él si es que eso es posible—. Harper y Alandher son marido y mujer ante Isadia, nuestra señora Sacerdotisa. /// Son tantas cosas que procesar y no comprendo cómo demonios hice para pasarle mis poderes a Alandher que no ha estado conmigo desde que nos casamos. Irina me ha tratado de explicar que fue lo que hice o que pude haber hecho para que Alandher recibiera mis poderes, pero no me queda del todo claro. Genial. Me dejó caer en la cama y miro al techo aún con el vestido blanco puesto en mi piel, es un vestido que estoy segura que Alandher tuvo que ver para que se pusiera en mi piel. Han pasado muchas horas desde que estoy en mi habitación pensando y meditando acerca de lo sucedido y no hay nada en lo absoluto. Gruño frustrada antes de escuchar la puerta abrirse, giro mis ojos para ver qué es Alandher que trata de no hacer ruido al internarse a mi dormitorio. Bueno, nuestro dormitorio. —Sé qué me observas, Harp. —No me estoy ocultando. Se sienta en el borde del colchón y deja su vista perdida en la pared que hay frente a él. Me siento a su lado y no sé cómo pasa a subirse sobre mí y dejar mi cuerpo recostado en el material suave que cubre mi cama. —Creo que ya podemos consumar nuestro matrimonio—me besa despacio. Sus manos juegan conmigo antes de bajar por mis piernas. Las abre despacio para situarse en medio de ellas, me besa despacio los labios antes de morderme con d***o. —Alandher… —Te voy a dar la mejor noche de tu vida, mi amor. —Alandher, tenemos que hablar de tu actitud… —Hablamos mañana… déjame hacerte mía. No pongo tanta resistencia a algo que sin duda alguna tengo ganas de experimentar y que seguramente va a gustarme más de lo que puedo imaginar. O tal vez no pasé. Son muchas opciones. Alandher deja que me levanté y con cuidado baja el cierre de mi vestido, deja besos suaves por todo mi cuerpo mientras esté se va calentando por las caricias y dulces palabras que me ponen un poco deseosa. En mi nuca deja un par de besos. Me da la vuelta y se aleja para contemplar mi cuerpo que se encuentra cubierto por encaje en mis pechos y parte baja. —Mi pecado. Me sonrojo cuando escucho la puerta abrirse, Alandher arquea una ceja para crear una bola de poder y aventarla a la persona que entró. Alguien que pudo evitar esa bola de poder. —No en mi casa. —¿Tu casa?—se gira a mí. —Estás en mi palacio—los dos se miran entre sí—. Así que no. —Soy consciente de en donde estoy—hago magia para ponerme ropa. Alandher me mira de reojo antes de acercarse despacio a mí—. Pero el que Harper y yo no tengamos la intimidad de pareja me molesta—Rhaysan parece molesto con cada segundo que transcurre. Ambos se lanzan miradas retadoras que no paso desapercibidas, Alandher me abraza de manera posesiva y deja un beso en mi sien. —Endolche mi angello—lo miro sorprendida de que usé lengua negra. —Es… —Soy un brujo, gracias a ti, mi angello. Abro la boca sorprendida. Deja un beso en mis labios y luego retrocede despacio antes de que desaparezca de mi vista y de la estancia. Rhaysan parpadea antes de que veamos que el poder de Alandher es más del que esperábamos. —No debería hacer eso con tan poco tiempo—Rhaysan sale por la puerta y no dudo en seguirlo. No sé a dónde se dirige pero sin duda tiene que ver con el hecho de qué Alandher use una buena cantidad de poder y de que no tenga m****a en demostrar esos poderes que se supone le di. Aunque sigo sin entender cómo es que se los di sí yo no tenía ni idea de la clase de poder que corría por mis venas o no la tengo. Por los pasillos que recorremos sé perfectamente a dónde vamos. Al despacho de Manon. Abre las puertas y para sorpresa mía, la bruja de la que me gustaría aprender está sentada o mejor dicho levitando con las piernas cruzadas y un libro frente a ella, con las manos mueve las páginas del libro sin tocar alguna. —¿Cómo diablos tiene ese nivel de poder? —Eso trato de investigar—deja de levitar y se pone en sus dos piernas—. Jamás había visto esa clase de poder en un humano y que supiera controlarlo. —Su poder crece. —¡Ya lo sé!—se exalta y se da la vuelta para seguir buscando—. Alandher debe medir el nivel de sus poderes… sería prudente que lo hicieras con él, Harper. —Yo… —Debes hacerlo. —Lo intentaré.
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