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1900 Palabras
Dormí en otra recámara porque no quise importunar a nadie con mi precensia y por nadie me refiero a Alandher que según escuche amaneció y lo primero que hizo fue preguntar por mí y no de una buena manera. Suspiro triste antes de entender que lo que tenía que pasar pasó y ahora Alandher me odia por darle esos poderes y la personalidad agresiva que consiguió. Suspiro triste antes de acostarme en la cama de la habitación en la que dormí, es una de las más alejadas de la mía y es mejor para una cobarde como yo el estar hasta acá, alejada de él. Miro el techo de mi habitación imaginandome un paisaje distinto para mí, tal vez pueda irme a vivir a un cerro y criar algún animal hasta hacerme anciana y crecer lejos de todo lo que me rodea, he escuchado que estando en otro lugar es mejor porque así… —Buenos días, mi señora—giro mi cabeza sintiéndome de todo menos agradecida de que me encontrará ella—. El rey no sabe dónde está. —¿Segura? —Claro—asiento cuando destapa la comida de hoy. Camina a las cortinas para abrirlas y dejar que la luz bese cada espacio dentro de estás cuatro paredes en las que me encerré desde ayer en la noche. Suspiro antes de irme a sentar a dónde la comida espera para que mi cuerpo tome energías que no me servirán de nada. —¿Sigue enojado?—no evite preguntarlo. Se voltea a mí y niega despacio. Menos mal. Al menos sé qué no está esperando matarme con sus propias manos por haberlo convertido en un ser cruel. Al menos eso quiero creer. En realidad no debería suponer nada de nada porque Alandher es muy diferente y es otra cabeza en la que yo no estoy, por lo tanto no sé que puede estar pensando al respecto. —Pienso que el rey sólo está… Las puertas de la habitación se abren y Alandher entra por ellas con una cara de odio que me hace tragar despacio la loca saliva que mi boca había juntado. Miro a Emily buscando alguna explicación, pero no me la da y sólo hace una reverencia antes de salir por la puerta sin mencionar palabra alguna. Esa ninfa me las pagará. Bajo la cabeza antes de suspirar sabiendo que será mejor no hacer nada mientras Alandher dice todo lo que tiene por decirme. Se sienta frente a mí y con un encantamiento cierra la puerta para que nada ni nadie entre o salga de esta habitación, suspiro una vez más antes de querer llorar como una tonta cuando yo tengo la puta culpa de que esto haya sucedido. —¿Qué demonios me diste para eliminar esa parte oscura?—no levanto la cabeza ni digo nada, sólo calló y miro el plato—. ¡Respóndeme, Harper! Todo tiembla cuando me grita, tragó despacio antes de levantarme y ver cómo con magia me vuelve a sentar. Eleva mi cabeza con lo mismo y por primera vez veo que no lleva el bastón y sus ojos se ven de otro color. —Una poción de Adiola—más triste no me puedo notar—. Sirvió para quitarte la semilla oscura que te daba el poder que te di, ahora sólo tienes el poder. —Un poder que hoy no quiero—no quitó la mirada del techo—. ¿Qué demonios tengo que hacer para regresarte tu m*****o poder y alejarme de ti? Una lágrima rueda por mi mejilla cuando decide soltarme, me pongo de pie y camino a dónde tengo mis tejidos, tomo el azul antes de regresar a dónde el está, con cuidado se lo doy. Lo mira con extrañeza y eso me hace suspirar. —Debes quemarlo y decir que regresas el poder a la tierra y al viento… todo tu poder se va a eliminar y volverá a mí. —Bien. Sale por la puerta sin decirme nada más, suspiro antes de ver la comida y eliminarla antes de irme a acostar de nuevo. Sabía que esto pasaría, siempre lo supe, pero quise hacerme la fuerte y eso salió mal, todo lo que yo quería salió mal y ahora tengo que pagar por ese error. Debí quedarme con Rhaysan, debí… comienzo a sentir como el poder que perdí vuelve a mí, cada parte del poder que se fue, regresa más fuerte que nunca y con todo eso me quedo dormida. /// Abro los ojos y en vez de sentirme triste como antes, me siento bien, me pongo de pie para ver a nadie en mi habitación, camino al espejo más cercano y me asombra ver mi cabello n***o como la noche y mis ojos tan intensos que parezco otra. Mi piel se hizo pálida y eso no me hace sentir mal en lo absoluto. Sonrió antes de salir por las puertas de mi recámara. Bajo los escalones hasta que escucho voces conocidas, mi hermana y su esposo. Alandher… y sus cazadores. Me pongo un vestido con magia, uno n***o con pedazos verdes oscuro y morado distribuidos en lugares correctos, me hago un maquillaje sombrío antes de bajar las escaleras para llamar su atención. No veo sus gestos, y la verdad no me interesan mucho, pero sí el de mi hermana que abre mucho los ojos al verme. —Cazadores, buenos días—Isabella parpadea confundida y con los ojos abiertos—. Espero que mi personal los atienda bien en su vista. —Harper, ¿Qué te pasó?—ladeo la cabeza con suavidad y sin quitar la sonrisa me doy una vuelta. —Ni idea, pero me gusta el cambio—miro a Alandher que ni siquiera me pone atención—. Morgan—el lobo aparece en cuestión de segundos. —Mi señora. —Da el anunció de que no hay rey—los cazadores miran a Alandher que no muestra nada—, y que la que manda soy yo, y que un lobo le busque cosas que hacer al joven Alandher. —¿Qué hiciste?—Alandher no responde. Le doy un despido a mi hermana para irme detrás del lobo que me pone al tanto de lo que sucede en el territorio de algunas criaturas mágicas que quieren pasarse de listas y venir a mi nuevo territorio como si les perteneciera. Miro a Jack antes de negar que un dragón no me servirá de nada, necesito al menos cuatro jinetes nuevos. Pienso antes de sonreír porque sé dónde se dan esos dragones, me giro a Cassian y a los gemelos antes de acercarme a ellos de nuevo. —Señores, necesito a tres de ustedes para que vayan a traerme algo que necesito. —No les ordenaras nada—brama Alandher metiendose entre ellos y yo—. No son tus putas para que… —Dejemos algo claro—lo estrelló contra la pared más cercana—. Aquí mando yo, tú puedes irte a la m****a con tus comentarios estúpidos—me giro años otros—. Cassian, lidera un grupo de personas, necesito que vayan a recoger algo que necesito. —Si, señora. Asiento antes de alejarme de ellos, me voy a desayunar con alguien siguiendo mis pasos y preguntando que sucedió. Cuando llegó al comedor veo a alguien que me alegro de ver. —Hola Acerys—me sonríe el Fae de cabello blanco y largo—. Un gusto saludarte. —Recibí tu mensaje—se queja descruzando los brazos y acercándose a mí—. Si sabes que traer jinetes va a resultar un poco perjudicial. —Lo tengo entendido, pero no me interesa—digo sentándome—. Sólo quiero que los lleves, Acerys—asiente antes de acercarse a mí con altanerismo que le conozco desde que nos encontramos en el bosque hace siglos. —¿Qué voy a ganar? Estoy por responderle cuando Cassian y los demás cazadores entran en la estancia, no hago caso de ningún gesto y sigo caminando a mi asiento para poder desayunar. —Señores, él es Acerys, él los llevará a dónde los estoy mandando, conoce el camino. —¿Adónde nos estás mandando? Le sonrío a Alandher antes de crear una mesa donde el mapa de toda la ciudad queda dibujado con relieves y perfectas dimensiones, me acerco a él antes de señalar la puerta Dragón. El único lugar en el mundo donde se puede encontrar un huevo de dragón a pesar de ya no haber dragones adultos merodeando por aquí. —¿Estás loca? —Deja que te aclaré algo—me giro a él para mirarlo con ligero desprecio—. Muy pocos saben lo que sucede cuando se rompe el corazón de una bruja—en sus ojos entiende lo que quiero decir—, y para tu puta desgracia, rompiste el corazón de una. Felicidades. Ahora, lárgate de mi propiedad que al regresarme los poderes perdiste el derecho de vivir en el palacio. —Harper… —Acerys, espero que le hayas avisado a Nica, del acuerdo que quiero hacer con ella. —Por supuesto que lo hice—asiento casi con una sonrisa en los labios—. ¿Puedo llevarme al ex rey?—miro con indiferencia a Alandher antes de mover la cabeza afirmando lo que pide. Se levanta para encaminarse a la salida de la estancia dejándome con los presentes que me miran ligeramente anonadados por la actitud que tengo, pero como son simples asesinos de mi especie, no saben que es lo que pasa cuando rompen el corazón de una bruja. —¿Qué es lo qué sucede? —Le rompieron el corazón—Acerys se da la vuelta para enfrentarlos con una burla en su rostro—. Cuando se rompe el corazón de una bruja blanca, lo que obtienen es que esa bruja se transforma a una bruja negra sin corazón, claro, sólo los que ella quieren reciben la pureza de lo que ella es. —¿Eso quiere decir…? —Que la Harper tierna y risueña se murió, gracias al idiota que llaman líder de equipo. Todos giran su cabeza a Alandher que se mantiene neutro ante la afirmación de Acerys, pero sus ojos vienen a mí antes de bufar. —Tú me transformaste—sisea con rabia bien dirigida e intencionada—. Me convertiste en un monstruo que… —Creo que en eso te equivocas—para sorpresa mía es mi hermana la que habla interrumpiendo su discurso que usaba para reclamarme—. Ella sacó el lado que todas sabemos que tienes, al bastardo que le importa una m****a lo que digan los demás, al hombre frío y cruel que eres Alandher. Todos lo sabemos, sabemos que eres capaz de muchas cosas despiadadas y te controlas porque tu padre quiere que lo hagas. << Tal vez es mejor echarle la culpa a Harper, pero cuando la defendiste cuando nos reviviste, vi al Alandher que se escondía debajo de la coraza que tienes de buen niño. Alandher los mira a todos y la mayoría asiente a lo que mi hermana acaba de decirle. —Harper te liberó de las cadenas de tu padre y ahora… tienes la correa de tu padre de nuevo. Felicidades, Alandher. Le rompiste el corazón a una bruja. Y a mi hermana.
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