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1937 Palabras
Hola chicos, aquí tienen la continuación del episodio. Que tengan un hermoso día y que disfruten del capítulo y los veo en la siguiente actualización… Abro los ojos con un enorme dolor en mi cabeza, uno que hace que me retumbe todo el organismo. Mis ojos vagan por todos lados hasta que encuentro a una mujer de cabello n***o con una sonrisa en los labios. —Hola. Su piel es morena oscura y unos ojos chocolate que hacen juego con su tono de piel. —Me alegra ver qué despertaste—dice animada—. Deberías cambiarte. —Me duele la cabeza—sus ojos adquieren un poco de preocupación. —¡Oh, deja traigo té de Florina!—se levanta de mi cama y va por eso que dijo. Creo que la Florina es una planta medicinal que crece en Obsidia, pero no estoy muy segura de eso. La Fae deja que mis labios prueben el té de Florina. Sabe a miel con algo dulce en sabor que pasa más allá de lo rico que me sabe ahora. Dios. Está delicioso. —Eso es… —Gracias. —De nada, Harper. Eso me hace atragantarme con el té, me acabo de despertar y ella me llamó por mi nombre, sonríe al ver mi confusión. —¿Cómo…? —Estás a salvo, y sé tu nombre porque eres mi reina. —¿Estoy en…? —Bienvenida a Obsidia. Me levanto cuando noto que ya no me duele la cabeza, corro a dónde están cerradas las cortinas y no dudo en abrirlas para ver algo totalmente diferente a lo que espera ver en el reino. Esperaba encontrar algo terrorífico no algo tan bello y lleno de colores alegres. —Vamos. Te ayudaré a qué te bañes y después a qué desayunes. La Fae se pierde en una puerta que parece ser un baño, me dice que entre y que esperé a que se vaya para que pueda desvestirme. Lo hago y escucho que ella busca algo en el armario, o eso creo que es la habitación que hay al lado, me interno en el agua tibia que hay en la tina y juro que me siento en las nubes. Meto mi cabeza para atrás y siento que todos mis músculos se relajan y que estoy tan cómoda que no quiero que se arruine mi comodidad. Levanto mi cabeza y soy consciente que ya debo salir de aquí. Me levanto y me pongo una toalla en el cuerpo, salgo a la habitación para ver qué la Fae ya dejó un cambio para mí. —¿Cuál es tu nombre? —Puedes llamarme, Irina. —Irina. Asiente antes de salir para darme mi espacio y que pueda vestirme. Aunque, la ropa que me dio es un vestido algo exótico para mí. Es una tela que cubre lo necesario de mis pechos y la parte de enfrente y trasera de mis piernas y todo lo demás está expuesto. —Irina—la llamo. Entra y con la misma sonrisa me pregunta que sucede. —Algo más… discreto. —Lo siento, le daré algo más presentable. Se mete en el armario y sale con una playera de lino y un pantalón del mismo material, además de una tela que roja. Me visto con eso y las botas que me dio, ella me amarra el cinto de tela en la cintura y me siento más cómoda con esto. Salgo detrás de ella y me siento extraña por no haber preguntado por quienes estaban conmigo, o por Jack. Irina da vuelta en un pasillo al que yo misma me encuentro observando, tiene detalles preciosos. Es casi como si las cosas hubieran sido talladas en la piedra, hay algunos cuadros decorando la pared. El suelo también parece haber sido tallado en la piedra, todo el castillo parece haber sido tallado sobre una enorme roca y no en este lugar. Increíble. Bastante increíble. Irina baja unas enormes escaleras y no dudo dos veces en seguirla, en los pasillos hemos encontrado de todas las criaturas mágicas que he imaginado, muchas de ellas son hermosas. Algunos también tienen alas o algo que las caracteriza. Me cuesta creer que estoy en Obsidia, siempre creí que el lugar tenía brujas horrendas cuidando de que nadie entrara y que matarían a quien lo hiciera. Me equivoqué. De verdad que lo hice. Nos detenemos tras unas enormes puertas negras que tienen gravados sobre la madera, algo así como un tipo hechizo en lengua de duende o de otra especie. No la reconozco. Irina abre las puestas para dejar ver a los que estaban conmigo en la cueva, se ven intactos. Isabella gira su vista a otro lado, pero pude notar cierto alivio cuando me vio. Entro detrás de Irina que saluda cortésmente a todos en particular. —Gracias Irina—dice una voz varonil—. Puedes retirarte. —Con permiso, alteza. Irina se retira del comedor dejándome con los cazadores que venían conmigo y con la voz de alguien más. —Puedes tomar asiento, Harper—no lo veo—. La comida de la mesa no está envenenada y tus compañeros no son prisioneros. —¿Por qué no te veo? —No es necesario que lo hagas. Suspiró antes de irme a sentar. Alandher no me mira ni de reojo y creo que los demás están algo molestos por algo que hice. Por eso me siento sola a pesar de estar acompañada, tomo algo de fruta y no me sabe en la boca. —Es necesario que comas, Harper—de nuevo con voz. —¿Por qué no estoy muerta? —La flor Emir. Curo todas tus heridas—asiento—. Come. —¿Cuándo podré verte? —Cuando el desayuno termine, Irina irá por ti—eso no es responderme—. A la hora de la cena es cuando nos veremos, pero necesito que comas. —¿Mi dragón? —Jack está bien. Me sirvo un poco de huevo y jamón para empezar a comer ignorando lo incómoda que me siento de estar sentada en está mesa y que nadie me diga nada. —Tampoco lo emos visto—dice Alaya ignorando el silencio en el que estamos. Elevo los ojos a ella y me da una sonrisa tierna. —Despertamos y las heridas ya no estaban… a todos nos curaron de algo—dice señalado a sus compañeros—. Pero es él. —¿Rhaysan? —Sí. Eso es una sorpresa, y que ellos no sean prisioneros es todavía más sorprendente, creí que quemaría mi aldea y bailaría en la tumba de Alandher por el matrimonio que según tengo con él. Termino de desayunar. Y en cuanto lo hago Irina aparece para escoltarme a mi habitación, me doy la vuelta para verla y sigue con ese vestido blanco con bordes dorados que la hace ver muy bonita. —Rhaysan. —Dime. —¿Irina puede mostrarme el lugar? Espero unos segundos de silencio que nadie más interrumpe, y eso es sorpresivo ya que Isabella debe estar queriendo darme una tanda de gritos por lo sucedido. Ella viste de n***o al igual que los cazadores y yo no lo hago, pero en lo que a mí respecta el n***o es un color que muestra el dolor y no quiero que nadie vea mi dolor. Ese es mío. El dolor de la perdida de mis padres es mío. —Si, puede hacerlo. —Quiero ver a Jack. —Irina te llevará a él. Asiento antes de seguir a Irina que muestra la misma sonrisa que me mostró hace menos de una hora, le doy una sonrisa que no me llega a toda mi cara. La sigo porque quiero ver a Jack. Irina me dice que una vez tengo el permiso para ver el lugar tiene un par de sitios que cree que me pueden gustar. Mis pensamientos van a Jack que debe estar transformado en dragón y queriendo soltarse de lo que sea que lo amarra. Irina me saca del castillo, porque afuera compruebo que es un castillo, es más bonito por afuera, Irina me sonríe antes de llevarme por un camino que da de bajada hacia un lado de lo que sea que nos mantiene en alto. Estoy comenzando a creer que estoy en una montaña o algo parecido. Una de las montañas pequeñas que me gustaba escalar con Jack haciendo alarde de que era más fácil volar para llegar a la cima. Sigo caminando cuando veo algunas cosas que no son precisamente de brujas. Un par de hadas con una pelota jugando y lanzandola entre ellas. —¿Qué no estamos en el reino de las brujas?—Irina se detiene y me mira con una sonrisa más amplia. —Más que reino de brujas es un reino de criaturas mágicas—dice apuntando a sus orejas en punta como las de cualquier Fae. —Pero… —Cuesta mucho tener una mala reputación para proteger algo más preciado. Sigue caminando ignorando mi sorpresa, camino detrás de ella viendo a todos los que viven aquí. Hay muchas criaturas mágicas caminado en el pueblo, unas de ellas son exorbitantes e interesantes, algunos con alas o cuernos, de verdad que Rhaysan protege a todas las criaturas mágicas que puede. Dos pequeños juegan a dar vueltas con un hada de su misma edad o eso parece. Hay muchas criaturas y humanos y eso es… una sorpresa. De verdad que es un reino de alimenta el miedo para proteger una belleza y armonía sin igual. Todo es hermoso. Y desborda magia. Irina me saca del pueblo y es cuando escucho a Jack, su rugido me hace sonreír, lo veo a kilómetros del suelo y una sonrisa adorna mis labios cuando aterriza. Está intacto, no tiene ningún golpe o muestra de lo que nos hizo caer esa noche. Lo transformo en humano y corro para darle un fuerte abrazo que recibo con el mismo amor y cariño. —Dios mío, Jack. —Estoy bien—dice separándome de él—. Te faltan años para deshacerte de mí. Rio antes de abrazarlo de nuevo. Lo transformó en un lobo y me sigue para cuidarme, de verdad que la aldea es hermosa con esos muchos colores adornando el lugar, que se vuelve digno de todo lo que vive en él. —Debemos volver, señorita. —Jack. De ser un lobo pasa a tener alas que dejan el pelo detrás para adquirir escamas que aprovecho para montar. Sube metros antes de rugir haciéndome sonreír, el sonido de sus alas me hace sonreír con cada metro que dejamos atrás. Me lleva más allá de las nubes y una sonrisa aparece en mis labios al estar lo suficientemente alto. —Hazlo. Escupe fuego antes de que me ponga de pie y juegue con eso que arrojó, mis manos adquieren el control de esas llamas antes de dejarme caer del lomo de Jack, cierro los ojos sintiendo el viento bajo mi cuerpo, esto es sentirse libre. Hace años que no lo hacía, que no me sentía en libertad de hacer lo que me gusta que es esto precisamente, sentirme una con el viento. Abro los ojos antes de hacer el movimiento que me eleva por los aires, el fuego es como un torbellino que me eleva varios metros del suelo. Elevo agua del río por el que Jack pasa y juego con ella entre mis dedos. Ésto es sentirse libre. Montar un dragón y volar al amanecer. Buscar la noche sobre las nubes, y jamás desear tocar tierra. Mi libertad. Sobre todo. Y todos. ???
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